Capítulo XIV: Deadshot (Parte I)

Cr. img. Nayen Lemunantu

Gracias por este regalo, beta mía *corazoncito*

Esa imagen bien cutre de Singapur, es mía xD jajaja intentos de ediciones~

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TaeHyung nunca había estado en Singapur con anterioridad. Había viajado al extranjero cuando fue niño y adolescente, no pasando muchos días en cada país que visitaba porque sus padres no podían pagar tanto. Un corto viaje a Japón cuando tuvo siete años, para el festival anual de nieve en Sapporo; un fin de semana cada pocos años en Tailandia para visitar familiares residentes ahí; incluso un viaje a Nueva Zelanda del que se enamoró. Tenía buenos recuerdos de esos viajes porque fueron agradables, independientemente del poco tiempo del que disponían. Un regalo que había sido más que suficiente para su capacidad de atención infantil. Pero nunca había estado en Singapur. Sabía que la principal atracción del país eran los negocios y esa era la razón por la cual su familia nunca lo había escogido como un destino a visitar. No tenía la menor duda de que JungKook y él estaban viajando hacia ahí por negocios. Negocios muy importantes. JungKook no fue muy específico sobre lo que estaba sucediendo durante el vuelo, sino que continuaba diciéndole que eran contratos comerciales urgentes que debían modificarse para su padre y él. TaeHyung tenía algo de conocimiento sobre los activos de Haedogje Pa en Singapur y, con ello, descubrió que se trataba del casino "The Golden Monkey", obviamente. No había nada más con la suficiente importancia para justificar el actuar del menor; que él pudiera recordar. El casino que pertenecía tanto a Jeon y Kim era lo más importante y el hecho de que Kim JinWoo tuviera bastante participación en él, tenía algo que ver. Pero dejando de lado la gran participación de Kim, el casino pertenecía a Haedogje Pa y por tanto era propiedad de JungKook por derecho de herencia. Bebiendo un whisky y sentado en el asiento del pasillo para no estar cerca de la ventana, TaeHyung finalmente decidió quedarse con su presentimiento inicial: ¿para qué era este viaje?

JungKook estaba presentando una terminación inmediata del poder e influencia de JinWoo en el país tras alterar el contrato. Pareciera que JinWoo lo había jodido y se quedaría sin ningún activo en unas doce horas aproximadamente. Del tipo de activo que debe haber traído miles de millones de wons al imperio cada año y seguramente engordando la billetera con intereses e inversiones. TaeHyung no podía pensar en algo así de importante que pudiera perder un monopolio porque el casino era uno de los más prolíficos que él conocía. No obstante, debido a la mierda de JinWoo, iba a perderlo y presumiblemente se volvería de JungKook.

TaeHyung sabía que podía estar equivocado, pero fue una de las primeras razones que se le ocurrió. Si estuviera sentado en el escritorio de su departamento en Yongsan-gu y no a miles de metros de altura en un avión privado, entonces sí habría sido lo primero en ocurrírsele. Todo lo demás parecía insignificante en comparación, del tipo de asuntos que podían resolverse mediante una conferencia en línea y la firma automática de documentos PDF. Todo lo que sabía es que esto era importante y que la rescisión del contrato no era lo que debía resolverse como había mencionado.

—¿JungKook?

Al oír su voz, JungKook desvió su atención de la ventana para mirarlo. Afuera, el cielo y las nubes comenzaban a iluminarse, TaeHyung no se atrevía a mirar. Era demasiada altura para él, no quería ver el mar debajo de ellos y de repente se encontró con dificultad para respirar. Si tuviera que adivinar, supondría que estaba por amanecer, después de unas cuatro horas de vuelo. Se sentía bastante cansado y, sin embargo, el menor lucía tan alerta como siempre. ¿Acaso era resultado de adrenalina o quizás un poco de cocaína antes de abandonar el edificio de departamentos? JungKook levantó una ceja lánguidamente, dándole a entender que siguiera hablando y TaeHyung colocó el vaso de whisky sobre la mesa frente a ellos y se movió en su asiento para arreglar su saco y lucir más profesional.

—Recogí los documentos de SeokJin y eh, los analicé —explicó—. Pero necesité algo de ayuda. —Al escuchar esto, JungKook lo observó detenidamente, sin duda preguntándose de qué demonios estaba hablando—. No sabía que los archivos estarían encriptados, pero JiMin me enseñó cómo leerlos.

