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—¿Q-quién? ¿Quién e-eres? —asustado preguntó, la presencia de lo que se suponía que debía ser su guía era tenebrosa.
—Mejor dicho ¿Quién eres tú?
La ronca voz del intruso llegó hasta los oídos de Gon como una punzada. Observó como el cuerpo albino intentaba salir del círculo, sin embargo unos choques eléctricos le impedían el paso. El deber de sal era cumplido con éxito, pues debía mantener a la futura guía encerrada en ese círculo hasta que el pacto fuera sellado, esto evitaba que el ser pudiera atacarte. Antiguamente hubieron casos de guías con muchísimo carácter propio que atacaban a sus invocadores e incluso los mataban, demasiado tétrico, no obstante el círculo de sal salvó varias generaciones.
—¡Oye! ¿Qué es esto? —era notable el tono de voz enojado.
Gon se salió de su trance por la voz y otra vez escaneó al ser, ahora, a diferencia de antes, poseía leves hematomas producidas por los choques eléctricos al intentar abandonar el círculo. Sintió un poco de pena, él estaba en desacuerdo con ese paso de la invocación, sí, le evitaba recibir daño pero privarles de la libertad a su futuro compañero de vida es algo horrible, hasta pareciera que quiere decir 'si no aceptas el trato conmigo jamás saldrás de ahí', era una forma indirecta de poner al ser entre la espada y la pared para obligarle a que pierda su independencia. Horrible.
—¿Estás bien? —preguntó el más pequeño, una pregunta demasiado tonta.
—Sí, claro, porque todos los días un desconocido me mete en un círculo de sal. —irónicamente respondió —Ya, si me sacas del círculo puede que te perdone la vida.
Maldición. El ser que le tocó era malvado, eso complicaba demasiado las cosas y si no llegaban a un acuerdo podría crearse magia oscura.
—¡No puedo hacerlo! —exclamó con la verdad, no podía —Podrás salir una vez que hagamos un trato.
—¿Trato? ¿Crees que puedes negociar conmigo? —la indignación llenó su mente, jamás alguien le había ofrecido algo parecido, donde vive él es quien da órdenes y los demás las cumplen —Cuando mi hermano se entere te matará.
Más que amenaza era advertencia, y no solo su hermano, probablemente toda su familia quiera cortarle la cabeza. Definitivamente ese humano no sabe con quien se estaba metiendo.
—¡No, no quiero negociar contigo! Pero de verdad no podrás salir antes de formalizar conmigo.
El ojiazul observó por unos extensos segundos a Gon, tenía la habilidad de poder notar cuando alguien estaba mintiendo y los enormes ojos no mostraban ni un atisbo de engaño, son los ojos más puros que jamás haya visto. Solo para confirmar utilizó su otra habilidad para poder leer los sentimientos del otro; miedo, nervios, y ¿emoción? ¿De qué podría estar emocionado? Tan solo su presencia era digna de miedo, no obstante el miedo del invocador parecía ser provocado por otra cosa, no por sus advertencias sino por algo más. Y los nervios parecían estar relacionados con ese algo más.
—Oi ¿por qué estás emocionado? —decidió saciar su curiosidad verbalmente.
—¡Es la primera vez que la invocación me funciona! —infantilmente festejó, enseñando una brillante sonrisa, el intruso podía asegurar que era más brillante que el mismo sol —Aunque he cometido algunas fallas ¡pero! Estoy feliz.
Sin poder evitarlo el otro largó una carcajada.
—¿Eh? ¿Dije algo malo? —se apresuró a preguntar, no quería incomodar.
—¡Por dios! Eres tan transparente —las risas salieron de sus labios rosa pastel inevitablemente, el Freeccs a pesar que desconocía el motivo se vio contagiado.
Las infantiles carcajadas sonaban en toda la habitación, parecían amigos de toda la vida.
Aunque todo es efímero, pues, el albino tratando de secar las lágrimas que salieron de sus orbes, sin querer con el codo rozó el límite del círculo, una descarga eléctrica hizo acto de presencia y ambos se pusieron serios.
Cierto, estoy atrapado.
Con el juvenil ambiente se había olvidado de su condición. El enojo volvió a su cuerpo. Podía comprender que ese humano no era normal y que había usado una especie de habilidad rara para traerlo y encerrarlo en el círculo, además de que anteriormente nombró un trato y que no podría liberarse hasta cumplirlo. Varias preguntas asaltaban su mente.
—¿De que va el trato? —rendido preguntó, pensaba que era algo simple, una vez que acepte y salga decapitaría al moreno y regresaría a su mundo.
—Etto, es difícil explicarlo —posicionó su brazo en su cabeza rascandola enseñando sus nervios —Pero resumiendo deberás aceptar estar conmigo el resto de mi vida.
—¡¿Qué?! —gritó.
¿Qué clase de trato es este?
—No es necesario que estés pegado a mi todo el rato, puedes moverte libremente, solo debes estar conmigo cuando lo necesite —trató de liberar la tensión del momento.
—Uf, que gran alivio —el sarcasmo de sus palabras hizo fruncir el ceño a Gon—¡Un trato debe ser equivalente al menos! ¿Qué gano yo aceptando ser tu perro guardián?
—Libertad, poder salir del círculo —no quería extorsionarlo sin embargo necesitaba llegar a un acuerdo, no tenía tiempo para escuchar las quejas de un ser malvado.
—Tsk. —chasqueo su lengua y se sentó en el piso, sin rozar los límites del círculo —Prefiero quedarme sentado antes de obedecer a un humano.
—Eso será complicado —con inocencia respondió y colocó su dedo índice en su mentón — ¿Como irás al baño?
