PARTE 2 [3]

Dedicado a mi bestio amigo (tú sabes quién eres), te amo. 

Chocolate.

Alex.

—Te pusiste muy guapo solo para ir por un chocolate.

Aiden me sonríe y no puedo evitar rodar los ojos. Qué intenso.

—No será muy lejos, ¿verdad? Tengo cosas que hacer —es lo único que digo, saliendo de la casa.

Su sonrisa no se despega de su cara, solo comienza a seguirme, recorriéndome sin disimulo con la mirada. ¿Qué mira tanto? Es bastante incómodo e irritante.

—Es cerca, no te preocupes.

No digo nada, simplemente ignoro la mirada de Jake cuando en vez de entrar a la limusina, subo al auto de mi acompañante.

Durante el camino solo me concentro en mi teléfono. Tal vez no debí aceptar esta salida, pero era mejor opción que quedarme en mi casa torturándome con mis pensamientos.

Además, Aiden vive cerca y solo será una hora. Solo es un chocolate. Solo es una salida. ¿Qué podría pasar? Solo es un conocido.

Él pone música para eliminar el silencio incómodo y no puedo evitar apretar mis labios cuando Never Say Never de Justin Bieber resuena por los altavoces.

Lo miro por el rabillo del ojo y vuelvo a toser los ojos cuando me encuentro con su amplia sonrisa. ¿Es en serio? Qué inmaduro.

Además, ¿quién escucha Justin Bieber en estos tiempos? Solo él.

—Te aseguro que muchas personas lo hacen —responde entre risas.

Tengo que aprender a pensar en voz baja, ¿desde cuándo se me dificulta tanto? Creo que desde hace mucho mi cuerpo dejó de tener filtros. Ahora digo todo lo que pienso y es horrible.

— ¿Siempre eres tan callado o solo eres así con las persona que te caen mal? —pregunta después de un rato.

— ¿Siempre sonríes tanto o solo actúas así para no mostrar un carácter de mierda? Simple curiosidad.

—Soy así. Desde bebé sonrío y me río por todo. —Me lanza una rápida mirada —. Te toca, responde mi pregunta.

—Generalmente soy callado, pero hablo más con las personas que me agradan.

Él asiente levemente y se detiene frente a un semáforo.

—Si yo te cayera bien, ¿hablarías más conmigo? —se apoya en el volante.

Suelto un gran suspiro.

—Puede ser.

— ¿Y qué tengo que hacer para caerte bien? —insiste.

—Volver a nacer.

Su risa se escucha por encima de la música. Y no sé que es peor, si el que sea tan escandaloso como irritante o que también me haga sonreír a mí. No sé por qué, pero su risa es contagiosa.

—No lo puedo creer, ¿tú sonríes? —me observa con profunda curiosidad.

—Sí, me pagan cuarenta y cinco mil por hacerlo.

—Yo lo logré y gratis —sonríe con orgullo.

—Gratis no, me comprarás un chocolate.

Él no dice nada más, solo sigue conduciendo y se detiene frente a una cafetería bastante popular. Pensé que sería algo más privado, pero no, es una de las cafeterías más frecuentadas de Los Ángeles, la cual es bastante concurrida. Por suerte no parece estar muy llena, aún hay mesas vacías y no tendremos que hacer mucha fila.

— ¿Por qué aquí? —no puedo evitar preguntar —. Pensé que sería en otro... lugar.

— ¿En uno más privado, te refieres? —alza una ceja —. Estás muy acostumbrado a esconderte, Alex. Conmigo no será así.

No digo nada, simplemente salgo del auto y camino junto a él hasta la entrada. Me siento un poco incomodo porque tengo la sensación de que todos los que están ahí nos miran, pero ignoro esos pensamientos, asimilando que solo es ansiedad.

Con Niels jamás estaría en una situación así.

Niels me esconde.

—Un frappé y un chocolate caliente, por favor —le pide a la mesera.

Me siento junto al muro de ladrillos y Aiden hace lo mismo, suspirando resignado. Él quería sentarse frente a la pared de vidrio pero no, yo no puedo. Después las personas de afuera podrían verme y no me gusta.

