ÚLTIMO CAPÍTULO



HERÓNIMO

Cuando uno cae a un abatimiento.

A un estado donde solo rigen los sentimientos de tristezas, pérdida o una ira mezcla de frustración tan fuerte que interfieren en tu vida diaria y en un periodo largo de tiempo.

Se lo compara a esa condición estando tu cuerpo y tu persona, desde un alto a todo lo que te rodea.

Tal vez, desde un risco o un alto puente.

Uno, ahí arriba y desde su saliente mirando en ese letargo todo.

Cual, el clima como todo lo que vez, también es gris.

El mismo color que te rodea por más que en tu día a día el sol en un cielo despejado no deja, tanto iluminarte como aparecer cada mañana.

Repito, gris de día y gris de noche.

Níveo.

Brumoso.

Como rodeando a uno, un suave velo oscuro siempre envolviéndote y mencioné anteriormente, desde ese risco o puente con tu vista hacia abajo.

Y el aire, el clima que en ese estado se siente aunque no exista, uno aferrado desde esa altura para no caer, lo percibes.

Captas como remueve y juega con tu pelo.

Como palpita en tus extremidades desde esa altura.

Es frío y muchas, helado por más abrigo que tienes puesto, sacudiendo tu cuerpo y movilizando tu sistema.

En especial a las lágrimas, cual también son frías al sentirla al deslizar por tus mejillas y juraría, de color gris asimismo.

No hay hambre, no hay sueño.

Solo una añoranza a querer estar solo y que tu compañía solo sea el color gris como un silencio de igual tono.

Y la tristeza pica tanto, como si te lanzaras desde ese pico imaginario y se siente en su tope, como cayendo a aguas profundas.

Sí, también y como piensan.

Fría como ese clima mencionado y color plomizo.

Y te hundes en ella de a poco y sintiendo como por el peso de tu cuerpo, vas dejando que la profundidad te atraiga.

Tus brazos como manos no se mueven.

Tus piernas igual.

Solo dejas que ese fondo y abismo de agua imaginario, se haga cargo de todo por este descenso y mecha en este precipicio imaginario.

Y cierras los ojos, dejándote llevar.

Pero llegando a ello, dicen que dos cosas quedan a modo elección.

Quedarte en ese estado tipo vegetativo y doloroso a remontar o como bien la frase dice.

Que al haber tocado fondo, solo puedes subir con el impulso de la misma.

Abrí mis ojos.

¿Pero, si a esto último no estas? 

¿Solo mitad de la superficie y esa profundidad?

 Y no, porque ese peso de dolor como estado no tengan esa categoría.

Simplemente, porque nadas.

Flotas.

Y no necesitas de ese fondo para impulsarte.

Solo de esos momentos divagando y hundido, para que tu mente y alma poniéndose de acuerdo, se unan y junten fuerza para trazar un plan, tras experimentar ese dolor.

Uno que dolió como la mierda siendo vía teléfono y como les relaté anteriormente, desgarrando como quemando mi piel.

Por eso, salí a la superficie escupiendo dejos de amargura, luchando, nadando y flotando.

 Y lo que quedó, me hice amigo de ella.

Ya, la tristeza no me conquistaba.

Yo la dominaba, tras días pasando.

Se me daba bien, al igual que esa bruma en tono gris indiferente que veía a mi alrededor.

Ya ese color a la vida no se burlaba de mí.

Yo me reía con él, hasta el punto de acostumbrarme.

¿Raro, dicen?

Totalmente puede ser.

Pero se había convertido hasta en mi color favorito.

Como que, lo gris y tonalidades oscuras me gustaban.

Mucho.

Tanto, que muchos cambios en las semanas siguientes, tras el abandono de Marian.

Por un lado y ante mi insistencia, necesitando un excelente programador al igual que un genio en el campo publicitario.

Por más que su deportes favoritos, era chequear a través del móvil si tanto las casas de comidas rápidas tenían promos geniales y mujeres de turno.

A Rodrigo trabajando en TINERCA.

En pleno auge la construcción de mis T8P en otros continentes, de esa misma manera su área de Marketing a su cargo en el piso 17.

Seguido y muy satisfecho en hora como tiempo de la terminación de los anexos en mi piso.

En lo siguiente que exigí tomando de sorpresa a varios con otra nueva construcción, sea allegados como activos propios.

El levantamiento de un ascensor personal.

Mío y con el acceso gracias a una tarjeta de manejarlo a mi antojo y placer con la misma temática en el resto de los elevadores si utilizaba ellos.

Ya casi se podría decir, no más interactuar con mis empleados.

No más, subir las escaleras de entrada al edificio.

Y no tampoco, esperar como uno más en compañía de Collins y Grands el ascensor.

Cortesía de la mujer que todavía un papel decía, que era mi esposa.

¿Ese ámbito raro, recuerdan?

Ambiente extraño que percibía por parte de mis subalternos en el Holding, lejos de ser relajado como antes lo desencadenó.

Y acá, me detengo para escucharlas.

¿Que, qué cosa dicen?

Que fui un idiota.

Le pongo el pecho, las escucho.

El imbécil más grande del  mundo.

Porque resultó ser que el único que no sabía de las aventuras de Marian era yo y por ende, era motivo de suculentas charlas internas y por abajo de las mesas de box como cantina.

