Capítulo 21
Como de costumbre me levanté, desayuné, me lavé los dientes y elegí algo que ponerme, me puse enfrente del espejo y saqué del neceser que, ya se estaba quedando pequeño, todos los cosméticos que iba a usar para maquillarme aquel día. Pasé más de media hora arreglándome y, cuando estuve satisfecha de mi obra maestra salí del cuarto de baño y ordené mis estanterías y mi cuarto para hacer tiempo hasta que Madie llegara.
Recogí la ropa que había desperdigada por el suelo y la junté toda en un bolo para meterla a la cesta de la colada junto a la otra ropa sucia. Cuando Madison llamó al timbre bajé rápidamente mochila en mano y salí al exterior para reunirme con ella.
—Eres una tardona.—dije a modo de saludo mientras cerraba la puerta de mi casa con llave.
—Perdóname tenía que llevar a mi hermano a Kung fu.—confesó la rubia.
Yo arqueé una ceja y la miré extrañada.
—No sabía que tu hermano hacía Kung fu.
—Yo tampoco, hasta esta mañana.—confesó metiéndose en el coche—Se ve que hace poco vio Kung Fu Panda en casa de un amigo y le gustó la idea de poder lanzar patadas voladoras directas a mi cara. No sabes lo pesado que está con el dichoso Kung Fu.
—No te preocupes, seguro que tarde o temprano se cansará.
—Más le vale—respondió mientras se miraba en el retrovisor y peinaba con sus manos su larga y bonita melena rubia.—¿Y bien? ¿Qué era eso tan importante que Evelyn y Alyson no pueden saber?—preguntó.
—Pues... Necesito que me ayudes a elegir ropa...—respondí. Ella alzó una ceja y me miró extrañada.
—¿Solo era eso?
—Bueno... es que... no es ropa cualquiera, yo... ¿Por qué hace tanto calor aquí? ¡Enciende el aire!
—Ya está encendido.—respondió.—April, tranquilízate, estás roja como un tomate.—ordenó tendiéndome una botella de agua que me bebí en medio segundo—Sea lo que sea puedes decírmelo, estamos entre amigas.
Cerré el tapón de la botella y inspiré hondo mientras reorganizaba todas esas ideas que revoloteaban como polillas en mi cabeza.
—Necesito ropa interior bonita—solté de golpe—y también... consejo.
Madie abrió los ojos como platos y esbozó una sonrisa de medio lado.
—¿Quieres que te ayude a a elegir lencería?
—Por favor, no le cuentes nada a Evelyn...—supliqué preocupada.
—Soy una tumba—juró levantando el meñique en el aire.
La miré durante unos segundos dubitativa y alcé el meñique poco a poco para entrelazarlo con el suyo. Madie apretó el dedo y esbozó una amplia sonrisa que disipó todas mis dudas.
—Este será nuestro pequeño secreto—dijo.
Y así fue por qué, a partir de aquel día, Madie y yo quedábamos todas las mañanas para hablar sobre esos temas que me resultaban tan tabú y lejanos a mí.
Todos los días, íbamos a una cafetería, ella se pedía una Coca-Cola light y yo un Nestea, y me daba consejos para que mi primera vez fuera perfecta.
A veces miraba hacia atrás nerviosa de que alguien estuviera escuchando nuestra conversación pues Madison se entusiasmaba demasiado y, algunas veces, elevaba el tono así que, cuando decía alguna burrada, mis manos se apresuraban a tapar su boca.
Madison reía al ver que mis mejillas se teñían de rojo y mi frente se cubría de una fina capa de sudor.
Con el tiempo Madison y yo nos convertimos en muy buenas amigas y el tema de perder mi virginidad ya no me resultaba tan extraño. Nuestros lazos se estrecharon y comencé a confiar más en ella.
Pronto comenzamos a quedar por las tardes también. Me presentó a su novio, David, quién, a demás de ser guapo, resultó ser un chico encantador; me llevó de compras y quedé un par de veces con otras amigas del instituto las cuales no tenían nada que ver con ella y me resultaron demasiado tontas. A veces incluíamos a Alyson en nuestros planes pero, casi siempre se iba pronto por qué se había apuntado a clases de dibujo y no debía faltar.
