Capitulo 19

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

La pelinegra se encontraba limpiando la barra de un bar, aquella mujer tenia el rostro serio y la mirada cansada.

Para la suerte de la pelinegra, aquel bar no se encontraba tan lleno como de costumbre, solo unas cinco personas ya bastante ebrias se encontraban en el lugar, lo que le permitía a la Inglesa vagar en sus pensamientos.

-Casper- La palida mujer sube la mirada para encontrarse con su nuevo amigo.

-Esta mujer dice conocerte- Dice el gigante hombre.

Paige dirige su mirada a la entrada del bar para ver a una mujer castaña parada la puerta.

-Gracias Braun- Dice sonriendo ligeramente.

El gigante hombre se hace a un lado para que la mujer pueda pasar.

-Brooklyn... lindo- Dice la castaña mujer al acercarse a la barra.

-Como me encontraste Steph- Dice la palida.

-Le pague a alguien que lo averigue por mi- Dice la mujer mayor sonriendo -Ademas no fuiste muy lejos.

-¿Que quieres?

El silencio invade entre ambas féminas.

-Te quieren de vuelta... te queremos de vuelta.

-No puedo hacerlo feliz- La pelinegra agacha la cabeza.

-¿Quien lo dice?- Dice la castaña -Nunca habia visto a mi hijo tan feliz al tenerte y tan destrozado al perderte. El no necesita eso, mientras te tenga a ti.

Si hace tan solo unos meses atras, cuando ambas mujeres se habian visto por primera vez y les habian dicho que Stephanie Levesque sacaria esas palabras desde el fondo de su corazon... ninguna lo habia creído.

Ahora, lo unico que la castaña quiere es ver a su hijo feliz de nuevo.

-Lo siento Steph.

-Ya no me habla, ni siquiera volvió a casa cuando salió a buscarte, se esta quedando con Carmella- Dice la castaña rondando los ojos.

-No quiero escucharlo- Dice la pálida.

Stephanie la mira con odio.

-¿No quieres escuchar? ¿no quieres escuchar el daño que le haz hecho a mi hijo? ¿no quieres escuchar cómo está sufriendo? ¿como está preocupado por ti?

-No puedo hacerlo feliz Steph, tu misma lo dijiste, no puedo, él no tiene nada malo, soy yo la que no puede hacer lo que se supone que cualquier mujer normal podría- La voz de la Inglesa se rompe ante sus últimas palabras.

Amabas féminas no se habían dado cuenta que se habían estado gritando todo este tiempo, llamando la atención de los clientes ya ebrios.

El silencio invade todo el bar.

La pelinegra se limpia las lagrimas que había dejado salir, haciendo su camino fuera del bar lo más rápido posible.

-¿Chocolate?- Dice el gigante hombre, impidiendo el paso a la Inglesa.

-No ahora Braun- La pelinegra lo esquiva con facilidad para luego salir del bar.

Stephanie la persigue.

-Paige- La castaña grita al ir detrás de la Inglesa.

Luego de perseguirla por varias cuadras, la castaña logra alcanzarla, tomándola del brazo.

-Escúchame niña- Dice Stephanie -Puedes pasar el resto de tu vida deprimiéndote por tus condiciones o hacer algo al respecto.

-Que más puedo hacer al respecto- Dice la pálida.

-Ser feliz- Dice la castaña -Deberías darle esto en persona- Stephanie saca el pequeño papel de su bolsillo.

-Él no lo sabe- La pálida toma el papel en mano.

-Si tienes las agallas para hablar esto en persona, eres bienvenida a mi familia- La castaña le sonríe y hace su camino por las calles de Brooklyn.

-Creo que necesito ese chocolate- Murmura la pálida.

-------------------------------------------------

Carmella espera con los nervios a flor de piel fuera de su apartamento.

Había hecho un trato con el diablo y no sabía si saldría viva de aquello.

El ruido de una motocicleta es escuchada, haciendo que la piel de la rubia se erice por completo.

La llamada Lady se estaciona frente a ella, el hombre que iba montándola se saca el casco y la mira con una sonrisa.

-¿Donde está mi amiga?- Pregunta la rubia.

El hombre de largo cabello negro no dice nada, solo le pasa el casco.

Carmella rueda los ojos y decide tomar el casco entre sus manos para luego colocárselo y montar en la parte trasera de Lady.

Minutos habían pasado desde que Carmella había dejado su apartamento y daba las gracias a que su primo al parecer seguía dormido.

De pronto, la velocidad de la motocicleta iba disminuyendo.

Carmella se saca el casco al percatarse que habían parado.

-El puente de Brooklyn ¿en serio?- Dice la rubia.

-¿Quieres subir?- Dice la hombre sonriendo.

-Emmm no, tengo tacos.

-Puedo cargarte- Dice Baron encogiéndose de hombros.

Carmella lo mira incrédula.

Baron prosede a cargarla, hasta que Mella se aleja de él.

-¿Que haces? Prefiero morir antes que dejar que me cargues.

Sin más, la rubia comienza a caminar, era un largo camino hasta la cima.

El robusto hombre niega con la cabeza, divertido ante la forma de comportamiento de esa mujer.

Minutos de caminatas habían pasado y la rubia sentía sus pies pidiendo auxilio.

La rubia tropieza, casi cayendo al suelo.

-Bien, suficiente- Dice el hombre -Sube en mi espalda.

-Primero muerta- Dice la rubia rodando los ojos.

-Si insistes- Dice Baron acercándose peligrosamente.

-¡Bien!- Exclama la fémina para mantenerlo lejos de ella.

Carmella sube a su espalda y coloca sus brazos sobre sus hombros, sintiéndolos muy firmes.

