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¡Dedicado a -Thecowboy- ! Lamento que no sea la gran cosa, linde <3
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Leorio observaba la entrada a la escuela con nerviosismo, sus oscuros iris miraban a la gran cantidad de niños entrar a ella. Y no es que él fuera alguien particularmente tímido, sino que ser el chico nuevo siempre es incómodo.
—Llegarás tarde —le reprochó su madre, una alta y bella mujer pelinegra, quien se encuentra al lado suyo esperando que se decida a entrar.
—Puedo venir otro día —afirmó, mientras intentaba volver a colocarse el cinturón de seguridad.
—Leorio.
La mirada severa que le ofrecían los ojos obsidianas le hizo comprender que entraría a clases hoy, quiera o no. Y sin más remedio abrió la puerta del auto, captando la atención de algunos niños, inhaló con nervios y volvió a mirar a su progenitora, pidiéndole compasión.
—No me obligues a llevarte a la clase. —la amenaza le hizo tragar duro, la conocía lo suficiente como para saber que no mentía.
Una vez fuera del vehículo sujetó con fuerza la mochila que descansaba en su espalda, escuchando la despedida de su madre y con dudosos pasos el niño de ocho años ingresó a la escuela primaria.
Lo primero que hizo fue buscar al director para orientarse, un señor con aspecto desalineado y expresión de aburrimiento le dio la bienvenida. Al pequeño el adulto no le daba buena espina, parecía que no se bañaba hace días y ni siquiera parecía tener conocimiento de cómo ponerse una camisa, pues los botones mal abotonados eran muy visibles.
—Perteneces a la clase Tercero A —le indicó —Mi nombre es Ging Freeccs y soy el director de la escuela.
—Se supone que te presentes antes —le retó un albino de gran estatura y delgadez, el vice director al parecer —Mi nombre es Kite, puedes contar conmigo para lo que necesites, pequeño.
La mirada gris le transmitía más confianza, y correspondió al saludo de inmediato con un apretón de manos. Sacándole una sonrisa al mayor se presentó nerviosamente también, el fallecimiento de su padre le había hecho adquirir una timidez abrumadora.
—Te guiaré a tu clase —se ofreció el pálido, y luego dirigió una mirada severa al director —Tú, luego hablaremos de tu comportamiento con los niños.
—Tsk —se quejó, aunque en el fondo ansiaba poder pasar tiempo a solas con su marido.
El inusual coqueteo pasó completamente desapercibido por el inocente niño, quien con pequeños pasos trataba de alcanzar los elegantes del vice director. El albino se desplazaba con gracia y enormes zancadas, el pobre Paladiknight parecía un pequeño patito detrás de él aumentando la velocidad con un pequeño sudor en su frente.
La mochila le rebotaba en su espalda, más Leorio la ignoraba, pues su atención estaba en el establecimiento. Las paredes colores pasteles decoradas con dibujos o carteles hechos por alumnos, las baldosas granizadas con pequeñas huellas de pintura y las puertas con enormes letreros infantiles daban a entender que estaban en el área de los más pequeños. Al parecer los grados se ordenaban por pisos.
En el segundo piso las paredes eran de un color crema, las baldosas las mismas sólo que sin las huellas, aún así se notaba un leve ambiente infantil por los afiches en las paredes. Casi se choca con las largas piernas del vice que detuvo sus pasos.
—Ese es tu salón —le señaló con la mirada a una puerta blanca con el cartel '3-A' en la cima — ¿Necesitas que te presente o...?
—¡Nop! —contestó de inmediato —Gracias.
—De nada —le respondió y tuvo el impulso de sacudirle el cabello, no obstante por motivos profesionales no lo hizo.
Una vez se marchó el pequeño suspiró, y golpeó sus dos regordetas mejillas dejándolas de un dolor durazno, se dio valor a sí mismo. Peinó hacia arriba su cabello y decidido abrió la puerta del salón.
Mayor fue su sorpresa al ver que no había nadie.
Con los niños que había visto fuera se había imaginado que era el último en entrar, vio el reloj de plástico de Ben 10 y se dio cuenta que faltaban unos veinticinco minutos para el comienzo. Internamente reprochó a su madre por haberlo mandado temprano.