Continuo después.

Cual, agradecí más adelante y ya van a saber el motivo luego.

Una tarde el Polaco dándome la zurra de mi vida en su gimnasio con un entrenamiento furtivo, ya que el Rafa me exigía más aumento de masa muscular, como adiestramiento en la disciplina en cuanto a la lucha libre y arriba de un ring.

Y sobre el borde de las cuerdas desplomándome con su final, totalmente siendo un solo sudor todo mi jodido cuerpo agotado y recibiendo como si fuera oro por parte de Collins una botella de agua como mis lentes, que procuré no beberla de un solo trago mientras Rodo me alcanzaba una toalla para secarme.

Me presentó llegando a esa hora puntual a su gimnasio, tres hombres vestidos de pulcro como exquisito traje de vestir.

- Son magnates, gente de mucho poder... - Bajo sus presentaciones, el Polaco me dijo, ayudando a desatar como sacarme los guantes de boxeo puestos. - ...como lo que eres niño. - Prosiguió, seguido a uno de ellos y ya en la pequeña y vieja mesa adjunta al ring, exponer una carpeta que abren al igual que explayar al lado una especie de mapa tipo plano, cual en un extremo estaba señalado con resaltador.

No hablé, pero mi curiosidad como la de Collins y Rodo, estaban en todo eso.

- Quiero que seas parte de esto. - Rafa continuó, girando los papeles para que lo vea con detención. Sonrió. - Es mi proyecto... - Miró a los tres. - Nuestro ahora... - Sus ojos, ahora en mí. - ...y quiero, que seas el puto rey en ello... 

- ¿Peleas clandestinas en este lugar? - Rodo habló, notando como todos que se trataba del lugar en el plano y marcado en rojo, lo que parecía una vieja edificación de varias hectáreas.

- Peleas, pero no ilegales y sí...en ese lugar... - Uno de los hombres habló, abriendo la carpeta para mostrar fotos del lugar.

Y lo era.

Antaño lugar y aunque su fachada exterior contando de cinco pisos, estaba fuera de toda norma en cuanto a pintura y remodelación, tanto sus cimientos como interior y el paisaje de su externo estacionamiento, acusaban muy buena calidad.

- El Círculo... - Murmuró el Polaco.

- ¿Círculo? - Repetí colgando mi toalla en un hombro y dejando mi agua, para ver las fotos y mirarlas con detención con Rodrigo.

- Tu Círculo, muchacho. - Aclaró y se ganó una levantada de ceja de mi parte. - Tu propio club de lucha en sociedad conmigo y ellos. - Continúa señalándose, tanto él como los hombres de trajes. - Donde habrá socios que lo componen como luchadores y público que vayan y compongan. - Un segundo y de esa carpeta con las fotos, saca dos hojas y me las entrega.

Y las tomo para leer, acomodando mejor mis lentes en el puente de mi nariz. 

- Los Chacales, los Dingos y los Latráns. - Lo denomina y clasifica, según el convenio sociativo. - Círculo muy cerrado, cual muy pocos podrán acceder... - Nos sigue explicando. - ...tus peleas eran de índole universitaria, citadas en horario y lugar en horas previas de anticipación por móviles y por las posibles infiltraciones de la policía... 

- ...esto sería a lo grande. - Uno de los tipos, prosigue por el Polaco. - Un club privado, donde las apuestas serían mayores.

- ...cual, muchos piden. - Dice el otro.

- Y donde tales y una vez al mes, en esa noche superarían los seis ceros... - Sigue el interrumpido. - ...porque los Chacales seríamos de alto poder adquisitivo, gente de mucho poder en el ambiente de nuestro target...

- No entiendo. - Me estoy empezando a aburrir. - Rápido, viejo... - Pido síntesis a estos y el Polaco ríe rasposamente.

Le guiño un ojo.

Ya me conoce.

Mi poca tolerancia a la pérdida de tiempo, sigue intacta y súmenle.

Repito, cortesía de lo que los papeles todavía dicen que es mi esposa.

Se podría decir, que hasta se incrementó.

El que nunca habló, hace un paso a la mesa dejando su celular abierto a vídeos recopilados con grabaciones mías de luchas universitarias.

Guau y mierda.

Aunque sabía que era reconocido en ello, no estaba enterado, ya que me importaba tres mierdas si era algo así, como famoso en ello.

Tampoco.

Doble guau y mierda.

Acto seguido el mismo tipo sacó recortes de revistas mercantiles como periódicos de algo ya afirmando y consolidando, lo que Rodo esa vez mencionó en mi oficina y se especulaba.

Cual, tampoco estos días.

Vuelvo a reiterar.

Gentileza de Marian y estar hundido en ese abismo de depresión aislado de casi todo y les detallé al principio.

El casi todo mencionado oración anterior, sería por Rodo con su insufrible pero querible presencia sin abandonarme ni sol ni sombra por miedo a que haga cosas idiotas, como alejar de mi vista cualquier medicación extrema con sus cantidades, desbalijando el Pen de estas y hasta de un jarabe para la tos.

También de pisos altos ante cualquier tentación mía y hasta con la estúpida pero irrisoria idea, que mi oficina la mudáramos a planta baja y cerca de José el hombre de la entrada para que me vigilara, mientras él cumple su horario en el Holding.

¿Sigo?

