Capítulo 3
El timbre sonó y me apresuré a abrir la puerta,era Evelyn.
—Hola de nuevo—saludó sonriente.
Le devolví el saludo y dejé que entrara en mi casa.
—Siempre me pregunté como sería la casa de Derek Young—dijo observando cada rincón del salón.
—Bueno... es una casa—respondí en voz baja.
Se acercó a mí y tomó mis manos muy contenta, dio unos pocos saltitos y exclamó:
—¡Seremos muy amigas, April! ¡Por fin una vecina decente!—exclamó dejándose caer sobre el sofá de cuero.
Yo me senté a su lado guardando las distancias y ella se acercó a mí tomándose todo tipo de confianzas.
—Y bueno, April, ¿cuanto hace que estás aquí?—quiso saber la muchacha.
—Euhm... vine hace solo un día.—respondí.
Ella echó la cabeza hacia atrás y sus largos cabellos castaño claros cayeron sobre el respaldo de forma desordenada.
—Yo siempre he querido viajar a Europa...—dijo con voz soñadora—América ya lo tengo muy visto, necesito más.
—¿Por qué?—pregunté sin comprender sus ganas de conocer mundo.
—Bueno, a todos les gusta viajar.—contestó—¿A ti no?
Yo dudé por un instante y finalmente respondí:
—Sí, pero mi manera ideal de viajar no incluye subir a un avión o coger el coche.
Ella frunció el ceño extrañada y me miró atentamente, sentí como mis mejillas se teñían de un intenso rubor, la mirada de Evelyn me intimidaba, en realidad... la suya y la de todos. En Painswick no solía recibir ningún tipo de atención de alguien que tuviera mi misma edad.
Allí, en Inglaterra, solo los profesores y mi familia me hablaban.
—Ven, te la enseñaré—dije al fin.
La llevé a mi cuarto y ella, maravillada, miró con la boca abierta los estantes llenos de libros, ordenados por colores y tamaño.
Me detuve a observar su reacción, tal vez pensara que era una fanática, una obssesa que invertía todo su dinero en libros pero, en vez de eso, Evelyn se acercó a la estantería y sacó sin permiso uno de ellos.
—Yo también he leído este libro,—dijo acariciando la portada de "Jane Eyre"—es muy bueno.
—Sí, lo es.
Evelyn lo devolvió a su sitio y se dio la vuelta sonriendo de nuevo.
—Es una forma interesante de viajar—contestó.
Yo le devolví la sonrisa.
—Tengo muchos más en Inglaterra—confesé.
—Menudo pastizal te habrás gastado en esta enorme colección.—respondió sentándose en mi cama.
—Bueno, no me duele gastármelo en eso.—contesté—Además, me los voy comprando poco a poco y, bueno, las baldas se van llenando...
Ella asintió con la cabeza y se tumbó sobre la cama profiriendo un largo y sonoro suspiro.
—Estoy agotada.—confesó.—¿Alguna vez has tenido novio, April?
¿Que si alguna vez había tenido novio? No, nunca. Pero no podía decirle eso, todas aquellas chicas seguramente habrían estado con muchos chicos. Si no quería perder a la única amiga que tenía,debía integrarme así que decidí mentir.
—Sí.—dije.
—¿No te resulta agotador?—preguntó mirándome a los ojos.
—Supongo que depende del tipo de chico ¿no?—dije tratando de aparentar seguridad.
Evelyn reflexionó sobre lo que había dicho y asintió.
—Sí, puede que tengas razón.—dijo.—¿Qué son todas esas bolsas?—preguntó señalando el desorden que no había arreglado.
—Ayer hice unas pocas compras y... me olvidé de guardar la ropa en el armario.
Evelyn se levantó y vació en la cama todo el contenido de la bolsas.
—No tienes nada que ponerte para mi fiesta—dijo mirando con disgusto toda la ropa que me había comprado.
¿No le gustaba? Pensaba que así vestían las chicas en Los Ángeles.
—¿Que tiene de malo mi ropa?—pregunté.
—No tiene nada de malo April pero... mira estos pantalones—dijo alzando la prenda en el aire—son demasiado largos.
Yo abrí los ojos sin dar crédito a lo que había dicho.
—Eso es lo más corto que me he comprado en toda mi vida—confesé.
Evelyn rió y cogió unas tijeras de mi escritorio.
—Tenemos que cortarlo un poco—dijo extendiendo la prenda sobre la cama—creo que podré hacer que parezca del siglo veintiuno.
—No, lo estropearás—dije arrebatándole las tijeras de la mano.