Y en cuanto a Evelyn, simplemente dejamos de llamarla.
—¿Y qué te parece este otro?—preguntó Madie deslizando el móvil por la mesa.
Yo lo tomé entre los dedos y amplié la imagen. Era un hotel rústico de cuatro estrellas con cierto encanto que en un principio me gustó, el precio por noche era razonable y las críticas de los clientes eran buenas pero estaba demasiado lejos de Los Angeles.
—Está muy lejos.—dije.
Ella miró la dirección del hotel y arrugó la nariz.
—Sí, mejor buscamos otro.—respondió.
Ella introdujo una nueva búsqueda y se concentró en su tarea de buscar un hotel bonito y no muy alejado de Los Ángeles.
Yo acerqué el vaso a mis labios y mientras bebía observaba las caras de la gente que se sentaba en aquella cafetería.
Observé la puerta abrirse. Era una pareja de nuestra edad.
El chico poseía muchos tatuajes y su cara llena de piercings. El chico trataba de conseguir un aspecto de chico malo pero, sus facciones finas y su boca ligeramente curvada hacía arriba delataban que era un chico soñador y, probablemente, incapaz de matar una mosca.
Pero algo que había aprendido en los libros y, también, en carne propia es que las apariencias engañan y tal vez, una cara bonita y una sonrisa tranquilizadora, no significaban que no pudiera clavártela por la espalda.
Pero, lo que me llamó la atención fue su acompañante.
Una chica delgada ligeramente bronceada de cabellos rosas recogidos en un moño desenfadado y con un estilo similar al de él. Llevaba unos vaqueros rasgados cuyos bolsillos estaban adornados con tachuelas y, llevaba una camiseta holgada desteñida de los Guns n' roses. Me recordó a Alyson, quién solía vestir de la misma forma que la chica y, también llevaba el pelo como ella.
Los dos juntos hacían una buena pareja.
—Mira disimuladamente aquella pareja de allá.—le dije a Madie. Ella giró la cabeza.—Esa chica parece el clon de Ali.
—Es que es Ali.—respondió Madie.
—No, imposible. Ella está en dibujo.—dije.
—Un momento. ¿Y quién es él?—preguntó fijando la vista en el chico.
—Tal vez sea una amigo...—respondí.
Alyson rió y el chico que la acompañaba tomó su mano delicadamente.
—Una mierda.—respondió.—¡Será mentirosa la muy zorra!—exclamó Madie levantándose de la silla con la lata de Coca-Cola en mano.
—¡Madie! Déjalos en paz.—le pedí. Pero ella ya se dirigía a su mesa y si oyó mi súplica le importó tres cominos.
Madie se colocó delante de la pareja y Ali la miró de arriba abajo sorprendida. La rubia echaba chispas y el acompañante de nuestra amiga parecía no entender nada.
Me levanté de la silla y recogí las cosas.
—Así que en clases de dibujo ¿eh?—dijo Madie.
—Hoy se han suspendido—dijo Alyson.
—Pero mírate ¡Mientes como una perra!—exclamó la otra.
Yo me coloqué al lado de Madie sin decir nada y saludé en voz baja sin obtener más respuesta que la de chico sentado al lado de Alyson.
—¿Por eso no quedabas con nosotras verdad?—inquirió dolida—No vas a pintar, prefieres comerle la boca a este tío.
—Este tío tiene un nombre—respondió el chico.
—Me importa una mierda.—contestó Madie tajante.
—Madie, venga. Vámonos.—le pedí tirando de su brazo.
Ella se desembarazó de mí y yo bufé cansada deseando que aquello acabara lo antes posible.
—Amigas antes que novios, Ali. ¿Es que no te acuerdas?—preguntó.
—¿Te acuerdas tú?—rebatió ella.
—¡Yo siempre he estado ahí para ti! Nunca te he ignorado ¡Nunca te he mentido!—exclamó.
