II
Kai's POV
Todos estaban molestos con migo. Más mi hermana que cualquiera de los chicos. Por la mañana, después de que se le bajó la cruda, me mandó centenar de mensajes que leí poco antes de llegar al apartamento.
Llegué casi a las siete solo para descubrir que no traía las llaves. No sería un problema despertar a los chicos de tanto tocar, suponiendo que ellos si habían llegado y no hubieran tenido ninguna "aventura".
Para colmo, me abrió Nya.
—¿¡Dónde estabas!? —gritó molesta al abrirme la puerta.
—¿Aun no te has ido? —pregunté fingiendo sorpresa —¿Sabes lo que dirá el Sensei cuando...?
—No me cambies el tema. Entra, ahora.
Me gané como treinta minutos de un sermón que no escuché en su totalidad. Me dolía un poco la cabeza, sin mencionar que aún olía a trago y me había puesto la misma ropa de anoche. Me acomodé en el sillón y miré como Nya dejaba de dar vueltas por toda la sala. Ella se paró frente a mí.
—¿No tienes nada que decir? —me preguntó al no recibir ninguna respuesta mía.
Suspire molesto, sin ganas de repetir la historia de siempre.
—Ya lo sabes —le respondí echado en el sofá.
—Por el primer maestro, Kai... —dijo sin paciencia. La miré atento, tenía ojeras, señal de que después de que yo me fui ella también siguió con la fiesta.
—Estaba ebrio —me excusé. Sin embargo yo sabía cuáles eran mis intenciones con esa chica, no fue ningún accidente —Además no es la primera vez, no es mi culpa que... ¿Penny? Coqueteara conmigo.
—Ese es el punto Kai, no es la primera vez. No es la primera vez que te desapareces y me das un susto —exclamó molesta sin mirarme.
—Lamentó si te asuste —me disculpe con desinterés —Pero creo que puedo acostarme con quien me plazca...
Nya se quedó un momento callada. Estaba lista para interferir cuando me levanté del sofá.
—Y no me vengas a cantar la de "mi puto hermano bisexual" —la miré con un nudo en la garganta.
Hace no mucho que mi hermana sabía que era bisexual, con inclinación a las mujeres a final de cuentas según ella. Si tan solo supiera...
A ella nunca le gustó que hiciera eso, aseguraba que tenía un problema, pero yo no pensaba de la misma forma, esa es la naturaleza de un hombre ¿no? Total, no le era infiel a nadie. Lo hacía a propósito, por puro placer y para divertirme.
—Entiende que no me importa con quien te acuestes —sus palabras sonaban bastante frías, seguro por la forma en la que le solté el argumento anterior — apuesto a que ni tú lo sabes. Lo que en verdad me importa es...
Rodé los ojos, harto de la misma cantaleta.
—¿Vas a decirme que soy alcohólico? —me apresuré a ir al grano antes de que me lo dijera
—Me preocupa la forma en la que tomas. —Me sorprendió mucho que apenas me levantara la voz, yo esperaba que me gritara como en otras ocasiones.
Su mirada se ablandó, y fue cuando le preste atención; cuando descubrí que de nuevo estaba el fantasma de mi madre reflejado en esos ojos azules. No soportaba que me viera así.
—Solo fueron unas copas, nada que tu no hayas ingerido.
Abrió los ojos como platos, indignada, y esa mirada pasiva desapareció.
—¿Disculpa?
—Sí, digo, por lo que veo tú también le seguiste ¿No? —Me crucé de brazos —No exageres, Nya.
—¿Sabes qué? Toma todo el alcohol que quieras. —Me dio un empujón en el pecho —Perdón por preocuparme por ti.
Finalmente se dio la vuelta y se metió a la habitación que yo comparto con Jay. Supongo que aprovechó mi ausencia para dormir ahí.
Me tire de espaldas en el sofá, me eché hacia adelante apoyando los codos en las rodillas. Escondí mi rostro entre mis manos un momento y luego me tire del cabello. No estaba molesto, porque tal vez mi hermana tenía algo de razón. Sabía que tomar todos los fines de semana no era nada sano, y olvidar constantemente lo que pasaba en esas fiestas era un síntoma de exceso de alcohol. Yo no era de los que tomaba dos copas, ni tres, mucho menos cuatro.
Sin embargo, tampoco era de los que aceptaban que tenía un problema.
Nya estaba exagerando meramente la situación. Era noche de viernes. Fiesta. Cerveza. Chicas lindas dispuestas a usar sus tarjetas de crédito para pagar un motel. Nos quedaríamos un corto tiempo en la ciudad, yo solo estaba dispuesto a aprovecharlo al máximo.
***
Tomé una ducha con agua bien fría por casi una hora hasta sentir que estaba bien despierto. Me enjuagué la boca hasta que la menta me ardiera en la lengua.
Salí al pasillo en bóxer y la toalla sobre los hombros. Escuché movimiento en la cocina y supuse que Nya ya no estaría en la habitación. Entre sin preocuparme y comencé a vestirme sin ninguna prisa. Para entonces ya se me habían bajado un poco los humos y pensaba con más claridad y menos egoísmo.
