«43»
— Aún no puedo creer que no puedas sonrojarte —comentó Roger en un puchero y con los codos apoyados en la cama para afirmar su propio rostro con sus manos.
— Sí puedo —repuso el mayor leyendo un libro—. Solo no tiendo a hacerlo.
— ¡Con Freddie si te sonrojabas! —exclamó para molestarlo.
— No es cierto.
— Brian, era infantil, no estúpido —repuso el chico—. Llevamos como ocho años juntos y sigues sin sonrojarte.
— Y tú aún llevas dos años sin saber cómo sonrojarme —le guiñó un ojo. Roger rodó los ojos.
— ¡Lo voy a lograr! —repuso y le pegó con la almohada.
En efecto, dos años habían pasado y ya era el último año universitario de Roger. De Brian era el penúltimo, y el rubio ya había comenzado a buscar departamentos para mudarse tras la graduación. Buscaría uno cercano a la universidad y se llevaría a Brian a vivir con él. Ya tenían todo planeado.
— ¡Hey, eso duele! —reclamó el mayor riendo y tomando la almohada con las manos.
Roger sacó la lengua y luego rió
— Aún quiero saber cómo te ves de chica —dijo.
— Oh, eso nunca pasará —aseguró convencido.
— Como nunca pasará que yo me sonroje —se encogió de hombros.
— Eso fue cruel —hizo otro puchero.
— Lo sé —le guiñó un ojo.
— ¿Qué lees? —preguntó.
— Harry Potter y la muerte de la persona que no me deja leer en paz —respondió.
— Caray eso sí me interesa —se puso a su lado y lo abrazó. Brian rió un poco—. ¿Recién apareció Luna Lovegood? Oh, te queda mucho por leer.
— Si me dices el final te mataré —aseguró.
— Si me matas te quedas soltero —le dijo—. Y además te penaría y te asustaría como fantasma.
— Bien, bien —rió un poco—. ¿Tú estás leyendo algo?
— Percy Jackson —respondió—. Pero solo leí el primero. Aún no tengo el segundo.
— Bueno, puedes ir a la librería.
— Los libros son jodidamente caros —repuso.
— No tanto...
— ¡Sí lo son! —exclamó—. Y al arrendarlos, cuando los devuelves, extrañas el tenerlo en tu estantería.
— Tienes algo con los libros —rió.
— Y tú igual —dijo—. ¿De verdad no puedes sonrojarte?
— No, no puedo —aseguró.
Roger inspeccionó el rostro de su novio. Se veía concentrado en la lectura y repasó su perfil con la mirada. Le gustaba aquello. Su nariz, sus labios. Fijó la vista en aquellos últimos y se quedó mirándolos algo atontado por bastante tiempo. Brian notó aquello y le dirigió una mirada seguida de una sonrisa.
— ¿Qué pasa? —le preguntó.
— No, nada —quitó la vista avergonzado y rió un poco.
— Aw... ¿querías besarme? —le preguntó juntando sus narices y moviendo un poco el rostro. Roger se sonrojó por el tipo de beso usado.
— Quizá —respondió—. Un poco.
— ¿Un poco?
— Hm... bueno, mucho —admitió con las mejillas encendidas.
— No tienes que ponerte nervioso cada vez que nos besamos, Rog —rió levemente.
— Es la cercanía sin el beso lo que me pone nervioso —explicó. Brian estaba a tan sólo unos centímetros de su rostro y también miraba sus labios con la boca entreabierta.
— ¿Te gusta ese nerviosismo? —preguntó.
— La verdad, me encanta —respondió. Sus labios se rozaban entre sí haciendo que las mariposas en sus estómagos aumentaran en intensidad.
— Sí, a mí también —respondió.
— ¿Vas a besarme? —preguntó.
— Quizás en un rato —se separó para volver a su lectura. Roger hizo un gesto decepcionado.
— No se vale, me dejaste esperando el beso —dijo.
— Lo sé —sonrió.
— Brian, quiero mi beso —lo miró con el ceño fruncido. El nombrado se enterneció al verlo con aquel gesto.
— Y lo tendrás —aseguró—. Solo déjame terminar de leer el capítulo.
Roger miró la hoja en la que estaba.
— Solo Harry ve los caballos junto con Luna, pero Ron no puede y Hagrid...
— ¡No me arruines el final! —lo interrumpió y el chico rió.
— Ya sabes en lo que termina —dijo—. Ahora, ¿hacemos la besasión?
— Sigue dándome risa que uses ese término de internet —rió—. ¿No habías madurado?
