Indomable

John se despertó y parpadeó con pesadez, la cabeza le latía y no podía mover su cuerpo. Miró hacia abajo, la minifalda se había movido y su ropa interior roja era visible, luego se miró las piernas blancas y sus pies descalzos, que estaban atados a la silla en la que lo habían sentado. Temblaba, no por nerviosismo o miedo, le habían dado algo para que se sintiera así, inseguro, débil, confuso. Y sumiso. Quiso mover sus brazos, pero unas esposas a cada lado de la silla le mantenían las manos hacia abajo, forcejeó inútilmente. Entonces observó su entorno, luz llegaba desde su derecha donde unos intensos focos iluminaban una gran cama de sábanas blancas. El espacio en el que la cama estaba parecía un limpio y lujoso dormitorio, pero el resto era un lugar abandonado, con un techo bajo de madera y cajas con botellas de vidrio de colores, peluches de máquina expendedora y telares.

Quiso hablar, pero la garganta le ardió: ―Ahhgjj ―emitió sin formular una palabra y tosió escupiendo la saliva que le supo agria.

Desde atrás de él emergió la figura de un hombre, traía un vaso con un líquido denso. Mientras aún tosía, John lo observó. El hombre no parecía tener prisa para darle de beber, se agachó y le acarició la mejilla con el índice, mirando cómo se convulsionaba por la tos sin poder casi respirar. Chistó, y finalmente acercó el vaso a los labios de John, él abrió la boca tragando el líquido que enseguida alivió todo su malestar y aclaró su garganta, pudo volver a respirar con normalidad.

―¿Mejor? ―le dijo con una cálida voz.

John intentó hablar y carraspeó: ―Hmmm, sí. Gracias... Kai. Quítate la máscara.

―No pretendía engañarte... —dijo y rio.

―¡¿Quién más que tú podría hacer esta locura de secuestrarme?! —Kai se quitó la máscara y se pasó la mano por el cabello, peinándoselo― ¡Desátame! ―dijo John y se mojó los labios pasándose la lengua de un modo incitador en un intento por convencerlo― ¿Sí?

Kai no lo desató sino que se arrodilló ante él y posó las manos en sus rodillas, tocándolo mientras comenzaba a excitarse, las subió hasta los muslos y enseguida las movió a la parte interior, a la zona más caliente, movió la falda y le bajó la ropa interior, exponiendo el cuerpo de John.

―Kai, desátame...

Kai no respondió.

John miraba hacia adelante, se negaba a observar lo que le hacía, no por vergüenza sino por asco.

―Kai...

La mano de Kai tapó su boca. Y tras John, alguien le ató una mordaza.

―No quiero oírte, no quiero que me embauques para que te deje ir —dijo y luego le habló al otro hombre allí― ¡Retírate! ―Fue la orden dada a su asistente que había estado tras John todo el tiempo.

El empleado se alejó y comenzó a subir las escaleras, llegando al final miró hacia abajo, su jefe no lo había mirado en ningún momento mientras se alejaba, lo único que hacía era darle órdenes y ahora tenía la cabeza en la entrepierna de ese joven chico que se movía sin poderse liberar.

Kai lo intentó, chupaba enajenado, siguió intentando hasta que su boca no dio más y se puso de pie, apretó los puños mirando a John, no lo pudo hacer llegar ni a un orgasmo ni oírle un gemido de placer, así que insatisfecho, desató su furia con palabras.

―¡Traes a ese aquí, ante mi presencia, a mi fiesta! ¿Y pretendes que no haga nada?, ¿que no reaccione? ¡¿Cómo podría ser neutral ante eso?!

John había estado queriendo hablar para convencerlo, pero con la mordaza en la boca no podía, solo emitía sonidos de disgusto con su garganta.

―Si te corres una vez te prometo que te dejaré hablar ―dijo Kai y ante esto John asintió― ¡El rojo te queda tan bien, John! ¡Resalta todo tu fuego, tu piel blanca! Piel de alabastro... suave... sutil.

«¿Ahora es poeta?», pensó John ante la labia de ese hombre.

―Y esto... ―dijo tirando de la joya que pendía en su oreja ―¿Por qué? ¿¡Le diste el otro a ese tipo!?

«Es el que él me regaló», John recordó el origen de ese par de aretes.