—Te invité a salir porque quería disculparme —sus palabras me sorprenden —. El otro día no me comporté de la mejor manera contigo y dije cosas que no debía. De verdad lo siento.

—Sí, fuiste muy come mierda.

—Lo sé, solo fue... —suspira y observa hacia todos los lugares menos a mí —. Celos, creo. También intuición. Pasé por lo mismo que tú hace bastante, Alex, quería evitarte todo eso.

Mi punzada de curiosidad es evidente.

— ¿Qué pasaste? —lo miro con desconfianza.

Ambos observamos a la mesera cuando deja nuestros pedidos en la mesa y se va con una sonrisa amable. Aiden le agradece con una sonrisa aún más grande, yo solo asiento.

El mayor se hace de rogar, porque tarda un largo rato removiendo su bebida antes de darle un trago con una lentitud irritante. Yo lo miro con dagas en los ojos. Me estresa tanto misterio.

— ¡¿Qué pasaste?!

Él se ríe cuando grito.

—No conoces el significado de la palabra paciencia, ¿no? —le da otro trago a su frappé y relame sus labios —. Ya, vale, no me mates.

Levanta sus manos cuando aprieto mis dientes.

—Pasó cuando tenía quince, fue una relación de tres años. Me pasó lo mismo que a ti: su familia era complicada. Jamás quiso que nadie supiera sobre nuestra relación, vivía escondiéndome y avergonzándose de mí. La mayoría de las personas que me rodean saben que también me gustan los chicos, por lo que él siempre intentaba salir con chicas para que nadie sospechara —sonríe burlón.

» Imagíname permitiendo que la persona que quiero y está conmigo, salga con otras personas para que nadie sospeche sobre nosotros. Fue una relación muy... Tóxica, sinceramente. Nunca me sentí más deprimido en mi vida, lo peor es que siempre pensé que no podría seguir viviendo sin él.

Vale, lo admito: sí tiene una vida interesante. Pensé que solo era un personaje secundario en mi drama adolescente.

— ¿Y cómo terminaron? —me veo preguntando.

—Sabrina —se encoje de hombros —. Me hizo abrir los ojos poco a poco. Estuvo para mí en todo momento y me apoyó incluso cuando quise volver con él. Me ayudó emocionalmente en cada momento, por eso es que ahora somos más unidos. Es mi mejor amiga.

—No entiendo, ¿qué fue lo que pasó? —lo que mi imaginación exige son detalles.

—Él se acostó con una chica en una fiesta para que sus amigos dejaran de molestarlo —el brillo en sus ojos se desvanece —. Me enteré en la madrugada porque él me envió muchos mensajes disculpándose, diciéndome que había sido un error, que no significaba nada... —se vuelve a encoger de hombros —. Y lo perdoné porque confiaba en él, sabía que me quería...

—Pero era un amor tóxico —termino por él.

—Exactamente —vuelve a sonreír —. Por eso te dije todo eso, Alex. A veces las personas no nos lastiman por falta de amor, sino por egoísmo. Por querer cuidarse a sí mismas, pueden llegar a ser incluso más dañitas.

—Él no es así, no lo conoces.

—Yo habría dicho lo mismo de él en su momento.

—Él no es así —repito, apretando mis puños —. Hoy discutimos y la razón es porque yo fui egoísta y... Me pasé. Vi cosas que no debí haber visto e hice cosas que no están bien. Fue mi culpa, no la suya. El tóxico soy yo.

Aiden me mira por un largo rato.

—Si supieras la cantidad de veces que me eché la culpa por cosas que él...

— ¡No es lo mismo! —golpeo la mesa —. Fui yo. Yo tomé su teléfono sin autorización, yo me metí en su tumblr y leí todo sin su permiso. Era algo personal y yo lo arruiné. Estamos molestos por eso. Porque yo no sé respetar la privacidad ajena.