La de encontrarlo más de una vez, cuando por fin podía conciliar alguna hora de sueño.

Su oído contra mi pecho, verificando si aún respiraba y latía.

Y la no menor de mencionar y que fue motivo de carcajada de Marcello con la probable posibilidad de hacer caer sus adoradas cacerolas, cual sostenía mientras yo desayunaba sin ganas en el comedor, cuando abrió y entró de golpe por la puerta y con él, una medium detrás para que alineara mis chacras o una mierda así y me bañara con su luz a mi jodida mala suerte.

¿Conformes?

Bien.

Así, mis días con mi mejor amigo.

Haciéndome sonreír dentro de mis tristezas, con sus extrañas y raritas soluciones para una mejor calidad de vida para mí.

Como atinando en su predicción y destronando a esa gran medium que llevó al Pen esa vez y lo confirma estos pedazos de periódicos que ahora leo entre mis dedos.

Lo que era una especulación, ya es un hecho.

Los titulares lo decían.

Lo reafirmaban.

A mi edad y lo que había logrado.

Me habían titulado en el mundo mercantil y los negocios.

Como el jefe de los jefes.

Era imparable.

Había construido un imperio que todo el mundo hablaba.

Era el soberano.

Era el puto rey del acero.

- Amas las luchas, pero te niegas a hacerlo a lo grande. - Rafa toma la palabra. - El Círculo entonces será tu reino, muchacho. Quiero que te conviertas en el jodido HRNM que la gente quiere ver en el cuadrilátero y apostar... - Elevo mi vista de las hojas al escuchar como me nombra, me bautiza. - ...serán tus reglas para jugar, tus condiciones...

- Mi Círculo... - Acoto, sobre un resoplido al pelo de mi frente.

Putos rulos que ya crecieron.

Asiente como los tres hombres.

- Pon las cláusulas, tu naturaleza con propias estipulaciones y deja el resto a nosotros... - Su brazo señala el ring a metros de nosotros. - ...solo encárgate de liberar allá arriba tus mierdas mentales y lo que te colma, porque en el Círculo todo vale. - Sentencia y finaliza.

Vuelvo a las páginas.

Mi esencia es voluble y donde predomina siempre, mi singular carácter agreste.

Los tormentos se hicieron carne en mí.

Como demonios.

Suspiro.

Unos que comienzo a creer que se multiplican y que podría con ellos y su liberación.

Canalizarlo arriba del ring para sosegar y mitigar ese constante dolor que llevo en piel.

Y en mi triste corazón.

 El cambio repentino de canal en el viejo televisor en blanco y negro que cuelga de una pared, por uno de los que entrena, hace que focalice mi vista mostrando en su precaria 14 pulgadas y pese a que por la poca sintonía se ve con cierta interferencia, no opaca lo que muestra.

Un noticiero mostrando la entrega de donaciones a un establecimiento infantil.

Cajas.

Muchas de ellas, cual personas con sonrisas en los rostros y al igual que cada niño que lo recibe, muestras alegría y felicidad.

Camino algo, hacia el viejo televisor.

No se puede oír bien, pero sí, notar la felicidad de cada uno.

Muchos niños recibiendo como agradeciendo los presentes.

Analizo por largos segundos, seguido de mis ojos ir a Collins y Rodrigo.

Uno asiente levemente y el otro me sonríe.

Volteo sobre mis talones al resto, que expectante aguardan mi respuesta.

- ¿Mis reglas, mis condiciones? - Repito.

Porque soy el jefe, obvio.

Y Rafa como los hombres afirman.

Sonrío.

- Bien. - Solo, salió de mí.

Misma palabra, cuando ya saliendo del gimnasio y saludar como firmar el acuerdo en la acera Grands apareció estacionando detrás del mío y Collins.

Un bien que se anticipó a los hechos de que me siguiera informando, tras encontrar el paradero de Marian.

Tal que lo sabía, pero solo corroborar la dependencia, cosa que Grands me lo revalidó.

Departamento comprado con mi dinero para ella y su gran amor, siendo prueba suficiente para Millers para el divorcio y cual, jugaban a la casita mucho antes de la separación y sobre mis largas horas laborales ajeno a todo.

Pero, eso no fue lo que me hizo estallar en cólera.

Sino.

Lo que siguió a eso con su información.

Que el aludido en cuestión.

Jodida mierda.

Resultó ser un activo mío.

Un condenado jefe de un sector del Holding y lo gracioso, tres cosas.

Una, que todavía estaba trabajando para mí y lo segundo.

Oculté mi rostro con una mano.

Yo fui quien se lo presenté, cuando un día Marian vino a visitarme.

Dios...

Fui el puto cupido entre ambos.

Y por tal, todo el Holding.

Reitero.

Sabía menos yo de su infidelidad, pero el gran amor entre los dos.

¿Lo tercero, se preguntan?

Lo que por último Grands me alcanza de toda la información que recopiló y era mi más grande duda.

¿Por qué, Marian no me pedía el divorcio?

Simple.

Un abogado los asesoró que no era el momento.

Los alentaba a que esperaran el momento oportuno, ya que con el nacimiento de mis T8P estaba en pleno apogeo como crecimiento, era prudente esperar el tiempo, porque la división de bienes sería mayor.

Yo no hice un acuerdo prenupcial.