Habían camino más de lo que Carmella podía imaginar y aquel hombre no se había inmutado por el peso extra ni una sola vez.

Cada vez estaban más arriba, llegando a la cima.

Una vez que llegaron, el pelinegro dejó con sumo cuidado a la rubia en el suelo.

-Wow, tienes resistencia- Dice la fémina sorprendida.

-Me alegro que al menos algo en mí te haya impresionado.

La rubia tiene que esforzarse para no sonreír, Carmella desvía la mirada, observando el bello paisaje de la ciudad de New York.

-¿Disfrutas la vista?- Pregunta el hombre acercándose a ella.

-La disfrutaría más si no estuvieras aquí.

-Ouch.

-¿Porque me besaste?- Pregunta Mella.

-Porque quería hacerlo- Contesta el hombre.

-¿Solo por eso? ¿no más razones? Me viste cerca y dijiste "oh una sexy rubia vamos a besarla ya que tenemos la oportunidad"

Baron suelta una sonora risa que hizo enfurecer a la pelirrubia.

-No es gracioso.

-Lo es si te refieres a ti misma como una sexy rubia.

-Soy una sexy rubia- Dice Carmella tratando de no reír.

-Si, lo eres.

Baron se acerca a la rubia, colocando amabas manos alrededor de su cintura.

-Aun no me dijiste- Dice Carmella algo incomoda por la posición.

-Te bese porque quería hacerlo, porque estaba cerca y no pude resistir, porque deseaba hacerlo hace mucho tiempo.

Al terminar con esas palabras, el pelinegro corta todo espacio entre ambos, uniendo sus labios.

Carmella sintió sus rodillas temblar.

A la mierda Dean, a la mierda el miedo, a la mierda todo, era el mejor beso que había tenido hasta ahora y no quería que acabase.

Luego de unos minutos ambos se separan por falta de aire.

-Bueno esa fue una respuesta- Dice Carmella haciendo reír al tatuado.

-Me alegro que te haya gustado.

-Bien, cortemos con esto, que quieres a cambio que me digas donde está mi amiga- Dice Carmella.

-Ella está en Brooklyn, Corey la vio ayer, trabaja en un bar cerca de aquí- Dice el pelinegro.

-¿Que? ¿Corey? ¿como mi jefe la conoce? ¿puedes llevarme?

-Para eso vinimos- El hombre se separa de ella y le extiende la mano.

Carmella lo toma de la mano sin pensar dos veces y ambos hacen su camino para bajar del puente del otro lado.

La rubia mujer estaba por quejarse por la larga caminata al bajar del puente cuando el pelinegro estira su mano para entrar a un bar.

-Corey la vio aquí la semana pasada, dijo que estaba trabajando- Dice Baron.

-Bien, ¿vas a explicarme porque mi jefe la conoce?- Pregunta la rubia.

-Yo le pedí lo haga- Confesa el pelinegro -Corey me dijo que tu primo se había mudado contigo y recordé que me dijiste que ella estaba comprometida con él y... bueno...

-Asi que si eres un acosador- Carmella lo interrumpe.

El hombre de larga cabellera negra solo sonríe.

Carmella le devuelve la sonrisa para luego avanzar hasta la barra y preguntar por su cuñada.

-Disculpe- Dice la fémina llamando la atención de un gigante hombre -Estoy buscando a Paige.

El gigante hombre frente a ella suelta una pequeña risa.

-Ya se fue- Dice el hombre.

-¿Como que ya se fue? ¿donde?- Pregunta la rubia molesta.

-Ella dijo que a casa.

———————————————————————

Nikki abre los ojos para encontrar nada más que oscuridad.

El brazo que rodeaba su cintura le impedía salir de esa cama.

La castaña había intentado más de una vez el salir de allí, pero el terco Samoano la volvía a presionar por su desnudo cuerpo.

-No me dejes- Susurra el hombre en su oído mientras acaricia suavemente sus muslos.

La castaña se sentía tan bien ante su toque, pero no podía disfrutarlo, no si sabía que ese hombre no era suyo.

-Bien, suficiente- Nicole se pone de pie furiosa -Sal de mi cama.

Roman, quien al parecer había despertado la mira con el ceño fruncido.

-¿Que pasó?- Pregunta el hombre confundido.

-Tu pasaste Roman, tu y tus estupidos vinos y flores y cuerpo y besos y...- Nicole toma una bocanada de aire -No quiero verte mas, así que hazme un favor y sal tu solo.

El pelinegro, aún recién despertado y confundido sale de la cama con pasos torpes para buscar su ropa que estaba esparcida por toda la habitación.

Una vez vestido, el Samoano mira una vez más a la castaña que lo trae loco, para encontrarla con nada más que una remera holgada.

Resistiendo el impulso de querer ir a quitárselo y hacerla suya una vez más, el pelinegro salió de la habitación cerrando la puerta detrás de él.

-¿Ella sabe que te vas?- Roman pega un salto al escuchar una voz tan cerca de él.

El Samoano voltea para concentrarse con una versión más delgada que la mujer dentro de aquella habitación.

-¿Gemelas?- Pregunta el hombre.

Brianna ríe.

-Si Nicole no te devuelve la llamada... yo estoy disponible.

Roman frunce el ceño ante las palabras de la gemela menor.

Brie suelta una sonora risa -Solo bromeo- Dice levantando su mano derecha -Ya quisieras, estoy casada.

Sin más que decir, la delgada castaña toma un sorbo más de la botella de vino y entra a la habitación de su hermana, quien seguro necesitaría de un abrazo.

Brianna quizá esté borracha, pero sabe cuando su hermana la necesita.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top