Vale, lo admito. No esperaba desahogarme con nadie, mucho menos con Aiden, pero aquí estoy. Y no se siente tan mal como pensé, incluso me siento un poco más... Aliviado.

—Ahora soy yo quien necesita detalles —Aiden se acomoda en su asiento y me mira inexpresivo —. ¿Qué fue lo que pasó?

Y comienzo a contarle todo. Desde nuestra primera interacción hasta la fiesta de Gael, seguido de nuestro primer beso, las palizas, los problemas, las discusiones y hoy. También aprovecho para hablar sobre Thomas y su comportamiento, el por qué merezco que actúe así y por qué merezco que toda la mierda se me junte de esta manera.

Aiden en ningún momento me juzga o intenta reprocharme mi comportamiento, él solo escucha. Y no sé si es por la falta de confianza o su nula apatía, pero de verdad me siento cómodo hablándole. Es como si durante mucho tiempo, no hubiera hablado así con alguien más.

Creo que tenía mucho tiempo sin tener un amigo.

—Y no sé cómo disculparme porque él tiene toda la razón —cubro mi cara con mis manos —. Soy una mierda.

Me remuevo en mi asiento cuando Aiden toma mis manos y las separa de mi cara, inclinándose en la mesa para alcanzarme.

—No eres una mierda, eres una persona que está interesada en otra —se encoje de hombros —. Es normal querer saber más de una persona cuando esta nos interesa, yo he buscado información sobre ti.

—No es lo mismo y lo sabes —ignoro su argumento.

—Ya, no es lo mismo, pero es entendible a mi parecer —se vuelve a sentar en su lugar —. El chico te gusta desde hace más de ¿qué? ¿Tres años? Es completamente entendible que quisieras respuestas. Imagínate estar enamorado de una persona que no expresa sus sentimientos jamás y que cuando por fin consigues una manera de saber lo que piensa, no lo leas porque está mal.

» Es malo, claro que sí, pero es lo que hacemos los humanos cuando estamos enamorados: la cagamos. Y no lo hiciste por mal, no lo hiciste para revelar sus secretos, solo querías conocer sus sentimientos. Y conociéndote a ti, no me extraña. Tú jamás le habrías preguntado qué sentía.

Bueno, tiene razón. ¿Por qué dice todo esto? ¿Cómo es que puede decir las palabras indicadas?

Nunca pensé que diría esto, pero aquí va: me agrada un poco Aiden Harvey.

—Y sobre tu hermano... Puede que solo esté atravesando un momento difícil. Según lo que Sabrina me ha contado, esa chica que tuvo el accidente era su mejor amiga. Imagínate que tu mejor amigo pase por algo como eso, debe ser horrible. Dale tiempo, poco a poco él volverá a abrirse.

Pensar en Meli me hace sentir más débil que antes. Es un tema delicado para todos en la familia.

—Gracias —digo después de un rato —. Gracias por todo, por el chocolate igual.

—Pero si ni has tomado —lo señala y luego sonríe —. Agradéceme después de beber. Iré al baño.

Asiento y lo veo caminar hasta una de las puertas blancas.

Me tomo mi chocolate con más calma que nunca. Sin presión, sin rapidez, solo disfrutando el sabor. Me sorprendo incluso porque al ver la hora en mi teléfono, noto que ha pasado más de una. ¿En qué momento? El tiempo pasó volando.

Llevo la taza a mis labios una vez más y me levanto de golpe cuando el líquido se derrama por mi camisa y pantalón. Observo con rapidez la figura femenina y casi escupo lo que tengo en la boca al encontrarme con la misma mirada de Niels. Solo que no es Niels, es una mujer que se parece mucho a él.

¿Acaso es...?

—Disculpa, ¿estás bien? ¿Te quemaste? —ella me observa preocupada —. Lo lamento, estaba distraída y...

Es idéntica a su hijo. Bueno, su hijo es idéntico a ella. La cuestión es que nunca la había visto en mi vida y no me esperaba encontrarme a Niels versión mujer. Menos en un lugar como este. ¿Qué hace aquí? Tengo entendido que pocas veces sale de su casa.

