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El Freeccs extendió su brazo para estrechar manos, al principio Killua lo dudó pero terminó aceptando. La calidez que ambos sintieron fue muy hermosa. Tanto que el albino pensó que quizás, solo quizás, no era tan malo compartir su "vida" con un humano.
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Después de que ambos terminaran de sellar el trato y presentarse Killua comenzó a interrogarlo, pues le parecía raro que un humano pudiera invocarlo. Tiene una gran cantidad de poder y sus habilidades físicas ni hablar, entonces tendría que requerir un milagro para que, siquiera, pudiera abandonar su mundo.
—Entonces ¿como me invocaste? —indagó, sin filtro como siempre.
—Como lo indica en el manual —dijo mientras le entregaba el libro —Seguí paso por paso.
Menos de diez minutos fueron suficientes para que el ojiazul terminara y memorizara el libro, sorprendiendo a su compañero ya que el libro tenía como quinientas páginas. Él tardó semanas en poder memorizarlo.
—O sea, utilizaste magia oscura —resumió tirando el libro sin interés hacia un lado.
—¡Claro que no!
—Piensa, ni un poco me parezco a esas cosas que son guías —aclaró señalando sus cuernos y alas —Habrás tenido emociones oscuras al momento de hacer el pacto, no veo otra razón coherente.
Gon en el fondo sabía que él tenía razón, no obstante era un golpe duro admitirlo. Si alguien se llegara a entender que el hijo del gran matrimonio Freeccs dejó que algo tan simple como emociones negativas lo consumiera brevemente y por esa razón terminó haciendo un hechizo que podría poner en peligro a todos sería su fin. Lo más probable es que le quitarían sus poderes mágicos y lo mandarían con otra familia normal para que viviera una vida normal, sin poder realizar hechizos ni tener conciencia de lo que a alguna vez perteneció.
Pero tenía un punto a favor, con un hechizo de alto rango podría ocultar la presencia de Killua a todos, tendría un guardián sin que nadie lo supiera. Y en caso de que lo descubrieran quizás su padre Ging no sea tan severo, a él le encantan los misterios y capaz si se entera que su hijo pudo hacer un hechizo trayendo a un ser desconocido su curiosidad sea más grande, perdonándolo.
Yo no me pienso encargar de eso, se lo dejaré al Gon del futuro Un pensamiento algo irresponsable pero que era el mejor en estos momentos.
—P-puede que sí haya usado magia oscura —avergonzado confesó.
—Ajá, y ahora ¿que hacemos? Dudo que suene bonito que hayas cometido un error.
—Debo esconderte.
—¡¿Qué?! ¡No! Por fin que puedo dejar a mis padres no me quedaré encerrado, quiero conocer todo.
Ding dong.
—¡El timbre! —se asustó Gon, y pensó quien podría ser; sus padres estaban al otro lado del mundo, literalmente, buscando unos cristales mágicos para facilitar unos hechizos, Mito se fue junto con su grupo -otras brujas que la admiraban y la seguían a todos lados- a cazar una especie rara.
Entonces ¿quién?
—Te busca alguien ¿verdad? Voy a volar por ahí, dame una señal cuando se haya retirado.
—Sí, digo ¡No! —se corrigió — Si alguien te ve volando por ahí, ya sea normal o con magia ¿Tienes una idea del escándalo que habrá?
Ding dong.
—¿Tienes una mejor idea? —le interrogó con una ceja alzada.
Ding dong.
—¡Vete a esconder en el baño! Pondré un hechizo similar al de la sal para que nadie pueda entrar —dio su idea, estaba consciente de que no era la mejor pero por la presión del momento no se le ocurrió nada más.
—Bien.
Ding dong.
Apenas el albino terminó de entrar en el único baño de toda la casa el pelinegro de puntas verdes comenzó a esparcir la sal y con mucha concentración pronunció el conjuro, sonrió al ver que lo logró de manera exitosa. Luego con veloces pasos se dirigió a la puerta principal, con inhalaciones y exhalaciones calmó el constante golpeteo de su corazón, sea quien sea que estaba atrás de la puerta sería sospechoso si lo ven agitado.