No olviden que sigo siendo un muchacho con muchas hormonas y que solo la amaba y Marian lo mismo.

Eso creí.

Y eso que quemaba mi piel y controlaba.

También, creí.

Se desató en mi interior y de ese gris que todo veía, se transformó en rojo.

Mucho.

Cuando llegué a su departamento.

No alcanzaron a abrir la puerta, cuando yo entré y por más que procuraron detenerme tanto ellos como Collins y Rodo, estando Grands a la vigilancia tras la ella al jodidamente cerrarse con fuerza por mí.

Vi rojo cuando la recorrí en su poco más de 150 metros cuadrados ubicados en un excelente zona de la ciudad, sobre sus miradas de pavor.

No se anduvieron con chiquitas en la elección del inmueble como decoración.

Rojo, cuando voltee a ellos.

Y más rojo, cuando sin titubear fui directo a él, por su sangre y ante mis golpes.

No podía detenerme, eran estos jodidos demonios controlándome ya acumulados, producto de muchas tristezas.

En mi enceguecimiento de ira, solo percibí como y tomándome de los brazos, tanto Collins como Rodo me separaban de él.

Su cara al igual que cuerpo maltrecho, producto de mis puñetazos lo habían dejado tendido contra el piso y bañado en sangre.

Jadee y escupí bronca, intentando zafar de sus agarres.

Mi oído selectivo me impedía escuchar lo que me querían decir, pero sé, que era a gritos que me calmara.

Exclamaciones que se mezclaron con un llanto desconsolado, mientras veía en mi lucha de escapar de Rodrigo y Collins, como Marian corría a él y también me clamaba que me detenga, rodeándolo con amor a su amante.

¿Comprenden?

Con mucho amor.

Siendo sobre estrepitosa respiración llena de nervios, pesadumbre y mucha tristeza, en como lo abrazaba, lo consolaba y besaba por más sangre que lo cubría.

Siendo testigo, luego.

Retrocedí un paso.

En como levantando ese rostro que tanto adoré y siendo un mar de lágrimas.

Me echó.

Me grito con la mirada más fría como llena de rencor que vi en mi vida y jamás me voy a olvidar.

Que me fuera.

Otro paso retrocedí, sobre los agarre de Collins y Rodo.

- ¡Nunca te amé! ¡Nunca te quise! ¡Solo te usé! - Chilló de rabia y sin dejar de contener como acariciarlo a él. - ¡Eres un monstruo! ! Te odio! - Me lo confirmó.

Y arrugué mi ceño.

Porque su odio se transformó el mío, también.

He hice lo impensado.

Solo a ella, porque el bastardo ya había tenido su merecido.

Decreté lo que sería mi biblia y calefón, después.

Deshaciéndome de Collins como Rodrigo, alcé mi índice y la señalé, bajo su mirada llena de rencor.

Ya no veía rojo, solo gris níveo en mí.

Uno, convirtiéndose en oscuridad.

Porque la maldije y le desee lo peor de la vida.

Oscuridad brumosa, hasta apropiándose y cubriendo mi mirada.

Porque, también de mis labios jurándole que y aunque se arrastrara hacia mí, muriéndose.

Mucha oscuridad, embargándome.

Yo me deleitaría con ello y la destruiría.

Y en el monstruo que ella dijo, me convertí...

Tales pasando, cual con ayuda del gabinete de abogados estando a la cabeza Millers, trabajaron en mi caso más de las 24 horas que da el día para ejecutar mi pedido.

Loco, pero real.

Una orden.

Mi divorcio en un tiempo récord.

Marian se opuso, nada nuevo.

Pero no tuvo quorum por todas las pruebas de su adulterio y sin un jodido centavo de más, que lo que la ley estipulaba de una pensión económica correspondiente, cosa que podía apelar.

Pero, no lo hice.

Después de ese encuentro nefasto en su departamento, jamás la volví a ver.

Nunca más la busqué y de igual manera supe de ella.

Me concentré en TINERCA, el auge del constante crecimiento de las T8P, el casi listo Hospital Oncológico Infantil quedando sus afueras y cosas secundarias por terminar.

La creación del Círculo siendo de suma importancia para mí, ya que con sus ganancias, para los niños de esto último con el manejo y ayuda constante en ello de Gladys.

Y mis entrenamientos.

Tales con el tiempo pasando llegué al objetivo deseado del Polaco.

Mi aumento corporal.

Uno a base de muchas horas de entrenamiento.

Cientos de horas.

Y bajo una alimentación estricta de la mano rigurosa de Marcello para ello.

- Ya estás listo... - Rafa muy satisfecho y contra el cuadrilátero me dijo un día, al terminar mi ejercicio y salir del ring el sparring de turno.

Lo miré desde arriba escupiendo el protector bucal como sacándome el de la cabeza.

Me apoyé contra una esquina que ayudado por Collins, hice a un lado los guantes, seguido a salir entre las cuerdas y de un salto, ir por un energizante que mi garganta y organismo pedía a gritos.

- ¿Por la masa muscular que me pedías o para luchar por primera vez en el Círculo? - Digo, sobre la botella bebiendo.

El Polaco niega en su lanzamiento hacia mí, de una toalla para que seque mi cuerpo.

- Lo primero, era una obligación y lo segundo, solo a tu mayoría de edad...tiempo más que suficiente para terminar con la formación del Círculo... - Murmura.