—¿Él lo hizo?

—Sí, lo hizo, es inteligente, JungKook. —TaeHyung asintió para reafirmar lo dicho—. Sin su ayuda, todavía estaría tratando de descifrarlo ahora y sólo se trataba de una técnica de formateo. Lim nunca me enseñó eso, nunca necesité saberlo. Me vi como un idiota.

—Está bien, sólo habla —ordenó JungKook cruzando una pierna sobre la otra—. Dime lo que sabes.

—Lee YooChun está haciendo todo tipo de negocios, negocios con hombres con los que tu padre seguramente no querría verlo involucrarse. JiMin identificó varios edificios y calles conmigo y logramos obtener algunos nombres, todo lo que necesitas saber es que él está siguiendo a Kim JinWoo y dándole la espalda a tu padre y a ti.

—Al igual que Ahn.

—Sí, estamos hablando de recibos de transacciones entre las partes Kim y Lee, por lo que pude leer. Pero no eran transacciones abiertas, más bien efectivo que se transfiere de cuentas que Lee desconoce que nosotros sepamos. Además de que los avistamientos son algo sustancial. —TaeHyung pausó por un momento para acomodar sus ideas—. Él está cambiando de bando y eso significa que muchos otros hombres lo harán. Hombres cercanos a él, leales a él por alguna jodida razón. Incluso cuando es un hijo de perra traicionero.

—Perdemos hombres, pero también los ganamos, TaeHyung, esas son las reglas del juego. A veces sólo pierdes a los peones, otras tantas a piezas importantes, pero al final del día... todos son putos peones para mí. Entonces, ¿descubriste todo esto con ayuda de JiMin? —preguntó JungKook y los primeros indicios de una sonrisa se asomaron en sus labios. Cuando asintió, se mostró por completo su sonrisa cuando extendió su brazo para tomar el vaso con whisky y darle un sorbo. Después de dejarlo asentar en su lengua, tragó—. Se merece una recompensa, ¿no te parece?

—Yo, eh, yo ya le di una recompensa —murmuró. Durante unos segundos, JungKook sólo lo miró, con el vaso frente a sus labios y sus ojos muy abiertos. Luego dejó el vaso con una risa reprimida—. También me dio las fotos de Woo —agregó TaeHyung para cambiar rápidamente de tema. No quería hablar de cómo había terminado con su lengua en el interior de JiMin, en caso de que JungKook de repente tuviera algunas ideas en mente—. Mierda, ¿las viste? Un jodido caos, JungKook. No puedo creer que lo hayan dejado así.

—¿Woo? Hmmm, eso fue una pena, realmente. Woo fue un gran hombre de negocios y aliado, pero nunca se ensució las manos. Muy irónico que terminó siendo agujerado, considerando todo. —JungKook se removió en su asiento, colocando un brazo doblado en el reposabrazos para poder descansar la barbilla en la parte posterior de sus dedos. La posición parecía contemplativa, reflexiva casi.

—¿Crees que pudiste haber sido tú? —preguntó, TaeHyung sin rodeos. Ser directo era la única forma de hablar con JungKook, quien no gustaba de las metáforas y las indirectas. Le gustaban los negocios y comenzaba a darse cuenta de que también le gustaba la simplicidad.

—Sin duda. —Jungkook estuvo de acuerdo con un suave asentimiento. Sin mostrar miedo—. Qué desafortunado para ellos saber que sigo vivo.

El vuelo se extendió hasta el comienzo de la mañana, el sol ya se levantaba en el horizonte cuando salían del aeropuerto para subirse a la parte trasera de un automóvil alquilado. No se trataba de un Mitsubishi Dignity, por supuesto, sino del típico Mercedes-Benz S-Class de alquiler, uno con un interior color crema en lugar del negro que tanto gusta a Jungkook. Desde el aeropuerto se dirigieron directamente a un hotel en el cual descansar y prepararse para la noche. Subiendo por el elevador de vidrio construido en el costado del imponente edificio para llegar a la suite del penthouse, TaeHyung descubrió que tenía que darle la espalda a la vista y mirar a JungKook. La sola idea de mirar hacia abajo más de tres pisos era suficiente para que le temblaran las piernas y que siguiera ascendiendo empeoraba todo. Conocer la altura de este hotel es equivalente a mirar hacia abajo desde el cielo y no quería colapsar y verse débil. No después de la mierda que había visto. Estar tan alto y tambalearse parecía bastante patético considerando lo alto que estaba actualmente debido al otro hombre.

