Capítulo 16
Evelyn seguía sin aparecer, no contestaba a mis mensajes ni respondía a mis llamadas. Ninguna de nosotras sabía dónde estaba y eso comenzaba a preocuparme.
Durante esos días mi confianza con Madie y Alyson se había reforzado, por fin parecíamos un grupo como tal y eso me alegraba pero, sin Evelyn nada parecía ser igual.
—Entonces... ¿te gusta leer?—preguntó Madie extrañada.
—Sí, en Painswick me pasaba todos los findes en casa leyendo un nuevo libro—dije.
Ambas se miraron horrorizadas y yo reí.
—¿Y no te aburrías?—preguntó Madie de nuevo.
Yo agité la cabeza en gesto negativo.
—Jamás podría aburrirme habiendo tantos libros por leer.—Alyson terminó de pintarse las uñas y Madie continuó mirándome fijamente como si fuera un nuevo tipo de bicho que había descubierto.
—Yo no podría hacerlo, me cansa mantener la vista fija tanto tiempo. No puedo comprender a esas personas que son capaces de leerse trescientas páginas en un día. Además, cuando leo me entra sueño.—dijo Madie.
—Bueno... ni todos los libros son iguales ni todas las personas lo son.—contesté—Cuando encuentras un libro que realmente te atrapa no puedes dejar de leer hasta terminarlo y llegas a un punto dónde ya no eres consciente de que estás leyendo un libro y te empiezas a creer que estás dentro de la historia. Es algo casi mágico.
—Eres rara.—sentenció Madie con una sonrisa.
Yo le devolví una sonrisa y bajé la cabeza.
—Echo de menos a Evelyn—dije
—Yo también—confesaron las otras dos.
Las tres nos quedamos en silencio durante unos minutos sin saber que decir, probablemente, eso ella no lo hubiese permitido.
Pero, al cabo de un rato Madison, la más creativa de las tres, abrió la boca.
—¿Os apetecería venir conmigo mañana a hacer surf?
—¿Estará el monitor buenorro?—preguntó Alyson con una sonrisa picara.
—Oh, sí, claro que estará. ¿Por qué crees si no que me levanto todos los días a las siete de la mañana?—rió.
—Entonces vamos—sentenció Ali—Quiero ver como es el chico por el que babeas.
—Pues... tiene los ojos azules, unos labios muy muy sexys, es alto y... ¡Dios! ¡Tiene unos brazos y unos abdominales... podría lavar mi ropa en ellos.
—La gata está en celo—me dijo Alyson riendo.
—Tigresa—corrigió—Os prometo que en menos de una semana cae.
—Eso mismo dijiste la semana pasada—rebatió la chica del cabello rosa.
—No, pero esta vez lo presiento, me mira mucho en clase. Además, el otro día me sonrió. Eso debe de significar algo, algo bueno.—dijo esperanzada.
—¿Y si tiene novia?—pregunté yo.
Madie me miró y lo pensó durante unos instantes.
—No, imposible, alguien como él solo puede estar con alguien como yo—bromeó.
Todas reímos. Pero yo, en lo más profundo de mi ser, no creí que Madie consiguiera nada con su monitor de surf. Los hombres hechos y derechos como él no se fijaban en crías como nosotras, eso solo pasaba en los libros.
—¿Y hoy?—pregunté—¿Que hacemos hoy?
Las tres nos quedamos pensativas durante un rato.
—Podríamos ir a la playa.—propuso Ali.
—¡Sí!—exclamó Madie—Hace mucho que no vamos juntas.
Cargué mis cosas en el maletero del coche de Ali y me senté en el asiento del copiloto, justo a su lado. Madie se quedó en los de detrás y estiró las piernas a lo largo de los dos asientos libres.
Alyson sacó un CD y pronto Touch de Little Mix comenzó a sonar en el coche. Las dos amigas comenzaron a cantarla y pronto yo me uní a ellas.
Alyson decidió abrir la capota del coche y, el sol bañó nuestros rostros al tiempo que nuestras melenas se alborotaban al viento.
Elevé mis manos por encima de la cabeza y las meneé mientras observaba las palmeras difuminarse y pandillas de chicas como nosotras caminando en grupo por los paseos marítimos de Los Ángeles, esa ciudad que tanto odié en un principio y que siempre llevaré en mi corazón.
Sin saber por qué grité con todas mis fuerzas. Madison rió y Alyson se unió a mis gritos.
—¡Estáis locas!—exclamó Madison riendo.
No puedo expresar con palabras lo libre y joven que me sentí en aquel momento.
Fue simplemente maravilloso.
Cuando llegamos Madison se quitó las gafas y las colocó sobre su cabeza y posó sus ojos color avellana sobre un grupo de chicos.
—Creo que este es el sitio perfecto.—sentenció.