- ¿Y lo tercero, entonces? - Lo debe haber. 

Y su media sonrisa aparece dándome la razón, seguido a sacar del bolsillo trasero de sus pantalones deportivos un papel.

Algo arrugado que acusa mucho tiempo tenerlo.

No es muy grande, más bien del tamaño chico de un cuaderno de notas y que al desplegarlo.

Con Collins cruzamos miradas.

Solo muestra frente a nosotros y entre sus manos sosteniéndolo.

Elevo una ceja aceptando mis lentes, que mi mano derecha me alcanza.

Lo que parece un dibujo a mano alzada pretendiendo ser el bosquejo de un persona, dando un salto, creo.

Creo, dije.

Con varios rayones y anotaciones en su laterales con la precaria letra del Polaco en lápiz y pareciendo.

Achino mis ojos para comprender, acercándome a la hoja.

Como fórmulas matemáticas, ya que tiene medidas en grados de lo que sería esos supuestos movimientos y lo que parece el gran salto final.

- El SZJNY... - Me lo presenta orgulloso.

Rasco mi cabeza sudada sobre la toalla.

- ¿Para atacar?

Niega.

- Para noquear.

Me encojo de hombros.

- Podré con ello... - Natural, pero en mi trayecto de ir al vestidor por una ducha reparadora y regresar al Holding, me lo detiene una sacudida en mi cabeza de la mano del Rafa.

- Pendejo... - Me gruñe, haciendo que ría como Collins. - ...tu mierda de señor sabelotodo y el que creaste, conmigo, no... - Pone el papel en mi mano. - ...míralo y no cien veces, si no mil. - Me eleva su dedo. - ...porque vas a comer, dormir, pensar y hasta cuando cojas con alguien, aprendiendo de memoria este diagrama.  - Palmea mi brazo. - Ya que, putamente haré sangrar tus pies y cada centímetro de tu cuerpo de dolor, hasta que aprendas a ejecutar este ataque a partir de mañana... - Me augura y sin más se va, sin dejar de maldecirme por mi soberbia infantil.

Como la tomaba él.

Pero la realidad, era que no.

Lejos de eso.

Lo mío se centraba en un escape, que me empezó a alejar de todo.

Y más, cuatro meses después.

Sí.

Poco más de 120 días posteriormente.

Y con ello, los murmullos de lo que una leyenda comenzó a nacer a partir de lo que había sucedido con mi matrimonio.

Por la aparición repentina de Marian al Holding.

Cual, como si nada y llamándose aún mi esposa, aunque ya había papeles que demostraban lo contrario cuando nos vimos.

Corrección, la vi.

Sentí como si un gran terremoto a gran escala, hubiera sacudido mi silla, el piso, el mismo Holding y hasta mi propio corazón.

Y todo.

Absolutamente todo, cayéndose abajo.

Porque, la mujer que tenía frente mío y sentada del otro lado de mi escritorio.

No parecía la mujer, cual me casé, casi un año atrás.

No podía hablar.

Solo, atiné a balbucear su nombre.

Pero, Marian lo hizo.

- Tiempo sin vernos, Herónimo... - Su voz como rostro, aparte de ese siempre odio que me tuvo.

Demacrado.

Sí.

Grandes y oscuras aureolas rodeaban por abajo de sus ojos verdes.

Unos que antes brillaban como esmeraldas, ahora eran opacos.

Su largo y bonito pelo largo, lo llevaba muy corto.

Haciéndome dudar si era verdadero.

Y el vestido en color mora.

Uno simple pero elegante que yo le regalé y en otra época lo llenaba con fuertes curvas como espléndidas tetas en su escote, ahora le quedaba grande.

Muy holgado.

Y mi sangre se congeló al notar con más detención.

Jesús.

Porque y aunque estaba sumamente delgada, un redondo vientre llenaba su abdomen.

- Tengo cáncer... - Largó sin más.

No me miró cuando lo dijo, por buscar algo en la pequeña cartera que llevaba con ella.

Y cuando recién lo encontró, lo hizo.

Un cigarrillo que encendió sin importarle su estado y sabiendo que detesto ello.

Exhaló su humo, mirándome fijamente.

- ...y estoy embarazada, esperando un hijo tuyo... - Dijo, sin dejo de nada.

De emoción o dolor.

Nada.

Mientras mi mundo se vino más abajo.

Todo.

Hasta cada jodido ladrillo que compone lo que me rodea y como tal, sentí mi estómago.

Y ahí al fin, se permitió una emoción.

La de sonreír sin dejar de fumar.

Una a juego con su mirada, llena de cinismo como satisfacción.

- Marian... - Logré decir, pero no pude continuar.

Porque mi garganta estaba estrangulada de lágrimas y por interrumpirme apagando el cigarrillo, cual tiró al piso, seguido de pisarlo con su zapato.

- Es tuyo... - Por si creía que dudaba. - ...cuando escapé de ti, sabía que estaba embarazada de pocas semanas... - Me mira duramente. - ...te lo oculté como a él. - Continúa. - Es tuyo y lo odio, Herónimo... - Jadeó con ira y negando. - ...yo quería uno de él y no tuyo!

- ¡Marian! - Me puse de pie y ella también.