—¿Asustado? —preguntó JungKook con una sonrisa mientras miraba a la pared de cristal de la cabina. Probablemente estaba disfrutando de la vista, después de todo, le había dicho que amaba las alturas. Y también cuánto odiaba a las hormigas.

—Un poco... —replicó mientras miraba hacia otro lado y miraba la pared.

La suite del hotel no se comparaba al penthouse en Gangnam-gu, pero era enorme. El interior tenía una mezcla de colores crema en las paredes, piso de madera de arce y vidrio; sin duda era lujoso. El tipo de suite que con sólo mirarla imaginabas que se trataba de una "suite de luna de miel". Aunque el lujo no le importaba mucho sino la cama. TaeHyung se acostó en ella después de sólo quitarse los zapatos en la puerta porque estaba demasiado cansado como para desvestirse. Cuando su rostro cayó en la montaña de almohadas y cerró los ojos, escuchó un chasquido proveniente del otro lado de la suite y levantó la cabeza para ver que JungKook estaba llamando a alguien, presionando botones rápidamente y con una confianza de saber qué número marcaba.

—¿A quién llamas? —preguntó TaeHyung adormilado mientras lo veía sostener el auricular contra su oreja. La almohada debajo de su cabeza olía a detergente, algodón fragante con algo floral como el lirio.

—JiMin. Sólo para complacerlo —respondió JungKook—. No quería que viniéramos a Singapur. —Le preguntó la razón mientras el menor escuchaba el tono de llamada y esperaba que JiMin respondiera—. Piensa que es peligroso dejar el país luego de lo ocurrido con Woo y... —Alejó el teléfono por un segundo para revisar la pantalla y luego lo sostuvo nuevamente contra su oreja—. Mmmm, debe haber bebido demasiada champaña. Tendré que dejarle un mensaje para lo revise cuando despierte.

¿Beber demasiada champaña? Eso o fue demasiado Valium, drogándose al punto de quedarse dormido. Algo que parecía normal. TaeHyung no había pensado mucho en JiMin desde que abordó el avión, pero saber que éste no quería que ellos salieran del país... algo extraño. Un escalofrío casi recorre su espina a pesar de no saber por qué. ¿Por qué JiMin estaría tan preocupado por un simple negocio? ¿JiMin también pensó que el incidente con Woo fue un intento fallido de tomar la vida de JungKook y tenía miedo de que ocurriera de nuevo?

TaeHyung debió quedarse dormido escuchándolo hablar con la contestadora, diciéndole a su "bebé" que habían aterrizado y que todo estaba bien. Lo siguiente que supo fue que lo removían alrededor de las siete de la tarde para hacerle saber que debía prepararse para ir al casino. Había un traje colgado en una mampara al otro lado de la suite, por lo que se apresuró al baño para asearse.

Cuando TaeHyung se colocó la camisa blanca, se preguntó qué estaba pasando en Seúl en ese momento. Qué estaría haciendo JiMin; su equipo. Era extraño estar lejos y que no lo supieran. Consideró llamar a JiMin y dejarle un mensaje porque tenía un número privado, pero decidió no hacerlo, no quería molestarlo. JungKook ya lo había hecho horas atrás. La vista que se mostraba desde las ventanas mostraba un oscuro horizonte, iluminado por innumerables edificios como estrellas; difícil no pensar en las mañanas rosadas de invierno y el sol al que estaba acostumbrado. No había apartamentos altos de bloques rectangulares, sino torres que parecían tener el doble de tamaño; ondulantes láminas de vidrio y metal que parecían futuristas y modernas a sus ojos. No había un solo edificio tradicional a la vista, más bien carreteras ordenadas bordeadas de zonas verdes, y podía ver puentes llenos de autos moviéndose rápidamente como agua. Una ciudad hermosa, aún más bella por el clima más cálido.

JungKook regresó vestido al área principal, en el acto de colocarse el saco. Era de color gris oscuro en lugar del habitual negro, y eso debido a la camiseta cuello de tortuga negra. Lana negra, tal vez cachemir. Era extraño no verlo ataviado en negro y una camisa blanca a juego —estilo total de JungKook—, por lo que TaeHyung no pudo apartar su mirada del otro hombre. Era extraño pero agradable a la vista, se veía bien. Jodidamente bien, de hecho.