Kai le acarició el rostro, enseguida se arrodilló y bajó la cabeza para volver a meter en su boca el pene de John, esta vez colaboró y empujó contra la boca de Kai, su intención era ahogarlo y matarlo, pero el hombre lo disfrutaba mucho más. «¡Enfermo!» Fue el insulto mental que le destinó.

De pronto, los movimientos y la sensación que le daba esa boca se hicieron innegables para sus sentidos, la sangre que llegaba a su miembro no obedecía la aversión contra ese hombre, se erectó. El cosquilleo creció y las oleadas de calor también, resistió gemir tanto como pudo, pero llegando al orgasmo no lo soportó más y comenzó a emitir algunos sonidos. Al correrse en la boca de Kai él no se tragó su semen, sino que lo sacó de la boca y se lo frotó en las manos. «¡Asqueroso!», pensó John. Y Kai se olió las manos como si de una loción perfumada se tratara. «¡Sáquenme de aquí!» John no soportaba más a ese hombre.

Enseguida, Kai se puso de pie y se paró tras él. Durante un largo e interminable minuto hubo silencio, no hizo nada, la incertidumbre y el miedo a lo desconocido lo aterraron. John comenzó a temblar.

Se oyó movimiento y de repente, una pesada mano se posó sobre su cabeza, tiró de su cabello hacia atrás, obligándolo a que lo mirara. El dolor en su cuero cabelludo lo hizo derramar algunas lágrimas, John quería decirle algo y lo intentaba, incluso con la boca amordazada.

―No puedes insultarme... ―dijo Kai― La droga debería impedirlo.

Le soltó el cabello y con lo que pensaba que era ternura, le acarició la cabeza queriendo deshacer el mal que le había hecho, entonces llegó al nudo de la mordaza y lo desató.

John escupió la saliva acumulada.

―¡Kai! ―dijo, se sentía furioso pero no podía expresarlo, sus palabras salían mucho más dóciles de lo que deseaba― ¿Vas a mantenerme aquí para siempre?

―¿Eso quieres? ―Kai comenzó a quitarse la chaqueta. La colgó en un perchero cerca de la cama y regresó con John.

«¡No!» ―Si me tratas bien... ―dijo cuando el hombre estuvo ante él.

―Sí funciona ―dijo, refiriéndose a la droga y le acarició el rostro y luego el pecho. Sacó un cuchillo y cortó las cuerdas que lo ataban a la silla, después lo liberó de las esposas. John intentó pararse pero sus piernas no se movieron―. Tampoco puedes correr ―Lo tomó en brazos y lo llevó hacia la cama, recostándolo allí.

―Ahora... no tiembles, sabes que siempre te cuidé... fui bueno ―Se recostó sobre él.

John apretó los dientes. Y cerró los ojos suplicando. 

«¡Zhan Ge! Es por eso que te quería a ti. Zhan Ge es quien es bueno y amable. Tú no eres nada de eso. No quiero que me toques» ―¡Sí! Mmhh ―John gimió ante el tacto de Kai. Solo porque se imaginaba que era Xiao Zhan quien estaba sobre él.

―Qué bien, todavía me deseas ―Kai le buscó la boca y lo besó, metiéndole la lengua de forma grosera e invasiva. John tuvo arcadas y Kai se enfureció, sus ojos parecieran querer asesinar, cerró el puño y golpeó el colchón a un lado del rostro de John, pero eso no hizo nada para calmar su irritación, Kai abrió la mano y la bajó con peso en la mejilla de John.

―¡Antes te corrías por eso!

―¡Ah! ―Sollozó él― Duele ―Fue lo que pudo decir. «Pero ya no me gusta eso, no soy el mismo, eso no me gusta», pensó.

El dolor le retumbó en toda la cabeza. John se tocó la nariz notando la humedad y se miró los dedos. Estaban rojos. De la nariz comenzó a caerle un hilo de sangre que goteaba mojando su ropa y las sábanas. A Kai no le importó y le abrió la camisa desgarrándosela, enseguida le sostuvo las manos y se las esposó a un par de aros de acero en la cabecera de la cama. John movía la cabeza para un lado y el otro y no dejaba de sangrar. La sangre caía sobre la almohada de fundas blancas.

Enseguida, Kai sacó el cuchillo y le cortó la falda, la tela le molestaba, necesitaba ver la desnudez en ese cuerpo, cortó también la ropa interior. Se bajó el pantalón y se arrodilló ante John, se estimulaba el pene mirando el cuerpo indefenso ante él, en poco tiempo lo tuvo duro, y mientras se tocaba movía su boca besándole el cuerpo desde la garganta hasta los muslos, John sollozaba y gemía, temblaba bajo su peso. Kai siguió besándolo y masturbándose, oyendo los gemidos y frotándose sobre él. Se corrió sobre su estómago.