- Iba a abortarlo antes que se notara... - Me gritó. - ...pero cuando fui a la clínica para hacerlo, los análisis delataron la enfermedad... - Resopló por una inestable fuerza que carecía, contra la silla bajando su cabeza. - ...y se negaron a ello... - Me miró a través de sus pestañas. - ...tienes la culpa, Herónimo...la tienes, maldita sea...por hacerme esto, porque él me abandonó ante mi embarazo y sabiendo de mi enfermedad...me dejaste sola por tu maldición... - Me recordó mi juramento. Golpeó su pecho. - ...tu maldición fue mi enfermedad... - Sonrió. - ...una terminal... - Recitó fría y doliente cada palabra.

Y mis rodillas cayeron contra el piso.

El daño ya estaba hecho y mi profecía se cumplió.

Yo, había matado en vida a Marian y nuestro hijo...


Y soporté los meses siguientes, más triste de mi vida en compañía de mi madre y Rodo.

Procurando hacer todo lo que podía y estuviera al alcance de mi mano como poder.

Ya no vivía en ese departamento que compró para ella y su amante.

Lo vendió ante el divorcio en vigencia, por asesoramiento de él.

Malgastando casi todo su valor en caprichos, como viaje que ambos querían hacer juntos.

Algo de casino.

Y también antojos como vicios materiales.

 Luego de abandonarla y con lo poco que quedó de ello, Marian volvió a la casa de su madre, cual fue ahí sobre su mirada de súplica por su hija, busqué sus pertenencias y le llevé nuevamente a vivir al Pen conmigo.

48h después, estábamos arriba de mi última adquisición.

La compra de un avión.

Mío personal.

El Impala I.

Siendo su destino parte de Europa y Argentina, para detener su cáncer con tratamientos nuevos y avanzados e inclusive a Cuba, donde más demoró uno de ellos y cual con antelación Grands, ya había comprado un mediano condominio en mi nombre para comodidad de Marian.

Pero, no hubo éxito.

Y me dediqué regresando en pagar el mejor gabinete médico del país con asesoría y ayuda desde el extranjero, para que la atendieran y estuvieran con ella 24/7.

Como yo lo estaba, abandonando por completo todo tipo de contacto que sea mis T8P, dejando a cargo a Collins con Rodo todo este tiempo.

Mi vida se abocó en todos estos meses siguientes en atender personalmente a Marian con ayuda de Gladys para salvarla como a nuestro hijo.

Sufriendo cada jodido segundo de cada jodido minuto de cada día, su odio creciente hacia mí y ese bebé que llevaba dentro y a duras penas, pobrecito crecía.

Me maldecía.

Me torturaba.

Y eso, transformaba en ese color gris que le mencioné antes.

En oscuro.

Mucha de esta y me dolía como nada en este mundo.

Pero lo aceptaba en silencio a cada uno de sus ataques de ira y odio, ya que Marian tenía toda la razón.

Únicamente yo y solo yo, era el culpable...

Porque jodidamente todo esto no hubiera pasado, si en vez de dejarla ir, yo la hubiera traído conmigo esa noche nefasta en su departamento por tomar las cosas a tiempo.

Yo solo pensé en mí y lo que me deleitó esa circunstancias, bajo todo el dolor y mi orgullo pisoteado.

En destruir.

Y juntar ese polvo y nuevamente volver a destruirlo para que no quede nada.

Ni las cenizas.

Y si me quedaba algo de juicio en alguna parte de mi sistema nervioso, una mañana colapsó.

Cuando los médicos me reunieron fuera de la habitación de Marian y me informaron que mi hijo no llegaría a término con una buena gestación, ya que nunca lograría superar el ataque de la enfermedad de ella, por más que estaban haciendo todo lo posible.

Su sangre también estaba contaminada.

Mi pequeño de pocos meses, no tenía placas en la sangre por la propia Leucemia que se construía en él y su corazoncito, era débil y muy pequeño para tales meses.

Grité.

Tiré.

Destruí.

Y maldije cada objeto que vi y se me atravesó en mi camino, en la sala de espera del Hospital.

Caí sobre el suelo y lloré.

Lloré como nunca en mi perra vida lo hice.

Lloré las lágrimas que no salieron por la muerte de mi padre y por tener a su asesino ante mis ojos.

Fue un dique que desbordó por cúmulos de tristezas por años.

No recuerdo mucho después, más que imágenes borrosas.

Solo que Collins y Grands, tomándome por atrás con un fuerte agarre junto con Rodo y Marleane, tratando de calmarme por mi furia de amargura, un corpulento enfermero, cual con una jeringa en mano, luego inyectó algo a mi brazo siendo lo último que registré. 

Para después, despertar horas o putos días después en una cama de una habitación del mismo Hospital y en la compañía de mi madre sentada al lado mío.

- Herónimo... - Me susurró suave. - ...despertaste... - Su mirada y esa sonrisa que no llegaba a su ojos, me decía que las cosas no andaban bien.

Mi cabeza daba vueltas, aún por los efectos del sedante que me suministraron.

Pero logré incorporarme ayudado por mis manos apretando mi cabeza.

- Marian... - Logré decir, volteando a mamá. - ...ella está bien con el bebé? - Mi boca estaba reseca.

- Herónimo...ellos...debemos hablar... - Evadió y quiso tranquilizarme como intentar, obligarme a recostar por el efecto de la droga.