—Estoy bien, yo... ¿Es usted la madre de Niels? —no puedo evitar preguntar —. El hijo del entrenador, él es...

—Oh —su mirada se llena de curiosidad y sorpresa —. Sí, ¿eres algún jugador del equipo?

—Soy el capitán —extiendo mi mano —. Mucho gusto, soy Alex Crild.

Su sonrisa se congela en su cara.

¿Dije algo malo?

Mierda.

— ¿Eres Alex? —su mirada viaja por toda mi cara —. ¿Eres el amigo de mi hijo?

— ¿Le ha hablado de mí? —la emoción en mi voz no puede ser más evidente.

Ella hace una mueca.

—Sí, pero mi esposo me habla más de ti —se remueve en su sitio —. Eres el único amigo que mi hijo ha querido ya sabes... Presentarme. Me habló mucho de ti en navidad, eres familiar de su novia o algo así, ¿no?

No puedo evitar rodar los ojos por lo último. Ella lo nota, pero no dice nada.

—Sí, Maya es como mi hermana —hago una mueca —. Espero que solo le haya dicho cosas buenas.

Ella sonríe un poco. No es tan tímida como Niels, pero tiene algunos gestos similares. La manera en la que agacha la mirada y sonríe un poco, por ejemplo.

—Sí, solo cosas buenas —asiente y me recorre con la mirada —. ¿Si te invito otro chocolate me disculpas ese tropezón?

—Listo —Aiden llega antes de que pueda responder y nos observa a ambos con completa confusión —. ¿Me perdí de algo?

—No, solo estábamos hablando sobre un amigo —me adelanto, antes de que diga algo sobre mí —. Me agradó mucho conocerla, señora Baasch —extiendo mi mano y ella la acepta con una sonrisa.

Sí, yo tampoco sé de donde sale mi gentiliza. Tal vez viene del hecho de que me interesa agradarle a la mamá de mi novio. Quiero decir, a mi suegra. Es muy importante para mí darle una buena impresión.

Incluso Aiden observa la escena con desconcierto.

—Lo mismo digo, señor Crild —se burla de mi formalidad —. Espero verte pronto por la casa... Eres el único amigo de mi hijo, gracias por acompañarlo.

Y me quedo en silencio cuando se acerca lo suficiente como para darme un ligero abrazo (evitando mancharse de chocolate, por supuesto). Yo solo agradezco que lo diga con un volumen que solo escuchemos ella y yo. No es mi intención que Aiden conozca muchos detalles sobre Niels, no quiero que haga algún comentario burlón, no se lo perdonaría.

—No me lo tiene que agradecer, es un placer para mí.

Sonrío y la veo caminar hasta una mesa bastante apartada de la vista de todos. Lo que me extraña es que no esté sola, en esa mesa se encuentran dos personas que esperan pacientemente su llegada. Es una mujer y un nombre, lo que no me explico es por qué la señora Baasch está con ellos.

¿Se trata de un asunto grave? ¿Solo son amigos? No lo sé, pero un extraño presentimiento me invade enseguida.

¿Debería contárselo a Niels? Tal vez no. Es un asunto personal de su madre, no tengo por qué difundirlo.

— ¿A ti qué te pasó, niño? Te dejé un minuto solo y ya te ensuciaste —Aiden me pasa una servilleta y me mira de arriba abajo —. Ven, vamos a mi departamento.

— ¿Qué? No.

Mi ceño fruncido lo hace detenerse. Elimino su agarre de mi brazo y él parpadea repetidas veces, asimilando mi comportamiento. Luego de unos segundos, parece entenderlo porque se echa a reír y sube sus manos.

—No te voy a hacer nada, niño, solo te prestaré ropa —vuelve a acercarse —. El día que quiera hacer algo, iré directo al grano. No te sorprendas.

— ¿Qué te hace creer que yo aceptaré? —me cruzo de brazos y comienzo a seguirlo.

Él solo gira un poco en mi dirección y me sonríe ladino.

—El tiempo.

