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—¿Que sucede, Kurapika? —preguntaba con notable preocupación la peliazul.

—Lo siento, no puedo —se excusó.

•°•°•°•

—¿Y ahora?

N-no sé que sucede —y decía la verdad, no entendía por qué le sucedía esto.

—Siempre es lo mismo.

•°•°•°•

—¡Maldición! ¿Otra vez no? —refunfuñaba Neon, llevaban tres meses así.

Perdoname —rogaba por su disculpa Kurapika, sin embargo la joven abandonó la habitación.

El rubio se quedó analizando la situación sin llegar a entenderla. Llevaba tres meses de casado con Neon y dos años de pareja, y en todo este tiempo nunca pudieron tener relaciones sexuales.

Y no es porque no quisieran. Claro que no.

Simplemente el "amiguito" del rubio parecía no querer cooperar.

Al principio el joven Kurta creyó que era por lo de 'virgen hasta el matrimonio' y por suerte su amada esposa lo comprendió. Pero después de que decidieron contraer nupcias el problema no parecía ser ese. Son incontables las noches donde Neon trató de deducirlo de varias maneras, con juguetes, disfraces e inclusive fetiches, aunque nada surtió efecto.

Intentaron practicar diferentes poses sexuales, como el 69. Sin embargo su miembro no quería reaccionar.

Flácido y sin dar señales de alguna erección.

La peliazul estaba cansada, todas las noches era lo mismo. Parecía que el pene de su esposo la repudiaba, y no entendía. Es una chica hermosa, con prominentes curvas y dos medianos pero firmes senos. Cualquiera rogaría por tenerla una noche.

El rubio tampoco entendía, estaba seguro que apreciaba a Neon, y también le parecía hermosa.

Entonces, ¿por qué?

•°•°•°•

Suspiró rendido mientras veía como el cuerpo desnudo de su esposa abandonaba la pieza. Ya era una costumbre, una mala costumbre, que su esposa decepcionada al ver su flácido miembro soltara algunos insultos y se marchara a no sabe donde.

Un par de veces intentó masturbarse con la imagen de la bella peliazul, pero aún así no podía lograr una erección. Intentó hablarlo con su amigo, Killua, y él le recomendó algunas páginas pornográficas, esta de más aclarar que Kurapika ni siquiera las miró, pensaba que era una infidelidad hacia su esposa.

Cansado decidió que iría por un trago, se vistió apropiadamente y antes de irse dejó una notita adhesiva en la puerta de la habitación, por si Neon llegaba antes, aunque lo dudaba, siempre que se iba no volvía hasta el día siguiente.

•°•°•°•

Al llegar al bar el aroma a alcohol y tabaco indundaron sus fosas nasales, obligándolo a fruncir el ceño levemente. Echó un vistazo al lugar, las paredes pintadas con un gris oscuro, habían un par de mesas pequeñas y una gran barra donde un pelinegro con puntas verdes atendía. También las luces neón alumbraban todo el lugar. Algo que captó la atención de Kurapika fue que la mayoría de concurrentes eran hombres.

Raro.

Con pasos lentos, analizando el lugar, se acercó hacia la barra. En el camino sintió un par de miradas hacia su retaguardia pero lo ignoró.

Debe ser mi imaginación.

El barman lo atendió con una brillante sonrisa, mientras le ofrecía una carta para que leyera los tragos que hay. La mayoría tenían nombre exuberantes que el rubio podía jurar que nunca los había oído.

—Una margarita —pidió.

—¡Enseguida! —la actitud energética que demostraba el pelinegro le llamó la atención.

Tal y como dijo, enseguida le trajo la bebida.

—Y ¿que te trae por acá? —intentó sacar conversación el barman, le llamaba la atención los ojos angustiados del ojigris, la mayoría de personas que venían a ese bar buscaban un rápido polvo y ya.

—Es una larga historia.

Kurapika comenzó a narrarle su vida, desde como conoció a Neon hasta esta noche, en otros momentos le hubiese parecido algo impensable compartir algo tan personal con un desconocido, pero ahora necesitaba apoyo y cualquier tipo de ayuda.

—Oye, creo que e-

¡Leorioo!

