III

Lloyd's POV

Abrí los ojos como platos y me dejé caer hacia atrás en la banca. No podía creer que Kai me estuviese hablando así, o lo que era lo mismo, no podía creer que lo dijera con tan poca sutilidad.

No pude ver a Kai a los ojos, me sentía indefenso ante él. Ante sus palabras no podía defenderme.

—Yo... No... —musité con un hilo de voz y después de eso me quedé mudó.

El silencio nos rodeó, pero el castaño no pareció notarlo y volvió a hablarme con brutalidad.

—Ojalá supieras lo molesto que estoy contigo —dijo negando con la cabeza. —Esta es la primera vez que no me cuentas lo que te pasa...

El comentario me llegó como un balde de agua fría. No sólo me lastimó su forma de decirlo, pues hacia que pareciera que era una obligación decirle lo que sentía, sino que hasta entonces había decidido importarse por mi ¿Lo había pensado esa noche al decir que salir me "animaría"? Por su puesto que no, sólo había sido otro de sus pretextos para salir.

Fruncí es ceño, herido.

—No, no estoy molesto —gruñó —Estoy decepcionado.

Mi gesto de dolor se convirtió en uno de enojo. Kai no estaba tratando de apoyarme, me estaba regañando.

—Dame una maldita razón para que deba compartir mis sentimientos contigo. —dije frío. Por la forma en la que golpeteaba el pie contra el suelo se notaba que no le quedaba ni una pizca de paciencia.

Permaneció callado, conteniendo su furia. Yo estaba lo suficientemente molesto como para no dejar las cosas así.

—¡Vamos! ¡Dime algo!

—¡Pensé que confiabas en mí!

—¿¡Confianza!? —me dieron ganas de reír —¿Quién eres tú para hablar de confianza? No sé si haces esto para enriquecer tu ego o para hacerte ver menos prepotente.

—¡No tienes derecho de hacharme eso en cara!

No pude interpretar como tan rápido me llené de tanta rabia.

—¡Y tú no tienes derecho de regañarme de ésta forma!

Me levanté de la banca de súbito y me puse frente a él.

—Esto se trata de mí, Kai. No de ti.

Sentí como me ardían las mejillas, seguramente se me subieron los colores al rostro. No esperé otra respuesta de su parte y me di la vuelta dejándolo con las palabras en la boca.

***

Lo primero que hice al llegar a mi habitación fue ver mi muñeca derecha, tres líneas color rojizo la adornaban como a tres centímetros de la vena. Habían cicatrizado hace semanas atrás, pero aún era capaz de sentirlas al tacto de mis dedos como si me quemaran.

El sentimiento aún quemaba.

Sabía que cortarme era una estupidez, no tenía deseos de suicidarme si quiera. Después de la primera vez no hubo una segunda, no tenía el valor para hacerlo de nuevo. Ojalá pudiera interpretar lo que sentí al hacerlo, tal vez era el hecho de que era yo quien se causaba el dolor. Tal vez ese dolor me hacía olvidar lo que de verdad me atormentaba, el verdadero dolor.

El haberlo perdido todo.

De haber estado sólo desde chico gracias al abandono de mi madre como si se tratase de un objeto. De haber ido por el mal camino al cual yo creí que estaba destinado; prácticamente haber crecido en las sombras, de dejarme tragar por ellas a pesar de que eso me estuviera matando por dentro.

Pasaría mucho tiempo antes de que tocara fondo. Antes de que mi padre regresara, era la primera vez que lo veía si no contábamos el montón de veces que lo vi en mis sueños. Las cosas finalmente parecían ir bien para mí, sabía de qué lado debía estar y hubo una familia que me aceptó sin importar (al menos no mucho) que fuera el hijo del peor villano que Ninjago había visto jamás.

Pero nuevamente, todo se fue al caño...
Yo era el Ninja Verde, el destinado a destruir al señor obscuro: a mi propio padre. Quien, poco después de decirme que estaba orgulloso de mi, se fue por segunda vez destruyendo así las pocas esperanzas que tenía.

Y así pasó un millar de veces más. Cada vez dolían más y de diferentes maneras. Sin embargo eso no hacía que dejara de quererlo, sólo me hacía extrañarlo más.