— No, sigo siendo un niño —le guiñó un ojo.
— Los niños no tienen novio ni se besan con él —repuso.
— Oh, he ascendido a preadolescente —dijo. Brian rió un poco.
— Ya eres un adulto. Vas a salir de la universidad.
— Sí, pero sh...
Brian rió un poco más fuerte, para luego poner el marca páginas, cerrar el libro y dejarlo en la mesita de noche su habitación universitaria.
— ¿Ahora sí? —preguntó Roger esperanzado.
— Algo así —respondió levantándose un poco para ponerse sobre su rostro, puesto que Roger seguía acostado.
—'¿Algo así? —preguntó con una ceja arqueada.
— Hm... claro.
— Parezco un tomate y tú ni siquiera un mísero sonrojo tienes —dijo mientras Brian se inclinaba más hacia su rostro.
— Ya voy a sonrojarme.
— Nunca lo haces.
— Llevas dos años con eso —rió un poco.
— Sí, lo sé —rió.
— Me está empezando a doler la espalda.
— Bueno, quizás haya que cortar la cercanía, ¿no? —preguntó mientras sus labios volvían a rozarse.
— Sí, quizás —volvió a separarse y a acostarse en la cama.
— ¡Ya deja de hacer eso! —reclamó riendo—. Al diablo —lo besó en los labios abrazando fuertemente su cuello y atrayéndolo a él. Brian correspondió y tomó su cintura como tendía a hacer también para atraerlo. Terminaron abrazándose mientras se besaban, lo cual era una de sus actividades favoritas.
— Ocho años y esto sigue sin aburrirme —sonrió Brian y acarició su cabello.
— Ocho años y sigues sin sonrojarte —frunció el ceño.
— Bien, haré un intento —dijo comenzando a hacer fuerza con el rostro.
— ¿Estás intentando sonrojarte o poner un huevo? —le preguntó Roger.
— ¡Sonrojarme! —exclamó.
— Ya se me ocurrió algo —sonrió y volvió a besarlo, solo que esta vez introdujo la lengua. Brian se sorprendió, claramente correspondió, y esta vez sí se sonrojó como tomate. La sincronización fue impresionante, y tras un rato, Roger se separó y lo miró aún más rojo—. L-Lo siento.
Brian rió un poco lo abrazó para volver a besarlo de esa manera. A fin de cuentas era primera vez que intentaban un beso así, por más inverosímil que pareciese.
— Tranquilo, me gustó el beso —sonrió con nerviosismo y aún con el gran sonrojo extendido por sus mejillas.
— ¡Te sonrojaste! —exclamó Roger feliz.
— Sí, amor, me sonrojé —rió un poco.
— ¡Lo logré! —exclamó—. ¡Lo logré, lo logré lo logré!
— Aw...
— ¡Estás rojo y es gracias a mí! —exclamó contento.
— Sí, amor, gracias a ti.
— ¡Lo logré por fin!
— Y de muy buena manera —dijo—. Me gustó mucho ese beso.
— ¿De verdad? Porque solo se me ocurrió...
— Oh, me encantó —tomó su cintura y le dio un piquito en los labios y otro en el cuello—. Se sintió muy bonito.
— Y te pusiste rojo —rió como niño pequeño.
— Sí... me puse rojo —rió un poco—. Siento como que avanzamos de nivel.
— ¿Avanzar de nivel? —preguntó divertido.
— En nuestra relación —explicó—. El primer nivel es conocidos. El segundo, amigos, el tercero, andantes, el cuarto, novios, el quinto amar y supongo que este es el sexto.
— Son muchos niveles...
— Lo son —dijo—. Y planeo pasarlos todos contigo.
Roger sonrió y besó su mejilla.
— Será muy bonito —dijo el rubio.
— Lo será.
Tras un rato en silencio, el mayor volvió a hablar.
— Bueno... ¿tienes que estudiar para San Valentín? —preguntó.
— No —respondió—. ¿Tú?
— Tampoco —dijo.
— Entonces iremos al McDonald de nuevo —sonrió feliz.
— No, este año haremos algo distinto a todos los demás —dijo.
— A mí me gustan nuestros san valentines en el McDonald.
— A mí también, pero quizás deberíamos ir a algún lugar más romántico.
— La comida es buena.
— Lo sé —rió—. Ya tengo todo planeado. Te va a encantar.
— ¿Y qué es? —preguntó emocionado.
— Ya verás, bebé —respondió con una sonrisa—. Ya verás.
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