Capítulo 8


El día de domingo Tabita no salió de casa. Aunque se sentía mejor, aún estaba mareada. Apenas se levantó de la cama.

No dejaba de dar vueltas y más vueltas a millones de cuestiones en su cabeza.

Más tarde, a esas de las dos del medio día sus padres marcharon a casa al convencerlos ella de su mejoría. Se habían pasado la noche en vela cuidando de ella y debían descansar.

Después de ducharse y como no quería volver a la cama otra vez ni tampoco comer nada, decidió visitar su consola. Comprobó la correcta instalación del equipo nada más encenderlo.

Se acopló a un grupo para jugar pero no conectó los cascos. Acabó una partida y se sintió algo más animada.

Volvió a unirse a otro grupo de jugadores y esta vez sí conectó sus cascos. Escuchó sin interferir en la conversación de los miembros del grupo que le daban indicaciones y ella cumplía como si de un equipo de élite de verdad se tratara. Acabó la partida con otra victoria. Siguió así de grupo en grupo durante una hora.

Descansó para ir al baño. Luego a beber un poco de leche y a mirar un buen rato por la ventana con su vaso en la mano. Luego vuelta a la batalla.

Le apetecía jugar en solitario esta vez. Así que cambió de modalidad. Se sentía relajada. Mucho mejor en todos los sentidos. Su mente se estaba despejando. A través de los cascos oía las quejas de sus contrincantes sin inmutarse.

De pronto se dio cuenta de que uno en particular la estaba persiguiendo implacable. Llegó un momento en el que se cansó de sus tonterías y arremetió contra él y no tardaron las represalias verbales del susodicho.

A Tabita le hacían gracia sus improperios.

Pero de pronto alguien más se pronunció por los cascos y esta vez Tabita fue el blanco directo de sus improperios. El nuevo la estaba atacando exclusivamentea ella y lo peor es que la trataba de mujer y la estaba poniendo por los suelos.

Comentarios como: "Deja el mando y ven a comérmela" o "de cuatro es tu posición ideal zorra"... Y otro sin fin de lindezas intolerables.

Se sentía ofendida pero debía quedarse quietecita si no quería ponerse en evidencia. Como la descubrieran, aquel trato misógino se multiplicaría hasta el infinito.

<<...¿Pero quién podría pensar en que ella era mujer? O peor... ¿Quién pudo haberla descubierto?...>>

En el transcurso de una partida el atacante se detuvo en sus insultos y vejaciones. Tabita recuperó la calma, solo se estaba manteniendo en el juego por orgullo.

Pero al poco de empezar otra partida de "todos contra todos", el jugador llamado Asesino35 y esta vez junto con un par de jugadores más, volvieron a arremeter contra ella.

Tabita se mordía los labios para no contestar.

Pensaba que quizá era impresión suya y nadie se haya dado cuenta, puesto que ella usaba un distorsionador vocal para interferir en las partidas para parecer un hombre, aunque Sam le dijo que su voz distorsionada parecía más bien la de un Darth Vader resfriado.

De repente se incorporó en su sillón a causa de una epifanía. Con un nudo de temor asomando en su pecho dejó el mando en la mesilla.

Fue directa a por sus Vans negras y sin más preámbulo salió de casa con sus llaves, dio un portazo y se dirigió al ascensor mientras se hacía una trenza en el pelo húmedo.

La joven tía de Sam abrió la puerta de su casa y al ver a Tabita la invitó a pasar sin preguntar. La saludó con el cariño habitual y cerró su puerta.

-¿Está Sam? -Preguntó ella con tranquilidad.

-Está en su cuarto. Ve a por él. -Animó.

-Gracias...

Caminó hasta allí y golpeó la puerta con los nudillos suavemente... Sam no contestó. Volvió a darle con un poco más de fuerza... Nada. Estaba impacientándose así que optó por abrir sin llamar más.

Sam estaba trabajando en su escritorio de espaldas a ella y con los cascos puestos.

Esa escena debía de ser la que él siempre se encontraba cuando iba a visitarla a su piso. Suspiró relajando tensiones. No podía enfadarse con él. Es Sam...

