Capítulo 30

Aquella noche decidí estrenar modelito nuevo pues la ocasión lo merecía.
Iba a estar todo el mundo en aquella fiesta, incluso Jason iba a asistir y, sospechaba que, ella también.
Me puse un top ajustado de color blanco que se anudaba al cuello y una falda negra asimétrica que dejaba mis largas piernas al descubierto.
Planché mi cabello rubio ceniza y peiné mi flequillo con los dedos para aportarle un toque desenfadado al look.
Tomé el delineador negro y tracé una fina raya de gato antes de rizarme las pestañas y aplicar dos capas de máscara.
Decidí que aquella noche un color vino tinto sobre mis labios sería el más adecuado y me lo apliqué sobre ellos.
El maquillaje tenía el poder de hacerme sentir más segura de mí misma y por eso me llevaba tan bien con él.
Me hacía ver más madura y resuelta y eso me gustaba.
Busqué mis tacones blancos y me los puse.

—April ¿Te falta mucho?—gritó Alyson desde el salón.

—Ya casi estoy—respondí tomando un pequeño bolso y metiendo un par de cosas dentro de él.

—¡Date prisa!

Bajé las escaleras rápidamente y mis amigas se levantaron del sofá.

—¿Qué tal estoy?
—Muy buena—contestó Madison acelerada mientras tomaba mi mano con brusquedad y me empujaba al exterior—¡Mira!—exclamó emocionada.
—¡Ala! ¿Es tuyo?—pregunté.
—Si. ¡Adiós a la horrible camioneta de mi padre!—dijo abrazando la parte delantera de su nuevo coche blanco—¿No es precioso?
—Sí, precioso—contestó Alyson con ironía.
—Puedo oler tu envidia desde aquí, Alyson—contestó la rubia sonriente antes de plantar un sonoro beso al capó de su coche.
—Súbamos al coche, anda.—me indicó Ali.
Unos segundos después Madison se subió al asiento del conductor y arrancó el coche.
—Joder ¡Como suena!—exclamó agarrándome con fuerza la muñeca.
Alyson se inclinó hacia delante y le dió un par de toquecitos al hombro de la dueña del monovolumen.
—Llévanos directamente a la fiesta. Hunter dice que ya está todo el mundo allí.
—¿Ya? ¿Tan pronto?—me extrañé.
—Será mejor que nos demos prisa o nos quedaremos sin alcohol—contestó Madie mientras hacia girar el volante.

En cuanto llegamos a nuestro destino me pregunté si no nos habíamos equivocado de dirección pues la tal Amanda no vivía en una casa cualquiera.
Aquello era una mansión de cuatro pisos.
El coche se detuvo frente a unas puertas de hierro y Madie sacó el brazo por la ventana para pulsar el timbre.
—¡Que nivel, chicas! ¿No os parece increíble?—dijo Madie haciendo aspavientos.
Un voz femenina sonó desde el interfono.
—Disfruten de la fiesta—y acto seguido las dos grandes puertas ostentosas que separaban el mundo real de aquella inmensa y ostentosa mansión se abrieron.
—Yo no sé vosotras, pero yo voy a intentar hacerme amiga de Amanda.—declaró la rubia.
—¡Serás interesada!—exclamé dándole un suave golpecito en el hombro
Y las tres reímos.
Aquella noche decidí estrenar modelito nuevo pues la ocasión lo merecía.
Iba a estar todo el mundo en aquella fiesta, incluso Jason iba a asistir y, sospechaba que, ella también.
Me puse un top ajustado de color blanco que se anudaba al cuello y una falda negra asimétrica que dejaba mis largas piernas al descubierto.
Planché mi cabello rubio ceniza y peiné mi flequillo con los dedos.
Tomé el delineador negro y tracé una fina raya de gato antes de rizarme las pestañas y aplicar dos capas de máscara.
Decidí que aquella noche un color vino tinto sobre mis labios sería el más adecuado y me lo apliqué sobre mis labios carnosos.
El maquillaje tenía el poder de hacerme sentir más segura de mí misma y por eso me llevaba tan bien con él.
Me hacía ver más madura y resuelta y eso me gustaba.
Busqué mis tacones blancos y me los puse.
—April ¿Te falta mucho?—gritó Alyson desde el salón.
—Ya casi estoy—respondí tomando un pequeño bolso y metiendo un par de cosas dentro de él.
—¡Date prisa!
Bajé las escaleras rápidamente y mis amigas se levantaron del sofá.
—¿Qué tal estoy?
—Muy buena—contestó Madison cogiendóme de la mano con brusquedad y empujándome al exterior—¡Mira!—exclamó emocionada.
—¡Ala! ¿Es tuyo?—pregunté.
—Si. ¡Adiós a la horrible camioneta de mi padre!—dijo abrazando la parte delantera de su nuevo coche blanco—¿No es precioso?
—Sí, precioso—contestó Alyson con ironía.
—Puedo oler tu envidia desde aquí—contestó la rubia con una sonrisa antes de plantar un sonoro beso al capó de su coche.
—Súbamos al coche, anda.—me indicó Ali.
Unos segundos después Madison se subió al asiento del conductor y arrancó el coche.
—Joder ¡Como suena!—exclamó agarrándome con fuerza la muñeca.
Alyson se inclinó hacia delante y le dió un par de toquecitos al hombro de la dueña del monovolumen.
—Llévanos directamente a la fiesta. Hunter dice que ya está todo el mundo allí.
—¿Ya? ¿Tan pronto?—me extrañé.
—Será mejor que nos demos prisa o nos quedaremos sin alcohol—contestó Madie mientras hacia girar el volante.

