Momentos de júbilo para muchos, y un futuro más brillante se cernía sobre el horizonte. No pasaron ni 48 horas, y ya una enorme caravana partía desde ciudad Concordia hacia Nido Profundo. Y no una caravana cualquiera.
Cien carretas transportaban toneladas de alimentos de Sendero Verde hacia las zonas más oscuras de Hallownest. Si bien las tejedores eran carnívoras, podían sobrevivir ingiriendo alimentos alternativos como cereales, en especial la soja. Además, las hortalizas serían bien venidas por los habitantes que si fuese herbívoros en la ciudad.
Aparte de eso, cuatro carretas hacían de escolta, con un total de 100 soldados musgosos para seguridad. No eran muchos, pero con las figuras presentes en la caravana, había que ser muy desafortunado para decidir que robar tal cargamento sería una buena idea.
A la cabeza de la caravana, el viejo Ferregal guiaba el camino, mientras Hornet y Hachi disfrutaban del viaje en el interior de su carreta tirada por Lester, ahora, con prendas más cómodas para ellas. Como era costumbre, Ghost caminaba al lado de la carreta, pues el muy testarudo era el único que no viajaba sobre una montura, aún cuando le ofrecieron varias opciones muy adecuadas para él.
Un poco más atrás, iba Sun Ce y Sun Quang. Ambos, como portadores de la palabras del Sendero Verde y de la emperatriz Shuang. Su labor era muy importante, pues tenía que asegurarse que el acuerdo comercial con Nido Profundo fuese justo, y recibieran un pago equivalente en valor al cargamento que transportaban. Por supuesto, la palabra ¨valor¨ varía mucho dependiendo de la situación, mucho más cuando ambos reino usaban monedas de paga diferente. Sendero Verde usaban la libre blanca, mientras Nido Profundo usaba en Yang de Seda. Ambas para nada comparable, y por tal motivo, Sun Quang, con su gran conocimiento tenía el deber de asesorar estos intercambios personalmente. Aunque tener que ir a Nido Profundo lo dejaba en un constante estado de enojo y negación. Y tenía sus motivos.
Y finalmente, en una de las carretas del medio viajaban Kaede y Bretta. La primera, incapaz de resistirse a la aventura. La segundo, encargada de velar por la salud de Hachi durante el viaje, pues si bien la tejedora mostraba considerables signos de mejora, era mejor no tentar a la suerte. Y junto a todos, los poco más 120 mercaderes que tiraba del carro y vieron una oportunidad de hacer algo de dinero extra de este nuevo acuerdo comercial en potencia.
Dos semanas de viajes separaban ambas ciudades. El trayecto en un convoy tan grande era lento, y los insectos de carga debían descansar durante las noches. Momento oportuno donde se montaban campamentos, y se comía y dormía sin temor a ser asaltados, pues las guardias eran rotatorias y duraban toda la noche. Y eventualmente, los grupos se fueron decidiendo en dependencia de sus propio intereses. Motivo por el cual durante la 5ta noche de travesía, Hachi, Hornet y Bretta estaban sentadas frente a una cacerola degustando de una buena sopa, mientras los machos se la pasaban haciendo historias y hablando en voz demasiado alta. Sin embargo, había una silla libre.
—Uffff.... Veo que no se lo terminaron.
La cuarta fémina pronto llegó al resto, y se dejó caer sobre el taburete con cansancio. Trataba de arreglarse un poco la cabellera, mientras estiraba su cuerpo y se sobaba un poco la cola. Cosa que las hermanas tejedoras vieron con extrañeza, pero que Bretta miró con cara de poker. Ella ya conocía ese aspecto después de todo.
—Pensábamos que no querías comer hoy.
—¿Bromeas? Si estoy hambrienta. Solo estaba algo ocupada. —Bretta dejó escapar una risa antes de hablar.
—Se nota. ¿Te sirvo?
—Si por favor.
—Oye... ¿Estás bien? Te ves agitada.
—Y estas sudando un poco. ¿Segura que no estás enferma? —Preguntaron las hermanas con inocencia.
—Creedme chicas... La señorita Kaede está perfectamente.
—Ji ji. No puedo decir que no.