Verlo allí tan tranquilo casi la hizo desistir en aquello a lo que venía. Solo casi.

Se sentó al pie de la cama y pronunció su nombre sin elevar la voz demasiado. Sam levantó la mirada del ordenador y con cierta duda se giró y la miró. Al encontrarla allí una encantadora sonrisa adornó su rostro. Tabita no pudo evitar corresponderle solo que menos efusiva.

Sam se quitó los cascos con rapidez y levantó su silla para ponerla de cara a ella.

-Vaya sorpresa. Te veo mejor.

-Bueno, lo que ves es aparente.

-¿Qué ha pasado? -Sam notó su congoja.

-Necesito preguntarte algo...

-Dispara.

-Necesito saber... -Vaciló-. Si tú le has hablado a alguien de lo que yo hago con... La consola.

Sam se puso tenso. Tabita lo supo en cuanto lo vió.

-Lo has hecho verdad.

Tabita ya no necesitaba que respondiera.

-Lo siento. Fue sin pretender. Y fue antes de saber cuán importante era para ti el anonimato.

Tabita se halló apretando la mandíbula.

-A quién se lo has dicho Sam...

Él titubeó pero al final tuvo que soltarlo.

-A Karen. -Admitió agachando la cabeza.

Tabita no sabía si pegar gritos de terror o ponerse a tomares cosas, pero de lo que sí estaba segura es de lo que sentía en su interior, era la sangre hirviendo en sus venas, sus músculos tensándose dolorosamente.

Tal vez sea por la poca estima en la que tenía a esa chica y ojalá se esté equivocando, pero estaba segura de que esa chica representaba una amenaza potencial. Estaba loca.

-¡¿Por qué se lo has dicho Sam?! -Explotó levantándose.

-Quiso saber qué hacías con todos esos aparatos y cuando encontró tus llaves en mi casa me costó un mundo convencerla de no entrar y tocar tus cosas para descubrir tus andanzas. Solo por eso se lo dije. -Explicó poniéndose en pie tambié-. Me preocupé un poco pero luego pensé en que ella no iba a hacer nada con esa información. Es más, se quedó más tranquila al saber que tenías una afición tan poco femenina.

-¡Está loca Sam! Esa es la razón por la que ni debiste decirle nada.

Tabita se llevó las manos a la cabeza atacada por un repentino mareo, vestigio de la noche anterior. Era consciente de que Sam no tuvo mala intención pero el hecho es que abrió la boca. Aunque fueran comprensibles sus motivos, abrió la boca.

Sam la miraba expectante.

-¿No le habrás mencionado mi seudónimo verdad?

-Desde luego que no. A nadie en absoluto. -Aclaró Sam a la defensiva.

-Vale, gracias.

Cuando iba a marcharse, Sam la detuvo del brazo.

-Espera. ¿Qué ha pasado?

Tabita sintió su tacto como un dolor cortante que viajaba hasta su pecho al observar sus ojos azules preocupados. Dolía tanto que no podía hablar.

-Nada. Tengo que irme. -Musitó con el seño fruncido y se deshizo de su presa con suavidad.

Bajó corriendo a su casa y en cuanto cruzó su puerta la cerró de un golpe y recostada contra ella prorrumpió en llanto.

Se recriminaba que debió haberse limitado a llamarlo solamente. Ver a Sam era como echar vinagre en la herida..

<<...¿Quién me descubrió?... ¡Quién fiera tenía que ser el mismo hijo de la gran puta que me denunció!...>>

Volvió a su consola y empezó otra partida para comprobar si seguían ahí.

Después de causar unas cuantas bajas los acosadores aparecieron de nuevo arremetiendo contra ella puerilmente. Sus ofensas subían de tono a medida que ella los acribillaba sin pudor.

Era un juego solamente pero la rabia se reflejaba en la carnicería y los vozarrones llenos de ira elevándose una sobre otra en los auriculares.

El número de injuriadores aumentaba exponencialmente. Todos parecían ser chicos. Tabita apretaba los dientes para no contestar porque no pensaba abandonar la partida.