En cuanto llegamos a nuestro destino me pregunté si no nos habíamos equivocado de dirección pues la tal Amanda no vivía en una casa cualquiera.
Aquello era una mansión de cuatro pisos.
El coche se detuvo frente a unas puertas de hierro y Madie sacó el brazo por la ventana para pulsar el timbre.
—¡Que nivel, chicas! ¿No os parece increíble?—dijo Madie haciendo aspavientos.
Un voz femenina sonó desde desde el interfono.
—Disfruten de la fiesta—y acto seguido las dos grandes puertas se abrieron.
—Yo no sé vosotras, pero yo voy a intentar hacerme amiga de Amanda.—declaró la rubia.
—¡Serás interesada!—exclamé dándole un suave golpecito en el hombro
Y las tres reímos.

Después de seguir las indicaciones del personal para aparcar el coche de Madie entramos en la casa pues, aunque solo Madie se había atrevido admitirlo, todas queríamos conocer a la anfitriona de la fiesta.
Las tres nos colocamos en el centro observando a la múltitud mientras Madison nos contaba por encima quien era cada uno de los asistentes.
Pero yo no prestaba mucha atención, mi vista se perdía entre la múltitud dispuesta a encontrar la respuesta a mis preguntas en el rostro de aquella persona a la que tanto había defraudado.
—¡April!—me llamó Ali sacudiendo mi hombro—¿A quién buscas?—preguntó con extrañeza.
Aturdida, aterricé de nuevo a la realidad.
—Buscaba a Jason, me prometió que vendría—mentí bebiendo un trago largo de mi bebida.
—Ah...—dijo Alyson no muy convencida.
—¿Y Madie?—pregyunté dándome cuenta de que aquel murmullo se había disipado hace un rato.
—Ha ido a saludar a unos amigos.
Yo asentí y meneé la cabeza de un lado al otro siguiendo el ritmo de la música.
—¡Alyson!—exclamó una chica morena que apareció de pronto de la nada. Yo me mantuve al margen—¡Cuanto tiempo sin vernos!
—¡Heather! Pensaba que te habías mudado—respondió fundiéndose en un abrazo con su amistad perdida y excluyéndome del todo.
Bebí un sorbo, fingí una sonrisa y dí media vuelta.
Alyson no se dió cuenta de que me había marchado, pero a mí me dió igual.
Me apoyé en una pared y saqué el móvil búscando el contacto de Jason.
April [23: 47]: ¿Dónde estás?
Esperé apoyada en la pared sin recibir respuesta alguna.
Me metí de nuevo entre los cuerpos sudorosos y busqué algún rostro conocido.
Tecleé el número de Madison pero estaba apagado, probablemente se le hubiera acabado la batería, llamé a Ali y a penas pude oírla.
Me había vuelto a quedar sola en una fiesta.
¿Dónde estaban mis amigas para cuidarme y hacer que me lo pasara bien? ¿Dónde estaba Jason para hacerme sentir bien?
¿Dónde estaba Evelyn?
Una manos se aproximaron a mi rostro y taparon mis ojos.
—¿Jason?—pregunté.
—¿Jason?—preguntó una voz cálida que conocía mientras apartaba sus manos de mis ojos—¿Enserio me has confundido con él?—preguntó él joven extrañado.
—¡Hunter!—exclamé—¿Dónde estabas? Alyson te ha estado buscando.
El agitó una mano en el aire quítandole importancia al asunto y sonrió.
—Ya sabes, por ahí—contestó—¿Te apetece bailar?
Yo asentí aliviada de que no me dejara sola.
Y bailamos durante más de una hora sin parar. Y ambos resultamos rídiculos, moviéndonos como si la música estuviera sonando hacia atrás.
Pero nos dió igual y, en aquel momento, no nos dimos cuenta de que un par de invitados nos observaban con curiosidad y Evelyn entraba por la puerta.
—¡Bailas fatal!—le dije entre risas.
—¡Tú también!—contestó haciéndome dar una vuelta—Pero me gusta estar contigo.
Y entonces paré de bailar.
Pues no me esperaba oír aquello.
—Será mejor que busquemos a Alyson, debe de estar preocupada por tí—dije dándole la espalda.
—¿Ves aquella chica de cabello rosa sentada en el sillón?—preguntó.
—Sí.
—Alyson está bien, no te preocupes por ella—dijo acariciando mi mandíbula mientras fijaba sus claros ojos sobre los míos—Además no es con ella con quien quiero estar.
—Pero... es tu novia—repliqué incrédula.
—No es mi nada—respondió—nunca lo ha sido.
—Yo pensé qué...
—Yo a veces también—admitió acercando sus labios hacia los míos.
Y a pesar de que una pequeña parte de mí quería seguirle el juego me aparté.
—Tengo novio—me justifiqué.
Hunter esbozó una mueca de fastidio y se apartó de mí cuando la voz de uno de sus amigos irrumpió.
Era Erick, el ex-novio de Evelyn.
Con ella agarrada a su brazo evitando mi mirada.
—Pensaba que odiabas estas fiestas, Price—dijo Erick.
—Odio todo lo que tenga que ver con mi prima.
—Sin embargo aquí estás...—rebatió Evelyn.
—Sin embargo aquí estoy...—respondió mirándome.
—¿Eres familiar de Amanda?—le pregunté en un susurro.
Su silencio sirvió de confirmación a todas mis sospechas.
Hunter había sido la causa de que todas mis amigas y yo estuvieramos en aquella casa pues era obvio que entre todos aquellos rostros populares y pudientes nosotras desentonábamos.
Unas más que otras.
Yo más que ellas.
—Me alegro de haberte visto por aquí, tío. Una fiesta de vez en cuando no hace daño a nadie—contestó Erick.
Evelyn apretaba cada vez más fuerte la manga de su chico.
Erick me miró con odio y yo fingí no darme cuenta.
—Nos vemos—se despidió Erick dándo media vuelta.
Y Evelyn se marchó con él.
¿Por qué?
—¿Ha vuelto?—pregunté mientras la miraba saludar a otro grupo de personas aún sin creérmelo del todo.
Hunter frunció el ceño sin entender la pregunta.
—¿Qué?
—Ella y Erick ¿Han vuelto?—repetí.
—Se ve que sí.
—¿Pero cómo? Él la odia
—¿Qué? ¿Odio? No, solo se sintió resentido por que lo dejara sin explicación.
—¿Qué?—no podía creer lo que oía.
—Sí, ella le dijo que necesitaba aclarar sus sentimientos hacia él. Ella ya no sabía que sentía hacia él así que días después se marchó con su tía, según ella para... desconectar.
—¿Cómo sabes todo eso?—pregunté incrédula.
—Es uno de mis mejores amigos. Con alguien hay que desahogarse ¿no?
Asentí.
Y en aquel momento no supe que creer.
Si la versión que Hunter me contaba o la que Evelyn me había contado.
¿Era verdad aquello?
¿O realmente Evelyn había perdido el bebé que esperaba y con ello su relación con Erick?
Solo había una forma de saberlo.
—Necesito aire. Espérame aquí.
—De acuerdo, iré a saludar a un par de amigos—respondió plantando un beso en mi mejilla que recibí sin esperar.
Me acercqué hasta ella y cuando ví que Erick la había dejado sola tiré de su brazo y la saqué de aquel asfixiante lugar.
—Acompáñame—y ella no se resistió.