Al entrar se sorprendió aún más al verla a ella.
Piel tan pálida como la misma luna, una cascada de cabello negro delineando sus finos rasgos; nariz pequeña y algo colorada por el comienzo de temporada, pómulos igual de colorados y ojos profundos, carentes de brillos pero hermosos bañados por pestañas igual de oscuras. Poseía una belleza etérea que no pasaba por desapercibida.
El pequeño quedó cautivado de inmediato, un inocente sentimiento creció en su interior al ver a la pequeña muñeca, pues Leorio la asimilaba con eso; una muñeca.
Paladiknight tomó asiento a su lado, buscando una forma de contacto. Dejó su mochilita en la parte atrás de la silla y se sentó, prestando más atención a "la jovencita". Vestía unos jeans de mezclilla con un buzo color rosa pastel, también podía ver unas medias con estampados de frutillitas.
Lo que más llamó su atención, que al estar más cerca notó, fueron los delgados labios decorados con un gloss de fantasía, si agudizaba su sentido del olfato un olor a sandía haría acto de presencia.
—¿A qué juegas? —indagó con inocente curiosidad, pues veía que los ojos oscuros no se despegaban del celular, además de que podía oír los dedos teclear y a veces las uñas color rosa pastel chocarse sin querer con la pantalla del móvil.
—Esto —le mostró el aparato.
'Arregla a la princesa'
Esa frase con un rosa chillón enseñaba el celular, también habían unas princesas como Elsa o Blancanieves en el juego.
La sorpresa y desconcierto invadieron cada célula del pequeño cuerpo.
¿Es un niño? Pensaba, no se esperaba para nada que su primer amor fuera de su mismo género.
—¿Eres un niño? —la pregunta abandonó sus labios antes de que pudiera pensarla mejor.
—Sí —respondió sin mucho interés, pues su mayor preocupación en estos momentos era elegir el color de colorete que le pondría a Cenicienta.
—Pero... Vistes como niña y estás jugando un juego de chicas —el desconcierto en su tono de voz era notorio.
—Sí, ¿qué tiene? —por primera vez despegó la mirada del celular y le observó a los ojos, esperando una respuesta. —¿Te molesta acaso?
—No, pero...
—¿Pero?
—Es raro.
'Raro'.
Una palabra que con sus cortos ocho años de vida había escuchado más veces de las que podía contar, en muchas ocasiones usaron esa palabra para referirse a su persona y eso le desagrada a Illumi.
Sin embargo no lo demostró, había aprendido a no demostrar tan explícitamente sus emociones, un don perturbador considerando su edad.
—Si no tienes nada más que decir me gustaría volver a mi juego —con filosas palabras le respondió.
Leorio de inmediato supo que había hecho algo mal, pero antes de que pudiera decir una sola palabra un grupo de niños apareció en la entrada junto con el profesor, obligándolo a guardar silencio. En el resto de las clases intentó poder hablarle de vuelta al Zodyck, que gracias a que el profesor pasó lista conocía su nombre, sin embargo fue inútil. El de lisa cabellera le ignoraba olímpicamente, fingiendo atención a la clase o dedicándose a jugar con su celular.
Al cumplir las cuatro horas de la jornada escolar los alumnos se despedían con suaves carcajadas o promesas como 'mañana sientate conmigo' en la puerta de salida. El pobre Paladiknight no había podido hacer un amigo en clases y la única persona que le había interesado parecía entretenerse más mirando sus uñas que con él.
Llegó a su residencia y se preparó un poco de caballa y arroz para el almuerzo, su madre, al ser enfermera, no podía hacerle uno por el estricto horario. Terminó con su tarea para las cuatro de la tarde y perdió el tiempo hasta caer en los brazos de Morfeo.
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Frotó su manita con su ojo izquierdo, intentando despabilar. También limpió el rastro de saliva que, inconscientemente, secretó y se estiró por completo de su cama con un habilidoso salto. Sabía que si no se levantaba de manera abrupta volvería a dormirse, y los pasos apresurados de su madre le indicaban que no tienen demasiado tiempo.