―Ahh... eso estuvo bien, ahora te haré sentir mejor así que mírame, o sino... ―Kai sostuvo el cuchillo de nuevo y lo deslizó sobre el estómago de John, presionando lo suficiente para hacer que le prestara atención.

John lo miró a los ojos. «¡Te odio!» ―Kai. Te deseo...

―¿De verdad? Entonces abre las piernas para mí... ―Kai olvidaba el efecto de la droga y creyó que en verdad John lo deseaba.

***

La tos limpiaba su garganta, se paró y fue sosteniéndose de las paredes hasta que llegó a la pileta para mojarse el rostro, juntó agua en sus manos y las llevó a su boca. Tomó tanta agua como pudo y se mojó el rostro y el cuello. Tosió de nuevo, y escuchó los pasos llegar a él.

―¿Dónde está John?

―¿Quién? ―Xiao Zhan no lo reconocía.

―Mi hermano John. ¿No recuerdas nada?

―Yo... Tu hermano... ¿Cómo es?

―Igual a mí, pero... ―Yibo también necesitó tomar agua.

Xiao Zhan se tocó la cabeza y la presionó mientras pensaba la respuesta a esa pregunta. Lo observó mojándose el rostro, de repente, los recuerdos con él aparecieron en su mente, y recordó los momentos anteriores, a John sobre su boca y a Yibo también, después el humo que los hizo desmayarse y al hombre que se inclinaba sobre él para cubrirle la boca con el paño mojado. Completó la descripción de John: ―Con cabello rubio, y usa faldas. ¡John! —Volvió a mojarse el rostro.

―Sí, sí, así es él, ¿lo recuerdas?

―Sí, Yibo, fue el dueño del pub el que...

―¿Kai se lo llevó?

―Lo vi, era él, ¿pero por qué él se lo llevaría?

―Porque es un demente, ellos eran pareja.

―¿Cuánto tiempo lo fueron?

―Un año.

Xiao Zhan se sostuvo de Yibo, quería apartar a John de las manos de ese hombre, se juró que donde fuera que lo tuviera lo encontraría.

―¿Sabes adónde lo pudo haber llevado?

―Hay muchos sitios en los que pueden... —Yibo no acabó la frase cuando se le ocurrió un sitio en el que buscar.

―¡¿Dónde!?

―¡Vamos, Xiao Zhan! Creo que sé dónde pueden estar ―dijo y lo sostuvo del brazo para correr juntos.

Ambos corrieron por los pasillos tenuemente iluminados de neón. La música de la fiesta llegaba amortiguada, ecos y retumbos, además de las risas de los que se divertían, ignorando lo que el dueño del lugar estaba haciendo y la desesperación del par por hallar a John. 

Llegaron a un área alejada del bullicio y la gente, corrieron hasta que Yibo se detuvo a mitad de un pasillo y comenzó a tocar la pared ante la atenta mirada de Xiao Zhan. Tras oírse un "Clic", la pared se movió, era una puerta oculta que abrieron, esta daba a una escalera que comenzaron a subir bajo luces de neón verde. Al final de la escalera había otra puerta, Yibo movió el pestillo pero no se abrió, con su puño cerrado la golpeó mientras gritaba desesperado llamando a su hermano. Su esfuerzo era inútil, esa puerta jamás cedería a sus golpes ni gritos. 

Tras ellos, la puerta al final de la escalera fue abierta y cerrada en el instante que la persona los vio. Al oír el golpe de la puerta bajaron como estampida tras esa persona, cuando llegaron al corredor no había rastro de nadie, pero Yibo conocía una salida oculta, y enseguida llegaron al exterior, a la calle. Y lo vieron, el hombre al que buscaban corría hacia un auto.

Wang Yibo gritó: ―¡¿Dónde están?!

El hombre no se movió más y comenzó a darse la vuelta ante la frenética voz del gemelo Wang.

―¿Quién es? ―preguntó Xiao Zhan que estaba tras Yibo.

―Es su asistente.

El asistente bajó la mirada, odiaba ser solo "el asistente".