—Si lo supongo. Toma. Esta caliente.
—Mmmm... Gracias. Huele de maravilla.
La enorme insecto aceptó el bol con sopa y comenzó a tomar con entusiasmo. Ella no era mala cocinera, pero el sabor de la sazón de Bretta estaba a otro nivel, y devorar esa manjar fue algo que no resultó nada difícil. Era un buen momento para escuchar historias y pasar el rato, pero no todos pensaban lo mismo.
Para Sun Ce, socializar era algo natura. El primogénito de los Sun tenía un carisma como pocos en estas tierras, y tratar a sus soldados como compañeros más que como subordinados lo hacían de un líder nato admirada y respetado por sus hombres. Y verlo siempre rodeados de musgosos de la armada escuchando sus historias o bromas era lo más común entre las noches. Ferregal no se quedaba atrás, y solía hace lo mismo con los mercaderes. Charlar de negocios y los posibles veneficios. Él era un comerciante después de todo. Sin embargo, habían dos insectos que no se mostraban particularmente emocionados por el centro de atención.
Como era costumbre, Ghost se mantenía algo apartado del grupo, pero siempre vigilando desde la distancia. Podía detectar a los posibles insectos salvajes incluso antes de que estos viesen la caravana, pero pronto decidían desviar su camino al ver el tamaño del grupo. Sus ojos, aunque cansados, eran certeros y tan afinados como los de un halcón cazando su presa. Sin embargo, esa noche en particular se sorprendió al recibir algo de compañía. Aunque esta no fuese la más animada de todas.
—Es... difícil de encontrar, Ghost-dono. —Mencionó el recién llegado.
—Tampoco esperaba verlo, Sun Guang-dono.
El hermano del medio de los Sun encontró el escondite del fantasma, y poco a poco se acercó hasta quedar a su lado. Su rostro se veía cansado, aunque no tan demacrado como el del fantasma. Un silencio se apoderó del lugar, interrumpido solamente por los leves sonidos de la noche. Estaba claro que Sun Quang tenía algo que decir, de lo contrario, Ghost se quedaría inerte hasta que llegase la hora de dormir para él. Entonces, Sun Quang suspiró con pesa.
—¿Cómo... Cómo puedes... lidiar con todo esto?
—Vas a tener que ser más específico.
—¿Cómo puedes confiar en las tejedoras después de lo que ha pasado? ¿Cómo puedes mantener la calma después de todo? No logro entender a mi hermano. ¿Por qué se comporta con tanta banalidad con ella. Ellas mataron a nuestro padre... Por su culpa muchos murieron ese día. Y ahora, me piden que valla a Nido Profundo, y que establezca relaciones con aquellos que intentaron matarnos apenas un mes atrás. ¿Cómo se supone que pueda hacer algo así?
Ghost no respondió nada. Realmente no tenía una respuesta. Él mismo tenía muchas preguntas que rondaban su mente, pero que no era capaz de contestar. Muchas ideas difusas, algunas contradictorias. ¿Acaso este curso de acción era el correcto? Eso es algo imposible de predecir. Pero Sun Quang aún tenía una última pregunta para él.
—Tu viste a tu gente morir. Perdiste a muchos amigos y seres queridos ese día... Dime...¿Serías capaz de poder hablar tranquilamente con los culpables de eso? ¿Serías capaz de hacer algo así?
La pregunta de Sun Quang realmente carecía de malicia. Necesitaba una respuesta, algo que le diese sentido a lo que estaba haciendo. Su mente le decía que debía cumplir las órdenes. Pero su corazón le decía que debía tomar a la armada y arrasar con Nido Profundo y no dejar una sola alma viva. Pero... ¿Qué era lo correcto?
Sin embargo, tal pregunta, aunque sin intensión, hizo a Ghost retroceder en el tiempo dentro de su mente. Los recuerdos de la Noche Roja regresaron a su mente, atormentándolo con visiones del pasado que jamás sería capaz de olvidar. Y no por falta de intento.