Luego de higienizarse y colocarse la indumentaria que utilizaría salió de su habitación, su madre estaba de un lado a otro con el celular pegado a su oído izquierdo. La mesa enseñaba un perfecto desayuno que consistía en unas tostadas con diferentes acompañamientos junto con café.
Quizás no se le deba dar dicha bebida a un niño de ocho años, no obstante a la madre le gustaba consentirlo muy de vez en cuando y hacerle un poco, claro que rebajaba la cafeína con leche. A Leorio le gustaba beber café porque, según su infantil punto de vista, le daba una imagen más adulta.
—Buenos días mamá —le saludó y tomó asiento, mordiendo la tostada con mermelada como inicio de su desayuno.
—Buenos días Leo —le respondió — ¿Cómo te fue ayer?
—Pues...
El tono que había empleado le hizo saber de inmediato a su progenitora que las cosas no habían salido bien, y cortó su llamada, alegando que luego le llamaría. Su hijo siempre fue y será su mayor prioridad, a pesar de ser reciente madre soltera se las arreglaba para darle lo necesario.
—¿Ocurrió algo? —indagó, y ver como su hijo dejaba de lado la tostada le dio a saber que era serio el asunto.
—V-vi a una linda chica —soltó sin más.
—Ahh, era eso —pudo suspirar tranquila, pensó los peores escenarios como el acoso escolar que sabía que era normal a su edad. —¿Y le hablaste?
—¡Sí! P-pero —y la parte más difícil comenzaba —Al momento de contestarme su voz- su voz... ¡No era una niña!
Exclamó con frustración, dejando en desconcierto a la pelinegra. Una vez comprendió la situación tuvo que hacer un esfuerzo digno de admirar para no reírse, su hijo lo podría tomar como una burla y eso haría más complicadas las cosas.
—Esas cosas ocurren, cariño —frotó su mano derecha con la cabellera, pinchándose un poco en el proceso —¿Qué pasó luego?
—Luego cometí un error y le ofendí —contestó con un puchero en sus labios, mirando al suelo. —Y no me quiere hablar, ¡Le comenté sobre el nuevo capítulo de Ben 10 y me ignoró!
—Leorio —le interrumpió — ¿Cómo le ofendiste?
—Le dije que era raro, pero es que es un niño, como yo, y utiliza cosas de niñas.
La mujer suspiró algo decepcionada de que su hijo tuviera pensamientos tan retrógradas, parece que es imposible que su retoño no haya caído bajo las opiniones de personas estúpidas. Pero su deber como madre es guiarle por el buen camino, enseñarle el respeto al prójimo. Así que se sentó en la silla de al lado, pensando mentalmente cómo explicarle a su hijo.
—Leorio, él es un niño como vos pero eso no implica que le deba gustar las mismas cosas —empezó, la verdad no sabía cómo hacerse entender bien.
—Pero tenía brillitos en los labios ¡y las uñas pintadas de rosa!
—Son sus gustos, si él se siente cómodo así tienes que respetarlo —le regañó —A menudo te vas a encontrar con personas que dirán que cierta persona está mal porque no hace cierta cosa, pero cada uno es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo. ¿A vos te molesta que use brillitos en los labios?
—N-no, se ve lindo.
—La gente mala le dice raro a otros —le sermoneó — ¿Eres un niño malo?
—¡No! —contestó de prisa, hasta se levantó del asiento —¡Soy un niño bueno! Pero...
—¿Pero? —levantó su ceja izquierda levemente, esperando las palabras de su sucesor.
—¿Fui un niño malo al decirle eso? —preguntó, tenía miedo de la respuesta.
—No, cariño, pero tampoco estuvo bien —el tono meloso volvió a aparecer —Y ahora que sabes que estuvo mal ¿Que harás?
—¡Le pediré perdón a Illumi! ¡Le diré que no es raro! ¡Que se le ven bien los brillitos y-y
El estado de animo había cambiado abruptamente, la mujer sonrío orgullosa. Sabía que no le había dado una buena charla, pero tampoco quería explicarle desde ya un tema tan complejo como los estereotipos a su rayito de luz. Esas son cosas que le dirá en el futuro, o quizás él las descubra solo.