Decido ignorarlo y seguir mi camino. A la distancia puedo sentir la mirada de la madre de Niels sobre mí, pero decido pasar de largo para que no sienta que la estoy espiando.

Vuelvo a subir junto a Aiden a su auto y no puedo evitar poner los ojos en blanco al ver la limusina estacionada justo detrás. Ya me extrañaba que Jake no estuviera con nosotros, pero se quedó afuera esperando que saliéramos.

Para mi sorpresa, el departamento de Aiden queda a una calle de la cafetería. Él me observa detenidamente mientras yo recorro cada espacio de su piso, que es más pequeño de lo que imaginaba. El de Maya es más grande, pero este sinceramente tampoco es feo. Es bonito, lo admito, y está bastante ordenado (lo que no es extraño porque Aiden es bastante aseado).

Tiene lo básico: un sofá, un televisor, un cuarto de baño y su habitación. Todo es azul y blanco, justo como su ropa, y luce bastante formal y elegante.

No es mi estilo, pero no me desagrada.

—Ven, vamos a buscar algo para ti —me motiva a caminar hasta su habitación, la cual huele inconfundiblemente a él.

Me quedo justo en el marco de la puerta y eso parece divertirlo, pero no dice nada. Superviso todos sus movimientos y me relajo levemente al notar como busca entre su armario ropa limpia para mí.

No parece tener segundas intenciones, tampoco dice algo extraño: solo ayuda. Eso es tranquilizante.

—Por tu cara, deduzco que te encanta.

Se ríe al ver que miro con una mueca de asco la camisa que escogió. Es una blanca, tiene un oso en el centro y parece de niño de ocho años. ¿Por qué carajos tiene una camisa así? Qué horrible es.

—Es lo único que tengo casual, lo demás son camisas semiformales o formales —me mira de arriba abajo —. O pijamas, pero creo que no es tu intención dormir aquí.

—Dame eso.

Le quito la camisa blanca e ignoro su sonrisa de burla. Ya me está comenzando a caer mal de nuevo.

Espero a que busque un pantalón y tomo en silencio su pantalón deportivo. Es azul y tiene líneas blancas a los lados, pero es más pasable que la camisa.

—Saldré para que te cambies —me pasa por un lado y se detiene justo detrás de mí —. A no ser que tú...

—Sal de aquí.

Él se ríe, pero aún así hace lo que pido y cierra la puerta al salir.

Me visto lo más rápido posible y doblo mi ropa para poder llevarla con facilidad.

Me veo patético. Es lo primero que digo al ver mi imagen en el espejo. Me veo y me siento patético, en mi vida había vestido con algo así y es... Horrible. Me hubiera quedado con mi ropa manchada de chocolate.

Vuelvo a la sala después de unos minutos y me quedo quieto, viendo como Aiden prepara palomitas y comienza a seleccionar una película desde su ¡Pad.

¿Quién le dijo a él que yo me quedaría a ver películas?

—Ya me voy —anuncio, sin intenciones de llegar más tarde a mi casa.

Él se detiene enseguida.

— ¿Ya? Pero... Pensé que te gustaría ver Transformers —hace un puchero y señala la pantalla.

Efectivamente, la peli está cargando y las palomitas están listas para ser devoradas (eran instantáneas).

—No puedo llegar tan tarde a mi casa —me cruzo de brazos.

—Son las seis.

—Seis y media.

—Solo una, después te dejaré ir —mete una palomita a su boca y sonríe —. ¿Qué pasa, niño? ¿Tu novio no te deja ver películas con tus amigos?

—Mi novio no sabe que estoy aquí.

—Mucho mejor, así no se pondrá celoso —palmea el sofá, a un lado de él.

—No tiene por qué ponerse celoso.

Ninguno dice nada después. Solo comenzamos a ver la película y comemos como si nuestra vida dependiera de ello. O al menos yo, que me devoro la mitad de las palomitas en los primeros cinco minutos transcurridos. Aiden solo me mira con sorpresa.

— ¿Qué? —pregunto con la boca llena.

—Nada —sonríe.

