Capítulo 29
¿Recuerdas cuando Jason me llevó por primera vez en su coche a aquella cala de ensueño? ¿Cuando nos besamos y nuestra relación se encontraba en su punto álgido?
Bien, pues aquel día no fue tan perfecto como imaginabas ni tampoco me fui a la cama con una sonrisa en la cara.
Después de dar las buenas noche a mi padre me metí en la cama y esperé a quedarme dormida como de costumbre.
Pero no me pude dormir por qué un sonido me despertó.
Aparté las finas sábanas que cubrían mi cuerpo y me acerqué a la ventana dónde parecía que alguien lanzaba piedras para llamar mi atención.
Extrañada, pegué la nariz contra el cristal y observé la fina figura que se mantenía en pie a la espera de que le abriera la ventana.
—¿Qué estás haciendo aquí, Evelyn?—pregunté casi en un susurro.
—Necesito hablar contigo. Ayúdame a subir—dijo mientras apoyaba la punta de su pie derecho en un saliente de la pared.
Y antes de poder decir palabra ella ya estaba arriba y yo le tendía la mano para ayudarla a entrar a través de mi ventana a mi cuarto.
—¿Sabes lo tarde que es?—le susurré casi regañándola.
—¡Oh vamos! No eres mi madre.—respondió casi riendo.
—¡Shhh! Habla más bajo o nos va a oír mi padre.
—De acuerdo, de acuerdo—cedió poniendo los ojos en blanco.
Dejando escapar un largo bufido me dejé caer en mi cama medio deshecha y Evelyn se sentó a mi lado, no sin antes detenerse a mirar cada rincón de mi cuarto sumido en la oscuridad.
—¿Esas somos nosotras?—preguntó alzándose de nuevo.
—Sí...
Se detuvo unos instantes en una foto de nosotras luciendo un gran sonrisa mientras sosteníamos nuestras bebidas en alto y luego desvió la mirada hacia una foto dónde Jason reía y luego a otra dónde salíamos los dos dándonos un beso.
Aquellas fotos nos las habíamos hecho aquel día.
—¿Qué tal tu tarde con Jason?—dijo dejando atrás las fotos.
Yo la miré a los ojos durante unos instantes incrédula. Evelyn siempre evitaba hablar de mi relación con Jason y que me preguntara como me había ido aquella tarde con él me resultaba extraño.
—Pensaba que te hacía sentir incómoda que tu mejor amiga y tu hermano salieran juntos.
Evelyn se encogió de hombros y bajó la mirada.
—Supongo que bien—contesté a su pregunta—Él... me está tratando mejor que nunca...—confesé tímidamente pues no estaba acostumbrada a hablarle de ello.
—¿Sabes? Eres la primera chica de la que se enamora.
—Lo sé...—dije ocultando una pequeña sonrisa.
—¿Te acuerdas de lo que te conté sobre mi familia?
Asentí.
—Pues el hecho de tener unos padres que ven más importante su trabajo a sus hijos hizo que él se sintiera poco querido y mientras yo trataba de ser la persona que todo el mundo quería ver él se rodeó de malas compañías y comenzó a jugar con las chicas por diversión. Creo que lo hacía para llamar la atención de papá y mamá, ponerse esa máscara de chico malo supongo que le pareció la forma más fácil de ignorar sus problemas. Pero él siempre me ha cuidado, a pesar de actuar como un gilipollas siempre ha estado ahí cuando lo he necesitado aunque el sea el más frágil de los dos.
—¿Qué me quieres decir con todo esto, Evelyn?
—Él necesitaba que le prestaran atención incluso cuando la rechazaba, necesitaba a alguien que resistiera sus bombardeos por qué el mismo se estaba destruyendo. Y tú aguantaste, tú lo salvaste.
—Si... creo que en eso consiste el amor, en salvarse mutuamente—dije abrazándome las rodillas.
—¿Amor? ¿Crees que estás enamorada de él?—preguntó posando de nuevo sus brillantes ojos sobre mí.
Yo apreté la mandíbula e inspiré con fuerza.
¿Que sí estaba enamorada de él? Realmente no lo sabía pero, el corazón se me aceleraba cuando me miraba y su labios cuando tocaban los míos parecían ser capaces de hacerme arder. Adoraba pasar tiempo con él y me acostaba cada noche pensando en sus ojos verdes.
Sabía que lo quería, que Jason había conseguido hacerse con parte de mi corazón y que era una de las personas más importantes en mi vida pero aquella era la primera vez que tenía pareja y lo más cerca de lo que jamás había estado al amor.
Pero... ¿Qué era realmente estar enamorada?
No lo sabía.
—Creo que si...—dije sin estar muy segura.
Evelyn frunció el ceño sin creerme del todo y tomó una de mis manos con delicadeza.