—¿Alguna razón en particular por la que me estás mirando, TaeHyung?

—La ropa —comentó de manera bastante plana mientras terminaba de abrocharse los pantalones y le hacía un gesto—. Es extraño verte así.

—No puedo andar en pelotas ahora, ¿cierto? —replicó JungKook mientras arreglaba las solapas, asegurándose de que no tuvieran pelusa alguna—. Preferiría que anduvieras desnudo a vestir de blanco, sabes que no me gustas con ese color.

—Sí, bueno a JiMin sí y él... —TaeHyung se colocó sus mocasines y luego comenzó a abrocharse los puños—... me compró un montón de camisas blancas como regalo, así que tengo que usarlas. Son lindas, JungKook, me gustan. Además, te pusiste eso porque no puedes atar una corbata. —Ante sus palabras, JungKook tiró del cuello de tortuga para acomodarlo de forma inquieta.

—Puedo atar una corbata —argumentó mientras se movía para colocarse frente a él. TaeHyung todavía se estaba abrochando la parte superior de la camisa cuando JungKook tomó la corbata de la mampara y se la colgó al cuello. Levantó el cuello de la camisa para colocar la fina tela en su lugar mientras lo miraba desafiante con una ceja alzada—. ¿Quién te dijo que no puedo?

—JiMin.

—Bueno, sí puedo —murmuró JungKook arreglando la seda negra y observando el cuello de su camisa por un momento. Luego, rodeó la tela—. Sólo mira.

—...Cielos JungKook —comentó TaeHyung mientras lo veía con pena intentar anudar la corbata. Siguió envolviendo y, sin embargo, parecía no saber cómo pasarlo por el bucle y atarlo. JungKook se detuvo y soltó la corbata para que se desenredara, agarrando los extremos para intentarlo de nuevo. TaeHyung no pudo evitar reírse de sus intentos fallidos porque era como mirar a un niño.

—¿Te estás riendo de mí? —inquirió JungKook y por unos segundos su expresión y tono fueron totalmente severos. Pero entonces TaeHyung vio que las comisuras de sus labios temblaban un poco y unos segundos más tarde también reía—. Me rindo, hazlo tú.

—Honestamente, JungKook, es bastante simple —dijo TaeHyung mientras comenzaba a anudar la corbata. Le tomó unos segundos hacerlo y notó que JungKook lo había estado observando detenidamente, tratando de aprender de él a pesar de que sería inútil y que necesitaría de él o JiMin después. Se preguntó brevemente si sabría atar los cordones de sus zapatos antes de dejar en el olvido la idea tirando del nudo hacia arriba.

—No, no. Olvida la corbata. No me gusta —exclamó JungKook mientras agitaba su mano hacia él. TaeHyung apenas había terminado de atarla y tenía la sensación de que por eso mismo le había dicho eso. Entonces llevó su mano a la tela y pasar sus dedos sobre ella a la vez que preguntaba la razón—. Porque quiero jalar de ella —respondió a la vez que alejaba su mano—, de esta manera.

TaeHyung sintió que sus dedos se aferraban a la corbata y jalaban con fuerza. El nudo se tensó y lo obligó a dejar que fuera jalado hacia adelante. Instintivamente llevó sus palmas a la cintura ajena para evitar tropezar y golpear sus cabezas.

—Me distrae mucho... —La voz de JungKook era suave, ronca y seductora. TaeHyung sintió su aliento contra su piel y habría mantenido la mirada de no estar observando los labios ajenos.

JungKook le dio ligeros besos contra su boca, delicadamente. Luego abrió su boca y lo besó profundamente. Comenzó a desatar su corbata, tirando hasta que logró su objetivo. TaeHyung sintió que la presión alrededor de su garganta desaparecía y que la corbata era tirada al suelo. Los labios de JungKook sabían bastante dulces contra su lengua y estaba seguro de que se trataba de su bálsamo para labios sabor frambuesa.

—Puedo ver tu piel —dijo JungKook contra sus labios, sus dientes mordiendo provocativamente—, y no es nada. Pero una corbata, mierda TaeHyung, me vuelve loco. —Desabotonó los dos botones superiores de la camisa y luego llevó su rostro a su garganta para frotarse contra ella—. No puedo hacer negocios si pienso en ti, ¿hmm?