Continúo comiendo, sin hacerle caso. La verdad es que la película es bastante entretenida y termina por distraerme el resto de la tarde.

...

El toque en mi mejilla me obliga a despertarme.

Mi humor no puede ser peor porque si hay una cosa que odio, es que me despierten. De verdad, lo odio. No soporto que interrumpan mi preciado sueño y menos cuando estoy a punto de decirle que sí al juez.

Un momento...

— ¿Qué? —pregunto en un susurro, sin saber por qué la cara de Aiden está frente a la mía.

—Me encantaría que durmieras aquí, no lo negaré, pero me dijiste que no quieres volver tan tarde a tu casa.

Definitivamente esto no es un sueño.

Me levanto de golpe, chocando con su cara y provocándonos dolor a ambos con el golpe. Él se frota la frente y yo froto la mía. ¿Qué carajos? ¿Qué hago aquí?

— ¿Qué hora es? —gruño y busco con rapidez mis zapatos.

¿Cuándo me los quité? ¿En qué momento me quedé dormido?

—Relájate, son las nueve...

— ¡¿Nueve?!

Él mira atentamente como corro de un lado a otro, pero no se levanta del suelo. Está ahí desde que desperté, lo que me hace suponer que se quedó un rato viéndome. Qué raro.

—Sí, te dormiste a mitad de la peli y no quise despertarte.

No puedo evitar quedarme paralizado. ¿Ahora qué bicho le picó? ¿Aparte de intenso y fastidioso también es amable?

—Me quiero ir ya.

Él no duda en cumplir mi pedido.

Ambos bajamos en completo en silencio y salimos del edificio con una tensión peor. Ni siquiera la mirada extraña de Jake me permite demostrar mis emociones, solo me hace sentir confundido. ¿Por qué me observa de esa manera? ¿Ahora qué pasó?

Por más sorprendente que parezca, Aiden no pone música; hecho que agradezco porque no me apetece el ruido, me duele la cabeza.

— ¿Sabías que haces pucheros cuando duermes?

Ruedo los ojos y me cruzo de brazos. Ya se había tardado.

—No me digas que vuelves a estar de mal humor —revuelve mi cabello y deja su mano ahí —. Si cuando duermes pareces un verdadero angeli...

—Cierra la boca si quieres conservar tu cara.

—Vale, demonio.

El auto vuelve a quedar en silencio y aparto su mano de un manotón, logrando algo sorprendente: que se ría.

Por suerte llegamos en pocos minutos. Su departamento está muy cerca del mío aunque su casa aún más (palabras dichas por él). Aún se queda a dormir en su antigua habitación, aunque actualmente usa más su departamento porque queda más cerca de la empresa. Es entendible.

Aiden estaciona el auto frente a la entrada y yo hago el intento de bajarme, deteniéndome justo cuando él coloca su mano encima de mi hombro.

— ¿Qué? —lo miro con fastidio.

— ¿Ni un "gracias"? —alza una ceja.

—Gracias.

Intento bajarme de nuevo, pero él le pasa seguro y me mira con detenimiento. ¿Ahora qué quiere? ¿Se enamoró de mí o qué? Qué fastidio.

—Sé que tal vez no hagas nada de lo que digo, pero intenta hablar con tu hermano —mantiene su mano en mi hombro —. Si mis palabras te ayudan de alguna manera, recuerda que es él quien se quedará cuando todos se hayan ido. No tus amigos, no tu novio, será él. No te alejes de la única persona que te conoce desde tu nacimiento.

—Técnicamente desde la concepción.

—Bueno, eso —sonríe —. Tal vez no lo parezca, pero aunque aleje a todos, él en este momento no desea estar solo... Tal vez solo quiere que lo dejen de presionar.

Me lo pienso varios minutos y asiento lentamente.

—Esto lo dices por tu hermana, ¿no? Te apoyó mucho durante tu relación.

—Sí, sin ella no sería el que soy hoy.

—Un fastidioso e intenso grano en el...

—Culo, sí —se ríe y se me queda mirando —. Si eso soy para ti, sí.