«Esta es la última vez»
Siempre me decía lo mismo, y de igual manera nunca lo cumplía. A pesar de que me enlistaba las muchas razones por las cuales debía dejar el alcohol de lado; de coquetear y flipar con otras chicas... Por más que me recordaba que estaba enamorado de alguien más, terminaba vencido por el alcohol, el deseo, o simplemente la poca fuerza de voluntad que poseía.
Agité la cabeza para apartar el pensamiento, pero no funcionó y me quedé reflexionando con impotencia.
Salí de la habitación media hora más tarde, limpio y fresco. Pero apenas puse un pie fuera me quede mirando la habitación al final del pasillo. La habitación de Lloyd. Al instante me entraron ganas de tocar a su puerta, pero como es costumbre mía no lo hice y preferí excusarme a mí mismo con la idea de que seguro estaba en la cocina.
Lloyd se la pasaba retraído del mundo, no podía culparlo... Cosas como esa no son fáciles de afrontar. Sin embargo me aterraba la idea de que le pasara lo mismo que a mí y por ello no quería dejarlo ni un momento solo, quería que supiera que contaba con mi apoyo y cada que podía se lo hacía saber.
Admito que a veces me aprovechaba de la situación para estar cerca de él. Tenía bien organizadas mis ideas: el termino gustar era cosa del pasado, estaba perdidamente enamorado de él. Antes no podía diferir bien lo que sentía, siempre acababa diciendo que eran locuras mías y que yo jamás podría tener algo así con Lloyd. Fue cuando caí en cuenta de la belleza de sus ojos únicos que me dí por vencido. Era lo que más me gustaba de él.
De sólo pensarlo se me formó una sonrisa estúpida en el rostro que en pocos segundos se convirtió en un gesto de dolor.
Gastaba mi tiempo con chicas fáciles cuando podía intentar algo con Lloyd.
De tantos pros y contras, ese era el peor. En una oración así su nombre era la palabra mágica que me hacía volver a la realidad y darme cuenta de mi montón de errores y defectos. De los cuales, el más grande era pensar demasiado las cosas, una parte me decía que si le confesaba mis sentimientos tendría una oportunidad mientras que la otra me sugería que no lo hiciera.. pues Lloyd jamás estaría con alguien tan sucio como yo.
Me alejé del pasillo y salí a la cocina con ganas de verlo, al menos eso me animaría el día.
***
Esa mañana la actitud del ninja verde me lo dijo todo; lo vi estirar la mano para sacar el vaso de la alacena. De verdad quería que mi vista me estuviese fallando. Esperé a que todos se metieran en sus asuntos para ir a verlo a su habitación, quería hablar con él a como diera lugar.
Me acerqué para tocar la puerta cuando esta se abrió del otro lado. Lloyd abrió los ojos de la sorpresa.
—Eh, Hola —dijo sin dejar de verme con esos ojos únicos en el mundo.
—Hola —sonreí embobado.
—¿Sucede algo? —preguntó.
Y yo por un segundo no hice otra cosa más que mirarlo, aún con la mano al aire listo para tocar la puerta. Me enderecé apenas lo noté. Abrió la puerta por completo y apenas ahí pude desviar la mirada hacia su muñeca. El corazón me bajó a los pies.
—¿Vas a alguna parte?
—Al baño —respondió.
Me llevé una mano a la nuca sin poder evitarlo. Mi vista no estaba fallando.
—¿Qué pasa? —preguntó ante mi silencio.
El primer pensamiento que se me vino a la mente fue que necesitaba sacarlo de allí. Antes pensé que hablar en su habitación era una opción, pero cuando vi lo cerrado que se comportaba se me ocurrió una mejor idea.
—Veras... —vacilé —Venía a preguntarte si quieres salir un rato.
—¿A dónde?
—No lo sé —me encogí de hombros, me daba igual a donde fuéramos sólo quería hablar —Podemos ir a la plaza por un helado. A dar un paseo, caminar... Despejar nuestras mentes...
El ladeó la cabeza, yo ya sabía que eso sólo significaba que estaba dudando.
Me apresuré a tomarlo por los hombros antes de que me diera una respuesta.
—Convivir entre hermanos —finalicé.
Sabía que no tenía ganas de salir en absoluto.
—Bien.
***
Al final nos decidimos por pasar el rato en la plaza de la ciudad.
Para mi sorpresa, el día estaba soleado. Toda la semana pasada el cielo estaba gris amenazando con dejar caer una tormenta. La temporada de frío estaba por acabarse pero las lluvias no parecían ir a hacerlo pronto. El lugar estaba más lleno de lo que yo esperaba, había niños andando en bicicleta o jugando a la pelota. Parejas tomadas de la mano, tirándose miradas mientras caminaban juntos.
Era un día perfecto para salir.
