Tōru Oikawa
38 veces. 38 veces había cambiado la página de su libro.
23 veces. 23 veces había acomodado un mecho de su hermoso cabellos negro detrás de su oreja.
5 veces. 5 veces él había suspirado por la belleza de la chica.
7 veces. 7 veces se había golpeado la cabeza con la mano después de que Iwaizumi le dijera quien era la misteriosa y hermosa chica.
Kageyama Kari.
-¿Porque tiene que ser hermana de Tobio?- preguntó lloriqueando el chico.
-Es la tercera vez que lo dices, ya cállate.- gruño Iwaizumi.
-¡Pero es hermosa!- exclamó señalándola con los brazos.- Es simplemente perfecta.
-Entonces ve y habla con ella. Has algo productivo.
-¿Crees que debería?- preguntó viéndola desde una banca lejana.
-Si, claro. Ve, Romeo.- dijo rodando los ojos.
-Claro, iré. Soy Tooru Oikawa, soy el mejor armador de la prefectura.
-Y eso a ella le importa un rábano.
-¡Iwa-chan!
El castaño empezó a caminar hacia la chica. Estaba más nervioso que antes de un partido importante. Al llegar a la banca se quedó completamente quieto.
-Ho-Hola.- dijo tartamudeando.
La chica alzó la mirada, cerrando el libro a la vez. Lo miró y Oikawa perdió el aliento. Era exactamente igual a Tobio.
-Hola, ¿puedo ayudarte en algo?- su tono era algo frió, debía ser de familia.
-Es que yo he estado viéndote desde hace rato y...
-¿Algo así como un acosador?- cuestionó alzando una ceja.
-No, no, no. Es que eres realmente hermosa...
-Eso diría un acosador.- dijo de la misma manera.
-¡Que no soy un acosador!
-Primero me acosas y después me gritas.
-Oh, Dios. Definitivamente eres su hermana.- empezó a frotar su rostro frustrado.
-¿Conoces a mi hermano? Espera, no me digas que eres...
-¿Qué haces con mi hermana?- ambos voltearon para ver a Tobio Kageyama que tenía una de sus miradas cargadas de odio.
-Él me estaba acosando y después me gritó.
-Los Kageyama van a matarme.- dijo mientras masajeaba sus sienes.- ¿Y como es que nunca supe que tenías una hermana?
-No me gusta hablar de ella con todos.
-A ti ni te gusta hablar, Tobio-nii.- respondió la chica mientras se levantaba.- Adiós, acosador mio.
Ambos hermanos se fueron dejando a Oikawa con la palabra en la boca.
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