―Mi jefe me pidió... ―dijo, y al ver que quería explicarse mejor Yibo caminó con calma hasta él― Mi jefe me pidió que le llevara unos documentos porque se sintió cansado y... ―Siguió hablando a la vez que Yibo se acercaba con una sonrisa calma. El asistente no previó el golpe que le dejaría la visión oscura, ni el momento en que Yibo lo metió en el baúl del auto y le ató las manos y le tapó la boca.

―Documentos, dice. ¿Me cree idiota?

Al ver esto, Xiao Zhan no se movió, estaba viendo el lado peligroso de sus vidas. Pensó en el riesgo de este mundo mafioso, y en John. «¿¡Cómo un amante puede llegar a esos extremos con quien se supone que tuvo que amar antes?!» Subió al auto y observó a Yibo, apretaba el volante con violencia mientras conducía, al presionar los pedales y mover los cambios su cuerpo se movía con gran precisión.

―Xiao Zhan, lamento que hayas tenido que ver eso, pero se trata de mi hermano, es todo lo que tengo, si después de hoy no quieres vernos más lo entenderemos, no somos los niños más buenos con los que te puedas encontrar... Él y yo nos tenemos el uno al otro...

―No hay nada de lo que deberías disculparte, ¿me quieres excluir ahora?

―No... Es tu decisión.

—¿Ya no seremos tres?

—Solo quería saber tu opinión...

***

Kai se retiró sacando su pene y dejando que el semen manchara las sábanas.

―John, sí que puedes abrir tus piernas. Di que lo sentiste. Di que soy el mejor. ¡¡Dilo!!

―Kai, lo sentí bien dentro de mí... ―«No me gustó ni un segundo que me lo metieras.»

―¿Y qué más?

John giró el rostro para no mirarlo, miró hacia arriba donde sus manos seguían fijas en los aros, sus muñecas estaban moradas.

―Kai, me duelen las manos, suéltame.

―Solo sabes pedir, pedir, pedir.

John cerró los ojos, odiando a ese hombre mucho más si es que se podía.

―Kai, por favor. ¿Qué quieres a cambio?

―Que me la chupes, pero con esmero, quiero que te guste sentirla en tu paladar, y que te pongas duro por eso.

―Para eso debes liberar mis manos.

―Sí, idiota ―dijo Kai golpeándole la frente con dos dedos.

―Te la voy a chupar hasta matarte... ―Kai le liberó una mano y lo miró, esperando por una respuesta más dócil―, de placer ―y le liberó la otra mano.

Con las dos manos libres, John se inclinó sobre él y le tocó el pecho, lo empujó hasta acostarlo y se arrodilló sobre la cama, bajó su cabeza y posó sus labios en el estómago de Kai, estaba firme y liso. Fue dejando algunos besos mientras bajaba al vientre e iba estimulando el pene con una mano, Kai había cerrado los ojos y apenas emitía sonidos. John le mordió el estómago descargando toda su rabia, y la marca se enrojeció haciendo sangrar esa piel, pero Kai no gritó sino que abrió los ojos para mirarlo y excitarse. Su pene, en la mano de John aumentó de tamaño.

John no se detuvo ahí y le rodeó el pene con la boca, primero mordió con poca presión, después mordió un poco más fuerte, midiendo cuánto resistiría, luego dio la mordida final, una con mayor ira, y esta vez sí que le hizo doler. Kai gritó y rodó en la cama apartándose, cayó desnudo al suelo. 

Con esta oportunidad John se envolvió el cuerpo con una sábana y corrió, quería llegar a la escalera que lo llevaría a la salvación, y lo hizo. Aunque su cuerpo y piernas dolían como si centenas de agujas le perforaran la piel, comenzó a subir los peldaños uno a uno, triunfaba en su escape, lo estaba logrando, «Kai no era tan poderoso después de todo, podría contra él», se alentó.

—¡No te irás, no me dejes! —el grito no estaba tan lejos como pensó que estaría. Kai estaba desnudo y lo miraba desde los pies de la escalera, dio un paso pisando el primer escalón, y John pensó que lo estaba dejando huir, gran error, porque algo detuvo sus pasos, y moverse fue algo imposible después. Kai estaba pisando la sábana y como una bestia subió por la escalera llegando a él, se tiró sobre John, reteniéndolo de espaldas contra los escalones en tanto que sus manos se cerraron en su cuello. El rostro de John se contrajo en el intento de hacer pasar aire a sus pulmones, Kai apretaba sin misericordia y John se asfixiaba.

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Esto se fue al carajo.

¡Gracias por leer!

#Jo

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