—Eso es una mala idea —acordó TaeHyung mientras los brazos de JungKook rodeaban su cuello. El cambio de posición le permitió presionar sus cuerpos, enloquecedoramente cerca.

—Por mucho que desee que me la mames durante una reunión, esto es demasiado público. —JungKook frotó su nariz contra su cuello antes de apartar la cabeza con un profundo suspiro—. No puedo permitirme ser arrestado por indecencia pública frente a cientos de personas. Una docena de hombres en una reunión privada estaría bien.

TaeHyung le sostuvo la mirada incluso cuando sintió que sus mejillas comenzaban a enrojecerse. Había aprendido a leer entre líneas y supo a qué se refería. Tal vez ese día no ocurriría, pero sí en el futuro... y sucedería. De hecho, apostaba a que en la siguiente reunión privada estaría de rodillas debajo de la mesa con la polla del menor en su boca.

—Ven, tenemos asuntos que resolver.

Dejaron el hotel usando el elevador. Al igual que la noche anterior, había un coche alquilado esperándolos en la acera y TaeHyung notó que se trataba del mismo conductor. No sabía el nombre del hombre, pero supuso que no era importante. Se acomodó en el asiento trasero y vio la ciudad pasar frente a sus ojos como un borrón de luces neón y letreros conforme avanzaban. . Después de un viaje de casi veinte minutos, TaeHyung vio que se acercaban a un edificio, sobresaliendo de entre el resto de las construcciones, y supo que era su destino.

Si no estaba claro que se trataba del The Golden Monkey, en primer plano, el exterior del edificio tenía un letrero con su nombre resplandeciente. Sentado justo encima del letrero de neón rojo, con caracteres extranjeros, había una gran estatua de mono. TaeHyung estaba seguro de que la estatua era de hierro fundido y cubierta con capas de láminas de oro dorado para que brillara con las luces del casino. El animal estaba sentado con las piernas dobladas frente a él, con ambas manos apoyadas sobre las rodillas. Su rostro poseía una sonrisa amplia y bastante aterradora y sus ojos parecían despreciar a quien entraba, como si fuera una especie de guardián. Debido a los letreros neón, las ventanas del edificio adquirían tonalidades rojizas, azules y púrpuras. TaeHyung no alcanzó a leer todos los letreros porque estaban en distintos idiomas, letras que nunca había visto con anterioridad.

El casino era impresionante. A decir verdad, TaeHyung solo había pisado un casino y se refería al de SeokJin. Sin duda fue interesante saber cómo funcionaba, pero había una clara diferencia entre ambos. En Corea era ilegal la mayoría de los juegos de apuestas, a menos que fueran patrocinados por el gobierno; y ciertamente, las guaridas de apuestas de Haedogje Pa y los casinos, no lo eran. Sin embargo, en Singapur, el casino no necesitaba estar oculto y podía mostrarse majestuoso y orgulloso ante todos.

Entraron por las puertas giratorias de vidrio y TaeHyung vio que el interior era igual de maravilloso que el exterior, demasiado vidrio, oro, pisos de madera y alfombrados. El casino estaba repleto de gente, fácilmente varios cientos de turistas y lugareños lo llenaban y hacían ondear el aire con interminables conversaciones, idiomas y vítores. El aroma de los perfumes y colonias debió predominar en el ambiente, pero en sí las bebidas alcohólicas fue lo que pudo detectar. En la parte frontal del casino había una enorme área de asientos en la planta baja, llena de sofás de cuero y mesas de vidrio, lugares para que los invitados pudieran sentarse y socializar. A ambos lados del área, TaeHyung vio varios mostradores en los que parecía que la gente podía intercambiar fichas, pedir ayuda y más. Los letreros afirmaban que los trabajadores eran bilingües y podían hablar desde el malayo y mandarín, hasta el cantonés e inglés, y finalmente coreano, japonés y tailandés. Vio que las mujeres predominaban, justo como con SeokJin, excepto que estas usaban uniformes y no vestidos de noche. Uniformes con escotes altos y faldas tipo lápiz o pantalones, tacones bajos y cabello recogido. Al lado de algunos de estos mostradores había cajeros automáticos e incluso vio un mostrador de cambio ubicado en la esquina para que los cheques y el efectivo se cambiaran a la moneda correcta. Había seguridad armada al lado de todas estas máquinas y mostradores solo para asegurarse de que nadie intentara robar a nadie.