De haber estando en una mejor condición psicológica, Sun Quang hubiese podido notar como el seño del fantasma se fruncía, sus manos se apretaban y sus dientes rechinaban. Estaba siendo consumida por la rabia que tales recuerdo traían a su mente. Y de no ser por el suspiro pesado de su acompañante, Ghost hubiese sido consumido por sus propias emociones. Sin embargo, un golpe de realidad le hizo a entender al fantasma que debía decir algo... Aunque él no era el mejor para animar a los demás.
—Yo no podría hacerlo. —Las palabras de Ghost hicieron que Sun Quang depositara toda su atención en él, aunque su vista seguía hacia el frente. —Yo no sería capaz de mirar a aquellos que me lo arrebataron todo, y poder controlarme. —Eso era lo que Sun Quang supondía. —Sin embargo... Se muy bien quien es mi enemigo. Y no dejo que mi rabia castigue a aquellos que no tiene la culpa.
Ahora el rostro del hijo de los Sun se tornaba hacia su acompañante. Esas palabras, si bien entendibles, posaban algo de misticismos para él. O tal vez, era sus propias emociones que lo cegaban y nublaban su juicio.
—¿Qué.... Que insinúas?
—Conozco la desesperación. La he visto en incontables rostros, y se de lo que es capaz de hacer un alma desesperada. Nido Profundo no puede desprenderse de la responsabilidad de haber atacado a Sendero Verde. No puede desprenderse de la culpa y la responsabilidad. Pero tanto tu como yo sabemos quienes están detrás de todo esto.
—El Imperio... —Dijo con rabia entre sus dientes.
—No te diré que olvides. No puedo sugerir algo de lo que no soy capaz. Se que no serás capaz.... O tal vez si... Eres más fuerte que yo, y tal vez puedas hacerlo... Yo... decidí no querer olvidar... ¿Qué decidirás tu?
Duras palabras que Sun Quang tendría que procesar. No era una decisión que pudiese tomar a la ligera, y Ghost más que nadie lo sabía. Sin más demora, decidió dejar al hijo de la casa Sun solo con sus pensamientos, para al menos tratar de conciliar unas cuantas horas de sueño. Sin embargo, había algo que necesitaba decirle... Así que se detuvo un segundo, para hablar, pero sin darse vuelta.
—Y no confundas mi carencia de hostilidades con confianza. Yo... Hace mucho que dejé de confiar en alguien en este mundo...
Y tras estas palabras, Ghost se retiró del lugar, dejando a un Sun Quang con muchas cosas e las que pensar. Esta última frase era algo que él ya sospechaba, pero escucharlas de la propia boca de Ghost le dejaba un escalofríos en su cuerpo, sobre todo por la frialdad y carencia de empatía con que lo dijo.
El resto del viaje fue sin contratiempo. Un par de días más tarde, y ya se habían adentrado a Nido Profundo, y una semana después, ya se encontraban en las cercanías de ciudad Komonosu. En su trayecto se toparon con algunos soldados, los cuales actuaron con dudas y temor ante una posible invasión, pero las palabras de la Khan los aplacaban de inmediato.
De hecho, la noticia se esparció tan rápido, que la ciudad entera esperaba su llegada. El retorno de la Khan Hornet. El hecho que la Khan Hachi había sobrevivido y regresaba a su tierra natal. Y la caravana con alimentos, era algo que todos esperaban con ansias.
A diferencia de Sendero Verde, Nido Profundo era una red natural de túneles y pasadizos, que solo un buen conocedor podía recorrer sin perderse. Motivo por el cual la ciudad ni siquiera tenía una muralla exterior. Y no era que lo necesitase. Por tal motivo, tan pronto llegaron al final de la caverna, lograron ver la oscura ciudad más profunda de todo Hallownest.
Los ciudadanos que divisaron las carretas no perdieron el tiempo, y la voz corrió por toda la ciudad sin hacerse esperara. Una gran concentración de insectos de todo tipo se reunió en las inmediaciones de la ciudad, para recibir con júbilo las buenas noticias. Ver a las Khan entrar a su reino era motivo suficiente para celebrar, aunque los musgosos presentes se sentían bastante tensos en todo momento. Y por bueno motivos.
Entonces, los vítores se detuvieron, cuando una fuerza rampante sacudió los suelos, y fuerte ruidos provenientes del interior de la ciudad se hacían cada vez más fuerte. Los extranjeros se preguntaban con temor que diablos estaba pasando, pero Ghost no dudó ni un segundo en desenvainar su katana y colocarse al frente de la caravana, listo para defender las carretas a todas costa.