—¿Es que no puedes dejar de pensar por un momento en tíos?—bromeó Ali.
—No. A April le gustan los libros, a Evy le gusta la ropa y a ti... te gusto yo. Todos tenemos alguna afición, la mía, ahora mismo son esos chicos de allí.
—¿Cuanto hace que no tienes novio?—preguntó Ali divertida.
—Demasiado para una tigresa como yo. Necesito cazar—dijo—O... que me cacen.
—¿Podrías no hablar como si esto se tratara de un documental?—dijo Alyson extendiendo la toalla en la arena.
Yo desvié la mirada hacia los chicos y me dí cuenta de que nos estaban mirando. Uno de ellos rió y se acercó hacia nosotras.
—Chicas creo que alguien viene hacía aquí—dije.
—¡Ves!—exclamó Madie contenta.
—¿Qué veo? Seguramente están tan desesperados como tú—dijo Ali.
—Mejor, así me facilitan las cosas.
Alyson puso los ojos en blanco y yo me coloqué a su lado dejando que Madison se encargara de saludar al extraño. Ella era la más extrovertida de todas y yo me sentía incapaz de articular ni una sola palabra delante de un chico.
—¡Hola!—exclamó ella muy alegre.
—¿Qué hay?—dijo el chico dándonos un rápido repaso a las tres.
—Me alegra que te hayas acercado, eso simplifica mucho las cosas—confesó Madison comiéndose con la mirada al muchacho.
—Quién a mi me gusta es tu amiga—dijo—Esa de ahí, la alta.
El chico me señaló y yo me estremecí.
—Tú le gustas a David, ese de allá.—continuó el extraño señalando un chico muy guapo y de complexión atlética.
—De acuerdo—dijo satisfecha dirigiéndose hacia el chico y contoneando sus caderas de aquella forma que a los chicos les gustaba.
—Alyson, no me dejes sola. Ni se te ocurra—dije entre dientes.
La chica de cabellos rosados rió y yo apreté los dedos de mis pies bajo la arena mientras el extraño me miraba de arriba abajo y sonreía.
Poseía los cabellos de un color castaño oscuro y su piel era bronceada y aceitunada en contraste con la mía.
—Hola—me saludó el chico.
—Hola—respondí muy tensa.
—¿Te apetece dar una vuelta?—preguntó mirando a Alyson como si quisiera echarla de allí.
—No...—apreté la mano de Alyson con fuerza y él se fijó en eso. Y de pronto Alyson reaccionó y me intentó sacar de aquel momento tan incómodo.
—Verás, guapito, April no es de esa clase de chicas—intervino.
Él asintió y pasó su mirada de mí hasta ella varias veces antes de responder.
—Sí, lo siento. Pensé que tú... bueno ella... Pasadlo bien, siento haberme fijado en tu novia.—dijo finalmente.
Ambas nos miramos y yo negué con la cabeza.
—No, nosotras no...
—Sí, bueno, no importa. Tienes buen gusto, chico—dijo Alyson esbozando una sonrisa mientras contenía las ganas de reír.
El chico se marchó y yo aliviada le dí la gracias a Alyson por haber echado a aquel chico de allí.
—Mira a la tigresa—me dijo.
Yo me dí la vuelta y observé como Madie se enrollaba con uno de los chicos.
Las dos reímos.
—Vamos a tomar el sol—dijo finalmente—Pondré música.
Las dos nos tumbamos en la arena con las gafas de sol puestas y yo me puse un kilo de crema solar para evitar quemarme.
Al cabo de un rato Madie apareció con el chico y nos dijo que se marchaba y que no la esperáramos. Tanto Alyson como yo imaginamos por la expresión contenta y triunfante de Madison que es lo que iba a pasar entre ellos dos, ninguna dijimos nada.
Después de bañarnos un rato en la playa y tomar el sol durante un rato más nos fuimos cada una a su casa.
Mi móvil sonó en mi bolsa y lo saqué. Era un mensaje de Madison.
Madison [19:15]: Se llama David ¿No creéis que es un nombre super sexy?
Alyson [19:16]: Lo que tu digas.
Madison [19:16]: Puedo oler la envidia desde su cama.
April [19:17]: *emoticonos de risa*
Madison [19:18]: ¡¡¡Estoy enamoradaaaaaa!!! *corazón*
Dejé el móvil a un lado y me metí en la ducha para quitarme de encima los restos de arena.
Cuando salí tendí el bikini mojado en la terraza después de saludar a mi padre. Cuando salí a la terraza miré por un rato la casa de enfrente, la casa dónde vivía Evelyn.
Las luces de su habitación estaban apagadas y no se podía percibir ni un solo rastro de movimiento pero, al cabo de unos minutos la luz se encendió y pude ver una silueta femenina a través de las cortinas.
Tenía que ser ella.
Bajé las escaleras los más rápido que pude y crucé la calle corriendo.