—Gracias, Aiden.

No decimos nada más, solo bajo del auto y lo veo marcharse con la misma rapidez con la que me trajo.

Después de todo, no es tan insoportable como pensé.

Entro a la casa con paso lento, sabiendo que seguramente mi mamá me castigará otro año más por haber salido sin permiso.

Pero lo primero que escucho no es un regaño, sino un llanto. Para ser más específico, el llanto de Thomas. Y no solo está él, sino un hombre que reconozco como Joseph Russell, el papá de Melanie.

Me pongo a la defensiva enseguida, asegurándome de que no esté insultando ni diciéndole nada malo a Thomas. Me relajo un tanto al ver que solo lo está abrazando, pero mi pecho se aprieta al ver a Thomas así, tan inofensivo.

¿Le habrá dicho algo antes? ¿Le habrá hecho algo? Eso me hace permanecer alerta.

— ¿Qué está pasando aquí? —la pregunta de mi mamá termina con el silencio incómodo.

El señor Russell separa al adolescente y nos mira a nosotros, sin saber qué decir. Mi mamá entrecierra sus ojos y se acerca cautelosamente a mi gemelo, pasando sus brazos por sus hombros.

Sé lo que quiere hacer: protegerlo. Ella ha sido consciente de la presión a la que ha sido sometido Thomas y no piensa permitir que venga alguien más a querer culparlo o responsabilizarlo de todo.

Ella puede ser muy dulce la mayor parte del tiempo, pero cuando alguien se mete con sus bebés, saca las garras.

—Solo estábamos temiendo una conversación de hombre a hombre —el señor Russell sonríe y se seca las lágrimas con rapidez —. Buenas noches, Lena, perdona por haber venido sin avisar.

Mi mamá poco a poco deja la desconfianza a un lado y se acerca a él, abrazándolo y preguntándole sobre su viaje. No le pregunta sobre Meli, porque es estúpido querer saber sobre un estado de ánimo que es muy evidente. Se ve bastante mal.

Aunque lo invitamos a cenar más de una vez, él decide marcharse tiempo después, asegurándonos que pronto vendrá a comer con nosotros.

La cena es más tranquila de lo normal. Agradezco que mi mamá no me haga preguntas como "¿dónde estuviste?" porque al parecer no se da cuenta de que salí. En realidad, la ropa que tengo puesta parece un pijama, lo único que me delata son mis zapatos.

Y hablando de ropa, dejé lo que tenía puesto en el departamento de Aiden, lo olvidé. Luego pasaré por ella, o tal vez le diga a él que la traiga.

Subo a mi habitación para acomodar mis zapatos en su sitio y bajo en calcetines para buscar un vaso de agua. Entonces veo a Thomas ahí.

Por un segundo, pienso en devolverme y encerrarme en mi habitación hasta que él suba a la suya, pero entonces pienso en las palabras de Aiden y me quedo en mi lugar, pensando en lo que le voy a decir.

¿Qué le digo? ¿Qué se supone que debería decirle? Me siento tonto.

Él se gira antes de que pueda formular una palabra y yo solo agacho la mirada cuando me recorre con lentitud.

Seguramente él si se dio cuenta de mi vestimenta porque aunque mi mamá es muy atenta y casi nunca se pierda de los detalles, hoy estaba más distraída de lo normal.

Supongo que las cosas con su amigo se están dando bien.

Me remuevo en mi sitio y poco a poco me acerco a la isla, quedando al otro lado de él. Ambos nos detallamos durante un buen rato y solo me atrevo a hablar cuando él hace el intento de irse. Y no quiero que se vaya. No quiero que sigamos así.

Él no es mi gemelo, él no es Thomas. Y yo ya no quiero seguir siendo el mismo Alex para él.

— ¿Te puedo contar algo? —las palabras salen con duda y lentitud de mí.

Y él reacciona escupiendo el agua.

Y luego no sé qué decir.

...

#TeamAiden

#TeamNiels

Con mucho amor y un beso en la boca

—Nepasavoir.

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