Me hacía querer haber nacido en otra vida, en donde mis padres y yo tuviéramos un hogar. Que fuéramos una familia unida que sale a pasear los fines de semana. Donde mi padre tiene un trabajo normal, y yo asistía a la escuela. Y que al llegar por las tardes, cenábamos los tres juntos la comida que había preparado mi madre. Imaginaba como hubiera sido si papá hubiese charlado con migo alguna vez sobre cómo me sentía, como sería si me hubiera enseñado a andar en bicicleta o a jugar algún deporte de niño.

Me hacía pensar como hubiera sido la vida si no hubiera tenido a mi padre tan poco tiempo.

Él nunca fue un mal padre, y si lo fue no podía culparlo. Desde que regresó, aprovechaba cada momento para decirme lo orgulloso que estaba de mí, para tomarse cinco minutos para hablar o hacer lo que yo quisiera. Hubo veces en las que yo era muy necio y no lo escuchaba al principio, pero casi siempre acababa teniendo razón (a medias). Sin embargo, siempre me apoyó, sin importar que.

Pensaba, que cuando él se fuera... Yo estaría listo para afrontarlo.

No fue así.

El día que se fue, comprendí que yo tenía demasiado de mi padre, que me sería imposible sólo arrancarlo de mí.

No importaba cuantas veces mi padre me había advertido que algún día tendría que continuar solo, sus intentos de prepararme para ese día jamás dieron resultado.

Yo no estaba listo para perderlo.

Me tiré a la cama de cara. Me retorcí y jalé la sábana por la orilla. A diferencia de otras noches, no sentí como el tacto de las mantas me acurrucaba con calidez. A cambio de eso la manta fría en los brazos me dio la sensación de que esta fuera a asfixiarme. No hice otra cosa que no fuera pensar.

Kai sabía que me hacía daño a mí mismo. No sabía con qué ojos podría verlo la próxima vez, así que decidí no hacerlo. Trataría de evitarlo a toda costa. Aunque eso me hizo dudar por un momento de mí mismo, ya que nunca antes me había molestado con él, no de esa forma.

Por un lado, me sentía terriblemente mal, no podía creer le había gritado a Kai. Sin embargo, él también lo había hecho. Y aún estaba el enojo que me provocaba saber que se creía superior a mí, el sólo hecho de que me hubiese levantado la voz me hacía enfadar. 

Sin mencionar, que yo también estaba decepcionado.

Sólo había dos personas a las que no me importaba molestar con mis problemas.

No sabía que era lo que me provocaba más dolor: que aún extrañaba a mi padre, o que Kai me había fallado aun cuando prometió jamás hacerlo.

No podía permitirle a mi corazón depender de Kai.

***

Al día siguiente me la pasé encerrado en mi mundo. No salí a desayunar con la excusa de que me había quedado dormido, y fui el último en pedir el baño para no causar "problemas".

Fue hasta la hora del almuerzo que me vi obligado a salir.
Me había sentado frente a Cole, al lado de Jay. No frente a Kai como hago de costumbre. Zane preparó miso-ramen con pollo, lo sirvió y me dispuse a comer pues no quería estar más tiempo ahí del necesario.

Tomé los fideos entre los palillos dejando la cuchara de lado, comencé a comer sin levantar la mirada del plato. Todos entablaban conversión, yo era el único que permanecía callado para no llamar la atención.

Me concentraba tanto en estar inexpresivo que me ponía nervioso. Cada dos minutos miraba mis muñecas sólo para comprobar si las mangas aún las cubrían. Tal vez era idea mía, pero juraba que alguien quería matarme con la mirada.

Me faltaba poco para terminar cuando Nya salió a la cocina, venía cargando su bolso, una pequeña valija y una caja al parecer llena de ropa. Dejó sus cosas en el sillón y se volvió a la cocina.

—¿Ya te vas? —Le preguntó el pelinegro —Siéntate a comer al menos.

—No puedo, tengo que irme ya si quiero llegar antes de que anochezca. Además, sé que te lo vas a acabar todo.

Cole alzó el plato.

—A tu salud.

—Puedo llevarte a la terminal si gustas —se ofreció Zane.

—No gracias, llamé un taxi —sonrió.

De repente las palabras salieron solas y me arrepentí de haber hablado.