El ruido de una alarma hizo sudar frío a ambos Paladiknight, puesto que indicaba que faltaban menos de diez minutos para el comienzo de las clases. Y la mujer casi podía competir con un atleta profesional por la velocidad que utilizó para preparar su bolso, tomar un par de tostadas, colocarle el cinturón de seguridad a su niño y no olvidar la mochila.
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Suspiró con tranquilidad una vez vio el cartel '3-A' en la puerta de dos metros, acomodó su peinado y abrió la puerta, llamando la atención de la clase entera.
Se intimidó un poco al sentir los obsidianos ojos, sabía que le correspondían a su crush.
—Buenos días, Paladiknight ¿verdad? —le preguntó la, aparentemente, profesora —Seré su maestra de Ciencias Naturales.
Leorio respondió el saludo y visualizó el asiento al lado del pelinegro, la suerte estaba de su lado pues estaba vacío. De inmediato lo ocupó, colocó su mochilita negra en el respaldo de la silla y sacó los libros pertenecientes a la materia junto con la cartuchera.
Se permitió observar a su compañero, en esta ocasión vestía un pantalón rosado combinado con un buzo afelpado blanco, su lacio cabello suelto y los labios con un gloss más claro que el de ayer pero igual de atrayente. Era adorable ver como fruncía el ceño cuando la maestra le llamaba la atención o cuando parecía no encontrar el conjunto adecuado para las princesa. También en ocasiones su cabello le estorbaba la visión y le parecía frustrar, haciendo un ruido extraño con sus labios e inflando sus níveas mejillas.
—Ten —le ofreció una bandita que siempre llevaba, no para él sino para su madre que tiene los mismos problemas —N-no es muy bonita pero...
—Gracias —le interrumpió y tomó la bandita, rápidamente se hizo una cola de caballo y festejó internamente al ya no sentir su cabellera molestando.
El Paladiknight quedó, aún más, abobado. Le gustaba el cuidado cabello de su compañero, sin embargo al tenerlo recogido podía notar otros rasgos sutiles pero hermosos. Como el pálido cuello con un chocker rosita y aritos del mismo color adornar su oreja, no eran reales y aún así se veían lindos, según el inocente punto de vista de él, claro.
Illumi se avergonzó ante tal mirada, estaba acostumbrado a ser el centro de atención, pues por sus gustos recibe varias miradas diariamente. Pero en esta ocasión era diferente, o al menos así lo siente, Leorio no le esta dando una mirada de asco o desconcierto como ayer, le brinda una mirada de ¿admiración? No sabe cómo expresarlo. Al fin y al cabo detrás de esa indiferente fachada sigue siendo un niño que desconoce la gran mayoría.
El resto de las clases pasaron rápido, tan rápido que Leorio no pudo hacer algún avance más que la bandita de pelo. Al ser un niño es normal que tenga ansias y más porque le interesa el Zoldyck, quiere ya formar una amistad con él.
El reloj indicaba las 12:15, el horario en el cual finalizaban las clases. El maestro dio una despedida en general y los alumnos empezaron a guardar los útiles utilizados para luego marcharse del salón, entre ellos nuestro protagonista. Le hubiese gustado poder esperar a Illumi pero según los rumores a él lo venía a buscar un albino imponente, y las imágenes mentales fueron suficiente como para decidir marcharse con el resto.
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Dio la vuelta a la esquina con la mirada en el suelo, pensando en cómo resolver los ejercicios matemáticos que le habían mandado de tarea. La matemática es la materia que más detesta porque es la más difícil, en cambio Ciencias Naturales es su preferida. Quizás sea por la maestra de cabello blanco, su amigable tono de voz hace que la clase sea amena.
En fin, con pasos relativamente rápidos atravesaba el callejón, siempre le dio mala espina no obstante debía cruzarlo para llegar a su residencia.
—¿Eres un marica o qué?