—¿Ah no? ¿Y como es que Evelyn y yo no sabíamos nada de vuestras quedadas a escondidas?—preguntó ella.—Además, yo no he hecho nada que vosotras no hayáis hecho.
—Eres una zorra—dijo Madison encolerizada apretando con fuerza la lata de refresco que sostenía con una mano.
—Nunca me he quejado de nada. Cuando cancelabas tus planes por David, cuando hablabas de él y de como te lo tirabas yo estaba ahí, escuchando, aguantando. Yo también tengo derecho a estar con alguien que me quiera.
—¡Oh perdona! No sabía que te molestara tanto que hable, la próxima vez me quedaré callada y me limitaré a asentir, como haces tú ¿vale?
—Es que es exactamente eso lo que pasa Madie, tú nunca escuchas. ¿Para qué quieres que te cuente nada si no casa a escucharme?—respondió.
—¡¿Qué yo no escucho?!—exclamó—¿Quién estuvo ahí cuando Jason te dejó tirada por otra? ¡Yo! ¿Quién te dejó la casa para que pudieras tirarte a Ethan? ¡Yo! Quién te...
—¿Es que no puedes dejar que sea feliz por un instante?—replicó Alyson.
Madison enmudeció y sus ojos viajaron del chico hasta ella varias veces. Aquello le había dolido de verdad y, cuando pensé que iba a echarse a llorar se recompuso y habló:
—Sí, venga vamos, April. Dejemos a Alyson con su felicidad.
Miré a ambos y pedí disculpas en voz baja pero, sospecho que ninguno de ellos me oyó.
Seguí a Madison en silencio quién miraba el móvil y continuaba mirando fotos de hoteles. Una lágrima cayó a la pantalla de su móvil y ella se apresuró a limpiarla con la esperanza de que yo no la hubiera visto.
—Mierda, ahora se me ha corrido el rímmel.—sollozó.
Yo no dije nada, solo me quedé a su lado mirando como se derrumbaba.
Y entonces me acordé de Evelyn por primera vez en mucho tiempo. ¿Cómo estaría? Me pregunté. Una parte de mí sabía la respuesta pero otra la negaba y decidía engañarse.
No iba a preguntarle, tampoco iba a decirle a Madison que todo iba a estar bien. Quería evitar todo eso.
Y es que yo no sabía como actuar ante ese tipo de situaciones.
—Mira este.—dijo Madison tratando que su sonara lo más clara posible.
Yo cogí el móvil y observé un hotel muy bonito pero cuyo precio me escandalizó.
—Madie, déjalo. Ya continuaremos otro día.—respondí.
—No, tenemos que acabar esto.—dijo.
—De acuerdo.
Seguimos caminando en silencio, Madie pasando fotos y buscando hoteles que se adaptarán a mis exigencias y posibilidades económicas y yo a su lado, mirando distraída como las la gente pasaba a nuestro lado.
Aquel día Madie no encontró el hotel que necesitaba pero me dio igual, ya lo encontraríamos otro día. Me fui a casa y subí a mi cuarto. Me acerqué a la ventana y vi a Evelyn recostada sobre la cama leyendo una revista.
No sé cuanto tiempo me quedé mirándola pero, ella se dio cuenta de que la estaba observando, así que se levantó de la cama y corrió la cortina.
Me alejé de la ventana y miré la pared casi llena de fotos. Llena de recuerdos con ella.
—¿Por qué esta enfadada conmigo? Soy yo quien debería estarlo.—dije en voz baja.
Pero me dolía el pecho y sentir que perdía a una amiga tan importante como ella me estaba matando poco a poco. Sin embargo, no hice nada. Me quedé allí, en mi cuarto, mirando aquellas fotos inmóvil.
Dónde Evelyn sonreía, dónde estaba contenta. Pero la real, la de carne y hueso, se encontraba en la casa de enfrente sufriendo. Podría haber salido e ir a ver como estaba pero, si había corrido la cortina era por qué no quería saber nada de mí así que decidí dejarlo pasar.
Jamás me perdonaré por ello.
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