Sombra de la amargura
Su cabello castaño estaba ligeramente alborotado. Su piel clara destacaba notablemente sus ojos turquesa brillante, su característica más llamativa. A pesar de su aspecto aún tan joven, ciertas ojeras empezaban a notarse bajo esos ojos y esa vitalidad en ellos parecía ciertamente desgastada. El hombre suspiró ya cansado, pero sonrió mientras miraba frente a él. El bebé corría hacia él de nuevo entre risas y balbuceos, con las manitas extendidas. Sus ojitos celestes se hacían cada vez brillantes conforme se acercaba a su padre, quien estaba sorprendido por la energía de su pequeño hijo, pues era muy reciente el momento en el que había aprendido a caminar por sí mismo. Se quedó a una corta distancia de él, balbuceando algunas cosas, al parecer emocionado mientras hacía algunos movimientos con sus manitas, probablemente tratando de expresarse.
—¿Quieres decir algo, Ren?
El bebé solo se abrazó a su padre, quien le acomodó los mechones de cabello castaño miel que también se habían alborotado. Su hijo reflejaba perfectamente la felicidad que él sentía, estaba seguro de ello. El hombre lo levantó antes de empezar a caminar con él en brazos.
—Sí, sé que estás emocionado. Ya sabes caminar y ahora quieres hablar. Pero debes dormir bien.
Entró al cuarto con el niño. Las paredes pintadas en tonos azules y rojo con ciertos dibujos le daban ese aspecto de cuarto infantil a aquella habitación. El tapete del suelo era de color blanco, había una cuna, guardarropas y algunos cestos de juguetes. Otros juguetes estaban en el piso o en la cuna del pequeño, principalmente peluches.
El hombre quitó los juguetes de la cuna para dejar allí al bebé, pero el bebé empezó a balbucear de nuevo, extendiendo sus manos hacia uno de los muñecos que su padre iba a guardar.
—Oh... Está bien, tú ganas.
Le dio el peluche al bebé mientras lo recostada en su cuna, pero el niño de inmediato se puso de pie, mirando a su padre mientras seguía tratando de pronunciar algunas cosas, sin muchos resultados.
—No, Ren. Debes dormir un poco, no grites. Mamá también duerme. ¿Entiendes? Shh
Los ojillos celestes del bebé lo observaron un momento, pero sonreía un poco.
—Shh
Le repitió al niño. El bebé rio un poco antes de sentarse.
—Mmm...
Al parecer entendió un poco, pues ya no gritaba entre carcajadas al balbucear. Sólo unas pequeñas risitas mientras extendía aún sus manitas hacia su padre.
—¿Qué hago contigo? Nunca te cansas.
—Aaah
El bebé señaló su pie derecho, el cual sólo tenía el calcetín.
—Tu zapato. ¿Viste cuando se te cayó? ¿Lo recuerdas? ¿No? Bueno... Espera aquí.
Caminó escaleras abajo hasta la sala, encontrando el zapato del pequeño Ren a medio paso. Lo recogió antes de regresar. Mientras subía las escaleras de regreso, vio como una pequeña cabecita pasaba corriendo fuera del cuarto. Se apresuró a subir, encontrándose con el bebé ya fuera de su cuna, corriendo por el pasillo de nuevo hacia la habitación que conducía a una pequeña terraza que tenían.
—Ren, es tarde, debes...
El niño tenía las manitas pegadas al cristal de la puerta de vidrio, observando la lluvia a través de las cortinas blancas translúcidos, como un velo; parecía mucho más tranquilo. Se agachó al lado de su hijo, quien solo lo miró y le señaló la puerta sin decir nada. Él tampoco dijo nada, simplemente sonriéndole al niño y asintiendo. El bebé se sentó en el piso, aun contemplando la lluvia de afuera.
Entonces, una mano de mujer se posó sobre el cristal desde otro lado, empañando en cierta parte debido al calor de su tacto, pero también dejaba unas machas de colores rojo y azul. Ambos la observaron por unos segundos. El bebé la señaló mientras balbuceaba algo de nuevo.
Senji suspiró mientras levantaba a su pequeño hijo del suelo y abría la puerta de la azotea.
Bajo la esquina había un espacio realmente pequeño, con un techo de color blanco. Había algunas macetas en los bordes con pequeños arbolitos que tenían listones rojos atados en lazo entre sus ramas, moviéndose con el viento. Había algunas pequeñas gotas deslizándose entre esas hojas. La brisa llegaba en pequeñas cantidades rozando el lienzo que estaba sobre el caballete. Mostraba una pintura maravillosa del cielo lluvioso.
También había una mujer en ese lugar, frente a la pintura.
Llevaba un camisón blanco que llegaba hasta sus pantorrillas, con algunas manchas de pintura al igual que sus manos.
—Pandora, ya hemos hablado de esto. Sé que puedes sentirte afectada todavía y lo mejor es cuidarte, porque si te enfermas ahora la cosa puede agravarse.
—No puedo ver este hermoso paisaje con claridad desde las ventanas, este lugar es perfecto. Te prometo que no enfermaré.