Pero era inevitable.

Me levanté y aunque trastabillando, me fui hacia la puerta para salir.

- ¡Herónimo, no! - Podía sentir que me llamaba y me decía que no vaya, mientras me arrastraba y caminaba con ayuda de la pared a la habitación de Marian.

Y cuando entré, mi cabeza dio más vuelta y lo que ocurría allí, también.

Porque todo giraba, mis piernas las sentía pesadas, pero sin embargo logré llegar a los pies de su cama.

Médicos y enfermeros rodeaban el cuerpo de Marian.

Iban y venían con aparatos y elementos atendiéndola, porque estaba teniendo lo que parecía una convulsión.

Sin la quimio que había sido descartada tiempo atrás por su nulo progreso y poco efecto, ya que su cáncer estaba muy avanzado y con ello, su sistema nervioso, muscular y también órganos comprometidos.

Me arrodillé contra el suelo a metro de ella.

Solo restaba esperar.

Estaba tambaleante y mi columna se cubrió de un helado escalofrío, cuando su demacrado rostro, volteó a mi dirección.

Sus pupilas estaban dilatadas, más apagado que nunca ese color verde esmeralda que como dije una vez, hubiera construido un templo por ellos.

Pero me miraba profundo y lleno siempre de ese odio.

Una mano a duras penas pudo elevarla con la poca fuerza que tenía, haciendo caso omiso a lo que los doctores como enfermeros le decían.

Luchó negada a que le pusieran la máscara de oxígeno, mientras todo su sistema colapsaba y hacía estragos con movimientos involuntarios y nerviosos.

Jadeó.

- Me maldijiste... - Me susurró con duras respiraciones. - ...y ahora yo te maldigo, Herónimo... - Se sonrió llena de placer. 

Jesús, esa mirada. 

- ...no pude matarlo antes...pero ahora, sí. Me llevo a este bebé, que odio conmigo. - Su madre al escuchar eso desde el rincón que se hallaba, intentó callarla, gritando que decía incoherencias y que nadie era culpable. 

Pero Marian se resistió ante ella y el agarre de los enfermeros.

- ¡Te odio, Herónimo Mon! - Gimió entre tosidos enfermizos. - ¡Nunca te amé! ¡Nunca! - Tomó una última bocanada de aire. - Te vas a llevar toda tu maldita vida...hasta tu tumba, nuestras muertes... - Gritó, cuando una enfermera por la orden de un médico, le inyectó una jeringa con liquido en su brazo. 

Y solo fue cuestión de segundos, hasta que su cabeza desmayada, cayera pesadamente bajo el efecto del sedante sobre la almohada.

El suave bip de las máquinas solo se escuchaba, frente al silencio de todos los que estábamos en la habitación con el llanto de la madre de Marian, que me hizo girar a ella, levantarme del piso y abrazarla.

19h más tarde, fue clínicamente declarada fallecida Marian y mi hijo.

Un paro respiratorio acabó con su agonía y cáncer.

Dos días después, fue su entierro.

No quise ni acepté, gente como personal en el funeral de mi exesposa y mi bebé, más que solo familiares cercanos.

Y lo hice en el prado verde en la cima de una colina, cual compré año y medio atrás, donde ese árbol frutal y mi favorito, crece.

Un manzano.

Mandé a construir una lápida para ambos, cual rigurosamente controlo que la cuiden y llenen de flores frescas todas las mañanas.

Y aunque nuestro hijito fue sacado de su vientre por protocolos médicos y jurídicos, ordené que los enterraran juntos.

Una vez solo, me desplomé contra ellos llorando.

Eran madre e hijo y tenían que permanecer así, como hasta el último minuto lo hicieron.

Me gusta creer que las desviaciones propias de la enfermedad de Marian, hacían decir y actuar que no quería a nuestro bebé.

Y que ella, lo amó tanto o más que yo.


Después de esto, casi todo TINERCA supo que lo que era un chisme.

Fue una gran realidad.

Que el gran Herónimo Mon.

El empresario como en crecimiento un magnate, mundialmente conocido por sus metalúrgicas.

No solo, que había sido engañado por su bella y joven esposa con un activo.

También, mi abominación al descubrirlos y lo que acarreó ello.

¿Control de daño?

En los años siguientes lo que se rumoreaba como una leyenda, se convirtió en tal.

Mito a mi alejamiento.

Ser ese fantasma pese a que siempre estoy, aunque no me ven y hasta muchos, no llegar siquiera a conocerme físicamente y por más tiempo de antigüedad a la par de las T8P, creciendo física y logísticamente en los meses siguientes.

Ser agreste y díscolo al trato, más que lo negociable.

Y en esta palabra precisamente en todos mis ámbitos.

Negociar.

Simple y claro.

Porque el amor podía besar mi culo.

¿Drástico, dicen?

Sí, puede ser.

Pero ya no existía para mí, eso del sentimiento siendo algo verdadero y puro.

Y si se hallase, da pérdidas.

Punto.

Placer para enterrar mi dolor, mi lema.

Y como tal, basándome en lo que me regía.

Negociación.

Simple y conciso.

Cláusulas.

El nacimiento de mis 4 reglas, si hay un acuerdo por ambas partes.

Mía y de la fémina de turno.

Obvio.

*No preguntar por el pasado.

*No esperar nada del presente.