—¡¿Qué pasa con esa pregunta?! —levantó su voz y un carmín adornó sus níveos mofletes —No necesito ir al baño.
—¿En serio? ¡Eso es genial! —halagó, sonrojando más al albino.
—¡Deja de decir cosas vergonzosas!
—No quería avergonzarte, perdón —se disculpó aunque no entendía qué había hecho mal.
La conversación terminó y al parecer así sería por un largo rato. Gon decidió también sentarse en el piso y observaba al ser que descansaba en el círculo de sal, largas pestañas blancas adornaban el contorno de los orbes profundos azules oscuros que en estos momentos de encontraban mirando a la nada, analizando. Un extenso periodo de tiempo pasó y ninguno de movía de su lugar, claro que por razones diferentes; el pequeño Freeccs no quería abandonar a su "invitado" y el otro no tenía más opción que estar sentado como perro regañado. El pelinegro de puntas verdes cada cierta cantidad de minutos se estiraba hasta escuchar el crujido de sus entumecidos huesos y aún así no despegó ojo alguno del albino.
La mente del ojiazul era un caos en estos momentos, estaba realmente dudando en aceptar el trato ya que no veía ninguna opción para recuperar su libertad. Había intentado comunicarse de manera telepática con su hermano Milluki y no obtuvo respuesta alguna, la fastidiosa sal le privaba, además de sus movimientos, algunas de sus habilidades. Era todo un lío.
—Ey ¿me puedes explicar bien el trato? —preguntó dejando su orgullo de lado momentáneamente, también esquivaba la mirada -probablemente emocionada- del otro y un adorable puchero se formó en su labios.
—¡Claro! —accedió, casi parecía un perrito moviéndole la cola a su amo.
El pelinegro de puntas verdes abrió el manual donde se detallaba la invocación y le leía los largos párrafos mientras señalaba con su dedo índice los dibujos -o mejor dicho garabatos- que esquematizaba los pasos. El ojiazul prestaba muchísima atención, al fin y al cabo esos irrelevantes párrafos tenían la clave para conseguir su libertad. Un par de minutos pasaron y el intruso había tomado una gran decisión.
—Esta bien, lo haré.
—¡¿De verdad?!—preguntó con brillos en sus ojos, estaba eufórico; podría tener un guía.
—Sí —detuvo sus palabras por un rato mientras observaba el baile de festejo del Freeccs —Pero con dos condiciones. Primero, no seré tu perro guardián, acudiré a ti solo cuando lo vea sumamente necesario y segundo, tendrás que hacer un portal.
—¡¿Qué?! ¡Eso es algo ilegal! Si alguien se entera mi-
—Shh —lo calló —La segunda condición es para beneficio de los dos, de todas formas no podríamos sellar nuestro pacto de otra manera. Debo comunicarme con mi estúpida familia.
—Moo, esta bien. —accedió, no era algo difícil hacer portales, al contrario, era una de sus habilidades, lo difícil era que se requiere un permiso para hacerlos y sabía que no lo conseguiría.
—Bien, terminemos con esto.
Gon asintió, la emoción había vuelto a su cuerpo. Los pasos para sellar el trato son más fáciles que la misma invocación, no necesitabas utilizar algún material más que concentración y que ambos estén de acuerdo.
El ojimiel repasó varias veces las palabras que debían recitar para que el albino se las aprendiera, aunque un par de minutos fueron más que necesarios sorprendiendo al invocador. Lo mejor continuaba ahora, primero volvió a encender las velas blancas y rojas, la diferencia era que ahora debía ponerlas en un orden distinto al de antes. También realizó otro círculo de sal donde se encerró, para estar en ambas condiciones y lo único que no hizo fue llenar el balde de agua, no lo veía necesario. Con los ojos cerrados por la concentración comenzó a soltar las largas oraciones en latín hasta llegar a la última correspondiente, ahora era el turno del otro quien también imitó sus acciones y pronunció, con una perfecta tonada, las palabras. Unos enormes rayos de luz colores dorados iluminaron ambos cuerpos, una brisa hizo acto de presencia sacudiéndolos y los pequeños círculos de sal abrieron un pequeño camino para que ambos sellaran el trato.
Las piernas de Gon fueron las primeras en dar el primer paso, acercándose al albino que aún tenía los ojos cerrados, lo sorprendió cuando la derecha mano morena tomó la suya. El pelinegro le provocó, con sus uñas, una pequeña herida y el otro imitó la acción con más facilidad. Las tibias gotas de sangre se mezclaron y un brillo cegador salió de ahí, ambos se miraban fijamente e inconscientemente redujeron la distancia.
El pacto había sido un éxito.
—¡Siii! —apenas la luz desapareció Gon fue el primero en reaccionar con un grito de festejo — ¡Lo hicimos! Ahora estaremos siempre juntos.
Esas inocentes palabras llegaron al frío corazón del ojiazul, llenándolo de calidez al mismo tiempo que un rubor se asomaba en sus mejillas. Estaba seguro que jamás podría acostumbrarse a la facilidad con la que suelta las palabras su, ahora, dueño.
—Oh, ¡cierto! No me presenté —se alarmó por haber olvidado algo tan simple —Soy Gon, Gon Freeccs.
—Killua.
El Freeccs extendió su brazo para estrechar manos, al principio Killua lo dudó pero terminó aceptando. La calidez que ambos sintieron fue muy hermosa. Tanto que el albino pensó que quizás, solo quizás, no era tan malo compartir su "vida" con un humano.
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Espero que hayan pasado bien navidad ^^.
Creo que no tengo nada que comentar, así que muchas gracias por leer. ❤
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