Entonces, un enorme garpiez salió del interior de la ciudad, corriendo como una fiera desenfrenada hacia la caravana. Era un insecto enorme, cuyos pasos sacudían la tierra y su cuerpo blindado era capaz de resistir la mayoría de ataques. Ghost era consciente de eso, y su katana ya estaba buscando la mejor forma de acabar con la amenaza, la cual estaba cada vez más cerca. Sin embargo, su atención se desvió un poco, cuando la Khan Hornet pasó a su lado, y se puso al frente, entre él y la colosal bestia que cada vez estaba más cerca. ¿Acaso estaba loca? Habían formas menos dolorosas de morir que ser asesinado por esa colosal mandíbula llena de dientes afilados.
Sin embargo, muy alejado a las expectativas de los extranjeros, el garpiez siguió su recorrido desenfrenado, hasta que se detuvo en con fuerza cuando se encontraba frente a la tejedora de rojo. Y muy diferente a lo que tenían en mente, el garpiez comenzó manear la punta de su cola, mientras su cabeza hacía lo posible por acariciar a la tejedora. Visto de esa manera, parecía más un perro juguetón que una de las criaturas más peligrosas de todo Hallownest. Y la tejedora, parecía estar envuelta en un torrente de mimos y lamidas.
—Ja ja... Ya... Detente Gee-Gee. Jajaja... Me haces cosquillas...
Exclamaba mientras era envuelta por el afecto de la colosal criatura. Sin embargo, eso no impedía que rascara su caparazón con fuerza. Era su amigo, y leal compañero. Uno que se puso alerta, cuando notó la presencia de alguien más acercarse.
Hornet notó la reacción de su compañero, y tras darse vuelta, notó como Ghost estaba parado justo detrás. El fantasma miraba constantemente a la colosal criatura, mientras esta le devolvía la mirada sin siquiera pestañar. Algo que aterró a la tejedora y varios presentes.
—Ghost... retrocede... con mucho... cuidado...
Hornet le susurró, con la intensión de no alarmar a su compañero. Los garpiez solo responden a la voluntad de su domador, y cualquiera que se acercase demasiado corría un peligro mortal. Sin embargo, Ghost no hizo caso a sus advertencia, y lentamente, estiró su mano hacia el rostro de la peligrosa criatura.
Hornet y los presentes se paralizaron ante lo que veían. Al parecer este sujeto quería morir con desesperación, pero no podían hacer nada, o podrían alterar a la bestia. Solo podían esperar temerosos, escuchando los gruñidos guturales del garpiez, mientras su respiración pesada parecían estar analizando las intenciones de ese insecto con el rostro marcado por el cansancio y el dolor... Sin embargo, nada desastroso ocurrió, hasta que finalmente la mano de Ghost se apoyó con delicadeza sobre el hocico del garpiez.
Hornet, Hachi, y las tejedoras presentes abrieron los ojos como platos, pues solo la arácnida de rojo había sido capaz de acariciar a Gee-Gee sin perder la mano. Aquellos provenientes de Nido Profundos estaban igual de sorprendidos, pero más por la actitud carente de sentido común de Ghost que de la reacción de la enorme criatura. ¿Quién en su sano juicio se acercaría a un garpiez de esa manera? Si creían que a Ghost le faltaba un tornillo, este acto confirmó sus sospechas.
—Eres muy estúpido... ¿Lo sabías?
Comentó Hornet, ahora que pudo respirar aliviada al ver que nada malo había pasado, sin embargo, Ghost solo asintió con la cabeza, si apartar la mirada del frente, contemplando la majestuosidad de la bestia que tenía ante él.
—Ja... No se ve tan intimidante cuando actúa así eh...
Sun Ce pasó al frente, ahora que creía que el peligro había pasado, sin embargo, Gee-Gee alzó la mirada al notar su presencia, y comenzó a gruñir furioso al verlo. Cosa que detuvo al general de inmediato, sintiendo como la criatura tenía verdadero rencor hacia él. Cosa que Hornet aprovechó para burlarse un poco.