—¿Iras al monasterio? —dije sin levantar la vista del plato.

No hubo respuesta en unos segundos lo que me obligó a levantar la vista. No encontré ningún sentimiento hiriente cuando lo dije, pero las miradas compasivas de todos los presentes me dijeron lo contrario. Me limité a fingir que no los habia visto.

—No. El Sensei quiere verme en Ignacia... —Respondió acomodándose el cabello con pena.

Kai se echó hacia adelante en la silla de la sorpresa y después la empujó para ponerse frenéticamente de pie.

—¡¿Ignacia?! —exclamó —¿Que harán allá?

No entendí cuál era el motivo de la sorpresa.

—Misako quiere hacer unos tratados con la propiedad —sonó insegura, fría —Además, Cree que hay mercancía que podemos vender...

—¿De que estas hablando? —la interrumpió y se le acercó molesto

—De la tienda —Elevó las manos, como si señalara lo obvio —, del primer plan.

«¿Primer plan? ¿No se refiere a...?»

Kai frunció el ceño ante aquella afirmación, no fue necesario mirarlo con detalle. Yo lo conocía tan bien que sabía que estaba arrugando la nariz.

—La tienda de herrería no se toca. Jamás.

Si, a eso se refería. Y conociéndolo se lo estaba tomando de la mejor manera posible.

La pelinegra arqueó una ceja. Una discusión comenzó a formarse, y los que estábamos sentados no podíamos ni respirar gracias a la tensión que se estaba acumulando.

—Y dime, Kai ¿Esperas volver a forjar para levantar la tienda? Nadie la ha tocado en años. Si queremos tener un hogar permanente tenemos que hacer algunos sacrificios.

«Sacrificios» En verdad odiaba esa palabra.

—¿Y cuándo pensabas decírmelo? —alzó los brazos —¡La propiedad está a mi nombre!

—¡Bien! Entonces la decisión es tuya ¿no? Siempre tu —murmuró eso último, pero fue lo suficientemente audible.

Eso incluso me dolió a mí, porque era cierto...

Ambos se miraron cargados de furia por un momento, hasta que Kai se dio media vuelta y se fue a su habitación cerrando la puerta de golpe. Todos nos quedamos inmóviles un momento.

—Agh, —bufó la pelinegra rompiendo el silencio —me despiden de él.

Tal vez haya sido idea mía, pero ¿Desde cuando Nya se comportaba tan insensible?

En seguida se despidió de Cole y Zane con un beso en la mejilla, yo sólo giré el rostro aceptando el beso en la mejilla de buena gana.

—¿Y para mí que hay? —Jay alzó el cuello y frunció los labios cerrando los ojos, esperando que le diera un beso en los labios.

—Ni lo pienses —le volteó el rostro con una mano y le dejó un beso en la mejilla.

Jay sacó una sonrisa estúpida de todos modos.

—Te acompaño —el pelirrojo se levantó de su lugar y siguió a Nya.

—Les llamo cuando llegue, —tomó sus cosas —nos vemos en una semana.

—Adiós —me despedí.

—Cuídate —alzó la voz Cole cuando ya iban a la puerta.

Finalmente ambos salieron.

Miré mi plato, aún con algunos fideos, y me di cuenta que se me había pasado el apetito. Me puse de pie y apenas toqué mi plato para llevarlo a la barra Cole intervino.

—¿Ya no te lo vas a comer?

—Eh, no.

—Dámelo.

Le extendí el plato y lo tomó gustoso.

—¡Oh! Y, pásame el de Kai —dijo tomando los palillos —No creo que vaya a salir del cuarto en un rato.

No, no lo haría. No sabiendo que querían vender la herrería. 

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¡Holu mis pequeños greenfalmers!❤

Quiero que les conste que hoy no fui tan diabólica como pude 7w7 sólo puse los sentimientos del verdecito (¿Solo de él? 7u7) colgando de un Hilo... pero eso desgraciadamente ya no es novedad ;-;

Gracias por sus votos y comentarios, ayudan a que está historia siga creciendo (¿Y eso que querrá decir? UwUr) sin ustedes no sería nada. Aún hay más por venir gentecita :3

Un saludo bien mexicano a todos... ¡Sale compa! Y nos leemos luego❤❤❤

-JELY<3

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