Caminamos hasta el centro del lugar. A unos metros estaba la fuente rodeada de bancas, me pareció un buen lugar.
—¿Vamos a la fuente? —le pregunté animadamente.
El rubio volteó a verme. Elevó los hombros con clama y sonrió forzadamente.
—Claro.
Me le adelanté un poco, y aproveché que Lloyd no podía verme para soltar toda la presión que tenía acumulada en un bufido. Cuando vi una banca vacía me volví para hablarle.
—Podríamos... —me corte en seco al ver que el rubio no estaba detrás de mí.
Me alarmé por un segundo, pero después lo divisé unos metros atrás. Estaba con un niño que no aparentaba tener más de diez años. Lloyd le alcanzó algo que reconocí como como un balón.
Me acerqué mientras miraba la escena. El niño le sonrió a Lloyd ampliamente y le agradeció, estaba por darse la vuelta cuando un hombre se les acercó casi corriendo y tomó al niño de los hombros. Era el padre del pequeño pues al terminar de agradecerle se fueron juntos.
Lloyd se quedó viendo en la dirección por donde se habían ido. Fue como si dejara de prestar atención a todo por un momento, ni siquiera advirtió mi presencia cuando me puse a su par. También posé la mirada al frente y vi como padre e hijo caminaban juntos por el andador hasta perderse entre la demás gente.
Sabía que era algo doloroso de ver.
—¿Lloyd?
—¿Si? —nuevamente sonó frío.
—Te fuiste un momento.
—Lo siento —fue lo único que dijo antes de adelantárseme.
Lloyd se dirigió a la banca que había visto antes y sentó en el borde. Yo también me senté con algo de vehemencia. No se me ocurrió como romper el silencio que nos invadía y me limite a ver al suelo, mis zapatos.
—Y... ¿Cole ya te contó que quiere comprar un auto nuevo?
«Peor cosa no se te pudo ocurrir»
—Sí, es de lo único que ha hablado toda la semana. —respondió con algo de desinterés, pero luego sonrió —Supongo que ya se cansó de compartir el auto con todos.
—Yo creo que es una buena inversión, al menos no gastará en más comida —bromeé.
Lloyd rio algo desganado y se encogió de hombros.
—Ya sabes lo que dicen: ojos que no ven...
—Corazón que no siente —completé sin pensar.
Sentí que ese dicho estaba algo fuera de lugar, pensé en ignorarlo, pero el semblante hiriente de Lloyd estaba en el contexto.
Suspiré. En verdad odiaba verlo así, sin ganas de hacer nada, completamente destrozado. Se me vinieron a la mente esos recuerdos de cuando comencé a enseñarle como mantener el fuego bajo control. Falló muchas veces y yo daba por hecho que se rendiría en cualquier momento. Descubrí que había algo especial en él, una determinación que venía del fracaso. Siempre he creído que esa es su mayor cualidad: no rendirse jamás.
Pero el Lloyd que estaba a mi lado, se estaba dejando vencer por sí mismo.
—¿Sabes, Lloyd? —volteé la mirada a otra parte —ya que estamos solos... Quiero aprovechar para hablar de algo contigo.
Casi podía jurar que tragó saliva.
—¿Es serio?
Vacilé. En realidad no estaba muy seguro de cómo decírselo, no quería ser duro con él pero tampoco esperaba actuar como si no tuviera importancia. Prefería que él lo admitiera, tal vez así sería más fácil ayudarlo.
—Es delicado —Le dije.
—¿De qué se trata? —Lloyd se acomodó en la banca con incomodidad.
—Se trata de que... No es bueno que ocultes ciertas cosas.
Lloyd torció la boca, haciendo una mueca de confusión.
—Yo no oculto nada. —alzó los brazos —¿De qué hablas?
—Eso quisiera saber, si me lo dijeras.
Él se quedó inmóvil, seguro ya presentía lo que trataba de decirle. Lo miré con seriedad y él pareció desesperarse, pero se mantuvo calmado e infló las mejillas.
—Vamos, ¿Qué es lo que ocurre? Sé que algo no anda bien.
—No oculto nada. —repitió —Es sólo que estos últimos días no he estado del mejor ánimo.
Clave mis ojos en él esperando poder convencerlo.
—No esperes que caiga así de fácil.
—Dios mío, Kai ¿Qué quieres que te diga? —subió un poco el tono, desesperado.
Yo tambien estaba comenzando a desesperarme.
«Tacto, Kai. Tacto»
—Sé que hay algo más...
—¡No oculto nada! —se puso a la defensiva.
De un segundo a otro perdí la paciencia y la tensión en el ambiente me hizo mandar la idea de no ser duro con él al demonio.
—¿Me vas a decir que las manchas rojas en tus mangas son de tinta? —arguye de golpe, también subiendo el tono —¿O que te vino la regla?
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Woah, soy diabólica.
Su aceptación a esta historia a roto mis expectativas ¡Gracias por sus votos y por estar ahí!♥ Actualización todos los viernes :3
¡Nos leemos luego!♥
-JELY<3
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