Ella siempre había sido así. Acomodó uno de sus largos mechones de cabello rubio tras su oreja con una pequeña sonrisa. Miró sus manos manchadas de pintura y la mancha que se marcó en la puerta para luego observar su cuadro de nuevo.
—Lo siento. Lo limpiaré yo.
—Creí que dormirías. También deberías descansar.
—Acabé la pintura... Supongo que descansaré, sí. Pero primero toca limpiar esto.
Acomodó el caballete de modo que ya no le impidiera el paso, además de llevarse en manos los pinceles y pasó al lado de su esposo hacia el interior de la casa. A los pocos segundos, sus pasos dejaron de escucharse.
Él miró la mancha de pintura.
—Bueno, no será difícil de retirar...
—Aaah
El bebé había empezado a mover brazos y piernas para luego tocar el hombro de su padre, quien se giró a mirarlo. Le señaló la pintura que había estado haciendo la mujer hace pocos minutos.
—Sí, tu madre la hizo... ¿Quieres acercarte a ver? Veamos... ¿Prometes no tocar nada?
Mientras su padre hablaba, el bebé extendió sus bracitos, perdiendo parte del agarre de su padre. Una vez en el suelo, tomó la mano del hombre y empezó a dar algunos pasos para acercarse al rincón donde estaba la pintura. La lluvia había disminuido considerablemente.
El pequeño se quedó observando la pintura, parpadeaba un poco o tallaba su ojo por alguna de las pequeñas gotas de lluvia que aún caían, pero su atención estaba totalmente fija en la pintura frente a él. Luego, empezó a balbucear algo en voz baja para luego mirar a su padre con una sonrisa.
—Te gustó la pintura, ¿eh? Sí, a tu madre siempre le gusto pintar esta clase de cosas... Bueno, algo así. ¿Sabes, Ren? A veces, ella pintaba criaturas extrañas.
Se agachó a la altura del bebé, quien ahora lo miraba a él y luego la pintura en cuando su padre se la señaló.
—En los cielos de sus pinturas antes, flotaban criaturas de la noche. Una infinidad de ojos, distorsionaba los paisajes reales a través de sus pinturas.
El bebé rio ante el dramatismo de su padre mientras le narraba, Senji también rio ante la reacción del pequeño, que seguía señalando la pintura. Él le puso entonces más atención.
El lienzo retrataba el cielo lluvioso y nublado, sí; pero había cierto relieve en las nubes que no había notado hasta ese momento. Dudaba un poco si Pandora lo había hecho consciente o inconscientemente (tal vez creyendo que era algo ya involuntario en ella), pero las nubes formaban rostros si le ponías más atención. Rostros que, mientras más tiempo los mirabas, más detallados se veían... Eran rostros de bebés, cada uno al parecer conectado a otro de alguna manera. Dejo de prestarle atención al cuadro en cuanto sintió la mano de la mujer sobre su hombro.
—Listo. Mira, ya no se nota la mancha.
—¡Otra vez lo hiciste! Quiero saber cómo apareces de esa manera.
—No es nada, Senji.
Él se puso de pie, mostrando una animada sonrisa.
—Simplemente... Hiciste un trabajo maravilloso aquí.
—¿Te parece...
Se quedó completamente quieta al sentir la mano del bebé sujetando su vestido. El bebé aún le sonreía, incluso había empezado a reír mientras extendía los brazos hacia su madre. Pero la mirada de la mujer tenía un aspecto aún más oscuro, con menos brillo que al principio, además de que lo miraba de forma extraña, probablemente con lástima o incluso tristeza. Levantó a su hijo en brazos. Sus ojos, a pesar de estar dirigidos hacia el niño, no parecían estarlo mirando realmente.
—Pandora, ¿est-?
—Senji, ¿Ren ya ha dormido hoy?
—Escapó de su cuna.
—Oh... Mi niño, eres demasiado inquieto.
Rio ligeramente, pero esa risa era simplemente extraña. Con dificultad parecía una risa, incluso pudo haber sido un sollozo ahogado en otras circunstancias.
—Senji, iré en unos minutos. Ya es tarde.
Entregó en las manos de su esposo al pequeño.
—Sí, pero... Hay algo de lo que me gustaría hablar contigo. Por favor, no demores mucho.
—Claro.
—Oh, una cosa más. Deberías encender las luces, podrías dañar tu vista.
—Descuida, veo perfectamente. ¿Tú no?
—¿Y si me encuentro un fantasma? Imagina eso, ¡Qué miedo! No gracias.
La mujer apartó la mirada con una sonrisa tímida.
—Como quieras... Dulces sueños, Ren.
El bebé empezó a balbucear varias cosas entre risas, extendiendo sus manitas hacia el rostro de su madre. Pareció despedirse con su manita mientras su padre volvía con él adentro. Las pisadas y risas de su esposo junto a los balbuceos del bebé iban alejándose de a poco a través del pasillo; se dio la vuelta para ver sus sombras desaparecer tras la puerta de la habitación.
Ella mostro una pequeña sonrisa que parecía ir creciendo de a poco, pero estaba claro que esa sonrisa estaba llena de una profunda amargura de la que Pandora Akasawa no se había podido deshacer aún. Su mano tocó su vientre, mientras rogaba una sola cosa en su mente:
"Que no suceda de nuevo."
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top