—Parece que Gee-Gee aún te recuerda.
—Eso parece —Decía mientras poco a poco acercaba su mano al mango de su arma, cosa que hizo a Hornet reír un poco.
—Muy bien chica. Vamos. La Señora de la Guerra nos debe estar esperando.
Y como si un interruptor hubiese hecho click dentro del garpiez, este comenzó a ignorar por completo al general, dándose vuelta y acompañando a su maestra al interior de la ciudad. Una escena que dejó a varios bastante confuso, sobre todo a Sun Ce, quien miraba a Ghost como buscando una explicación de lo que recién había pasado. Cosa que por supuesto, Ghost no entendió en lo absoluto.
—Mi señora... No sabe el júbilo que nos da volver a verla.
La duda entre los generales se aplacaron por la curiosidad, cuando se dieron vuelta, y vieron a una docena o más de tejedoras arrodillados frente a la Khan. A juzgar por su aspecto y vestimenta similar, podrían suponer que era soldados del reino o miembros de la guardia de la ciudad. Y al frente de ellos, un arácnido enorme parecía ser el líder del grupo.
—Es agradable estar de vuelta, capitán Dirge. —Comentó la tejedora de blanco.
—Su presencia es una sorpresa muy alentadora... Pensábamos que... que...
A juzgar por su forma de actuar, y que su voz se enmudeció mientras pequeñas lágrimas amenazaban por escapar de su rostro, podría intuirse que este capitán eran leal a la corte, así como los soldados a sus espaldas, quienes si estaban llorando de felicidad al ver su regreso.
Sin embargo, no podían confieres. Nido Profundo estuvo al borde de una guerra civil según los rumores, y toda guerra tiene como mínimo dos partes involucradas. Tal vez la noticia de que los alimentos venían en camino apaciguó los conflicto, pero eso no quitaba el hecho de que posibles enemigos estuviesen ocultos entre las sombras de la ciudad. Algo que tanto Ghost, como Kaede y los Sun eran muy conscientes. Entonces, la plática entre ambas tejedoras continuó.
—Capitán, ayude a los comerciantes y distribuyan los recuerdos entre la población. Racionalice los alimentos y guarde el resto en los almacenes. Y le informa, Sendero Verde ahora es socio comercial de Nido Profundo, y entre los reino existe un pacto de no agresión. Espero que no haya ningún tipo de problemas.
—Y así será, su alteza.
La voz de Hachi fue dura y contundente. No era un mensaje solo para el capitán, sino también para todos los presentes que podían escucharla. Esta era una oportunidad que no desperdiciarían, y no podían permitirse ningún tipo de mal entendido. Y esa determinación fue algo que tanto el capitán como el resto pudo notar en el rostro de la Khan.
—Muy bien. Ya habéis oído a su señoría. Llamad a los otros y conducid a las carretas hacia los almacenes. Pasen la voz, y que los ciudadanos se reúnan en la plaza central para recibir sus raciones. Muévanse soldados.
Ante el comando del capitán, sus lacayos respondieron con marcialidad, no demorando ni un segundo en acatar la orden. Mientras tanto, Hachi se hacía a un lado para que pudiesen trabajar, acercándose hacia el grupo de Ghost, Sun Ce, Sun Quang, Kaede y Bretta, quienes la esperaban para continuar con la travesía.
—Bueno. Ya estamos listos. Deberíamos ir a la Sala de Guerra lo antes posible.
—¿Está muy lejos? —Preguntó un Sun Ce no muy animado.
—Un poco, pero no se preocupen. Podemos tomar un transporte.
Ninguno podría imaginarse que tenía en mente, pero pronto Hachi los condujo hacia una zona donde había varios insectos largos y mansos siendo cuidados por varias tejedoras. Una de las cuales se acercó de inmediato al ver a la Khan acercarse.
—Mi señora. ¿En qué podemos servirle?
—Necesitamos un transporte hacia la Sala de Guerra.
—Como ordene, su majestad. ¡Eh, Krunt!
—¡Si, jefe! —Gritaba un tejedor en el fondo.
—¡Siéntete afortunado, muchacho. Vas a llevar a su alteza hacia la Sala de Guerra!