Evelyn puso los ojos en blanco y yo guardé el pantalón en la bolsa.
—¿Acaso yo voy vestida así?—preguntó.
Yo negué al fijar la vista en sus shorts cortísimos que dejaban todos sus muslos al descubierto.
—No sé como soléis vestir las inglesas pero, aquí, en América la chicas no tenemos miedo a enseñar nuestro cuerpo.—dijo—es más, lo hacemos con gusto.
—Pero... es que yo no puedo ponerme la misma ropa que tú y tus amigas os ponéis...—dije abrazando el cojín.
—¿Y eso quién lo dice?—cuestionó cruzando los brazos sobre su pecho.
—Yo.—respondí.
—¡Oh vamos!—exclamó—La chicas como tú, altas y delgadas, pueden ponerse lo que quieran—dijo.
—Eso no es cierto.
—¡Claro que lo es!—dijo sentándose a mi lado.
Evelyn acarició una mano y posó sus castaños ojos sobre los míos.
—Mira, no sé que te han dicho o que te han hecho para que seas así de insegura pero, te prometo que no tienes nada de que avergonzarte.—continuó—Confía en mí.—pidió guiñándome un ojo.
Yo me dejé engañar por los ojos de mi nueva amiga y, por un momento creí en todo lo que me dijo, así que le entregué las tijeras e comenzó a cortar los shorts de un lado y de otro.
Los redujo prácticamente a la mitad e hizo un par de cortes más dándole una aspecto más rockero y rompedor.
—Póntelos—dijo satisfecha de su trabajo.
Los cogí y miré la prenda dudando de si había hecho lo correcto y ¿si había dejado que Evelyn arruinara un par de pantalones estupendos?.
—¿Te importaría girarte?—pregunté. Ella arqueó una ceja y asintió.
Me los puse lo más rápido que pude y Evelyn se dio la vuelta en cuanto terminé de cambiarme.
—¡Mucho mejor!—exclamó.
Yo me acerqué al espejo y miré su obra.
—Se me ven demasiado las piernas—dije.
—Esa es la gracia—respondió como si fuera lo más obvio.
Fruncí el ceño y me miré el trasero, no revelaba nada pero ahora aquellos pantalones mostraban al completo mis piernas esqueléticas y blancuchas y eso era algo que no me hacía ni pizca de gracia.
—¿No te gusta?—preguntó extrañada.
Yo me mordí el labio y negué con la cabeza.
—No, no es eso—respondí—Seguramente si los llevaras tú te quedarían genial pero a mí...
—Eres la persona con menos autoestima que he visto en vida—admitió la chica
—Es la verdad—rebatí.
—April, me pones nerviosa cuando insinúas que eres una mierda—dijo—Escúchame y deja de creerte inferior a nadie ¿quieres?
Yo suspiré y me senté en la cama.
—Va a ser una fiesta en la playa así que vas a tener que llevar bikini—continuó Evelyn
Yo abrí los ojos como platos y la miré fingiendo haber entendido mal.
—¿No estarás hablando en serio?—pregunté alarmada.
Ella puso los ojos en blanco, algo que le encantaba hacer.
—Tengo esto, si te sirve—dije sacando de una bolsa un traje de baño de cuerpo entero.
Ella lo miró como si se tratara de una broma y lo lanzó a un lado.
—No sé si todas las inglesas son como tú o me estás gastando una broma de mal gusto.—respondió—¡Hasta mi abuela es más moderna que tú!—exclamó.
Me encogí de hombros y recogí un poco el desorden que habíamos causado.
Evelyn y yo éramos polos opuestos, sin embargo, quería caerle bien. Así que acepté sus críticas y dejé que me enseñara su mundo.
Evelyn se marchó corriendo a su casa y volvió con un par de bolsas al cabo de unos minutos.
Comenzó a sacar toda clase de cosméticos y potingues para el pelo y la cara que yo jamás hubiese imaginado que existirían, cuatro bikinis de diferentes colores y una especie de almohadillas que no tenía ni idea de que para que podían servir.
—Aquí están todos mis secretos de belleza—dijo con una sonrisa.
—¿Autobronceador?—pregunté leyendo la etiqueta de uno de los botes.
—Pues claro. ¿Cómo crees que mantengo el bronceado?—preguntó riendo.
—Yo pensé que sería natural...
Eveyn volvió a reír y me acarició el pelo como si se tratara de un perro.
—Eres tan inocente...—respondió
La chica comenzó a separar el maquillaje de las cremas y después de esto me enseñó varios de los bikinis que había traído para mí.
