Capítulo 23

Autora

Los aplausos y vítores se escuchan por todo el lugar, Ruddy se aparta del micrófono y se inclina en forma de saludo. Otra noche exitosa, cada día son más los propietarios de bares y restaurantes que lo están contratando para ambientar esos lugares con su música.

Se siente orgulloso al ver a sus amigos y compañeros sonreír satisfechos por lo que han hecho, una vez más. Hace una mueca de dolor, sus muñecas arden y se frota por encima de las pulseras.

Fue inevitable, echó a la basura todo el progreso que había tenido por culpa del rechazo de Amelia. No sabe qué sucedió, estaba seguro que ella sentía lo mismo que él, pero se equivocó. Lo cierto es que está consciente ahora que ella no lo verá como desea por culpa de su "amigo".

Sabe con certeza que Amelia está enamorada del moreno, su mirada y forma de actuar la delatan. Lo que no entiende es que, si ellos se gustan, ¿por qué no están juntos? Porque sabe que el tal Matías también gusta de Amelia.

Aprieta sus puños con fuerza, debe hacer algo rápido para que la chica de ojos verdes se fije en él. Quizás si no la hubiese dejado plantada dos veces...

-¿Vienes con nosotros esta vez, Ro? -Marcus se le acerca y le palmea la espalda.

-No, espero que se diviertan. -Ellos se miran cómplices y preocupados al ver la reacción del rubio. Saben que él no está bien, están al tanto de lo que hace y de su vida vacía y llena de rencores.

-Es mejor que nos acompañes, Ruddy, solo nos juntamos para practicar y las últimas veces no has venido -replica Jean y él desvía la mirada apenado-. Sabemos que estás pasando por un momento difícil y queremos ayudarte. -Los demás asienten en acuerdo.

-Les agradezco lo que hacen, pero estoy bien. -Se acomoda la guitarra en la espalda y sale del bar sin mirar atrás.

Conduce hacia su casa en silencio, lágrimas mojando sus mejillas pecosas por la impotencia que siente. Otra noche de depresión, sin nadie a quién acudir, porque a nadie le interesa lo que pasa.

Se percata de la motocicleta que lo sigue y que sabe perfectamente de quién se trata. Aprieta el volante con saña, debe buscar la manera de acabar con ellos o será hombre muerto tarde o temprano.

No es que tenga mucho qué hacer, es cómplice de un crimen y encima de eso han puesto los ojos en la chica que ama. Ellos lo saben, están usando a Amelia para chantajearlo y sacarle dinero.

Entra a su casa con la convicción de que debe crear un plan para quitarse de encima a Joseph y a sus hombres. Su teléfono timbra, lo toma en las manos y verifica varias llamadas y mensajes de su hermana. Apaga el aparato y lo avienta al otro extremo de su cuarto, no quiere que lo molesten.

Sus ojos se van cerrando con la imagen de la chica extraña y tierna que ha puesto su mundo de cabeza .

Ruddy se acerca decidido hacia el grupo de Joseph, lo toma del cuello con saña y lo estampa en la pared. Su respiración se encuentra irregular al igual que su estado de ánimo, las sustancias que volvió a consumir lo tienen inestable.

-Trajiste tu moto -afirma Joseph burlón, haciendo que el rubio rechine los dientes.

-Deja de seguirme, ¿cuánto dinero te debo dar para que me dejes en paz? -Lo suelta bruscamente y este arregla su camiseta molesto.

-Suena tentador, Ro, debo ponerme de acuerdo con mis compañeros y luego te dejo saber. -Ruddy lo mira incrédulo, está consciente que solo se está burlando de él.

Camina desorientado hacia su moto, sintiendo su cuerpo en llamas y con deseos de correr a una velocidad que lo haga delirar.

Joseph no aparta sus ojos de él hasta que se pierde en las calles desiertas. Se gira a sus hombres, les hace una seña y luego se coloca el casco subiendo a su moto. Los demás hacen lo mismo y conducen detrás de él.

Irina camina de un lado a otro en la habitación de Amelia, revisa cada cajón queriendo encontrar algo que le afirme lo que su prima padece. Está consciente que ha perdido parte de su memoria, eso es claro, pero quiere la constancia de algún médico.

Resopla fastidiada al fallar en su búsqueda, lo que tiene planeado va a ser mucho más difícil, pero no imposible. Sonríe ante este hecho, había pensado que su venganza no se iba a realizar, pero no es así. Su tío la ha ayudado al hablarle de su prima y al ofrecerle asilo en su casa.

Sumándole a eso la inestabilidad emocional que presenta Amelia, así que será mejor que de lo que pensaba. Se tumba en la cama de ella, toca las mantas suaves y percibe el olor característico a flores. Le asquea que sea tan delicada y dulce, odia la inocencia y pureza que destila por los poros y quiere corromper eso.

Quizás Matías pueda ayudarle y caiga en sus juegos, pero debe ser cautelosa si quiere hacer las cosas bien. Tomar esa flor fue una mala idea, él sospechó de ella y la cuestionó por más de una hora. No soporta lo sobreprotector que es cuando se trata de su prima, pero en realidad siente envidia porque nadie se ha preocupado así por ella.

De hecho, ha sido el hazmerreír de todos desde que tiene uso de razón. Cuando niña era rara, sus dientes les salieron más grandes de lo normal y le llamaban "Señora Conejo". Luego de mucho rogar a su madre fue que pudo convencerla para que un dentista la tratara.

En cambio, Amelia siempre ha sido bonita, su pelo castaño ha estado muy largo y abundante. Tiene bonitos y peculiares ojos también. Sonríe al ser consciente que el peso de ella es su aliado en estos momentos. Por eso ha estado haciendo esos comentarios fuera de lugar, quiere que se sienta fea por esa razón.

Debe sufrir, ha tenido todo lo que ella no y en cierta forma es su culpa.

Se levanta de la cama al escuchar los toques de alguien impertinente. La golpean con saña, como si quisieran tirarla y ella abre antes de que eso suceda.

Un grito sale de su garganta al vislumbrar a unos hombres, vestidos de negro y encapuchados, adentrarse al apartamento. Una mano se posa en su boca y siente un cuerpo duro al ser abrazada por el desconocido.

Los temblores la delatan, tiene miedo y lágrimas escapan de sus ojos sin control. El tipo se queda quieto sosteniéndola, mientras los demás revisan todo dejando desorden a su paso.

-¿Dónde está la gordita, primor? Es mejor que cooperes con nosotros o te va a ir muy mal. -Se remueve desesperada, pero se paraliza al notar como los otros hombres se le acercan empuñando armas.

El tipo retira la mano de su boca y la toma del pelo halando hacia abajo, dejando su cuello al descubierto.

-Quiero ser el primero. -Escucha a uno de ellos decir, mientras el que la sostiene deja besos en la piel descubierta.

-No me hagan daño, por favor -suplica entre lágrimas.

-Hagamos un trato, nos dices donde está la chica de la motoneta y te dejamos en paz.





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