TaeHyung podía ver sus auriculares y radios atados a sus cinturones, y debajo de sus axilas, las fundas para armas. No sabía si eso estaba permitido, pero vio que varios hombres cargaban con una pistola y nadie parecía darle importancia. Eso significaba que no debía preocuparse por que ellos llevaran una, ya que también se les permitió pasar sin mayores ceremonias. JungKook le había dicho que JiMin había estado preocupado por este viaje de negocios, pero ver la cantidad de seguridad armada que lo rodeaba era muy tranquilizador, probablemente lo tranquilizaría más.

Más allá de la enorme sala de estar, había un tramo interminable de mesas de póker y ruleta, filas y filas de máquinas jackpot que se extendían por lo que parecía una milla. Notó que las paredes interiores del casino también estaban hechas de vidrio y eran altamente reflectantes, por lo que creaban la ilusión de que la unión era basta. El sonido de pitidos y voces electrónicas se entremezclaban, dando como resultado un ruido abrumador. Para llegar a las mesas, se necesitaba caminar por debajo de un balcón amplio que estaba flanqueado por escaleras, sin embargo, sabía que en realidad subirían por esas mismas. Justo debajo del balcón había un tramo de barra de bar, claramente no era el único que había en el edificio. TaeHyung sabía que habría otra en el primer piso y posiblemente en las habitaciones privadas que ramificaban desde el área principal de juego. Debía haber una docena de camareros sirviendo y camareras llevando bandejas con copas de champán sólo de un lado, sin contar a los que llevaban aperitivos. Había un conjunto de puertas de cantina que conducían a una cocina trasera. En pocas palabras, el casino no se parecía a nada que TaeHyung hubiera visto antes y no le sorprendió en absoluto sentir que JungKook se acercaba para tomarle del codo y llevarlo por la dirección correcta. Después de todo, se sorprendió al ver un hotel en Seúl y obviamente JungKook sabía cuan asombrado estaba con ver el casino.

—Oh mierda —murmuró TaeHyung. Fue todo lo que necesitó decir para que los labios de JungKook se curvearan en sus esquinas, como si estuviera de acuerdo con lo dicho. El más joven lo guio por la sala de estar y cuando TaeHyung levantó la mirada en dirección al balcón vio a un hombre parado ahí; el hombre al que iban a ver.

—Amo Jeon —canturreó el desconocido, levantando ambos brazos, extendiéndolos en señal de bienvenida. TaeHyung vio una amplia sonrisa en su rostro y una sensación cálida. Un hombre de confianza, uno que, al parecer, conocía bien a JungKook—. Lo he estado esperando.

—Claro que lo has hecho, Seng —respondió JungKook. TaeHyung vio que su expresión se volvió la de un hombre de negocios profesional, con esa característica sonrisa adornando sus labios a la par que lo empujaba suavemente hacia las escaleras. Dejó que JungKook subiera primero y lo siguió hasta el primer piso. Había una mesa de cristal cerca del balcón, a cada lado había dos largos sofás de cuero negro. Del lado opuesto, detrás de la mesa, había tres hombres que obviamente eran guardaespaldas. TaeHyung se dio cuenta por su aspecto y posturas, con las manos cruzadas sobre sus estómagos y los ojos clavados en él sin pestañear.

—Ha pasado un tiempo —comentó Seng y cuando JungKook hizo una reverencia TaeHyung lo imitó. El hombre debía ser importante como para que JungKook le reverenciara; el mismo JungKook que alguna vez le dijo que no se inclinara ante nadie. O quizás estaba siendo cortés porque estaban en el casino y en la compañía, siendo invitados—. Parece que crece día con día. —TaeHyung se percató que, aunque el coreano de Seng era bueno, todavía tenía una forma de hablar algo forzada. Muy rígido, un signo de gran experiencia, pero poca flexibilidad para la jerga.

—Ahora tengo la altura de mi padre —agregó JungKook mientras se desabrochaba su saco y se paraba frente al sofá—. Pronto lo derrotaré.

—¿En altura? Sí, pero ¿en fuerza y sabiduría? —preguntó Seng antes de darle una expresión irónica—. Ven, siéntese y comencemos con los negocios. —El hombre se sentó y JungKook copió sus acciones, pero TaeHyung se quedó de pie detrás del sofá porque parecía lo más apropiado para su posición—. Tenemos mucho que discutir.

—Eso haremos, Seng.

