Recorrido al Pueblo.
El ex fascista se mantuvo despierto empacando en total silencio todas las cosas que iba a necesitar, había hecho lista tras lista con minuciosidad teniendo en cuenta cada detalle de la historia y los posibles caminos alternativos que está podía tomar, cuando todo estuvo listo miró su anillo de las SS en su mano durante un momento y luego volvió a colocárselo. Era de plata pura con perfectos gravados hechos a mano, así que lo iba a empeñar en el pueblo cercano que mencionó la más baja antes, así iba a costear las cosas que faltaban en su lista y a pagarle a esa mujer que ella también mencionó que era de confianza ya que los animales y la casa no podían quedarse solos.
Para cuando amaneció él ya había cambiado su ropa y tenía en manos la que separó para Leyna, la cual dejó a un lado para comenzar a preparar el desayuno hasta que el aroma despertó a la de cristalinos ojos celestes quien se estiró bostezando en tono bajo hasta notar que se había quedado dormida en el sofá.
. . .
-.....¿Qué?... -Ella parpadeó estupefacta tratando de procesar la información que el rubio le había dicho momentos atrás-.
-Dije que vamos a ir a Berlín. -Repitió con calma este mientras le echaba algo de leche a su té con la vista centrada en dichas acciones-.
-..¿Pero por qué? -Leyna trataba de ubicarse un poco en el tema, el de piel roja no había sido muy claro y además solo recordaba que mencionó algo sobre Görlitz cuando se conocieron pero no entendía para qué quería ir a la capital-.
-Tengo asuntos que resolver y vas a venir conmigo. -Soltó con simpleza ahorrándose la parte en que iba a cerciorarse de si ahí las cosas con su familia eran como las recordaba-.
-Dritte no puedo dejar mi casa y a mis animales, además las ciudades grandes son peligrosas y no tenemos dinero -La humana trató de razonar mientras dejaba su taza de lado, sabía que él era un individuo bastante inteligente debido al tiempo que habían convivido juntos pero a la vez le atemorizaba dejar el pequeño espacio que conocía solo para seguirlo-.
-Tengo cada cosa perfectamente resuelta, jamás doy un paso sin tener mínimo tres planes -Reich levantó la vista de su taza y la centró en los ojos ajenos sin importarle que ella no podía ver su acción de sinceridad- .....Confía en mi, Leyna.
La nombrada se mordió el labio sintiéndose en una encrucijada, tratando de pensar en qué tipo de consejo le daría su abuelo para una situación así. Lo pensó una y otra vez durante largos minutos silenciosamente tensos y todo llevaba a la misma frase con cierto aroma a suave anís; Sigue tu corazón cuando tu mente dude.
-.....¿Estás seguro de que todo estará bien?.. -Murmuró la humana jugando nerviosa con sus dedos entrelazados, sería la primera vez que se alejaría tanto de lo que conocía y naturalmente estaba muy nerviosa aunque confiaba en él-.
-Nunca dejaría que algo te ocurriese. -El tono del germano fue solemne, eso era un juramento, incluso si aún estaba reacio en ponerse a pensar de que incluso sería capaz de usar su propia existencia para mantenerla a salvo-.
Luego de ello pasaron algunas horas en medio de las tareas rutinarias en casa con los animales, dejando todo en orden para partir al siguiente amanecer, Reich la despertó con una taza de leche tibia y una porción del pan dulce que había aprendido a hornear unos meses atrás, la observó comer en silencio y luego le dió privacidad para que se vistiera mientras él esperaba afuera con las cosas, tomándose ese tiempo para despedirse de la extraña oveja con la que había formado un lazo de convivencia.
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La de largas trenzas dormía acurrucada en un espacio de la pequeña carreta de su abuelo donde el de uniforme negro había colocado todas las cosas que recolectó de la casa, mientras tanto este estaba guiando al caballo marrón mientras releía el diario de línea de hechos y revisaba sus mapas dejando que el equino siguiera por el camino de tierra premarcado al que ya habían llegado minutos atrás y con las indicaciones que dió la humana antes llegaron en dos horas al pueblo, justo cuando el sol ya era completamente visible entre las nubes.
Los pueblerinos madrugadores en las calles miraron con extrañeza a Reich debido a su apariencia pero sin desagrado, obviamente no estaban familiarizados con las representaciones del territorio pero no eran ignorantes de sus existencias debido a la obvia presencia de cada versión de estos en la tierra. Así que llegó sin mucho problema hasta la entrada de un mercado con ayuda de sus notas con todas las explicaciones de Leyna sobre los lugares que conocía en el pueblo.
-Despierta, ya hemos llegado.. -Con cuidado la hizo abrir los ojos y le colocó entre las manos las riendas el caballo- No te muevas, tengo que resolver un asunto.
Esperó a que ella asintiera estando más despierta y entonces se retiró mirando los letreros de los negocios hasta dar con el de empeños que quería, le tomó algo de negociación y resignación conseguir una cantidad de marcos decente por su anillo, mucho menos de lo que valía pero no tenía de otra sabiendo que estaba en un pueblo pequeño que no manejaba los mismos recursos que las grandes ciudades pero al menos iba a alcanzar hasta que llegaran a Berlín.
Cuando volvió al mercado encontró a la joven hablando con una mujer rubia que la mirada preocupada y luego la mirada de esta junto con la de algunos otros cercanos fueron a parar hacia él, naturalmente, el individuo de piel carmesí con apariencia imponente y un símbolo en su rostro aún desconocido en esa época.
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