Me senté en el borde de la piscina y ella después de unos segundos de indecisión ocupó el sitio que había libre a mi izquierda.
—¿Qué nos ha pasado?—pregunté.
Evelyn se encogió de hombros.
—¿Por qué me has mentido?—qüestioné.
Ella no respondió.
—¿Hay algo de lo que me hayas contado que sea verdad?—la obligué a mirarme.
Evelyn a duras penas consiguió sostenerme la mirada. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Me siento tan sola...—dijo con voz quebrada.
Mi mandíbula se tensó y tras unos breves instantes sin saber que hacer decidí abrazarla.
Y pensé que en el momento en que nos abrazáramos todo se solucionaría, como en los libros que había dejado olvidados en los estantes blancos de mi habitación en California.
Como la chica de Painswick rota y olvidada que Evelyn había rescatado.
Pero no fue así.
Fue el abrazo más doloroso del mundo.
Ella apoyó su cabeza en mi hombro y ambas dejamos de hablar.
A veces los abrazos no lo curan todo y un perdón no basta para comenzar desde cero.
Pero aquel silencio me hizo descubrir que había perdido mucho a cambio de muy poco y cuando Evelyn decidió juntar sus labios con los míos yo no se lo impedí.
Pero él sí.
Unas mano se cerró en torno a mi cabello y me lanzó con fuerza hacia el suelo.
Aturdida, me llevé una mano a la cabeza y ví mis dedos ligeramente cubiertos de sangre.
No sabía quién me había agredido pero quería matarle.
Sin pensármelo dos veces me abalancé contra el que me había pegado y comencé a propinarle fuertes puñetazos.
El rostro de Erick comenzó a cubrirse de heridas y, a pesar de que él era mucho más fuerte que yo no vió venir lo que en aquellos momentos estaba pasando.
Evelyn me apartó de él y yo volví a recuperar el control de mí misma.
—¿Estás bien? ¿Estás bien? ¿Estás bien?—preguntaba ella sin parar mientras pasaba la llema de su dedo sobre mi labio magullado.
—Sí, sí...—respondí mirándola a los ojos.
Y entonces la besé.
Y fue maravilloso.

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