—Estás muy pálida, por lo tanto escogeremos tonos oscuros para que no parezcas más pálida de lo que ya eres—dijo—Toma, creo que este servirá.
Atrapé ambas partes que Evelyn me lanzó y las observé en la mano. Palpé la parte de arriba del traje de baño y noté como mis dedos se hundían en un relleno increíblemente grueso. Decidí no hacer más preguntas y me lo puse, como no, pidiéndole a Evelyn que se diera la vuelta.
—¡Mírate!—exclamó—¡Pero si estás buenísima!
Palpé uno de mis pechos y reí, el relleno que Evelyn había puesto hacía que mis senos parecieran el triple de grandes y el color azul eléctrico me favorecía bastante, pero seguía siendo demasiado pálida y me sentía terriblemente insegura y desnuda con aquello puesto, ya lo hacía delante de Evelyn no quería ni pensar como me sentiría delante de chicos de verdad.
—No estoy cómoda—respondí cubriéndome con los brazos.
—Después de que haga mi magia lo estarás—respondió con una sonrisa.
Evelyn me hizo sentar en una silla y, brocha en mano, comenzó a poner capas y capas de maquillaje sobre mi cuerpo.
—Ahora ya no hay excusas que valgan—dijo satisfecha de su trabajo.
Me levanté y me acerqué al espejo sin creer lo que veían mis ojos. Puse una mano en el espejo y parpadeé varias veces temiendo que aquello fuera un sueño.
—Como me digas que estás fea, te pego—continuó.
La joven que se veía reflejada no era April Young. Evelyn había conseguido que mi piel pareciera más luminosa, ya no era blanca como el papel, y, aunque a penas se asemejaba a su bronceado, el maquillaje había logrado que mi piel de un tono enfermizo pareciera cálida, despierta y radiante; había rizado mis pestañas y puesto máscara haciéndolas ver mucho más densas y largas que antes, había empleado unas tenacillas para crear ondas ,similares a las que ella llevaba. Aquella no era yo, era un sueño.
—¿Y bien?—preguntó impaciente.
Me dí la vuelta y sonreí conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir al exterior.
—Me encanta—confesé.
Evelyn me devolvió la sonrisa y me tendió los pantalones.
—Tengo hambre—anunció—¿tú no?
La conduje a la cocina y dejé que comiera lo que le apeteciese.
La puerta se abrió y mi padre entró en casa.
—Hola señor Young—saludó Evelyn a mi padre.
Derek le devolvió el saludo extrañado de encontrarla en el salón de su casa comiendo un donut de chocolate.
—Vamos díselo—dijo Evelyn en voz baja mientras me daba un golpecito con el codo.
—Esto... ¿papá?—comencé.
Él se aflojó la corbata y dejó su cartera y las llaves encima de la mesa.
—Dime—respondió.
Yo apreté los puños y me armé de valor.
—¿Podría asistir esta noche a una fiesta en casa de Evelyn?—solté de carrerilla.
—Claro—respondió.
Evelyn sonrió y yo inspiré hondo maldiciendo a mi padre por dejarme ir, ahora ya no tenía ninguna excusa para decirle que no.
—April puede quedarse en mi casa, si la deja, claro...—dijo Evelyn a mis espaldas.
—No veo por qué no la iba a dejar—dijo mi padre lanzándome una sonrisa—Me alegro de que hayas hecho amigas tan pronto—confesó él pellizcando mi mejilla.
—¡Usted si que mola señor Young!—exclamó mi amiga mientras mi padre nos dejaba solas.
Evelyn apretó mi mano entusiasmada y profirió un gritito.
—Ojalá tuviera un padre como el tuyo—dijo con la boca llena.
—Bueno, está bien supongo...—dije.
Ella abrió los ojos y se sujetó con ambas manos a la mesa fingiendo que perdía el equilibrio.
—¿Solo bien?—preguntó con voz de pito— ¿Lo has visto bien?
—Es mi padre Evelyn, me incomoda que digas esas cosas.—respondí asqueada.
—Además de estar bueno es muy guay ¡te deja hacer lo que te dé la gana!—respondió
—Confía en mí—confesé tirando los envoltorios del donut de Evelyn a la basura.
—Pues los míos no—suspiró—¿Cuál es tú secreto?—quiso saber
—Precisamente eso,—respondí—no hay secretos.
La joven se acarició la barbilla y arrugó la nariz.
—No, no creo que eso funcionara con los míos—dijo divertida.
Yo la miré a los ojos y sonreí. Me pregunté qué secretos escondería Evelyn y si algún día me los contaría.
—Mis padres no están en casa ¿sabes?—dijo.