—¡Kurapika! —exclamó con sorpresa una vez que abrió la puerta y vio que detrás de ésta se encontraba su mejor amigo junto con su guía en el hombro derecho.
—Hola Gon —el primero en saludar fue el roedor— Vinimos porque el paranoico rubio tenía un mal presentimiento.
—Retira eso, Leorio.
—Ritiri isi Liirii —trató de imitar la voz de su dueño, aunque se asemejaba más a una gallina en celo.
—¡Basta! —le gritó a la ardilla quien con mala cara obedeció — ¿Podemos pasar?
—¡No!, digo sí, claro —el nerviosismo no paso por desapercibido para ninguno de los invitados quienes dudosos entraron a la residencia.
Ingresaron a la sala, las paredes pintadas de un color durazno claro y habían pocos muebles; básicamente una mesa pequeña que se encontraba en el centro con un sofá grande marrón. También había un gran smart tv y unos cuadros familiares con los recuerdos de sus vacaciones. Los tres tomaron asiento en el sofá y se observaban el uno al otro, analizándose. Kurapika se dio cuenta de que su amigo algo grave escondía y la ardilla, a pesar de no poder catalogarlo como grave, también sabía. Especialmente porque el pelinegro se encontraba viendo a cada rato la escalera que conducía a su pieza.
—Y ¿qué los trae por acá? —decidió empezar la conversación, quería que se fueran ya que esta consciente de lo pésimo mentiroso que es, como nunca tuvo la necesidad de mentir no pudo desarrollar esa habilidad.
—Tengo un mal presentimiento —contestó el rubio.
—¿A-ah? Mira vos, pero acá estoy bien —el tartamudeo de su amigo le confirmó.
Gon oculta algo.
—¿Qué ocultas?
—¡Leorio! —le regañó, pues no quería el rubio preguntarlo de una, lo iba hacer con discreción, algo que la ardilla no conoce.
—¿Qué? Vos también querés saber —le respondió como un nene chiquito cosa que le formó una venita de enojo al ojigris, como un largo suspiro recuperó la compostura.
—No oculto nada, en serio —trató de brindarles una sonrisa no obstante terminó haciendo una mueca —Mañana hay que realizar un hechizo con el profesor Knov, deberían irse a entrenar.
—¡¿Eh?! Pero si apenas llegamos —protestó Leorio —Hice un gran trabajo caminando con mis piernitas hasta acá para irme ahora.
—Viniste en mi hombro, no te esforzaste para nada.
—Detalles, detalles.
Kurapika decidió ignorar a su "amigo" y analizar una vez más a su mejor amigo; se encontraba observando la escalera y cuando notó su penetrante mirada le ofreció una sonrisa. Demasiado sospechoso. No obstante entendía que hay cosas que no se pueden contar, quizás es algo personal, no puede obligarle a que hable. Él también tiene enormes secretos que, ni aunque le amenazaran, revelaría, por lo que entiende la posición de Gon.
—Está bien —sentenció Kuruta— Si no quieres decirlo está bien, no te presionaré. Sin embargo debes prometerme que si pasa algo grave o sale de tu control deberás informarme de inmediato.
—¿E-eh? Pero no oculto nada —quería seguir con su farsa, más que nada para no ponerlos en peligro.
—Hazlo. —los ojos grises se encontraron con los mieles, unos miraban con dureza mientras que otros con nerviosismo, y mientras tanto Leorio estaba tratando de alcanzar unos bocadillos que se encontraban en la mesa.
—Bien, lo prometo.
Kurapika lo escaneó con la mirada nuevamente, buscando rasgos de engaño, sonrió al no encontrarlos. Ambos se brindaron una sonrisa y la tensión del momento pareció desaparecer momentáneamente. El rubio confía que su amigo le avisará, no obstante el mal presentimiento sigue en su pecho y las ganas de subir esas escaleras que el pelinegro miraba sin cesar eran cada vez más grandes, pero respetaría la privacidad de él. Mientras tanto el Freeccs sentía como un peso en su espalda se retiraba lentamente y se permitió relajarse, no era necesario seguir con la guardia en alta.
—Entonces, Leorio, vámonos —habló y palpaba su hombro indicándole que suba.