—Los documentos —anunció Seng mientras levantaba la carpeta de la mesa y la sostenía. TaeHyung lo miró por un momento antes de mirar a JungKook—. En el interior hay dos copias, una que conservaremos nosotros y otra para usted. Léalo detenidamente y asegúrese de que sea exactamente el acuerdo que establecimos durante la conferencia en conjunto con su padre, Amo Jeon.

JungKook tomó la carpeta con una mano mientras la otra se colocaba debajo de su codo como signo de respeto, para después colocarla sobre la mesa. TaeHyung lo vio abrir el folder que contenía una serie de papeles en su interior. Contratos comerciales entre otros documentos que necesitaba leer y firmar. Al menos, se estaban metiendo directamente en los negocios en lugar de joder, prefería esta forma rápida y aguda de manejar los asuntos. Entonces TaeHyung se movió para pararse justo al lado del balcón, colocando una mano en la barandilla de vidrio. La vista de abajo era mucho más interesante y observó a las otras personas moverse como la suave marea. Tantos colores diferentes: piel, cabello, ropa; tantas palabras exóticas flotando hasta sus oídos como música. Durante varios minutos, JungKook guardó silencio mientras revisaba los documentos minuciosamente, pero luego los rompió.

—El año planeado para mi sucesión no es el 2018, Seng —explicó JungKook—, sino más bien el momento en que necesite tomar la posición. —TaeHyung miró por encima de su hombro a ambos, curioso por lo que había querido decir con ello.

—Claro, claro, Amo Jeon. —Seng les dio a ambos una sonrisa y TaeHyung pudo ver su dentadura perfecta. Lo cual le sorprendió, porque podía ser como el abuelo de JungKook—. Consideramos un año como preparación, justo como el de su padre porque es una base sólida para retirar y restablecer las inversiones. ¿Confío que discutió esto con su padre para solucionar este problema?

—Sí, lo hice —concordó—, y fue su decisión cambiar el contrato de un accionista a un beneficiario real. Puedo firmar esto hoy, pero emitiré una enmienda en la cláusula.

—Puedo arreglar la cláusula. ¿Su padre ha estado bien estos días, Amo Jeon? —preguntó Seng en un tono entre curioso y empático—. ¿Sufre dolencias de algún tipo?

—Mi padre es la viva imagen de la salud —respondió JungKook mientras seguía leyendo el contrato. TaeHyung lo vio mover con rapidez sus ojos, analizando cada palabra con minuciosidad.

—Entonces, ¿por qué requiere de una enmienda tan urgente más allá de la propiedad del beneficiario —preguntó Seng mirando a ambos. TaeHyung sostuvo su mirada por un momento antes de regresar su mirada bajo el balcón. Realmente no sabía por qué Jeon quería tal alteración del contrato, pero tenía una idea.

—Mi padre quiere asegurarse de que Haedogje Pa esté completamente preparado para todos y cada uno de los escenarios —explicó JungKook mientras tomaba el bolígrafo de la mesa.

Lo que significaba la muerte prematura de Jeon, por supuesto.

TaeHyung estaba en el acto de seguir a un camarero cuando un repentino destelló llamó su atención. Fue un segundo más o menos de lo que parecía una luz cegadora que lo hizo entrecerrar los ojos confundido antes de que desapareciera nuevamente. Frunció el ceño y levantó la vista para examinar los otros lados del balcón que corría a lo largo del primer piso. Vio principalmente pequeños grupos de personas aquí y allá, con copas o anteojos cuadrados en la mano mientras todos hablaban entre sí. ¿Qué había sido exactamente esa luz? TaeHyung sabía que no era algo que se reflejara en sus ojos, como un destello de las muñecas adornadas con joyas de las mujeres. Había sido cegador, casi había dolido por la intensidad. Su primer pensamiento había sido un juguete puntero láser, aunque no sabía por qué había pensado eso.

—Amo Jeon, las inversiones y la herencia de su padre están a salvo en nuestras manos como lo ha sido siempre —dijo Seng—. En caso de que ocurriese un escenario, puede estar seguro de que nuestra compañía actuará conforme a sus intereses. Ahora, para discutir el asunto de Kim... —TaeHyung se giró para mirar al otro hombre y fue entonces cuando vio algo muy extraño.

Había un pequeño punto flotando alrededor de la pared justo encima de la cabeza de JungKook.

El inconfundible punto de la mira de un arma.

[FIN DE PARTE I]

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