—¿Van a perderse tu cumpleaños?—pregunté incrédula
Evelyn asintió.
—No te preocupes, no me importa—dijo—Están en Nueva York. Soy libre para hacer lo que quiera durante dos semanas.
—¿Estás tú sola en casa?
—¡Agg no me lo recuerdes!—exclamó disgustada—Mi hermano, por desgracia, también vive conmigo—confesó—Es horrible ser la pequeña, se cree que puede hacer lo que quiera conmigo.—se quejó—¿Tienes hermanos?
—No, soy hija única—respondí.
—No sabes la suerte que tienes—dijo levantándose de su asiento.
Fijé la mirada en una mancha de chocolate que había justo al lado de su comisura derecha.
—Tienes un poco de chocolate aquí—dije señalando el lugar dónde se había manchado.
—¿Aquí?—preguntó señalando el lugar opuesto.
—No—dije—Espera, deja que te lo quite—contesté.
Arranqué un trozo de papel y lo acerqué a su piel, froté la mancha con delicadeza. Mi ojos viajaron hasta sus labios carnosos y más tarde hasta sus ojos, aparté la servilleta y pestañeé muy deprisa.
—Ya está—dije apartándome de ella.
Evelyn le echó un vistazo a su móvil y envió un mensaje.
—Mi novio, Eric ya viene a recogernos.—dijo sonriendo.
Yo asentí y la acompañé hasta su casa.
—Tiene tres años más que yo ¿no es genial?—preguntó
—Si, supongo...—contesté desganada.
Ella agitó la mano cuando vio a una camioneta roja aproximarse.
—No te preocupes, va a estar todo el mundo en mi fiesta incluidos los amigos de mi novio—confesó con una mirada pícara.
Me cubrí con los brazos y noté como el estómago se me revolvía.
Evelyn esperó a que su novio, el de cabellos castaño claros, bajara del vehículo para abrazarlo.
—Vaya ¿quién es tu nueva amiga?—quiso saber Eric dándome un repaso que hizo que los colores se me subieran.
—Eric, te presento a April. April te presento a Eric—dijo alegre.
El novio de mi amiga se detuvo a observarme y yo de pronto me sentí muy incómoda.
—¿Que hay?—respondió en tono informal dándome dos besos.
Yo me sentí aún más incómoda.
—Encantada—respondí tímida.
—No fastidies. ¿Eres inglesa?—preguntó
Yo asentí tratando de deshacerme de la vergüenza.
—Debe de ser un coñazo tanta lluvia—dijo riendo.
—Eric, no seas maleducado—regañó Evelyn sonriendo.
—No te preocupes, tiene razón, es un coñazo—respondí quitándole importancia y tratando de integrarme un poco más.
Si los ellos habían decidido tomarse tantas confianzas conmigo, yo tendría que hacer lo mismo.
—Bueno, vámonos—dijo Eric dándole una palmada en el culo a Evelyn.
¿Cómo podía Evelyn estar con un tío así? ¿Todos los americanos se comportarían de esa manera? me pregunté.
Subí a la camioneta y me senté en el asiento de atrás mientras observaba desconcertada cómo Eric mientras conducía, soltaba el volante y le metía mano a mi amiga y cómo ésta respondía con risitas.
En aquel momento no entendí por qué ella permitía algo así, sigo sin entenderlo, tal vez así fueran las parejas allí.
Desvié la mirada y observé como, kilómetros y kilómetros de playa se extendían delante de nosotros. El sol se ponía y los últimos rayos del día teñían cielo y mar de colores increíbles.
Era un espectáculo digno de observar.
—Eric ¿April te parece fea?—preguntó Evelyn como quién no quiere la cosa.
—No, está bastante buena—confesó mientras me miraba a través del retrovisor—¿por?
Mi corazón dió un vuelco ¿un chico pensaba que era guapa? no lo podía creer.
—Ves, te lo dije.—dijo Evelyn dándose la vuelta—estás buena.
Yo me encogí y mis mejillas se sonrojaron, debía corregir eso.
Pronto Eric aparcó el coche junto a una cabaña de madera dónde un grupo de jóvenes adolescentes tomaban cerveza junto a la barra y reían.
—Bienvenida al club—dijo Evelyn sonriendo.
Pegué mi rostro contra el cristal de la ventanilla y me maravillé por aquella atmósfera de diversión y juventud. Era como si no existiera nada más, vivían como si el mañana no importara, como si fueran invencibles...
Sonreí y toqué mi pelo. Por una vez en toda mi vida me sentía hermosa, invencible. Aquella noche la viviría como si fuera la última, como si el mundo se fuese a acabar.
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