Jason me abrió la puerta una vez más.
—Hola ¿me echabas de menos?—preguntó.
—Ahora no tengo tiempo de tus juegos—lo aparté de la puerta y subí al cuarto de Evelyn sin permiso de nadie. Ni siquiera me fijé en sus abdominales marcados y definidos bajo su camiseta blanca, ni me detuve a observar sus labios u ojos.
—¿Dónde has dejado tus buenos modales, April?—preguntó él a voz en grito. Lo ignoré totalmente.
Cuando llegué a la planta superior la encontré de pie deshaciendo una maleta que estaba sobre su cama. Cuando la vi me quedé de piedra, sin saber que decir ni hacer. No podía creer que hubiera vuelto.
Ella se giró y esbozó una sonrisa triste.
—Hola—me saludó en voz baja.
Y la abracé con fuerza. Ella me acarició la espalda y apoyó la barbilla en mi hombro.
—¿Dónde has estado?—pregunté aún estrechándola en mis brazos.
—Estos últimos días han sido un verdadero caos.—se limitó a decir.
—Lo siento, Evelyn, lo siento tanto todo.
—No te preocupes, soy yo quién te he exigido siempre demasiado.—me consoló—Además hay algo que no te he contado...—confesó.
Yo me aparté de ella y la miré a esos ojos cálidos y amables que tanto había echado de menos. Hoy lucían cansados y bajo ellos unas bolsas pronunciadas que revelaban que había pasado varias noches en vela.
—Yo también tengo que sincerarme contigo.—dije—No más secretos.
—No más secretos—prometió elevando el meñique.
Yo lo entrelacé con el suyo y la promesa quedó sellada.
Ella se sentó en la cama y yo lo hice a su lado. Nos quedamos durante media hora mirándonos sin saber que decir, pero no fue un silencio incómodo era solo que teníamos demasiadas cosas que contarnos y no sabíamos por dónde empezar.
—He estado con mi tía en San Francisco—dijo finalmente—Ya te conté Eric y yo hemos roto ¿verdad?
Asentí.
—No sé como contártelo—admitió.
Yo acaricié su mano intentando reconfortarla. Evelyn sonrió entre lágrimas y se frotó antes de proseguir.
—Hace unas cuantas semanas me dí cuenta de que ya no me bajaba el periodo y Eric y yo comenzamos a preocuparnos.
>Al día siguiente compré un test de embarazo. Estaba segura de que tan solo sería un susto y que no tenía nada de lo que preocuparme, pero cuando vi en aquel pequeño palito que estaba embarazada de dos semanas sentí que el mundo se caía a pedazos sobre mí. ¿Que diría mi familia? ¿Qué iba a hacer con los estudios? Un bebé era lo último que necesitaba en mi vida. No quería convertirme en madre joven, tengo mucha vida por delante y en mis planes no hay lugar para un niño ¿lo comprendes?<
La voz de Evelyn se entrecortaba con frecuencia y finalmente cedió al llanto.
—Él me dijo que todo saldría bien, que nos compraríamos una pequeña casita en el campo lejos de allí y que nos casaríamos para poder criar a nuestro hijo pero yo no podía hacerle eso. Ninguno de los tres seríamos felices. ¡Oh, April! ¡Ni siquiera sé cuidarme por mi misma!
>Él no estaba de acuerdo con mi decisión pero a mí me daba igual, con el tiempo acabaría agradeciéndolo. Yo no quería seguir adelante con el embarazo así que discutimos mucho acerca del tema hasta poner punto y final a la relación.
>Llamé a mi tía y le expliqué todo lo que había pasado. Le pedí consejo y me apoyó con mi decisión así que un día después vino a recogerme y me llevó a consulta para llevar a cabo el aborto. Las dos sabíamos los riegos que corría si lo hacía pero de todas formas seguí firme y no me eché hacia atrás en ningún momento. Quería que me lo sacaran, no puedo hacerme cargo de algo tan importante como lo es una vida humana.
—Soy demasiado joven. Yo no podría haber hecho lo que tu madre hizo, no soy tan valiente.—dijo.
Después de oír el relato Evelyn la abracé con fuerza sin intención alguna de soltarla.
—No puede saberlo nadie—dijo muy seria pegando sus labios contra mi oreja—Ni siquiera lo saben mis padres.
—No diré nada—prometí.
Y después de eso le conté todo lo que no le había contado: los últimos días en los que ella no había estado presente, mis inseguridades, todo lo que sentía por su hermano y mi intento de seducir a Ethan.
—¿Sabes? Ahora le he cogido un asco tremendo a las fiestas.—dije.
Ella rió y me dio un leve golpecito en el hombro.
—Tendrías que huir del alcohol más que de las fiestas.—me aconsejó.
—También—admití.
Ambas reímos. Todo volvía a estar en su sitio.
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