Observé el recorrido de sus dedos sobre mi piel acariciándome en silencio.
Mi respiración entrecortada era lo único que se escuchaba.
—¿Se te acelera el pulso cuando te mira?
—Si
—¿Sientes una felicidad estúpida cuando estás con él? ¿Como si no pudieras dejar de sonreír, como si él fuera la cura a todos tus males?—preguntó.
—Jason me hace feliz—contesté con convicción, aunque mi voz sonó temblorosa al final.
—¿Sientes mariposas en el estómago cuando te toca?
—¿Mariposas en el estómago?
—Sí, es como si unas manos imaginarias te estuvieran haciendo cosquillas en el estómago.—alzó una mano y la llevó hasta mi vientre—Justo aquí.
—No lo sé, tal vez sí...—respondí mirándola a los ojos mientras llevaba un puño a mi vientre y lo apretaba con fuerza. ¿Por qué estaba tan nerviosa?
Evelyn se apartó unos centímetros de mí y yo seguí oprimiendo el puño con todas mis fuerzas contra mi estómago sin entender que es lo que me estaba pasando, sin querer admitir lo que realmente sentía.
Una lágrima rebelde descendió por mi mejilla.
—Ey... no pasa nada...—me consoló obligándome a mirarle a los ojos.—Yo también lo siento—confesó—justo aquí—Evelyn tomó mi mano cerrada en un puño y la abrió con delicadeza, la acercó hasta su pecho y yo me mantuve concentrada en el martilleo que sentía bajo la yema de mis dedos.
Su corazón latía con fuerza y mi mano subía y bajaba con su respiración.
—¿Lo sientes? ¿Sientes lo mismo que yo?—susurró con voz cálida.
Apenas la había escuchado, no quería escucharla. Pero la respuesta enseguida apareció proyectada delante de mis ojos sin embargo volví a mentir, por que soy una mentirosa.
Agité la cabeza y aparté mi mano de su pecho.
—No... yo lo quiero, yo quiero a Jason—dije.
—Eso no es cierto, April.—buscó de nuevo mi mano— Escúchame esto no tiene nada de...
—No, escúchame tú a mí—repliqué apartando su mano de la mía con brusquedad—Quiero a Jason. Sé que lo quiero y que él me quiere a mí. Nada va a cambiar.
La oscuridad escondía nuestros sentimientos, pero pude sentir lo dolida que ella estaba cuando pronuncié aquellas palabras.
—¿Cuándo piensas dejar de mentir?—preguntó dolida mientras se levantaba.
—Estás celosa de mí, no soportas que sea feliz—me descubrí diciendo.
—¿Qué...? Yo siempre he pensado en ti, April.—respondió indignada—Yo quiero lo mejor para ti...
—¿Entonces por que no te marchas?—cuestioné más cortante de lo que quería sonar.
Y el silencio vovió y se me hizo eterno hasta que Evelyn tomó por fin una decisión.
—De acuerdo, me iré.—contestó con voz clara antes de darse la vuelta dispuesta a marcharse.—Me voy—volvió a decir como si esperara que la detuviera.
Pero yo giré la cabeza.
Y cuando la escuché aterrizar al suelo me levanté de un salto y la observé alejarse corriendo de mi casa.
Mis manos temblaban y aquella extraña sensación aún seguía presente.
La observé alejarse desde mi ventana y cada metro que nos separaba actuaba como un puñal que se hundía poco a poco en mi estómago, matando aquellos bichitos que se movían dentro de mí.
Las mariposas.
Evelyn se detuvo y me miró desde la lejanía.
Tal vez en aquel momento podría haberle gritado que volviera, aún estaba a tiempo de pedirle perdón, y tal vez ella esperaba que lo hiciera, pero no lo hice.
Me limité a permanecer inmóvil mientras ella se daba la vuelta y volvía a emprender su carrera.
Cuando la puerta de su casa se cerró tras ella me refugié entre mis mantas y cerré los ojos con fuerza, como si eso pudiera evitar que derramara lágrimas.
Pero una tras otras las lágrimas me fueron ahogando poco a poco y cuando ella se marchó me sentí más sola que nunca.
Aún sabiendo que tenía a Jason, aún sabiendo que me amaba mucho más de lo que yo nunca habría podido hacer.
Y cada vez que Evelyn me observaba desde la ventana de su cuarto yo fingía que todo aquello era culpa suya pero la verdad es que ella nunca quiso alejarse de mí, sinó estar más cerca.
Y yo no estaba segura por qué tenía miedo.
Miedo al que dirán.
Miedo a perder a Jason.
Miedo a reconocer mis propios sentimientos.
Y solo cuando la vi en aquella fiesta a mediados de agosto supe que me había equivocado y que debía hacer algo para arreglar las cosas con ella.
Por qué en realidad Evelyn me necesitaba.
Y yo a ella.
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