Escuchó un horrible timbre de voz, levantó su cabeza y vio como dos chicos de quinto grado denigraban a otro que estaba en el suelo, quieto. A Leorio le molestaban en demasía esa clase de tratos, por ende se acercó dispuesto a defender a quien sea que este siendo acosado.
Empujó el cuerpo del más rechoncho, captando de inmediato la atención. Se sintió algo intimidado más no fue razón para abandonar, tenía la ventaja de que era más alto que esos chicos, quizás les asustaría.
—¿Y tú qué? —preguntó el amigo del rechoncho —Esto no te incumbe, maldito niño.
El uso de malas palabras le disgustó más, su madre le había dicho que no se debían usar.
—Tranquilo —intentó brindarle confianza a quien se encontraba detrás, eso hacían los héroes de las películas que veía y quería verse igual de genial —¿I-Illumi?
Le sorprendió ver a su compañero ahí tirado en el piso, la verdad ni siquiera se había fijado antes de atacar. Y lo que más le sorprendía era que el chico no parecía muy afectado a pesar de las feas hematomas violetas en su rostro, se mostraba neutral.
—Vaya, el fenómeno tiene un amigo —habló el agresor una vez se recompuso — ¿Es tu pareja, marica?
Las palabras que utilizaba no hacían más que asquear al Paladiknight, no entendía el significado de algunas pero sabía que no eran buenas.
Sin siquiera poder reaccionar un puñetazo llegó a su mejilla izquierda, mandándolo al suelo. Por suerte la mochila cubrió gran parte del impacto, sino estaba seguro de que su cabeza habría sufrido daños mayores. Leorio sintió el ardor segundos después, haciéndole gemir por la incómoda y dolorosa sensación, además del mareo por la sorpresa.
Se iba a poner de pie para responder -o tratar al menos- pero unos brazos se lo impidieron, se trataba del "amigo" del otro que lo sujetaba por la cintura. Se sacudió como pescado fuera del agua pero le ganaba en fuerza, por la edad probablemente.
—A ver, utilizas ropa de niña —el sujeto hablaba mientras se acercaba a Illumi, éste ni se inmutaba a pesar del peligro — ¿No será que eres una? ¡Ya sé! Veremos que hay debajo de esas prendas.
Por primera vez en la situación el Zoldyck mostró una emoción: horror. Le horrorizaba la idea de ser humillado de tal forma, el pensar que esas asquerosas manos le desnudarían le provocaba un sabor agrio en su garganta, que se deslizaba hasta su estómago para remover sus órganos internos. No quería eso. Casi soltó un chillido al sentir el forcejeo en su jean, el mayor batallaba para desabrochar el cinturón holográfico.
En medio del forcejeo logró asestarle una patada, sin embargo eso no hizo más que enojar al agresor. Sacó una navaja de su bolsillo izquierdo y con ella rompió el cinturón, dando paso a los dos botones y el cierre de la prenda tiro alto. Sintió las náuseas cuando las manos rozaron su descubierto abdomen, de lejos oía los gritos de Leorio y las carcajadas del compañero. Cerró sus ojos y esperó el momento adecuado para sacar una de sus agujas, sus padres le habían prohibido el uso de ellas con compañeros pero era eso o ser humillado.
El tirón a su pantalón le dio la perfecta señal, preparó la fina aguja, dispuesto a clavarla en algún punto clave. Sin embargo el peso del rechoncho desapareció y de inmediato abrió sus ojos, encontrando el cuerpo del intruso lejos, muy lejos.
—¡Illumi! ¿Estás bien? ¿Necesitas algo? —un preocupado Leorio formulaba preguntas rápidamente, ni siquiera las estaba escuchando.
—Ging no deberías haberlo empujado así, se puede tomar como una agresión y tu título se iría al carajo.
Una voz bastante conocida para el Zoldyck le hizo levantar la mirada, topándose con la espalda del vice director Kite. Su larga albina melena caía como lluvia sobre su cuerpo, tenía los brazos cruzados en señal de regaño.
—Vamos, Kite. Se lo merecían y hasta vos querés darle unos golpes.