—Sí, sí —aún seguía de mal humor, no entendía, al ser un animal, por qué su dueño no había indagado más al respecto —¿Puedo pasar al baño?
—¡Claro! Sube a las escaleras, es la puerta blanca.
El roedor con mucho esfuerzo subió las escaleras, a su perspectiva era una gran montaña. Entonces cuando la colita de la ardilla ya no se veía Gon se dio cuenta de su error. Al hacer su promesa con Kurapika se había relajado y hasta olvidado, brevemente, al invitado encerrado en su cuarto de baño. Una expresión llena de nervios y preocupación adornó su rostro.
—¡Leorio! —gritó rezando para que la ardilla no descubriera su secreto y subiendo a una velocidad casi inhumana las escaleras, todo fue presenciado por el rubio que lo siguió.
Al terminar de subir las escaleras ambos presenciaron una extraña situación. Leorio se encontraba en el piso aparentemente inconsciente y con algunas hematomas adornando su pequeño cuerpito. El rubio chilló sorprendido e inmediatamente socorrió a su guardián, lo alzó y acunó en sus brazos al pequeño diciéndole algunas palabras que Gon no escuchó y el animal, con mucho esfuerzo abrió sus ojitos.
—K-Kurapika —la primera palabra del roedor, el ojigris lo miraba con atención, esperando alguna respuesta, sin embargo la guía estiró su "brazito" intentando alcanzar a su dueño, quien entiendo la situación le sujetó la patita y ambos se miraron profundamente.
El Freeccs por un momento sintió que estaba presenciado alguna perturbadora novela.
—Descansa —le susurró el rubio, por las heridas que tenía lo mejor sería que recuperara fuerza, una vez que le obedeció el Kurta observaba con el ceño un poco fruncido al pelinegro, esperando respuestas.
Un silencio incómodo se formó, los hechiceros estaban muy dudosos sobre que decir. Finalmente, al notar que su amigo no diría nada, el rubio se dirigió hacia la puerta del baño y con su brazo la intentó abrir, recibiendo una descarga eléctrica en el proceso.
Un hechizo.
—¿Qué es esto? —le observó y acarició un poco el brazo comprendiendo la situación, la ardilla por su escasa estatura no llegaba a la perillas, por ende empujaba las puertas con su cuerpo, seguro hizo lo mismo y recibió la descarga eléctrica en todo su cuerpo. Éste es un hechizo de baja rango que se usa para defender y no atacar, sin embargo Leorio no posee fuerza ni magia por lo que fue potente recibirlo para el.
—Es un secreto —fue lo primero que le pasó por la mente, estaba siendo algo egoísta y lo entendía, pero no quería arriesgar a sus amigos.
—Maldición, me da lo mismo si es secreto o no ¡Leorio resultó herido! —se quejó, cuando se trataba de su guía abandonaba su tranquila e intelectual apariencia, los lazos de guía y dueño son muy grandes.
—L-lo siento —se disculpó con sinceridad, jamás pensó en herir a su amigo y la culpa que sentía era grande.
Al verlo realmente arrepentido el rubio dudó si regañarlo había sido lo correcto, quizás reaccionar de manera negativa fue imprudente.
—¿Qué hay ahí dentro? —inquirió, el mal presentimiento seguía ahí —Al parecer es algo lo suficientemente malo como para que lo tengas encerrado.
—Tsk.
Los dos cuerpos se giraron de manera mecánica la oír la queja de un tercero. El pelinegro de puntas verdes sudo frío, no se suponía que justo ahora Killua hiciera ruido.
—¿Qué fue eso?
—¿Eh? ¿De qué hablas? Estás escuchando cosas —fingió demencia.
—Dime o lo descubriré por mi cuenta —la mirada de determinación del rubio fue suficiente para que el Freeccs entendiera que hablaba en serio, sin ninguna otra opción deshizo el hechizo con mala cara, lo único que podía hacer ahora es rogar que su amigo no se asustara ni que Killua reaccione de manera negativa.
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Añadí un poco de leopika, #kurapikafurro, ahre.
¿Les gusta la idea que el leopika interactúe con killugon o era mejor que ni se conocieran?
En fin, muchas gracias por leer. ❤
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