CUENTA ATRÁS
Esta historia literalmente estaba en otro idioma... pero como que muchos no entenderéis nada, pues lo traducí. Pueden haber errores, aviso.
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Escuché una notificación. Era un mensaje nuevo, de mi padre. Cuando lo abrí, el corazón me hizo un bote. Decía el siguiente: "Os tengo que comunicar una cosa bastante importante en la hora de la cena. No os quedáis en vuestra habitación con las pantallitas, que os conozco. Es un asunto urgente. No estaré aquí presencial, tengo mucho trabajo a hacer... Todo lo que os quiero decir está al audio que lo he enviado al móvil de Álex. Espero que estéis bien después de escucharlo... ¡En fin, os quiero!"
Me quedé pensativo. ¿Qué noticia nos quiere decir? Aquella pregunta no tenía respondida hasta que escucháramos el audio, así que piqué la puerta de la habitación de mi hermano Álex.
-Puedo pasar? Te tengo que decir una cosa.
-Sí, sí, está claro, pasa.- Abre la puerta un poco nervioso- ¿Qué me querías decir?
-Mira tu móvil - Señala el objeto-.
Álex mira si tiene algún mensaje. Efectivamente, tiene una notificación de WhatsApp, de su padre. Lee atentamente lo que hay escrito a la pantalla y después mira a su hermano. Está tan sorprendido como Alan.
-Pero aquí no hay ningún audio!- Confundido, Álex-.
-Aquí en el mensaje especifica que será la hora de la cena. Supongo que lo tendrá programado.-Con el dedo apuntando a la pantalla- Tendremos que esperar-.
Después de aquello cerré la puerta e ir a mi habitación. Para matar el tiempo, como siempre, vi unos cuántos videos de YouTube. Ya casi en la hora de la cena, así que bajé al comedor. Álex ya estaba sentado a la mesa.
-Espero que sea una noticia positiva...-Suspirando-.
-Eso espero.
Yo mismo pulsé la reproducción. Escuchamos con atención el siguiente:
"Me hace mucha lástima comunicar esto que ha pasado, pero no hay más remedio... Lamentablemente, vuestra abuela ha... sufrido un ataque cardíaco. Se trasladó al hospital cuando la encontré inconsciente en la alfombra. Los médicos hicieron todo el posible para que su corazón volviera a latir, pero... no pudo ser. Llegué tarde. Sé que ahora estáis sorprendidos, o quizás con lágrimas en los ojos, pero tengáis presente que la abuela siempre estará a vuestro lado. Un abrazo... y como siempre digo... Os quiero..."
No sé qué me pasó al escuchar el audio, solo puedo decir que me sentía vacío, como si algún ladrón me hubiera robado una parte de mi cuerpo... No podía ni levantar la cabeza, miraba a la mesa pensativo. Álex me miró con una cara que reflejaba tristeza. No dijimos ninguna palabra durante la cena, cada cual necesitaba el silencio para reflexionar. Al acabar, me dirigí a mi habitación, otra vez mirando al vacío cuando me estiré a la cama.
Por la mañana, los dos nos levantamos diferentes. Almorzamos en silencio. Todavía me sentía vacío por dentro. Cuando llegué a la escuela mi única amiga, Valeria, estaba extrañada por mi forma de expresión. Ella, casi siempre intuye los sentimientos de las personas que lo rodean por arte de magia, una cosa que pocas personas pueden hacer.
-¿Qué te pasa? ¿Ha pasado algo para que estés así de triste?- Decía preocupada-.
-No, no pasa absolutamente nada.- Sonriente-.
Hizo una cara como que no estaba totalmente convencida, pero lo dejó correr. Eso sí, a veces la Valeria puede ser pesada porque constantemente quiere saber si de verdad el estado emocional de la persona es real, pero yo creo que se preocupa demasiado. Además, es una persona muy colaborativa y solidaria, le encanta ayudar a los que la necesitan. Pero yo no necesito ayuda. Nadie me tendría que ayudar a mí. Ya soy bastante grande como porque alguien me ayudara a entender un ejercicio de mates o simplemente con el que estoy sintiendo los últimos días. Me lo puedo apañar yo solo... Sin que nadie me ayude. Pero las ayudas no las puedo evitar, Álex (que ya ha superado rápidamente la noticia) intenta alegrarme el día con su sonrisa, con juegos de mesa, preparándome mi comida preferida u otras actividades que me gustaban. Lamentablemente, ninguno de estas actividades no me hacía ilusión.
Pasaban días y días, y mi tristeza cada vez me superaba más. Así que un día, decidí la opción más inesperada en mí... Acabar el sufrimiento. Aquel día, sería el último día de la tristeza, la depresión, el vacío que siempre sentía... Ya lo tenía decidido, y ninguna cosa me podría hacer cambiar de opinión. Con lágrimas en las mejillas y sudor frío, escribí la última carta y preparé una cuerda.
A pesar de no poder respirar, ya no sentía nada, y solo cerré los ojos y observar la eterna oscuridad...
Repentinamente, unas palabras de alguien que conocía perfectamente se hacían presente al lugar. Pero no era mi habitación. Solo podía sentir que estaba estirado a una cama y las palabras de agradecimiento de mi hermano a una médica.
Espero que os haya gustado esta historia...
Estoy nerviosa porque esta historia también puede tener premio... WWAAAAAAA solo quiero conseguir que gane una...
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