La despreocupada voz de su director le hizo sorprenderse, y comprendió la situación. Los señores Freeccs le habían ayudado, también sintió algo de vergüenza puesto que se encontraba con el pantalón abajo. Se lo colocó como corresponde de inmediato y además expresó su gratitud con los docentes quienes le interrogaron y alegaron que los agresores iban a ser expulsados.
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Un largo rato pasó de lo sucedido, los Freeccs se despidieron luego del interrogatorio y estar seguros que sus alumnos estaban bien, dejando al Paladiknight con el Zoldyck solos.
No se habían dado cuenta del horario hasta que las matices anaranjadas comenzaron a iluminar el lugar, puesto que es invierno el día pasa más rápido. Los tonos naranjas y rojos bañaban ambos menudos cuerpos que se miraban, esperando que el otro dé el primer paso.
—Gracias —el pálido fue el primero en hablar, sentía que era lo correcto.
—Tsk, no debes agradecer —intentó fingir indiferencia como los personajes de las series románticas que vida de vez en cuando —No hice nada.
—Tienes razón.
Esa respuestas le sacó de su personaje completamente, demostrando timidez y algo de pánico el cuerpito del Paladiknight se movía.
—Pero aún así vi como trataste de defenderme, fue lindo.
—¡¿E-eh?! ¿Lindo? ¿Fui lindo? —ahora su rostro no mostraba tonos rojos por el atardecer, sino por la timidez.
—Sí, lo fuiste.
A pesar de la seguridad con la que hablaba por dentro estaba igual o más nervioso, no sabía cómo ocultar del todo sus emociones en estos momentos. Una mezcla de timidez y euforia yace en su interior, bastante contradictorio ¿verdad?.
La adorable escena fue interrumpida por el timbre del celular de Illumi, se apuró en sacar el aparato y recién fue consiente de las muchas llamadas perdidas de su padre. Eso le causará problemas.
—Debo irme —habló, pinchando la burbuja de romanticismo del otro —Nos vemos mañana, y de nuevo ¡gracias!
Se colocó la mochila color crema en su espalda y se preparó para correr, debía llegar a su residencia de inmediato.
—¡Espera! —le interrumpió antes de empezar su maratón, el de larga cabellera le miraba con duda —Q-quiero pedirte perdón, ayer dije algo feo y no estuvo para nada bien —hablaba mirando al suelo, demostrando lo complicado que se le hacía expresarse —Te dije raro ¡Pero no lo eres! ¡El color rosa y los brillitos en los labios te quedan muy bien! ¡Te hacen ver lindo!
Lo soltó, le dijo que se veía lindo.
Su corazón latía muy rápido, y no comprendía del todo el por qué.
Mientras tanto el otro se encuentra en una situación similar. Sorprendido y feliz al mismo tiempo, inconscientemente sus mejillas adquirieron un color rosado, y sus manitas secretaban sudor.
—¡Quiero que seamos amigos! —lo confesó, con los regordetes mofletes similares a tomates — ¿Q-quieres ser mi amigo?
Esa pregunta sorprendió aún más al Zoldyck, luego de que su inocente mente terminara de procesar lo ocurrido una sonrisa se formó en sus labios, no era muy grande como para mostrar sus dientes pero si lo suficiente como para que Leorio llegara a pensar que hasta la luna debe sentir envidia de semejante belleza. Suspiró sin darse cuenta.
—¡Sí, sí quiero!
Y esas palabras fueron suficientes para que el Paladiknight pegara un salto en forma de festejo. Ninguno de los dos comprendía el sentimiento que se formó, ninguno sabía por qué sus corazones latían tan rápido ni por qué sus mejillas eran escarlatas. Pero lo que sí sabían es de que se siente bien, se sienten bien y eso es suficiente para los niños.
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Sin dudas no sirvo para escribir romance 😩, pero espero que sea de su agrado.
La verdad tengo unos borradores que planeo subir, sobre ellos pero de adolescentes. Una vez los corrija estarán disponibles.
Éste no esta corregido, así que ante cualquier error ortográfico pueden decirlo en los comentarios ^^.
En fin, muchas gracias por leer ❤.
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