Un fuerte chillido femenino interrumpió su conversación, una de las pocas mujeres que había parecía que en cualquier momento tendría un orgasmo visual. Ambos buscaron con su mirada al dueño de ese nombre encontrando a un pelinegro con traje.

—Oh, vino Leorio —como si fueran amigos de toda la vida el barman gritó llamando la atención del desconocido -para Kurapika-

—¡Gon! —le devolvió el grito acercándose al lugar.

El Kurta posó sus ojos en aquel desconocido, haciendo un escaneo visual desde los zapatos caros hasta su peculiar peinado. No iba a negarlo, entendía levemente el chillido de la fémina.

Pues el tal Leorio sabía lucir su cuerpo, sus largas piernas ceñidas en un pantalón negro, la camisa que parecía querer explotar en cualquier momento por los músculos del pelinegro y ese saco que delineaba sus anchos hombros. Además parecía portar un encanto natural, pues la mayoría de hombres dejaban lo que estaban haciendo para saludarlo.

—¿Que hay, Gon? —saludó Leorio, después se dio cuenta de la presencia del rubio y lo miró de abajo a arriba, sonriendo lascivamente.

Kurapika se sintió desnudo ante tal mirada.

—Leorio, él es... —Gon alargó la última palabra esperando el nombre del rubio.

—Oh, mi nombre es Kurapika —contestó finalmente, se había distraído con la sonrisa del pelinegro.

—Leorio Paladiknight, un gusto —y estiró su mano esperando un saludo, cuando ambas manos se dieron el apretón una ligera, muy ligera, corriente eléctrica inundó ambos cuerpos.

—¿Y bien? ¿Que cuentan?

—¡Oh! Kurapika me estaba contando que tiene una disfunción eréctil.

Dios, llevame contigo ahora mismo.

La vergüenza carcomía el cuerpo del rubio, sus mejillas adquirieron un color rosado y  su mente estaba pensando como invocar un terremoto o cualquier desastre natural con tal de evitar la penetrante mirada chocolatosa.

—Eso es jodido, ¿como lo llevas? —preguntó Paladiknight, en vez de una simple pregunta parecía que le estaba dando el pésame.

—B-bueno, llevo dos años de pareja con una chica y a-al momento de hacerlo no se me para —explicó. —Intentamos de varios métodos pero aún así mi órgano reproductivo sigue sin querer tener una erección.

La carcajada de Leorio resonó en todo el bar.

—Creo que es más que obvio lo que te sucede, amigo.

—¿Qué? —inquirió, la seguridad con la que hablaba el pelinegro le llamaba la atención.

—Eres gay.

Gay.

Gay.

Gay.

La última palabra hacia eco en la cabeza de Kurapika, no tenía sentido.

—¡Eso no tiene sentido! —reclamó.

—Entonces ¿por qué no me explicas porque no podes ponerla? Muy fácil, te gusta que te den.

—¡C-claro que no! ¡Yo nunca he hecho algo así! —gritó avergonzado, y no mentía, no recordaba tener alguna experiencia con algún hombre.

Inconscientemente Kurapika sabía que el pelinegro tenía razón, no había otra explicación para que el hermoso cuerpo de su esposa no le provocara ni el más mínimo estímulo.

—Entonces ¿quieres comprobarlo? —sin pena alguna Leorio lo invitó, mientras señalaba con su cabeza la salida.

Kurapika tragó saliva, entendió perfectamente a que se refería el pelinegro y eso lo avergonzó aún más.

Esta bien, al fin y al cabo no va haber reacción alguna, como siempre.

—Acepto. —con su orgullo nublando su juicio aceptó la lujuriosa propuesta.

—Bien, Gon, anota su bebida a mi cuenta.

—¡Claro! —por fin pudo hablar, hace rato no quería interrumpir la tensión sexual que tenían estos dos.

Pobre de su esposa, pero esto es algo necesario pensaba Freecs.

•°•°•°•

Y ya son cuatro fics de este shipp en mi perfil kddjd.

Este no lo pensaba subir pero como el número de mis fics es impar me daba un no sé qué y lo quise emparejar.

Sé que es muy wtf pero al fin y al cabo busco divertir con mis fics.

Espero que les haya gustado

¡Muchas gracias por leer! ❤

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