—¡S-s-s-s-si... jefe!
Tal vez los rumores que las tejedoras eran algo rudas no eran del todo inciertas, pues esos dos se gritaba de un lugar a otro del lugar, incluso con la propia presencia de una Khan. Pero como Hachi no reaccionó con negatividad, supusieron que era algo bastante normal. Y entonces, pasados apenas medio minuto, el arácnido se acercó al grupo, montando un diplópodo de mediano tamaño. (O milpiés como se le conoce en algunos lugares) Una especie parienta de los garpiez, pero casi inofensiva.
—Todos a bordos. La Compañía de Transporte Dipló se siente honrada con que usen nuestros servicio.
—Así se habla, novato. —Mencionó al conductor, para luego girarse hacia Hachi para hablar con un tono más sumiso. —Su señora, está todo listo.
—Muchas gracias. Muy bien, vamos.
Al principio, algunos se mostraban dudosos de subir a la espalda del insecto, incluso cuando habían colocados una serie de asientos para los pasajeros. Kaede fue la primera en subirse, y Sun Quang fue el segundo. Ghost no se quedó atrás, y tuvo que cargar a Bretta par ayudarla a subir. Algo que la puso bastante apenada, aunque Ghost ni se inmutaba por eso. Y finalmente, Sun Ce, quien se mostraba más reservado después de su experiencia con Gee-Gee se subió seguido a la tejedora.
Una vez todos acomodados, el conductor tiró de las riendas y la criatura alargada comenzó a moverse, adentrándose en la ciudad y tomando pasajes que parecían hecho específicamente para el movimiento de estos insectos de transporte.
La ciudad de Komonosu, si bien tenía un aspecto más sombrío, debido a que la luz solar no llegaba hacia tales profundidades, tenía su propia belleza, con los miles y miles de farolillos alumbraban cada rincón. A simple vista parecía mucho más simples, pero el hecho que era una caverna cilíndrica de gran envergadura daba a entender que no eran simples estructuras puestas unas sobre otras, sino un detallado trabajo de ingeniería. Ya podrían ver la ciudad com más calma, de momento, tenían una reunión bastante compleja que atender.
El transporte finalmente llegó a las afueras de su destino, y los pasajeros bajaron de su transporte. Ver como Sun Ce le daba una propina de una moneda que no circulaba en el reino fue muy graciosos, pero el transportista la aceptó de todos modos. Si bien no podía usarla, sería un buen recuerdo de tierras extranjeras, y del día que llevó a alguien de la realeza.
Una vez llegaron, los guardia le abrieron el paso, al reconocer y mirar con alegría el retorno de la Khan, algo que opacó la presencia de los extranjeros en la guarida de La Bestia. Cada insecto presente no se limitaba a mostrar sus respetos al ver a la princesa de vuelta en su hogar, en su travesía hacia el salón donde la matriarca esperaba por ellos.
—Solo... No hagáis nada estúpido.
Fue lo último que dijo la Khan, antes que las puertas del salón del trono de Nido Profundo se abrieran ante ellos. Kaede parecía mostrarse algo espectarte ante la idea, muy en contradicción con el visible miedo en el rostro de Bretta. Los hermanos Sun vigilaban en todas direcciones, incapaces de sentir cómodos en esa situación. Y Ghost... bueno... la misma expresión inamovible de siempre, incapaz de reconocer en él algo que no sea indiferencia.
El grupo ingresó al lugar y allí estaba, con Hornet sentada en un trono de menor tamaño a su derecha. Hachi pasó al frente, y a pesar de la situación, simplemente se dirigió hacia la izquierda, tomando su lugar en la ceremonia. Y a su lado, un tercer trono con un alter conmemorativo sobre él, seguro el lugar de su hermano asesinado.
Pero justo en el medio, estaba el ser más poderoso de todo Nido Profundo, y se especula que uno de los seres más fuertes de todo Hallownest. Poseedora de una mirada implacable, y que no reaccionó ni mostró signos de debilidad al volver a ver a su hija que creía muestra hacía apenas unas horas. Un ser frio y calculado a ojos de todos. Despiadado y cruel. Ella era Herrah, La bestia.
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