*No hablar de un futuro.

Y el no, menos importante.

*No besos en la boca.

Quedando fuera de juego las citas o romanticismo.

Pero sí, un tipo de compañerismo y acompañamiento, sean fiestas, reuniones o galas que impliquen de su presencia.

Al igual y en lo más importante.

El sexo.

Trato consensuado y satisfecho por ambos como cualquier negociación, donde disponemos como proponemos eso para saciar mi necesidad sexual y la de ella, siendo monógama y lo que implique el tiempo de duración que puede ser una o más temporada y cual, siendo mi compañera sexual, implica demanda que exijo y poseo como ella con la autoridad que el acuerdo nos da, tanto a la mujer de turno como a mí.

Conexión de mutuo acuerdo entre la fémina y yo.

- Control obseso,. - Le recuerdo y hasta a ustedes.

Sí, ustedes que me leen se los digo.

Ahora y siempre, he dicho.

Punto.

- Rayo de sol. - Rodo, me dice bajando de mi coche y caminando conmigo a mi par, llegando al Holding.

Lo miro raro.

- ¿Qué? - ¿La carne que le sirvió Marcello en el almuerzo, le puso droga?

Me rueda los ojos y señala las escalinatas laterales del subsuelo, que llevan a afuera como entrada principal y frontal del Holding.

Cual por su abertura deja ver algo del sol entrando en ella.

- Que necesitas un poco de rayo de sol en tu vida, hermano... - Toma mi barbilla, obligando a girar mi rostro a ambos lados, mientras inspecciona mi cara. - ...tu piel ya no es pálida, pasó de ser gris a un verde sospechoso... - Me dice muy concentrado y palpando mi mejilla. - ...sip, ya está verdosa por falta de aire y sol... - Sentencia riendo, sobre mi manotazo alejándolo.

Pero no se contenta y quiere abrazarme por detrás, cosa que lo consigue bajo mis blasfemias y casi llegando a mi ascensor personal, cual Collins abre por nosotros.

- ¡Quieres parar!

- ¡No, hasta que me digas que tomarás algo de sol! - Me abraza más contra él.

- ¡Lo prometo! ¡Lo prometo! - Juro dentro del ascensor y notando que arruga mi traje a 15 minutos de una reunión muy importantes con potenciales clientes de Chile.

Besa por sobre mi pelo.

- Ok... - Suelta mi cuello de su torniquete y liberado, se consigue un golpe de mi puño en su hombro, seguido a acomodar y alisar mi traje mientras subimos.

- Auch... - Soba la zona, bajo la risita silenciosa de Collins.

- Marica. - Le respondo sin dejar de mirar el display numérico.

Pero así y todo, lo abrazo por sobre un hombro.



Y como se lo prometí, esa misma tarde y saliendo del Holding, fui en busca del sol.

Solo con Collins que como siempre y ya en el lugar una vez llegando, como lo hago desde hace dos años.

Espera por mí, cerca del coche estacionado y a cierta distancia como con respeto.

Limitándome a inclinarme y limpiar algo su tumba de pocas hojas esparcidas por la llegada del otoño.

Continuo a sacar del bolsillo de mi gabardina y sobre un bonito ramo de Tulipanes.

Las favoritas de Marian.

Otro más pequeño de flores silvestres y de muchos colores a mi hijito, junto a lo que mandé a construir hace poco más de un par de años.

La tercera pieza de ajedrez fabricado en mi metalúrgica con el mejor acero en su suavidad y esmerilado.

Diseñándolo personalmente, luego de su fallecimiento.

Nunca supe su sexo y no quería saberlo tampoco.

Solo, quería que viviera.

Que ambos, sobrevivieran.

Lo único.

Y como siempre que los visito y tras poner flores como sentarme a lado de Marian y mi hijito.

Lloro.

Mucho.

Y como tal, en estos tres años como en cada fecha negra en mi vida.

Una condenada y maldita que me recuerda mi biblia y calefón.

Pero, prometiendo a Rodrigo que hoy.

Me acomodo sobre el césped sentado y bajo el manzano ahora algo crecido, elevando mi rostro y cerrando mis ojos, para que el sol con su ocaso me de en el rostro.

Busco sus rayos.

Y sonrío sobre unas lágrimas rodando por mi mejillas.

Porque lo siento cálido.

Acogedor.

Tibio como la risa de una niña, que escucho de fondo.

¿Eh?

¿Y eso?

Abro mis ojos, limpiando con mi puño mis lágrimas silenciosas.

Pero no veo nada desde la colina, aunque sí, nuevamente oigo el sonido de esa risita sonora viniendo a mi mente y resultándome familiar.

Ya que apostaría mi trasero, que es la misma que escuché el día del entierro de mi padre años atrás.

Solo, que ahora más adulta.

De infante a niña, quizás.

No lo sé.

Pero, lo juraría y lo repito.

Y no pregunten el motivo, porque no tengo idea.

Pero esa carcajada y por alguna razón estando aquí en esta triste fecha negra para mí.

Y como el mismo sol con su calor despidiéndose.

Sonrío, quedando asombrado por eso, ya que no se me da sonreír últimamente.

Hasta nulo diría yo.

Pero lo hago sinceramente.

Ya que.

Es un jodido rayo de sol esa risa femenina de vaya a saber quién, para mí...


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