<<...No hay peor vejación que la que permites tú mismo al enfrentarte a quién no puedes ganar...>>

Era injusto, inaceptable, pero no podía pararlo. Eran demasiados. Terminó la partida y alejó de sí el mando. Se mantuvo reclinada en el sofá mirando al vacío.

Tal vez no pareciera nada, pero de hecho aquello repercutiría mucho en su vida. Con temor pero también la sensación de certeza en su pecho fue a mirar su cuenta de YouTube y observó el comienzo del inexorable cambio.

Sus suscriptores se iban borrando de la lista. El número de seguidores bajó de un día para otro. Era definitivamente cierto.

<<...Ya saben quién soy...>>

Estuvo tal vez una hora procesando el declive que estaba sufriendo su vida. Ella siempre tuvo la mente fría, calculaba todas sus decisiones antes de tomarlas y sus actos antes de realizarlos, consideraba todas las posibilidades y probabilidades y desde luego este acontecimiento formaba parte de la lista. Pero era solo eso, una lejana posibilidad. Jamás pensó en tener que enfrentarlo.

Entonces sonó el teléfono de casa. No fue a contestar, no tenía ánimos de siquiera de levantarse. La llamada cayó en el contestador.

Tras el pitido empezó la voz y Tabita miró hacia el teléfono de sopetón. Era Donny...

<<...Tabita... Tengo que decirte dos cosas. La primera, que acabo de enterarme de que eres tú. ¡Tú eres mi mayor ídolo de los videojuegos! No puedo creerlo aún... Y la segunda... Ahm... Esto no te va a gustar ni un pelín. El centro comercial está regado de papelinas informando a todo el mundo quién eres. No sé yo, pero si hasta ahora no lo has compartido con el mundo es que te gustaba estar en el anonimato. Y esto no parece ser idea tuya. Solo quería decírtelo... Eso es todo...>>

Tabita fue corriendo a levantar el teléfono.


-¿Sabes quién podría haberlo hecho?...

-Lo siento yo estoy tan sorprendido como todo el centro comercial. -Advirtió.

-Voy para allí.

En cuanto abrió la puerta de casa se topó con el pecho de Sam.

-Me ha llamado Donny. ¿Estás bien?

-No. -Estaba nerviosa y enfadada a la vez.

-Yo te llevo.

-De acuerdo. -Acató. No iba a discutir. Tan solo quería resolver ese tejemaneje inverosímil que empezaron sobre su cabeza.

Durante el trayecto en el coche de Sam, ella estuvo mirando por la ventanilla con el codo apoyado en la puerta y mordiéndose la uña del pulgar. Había perdido esa mala costumbre hace mucho, pero al ponerse nerviosa, esta volvía.

Tabita cayó en la cuenta de que este acontecimiento es el que logró hacerla claudicar. Ni lo de Sam con su nueva novia, ni su arresto, ni su cautiverio en una base fantasma pudieron con ella. Pero que su identidad oculta haya caído ha sido la guinda del pastel.

Era consciente de haber perdido absolutamente el control de su entorno y eso la estaba desesperando.

Sam la observaba de hito en hito. Estaba muy preocupado por ella.

Cuando Tabita no hablaba estando en medio de un problema es que ya no tenía fuerzas. Le rompía el alma saberla así.

Admiraba su fortaleza, su modo de ver el mundo, amaba su entereza y su valor ante las adversidades, pero así también; odiaba que llegara al punto de inflexión, cuando dejaba de ser ella.

Pero más aún odiaba a quien estaba provocando todo aquello contra ella.

Llegaron al centro comercial y Tabita seguía muda. Bajaron del coche y a paso firme caminaron hasta la puerta principal. Pero Sam de pronto notó una disminución de velocidad seguida de una parada súbita por parte de ella. Él se detuvo también a unos metros de la entrada.

Se volvió hacia ella y observó su mirada perdida y su respiración vacilante...

-¿Qué sucede?... -Preguntó volviendo hasta ella.

Tabita tardó en contestar pero al final lo miró a su vez.

-Tengo miedo...

Sam se acercó a ella y apoyó las manos en sus hombros.

-Tabita, no hay nada que tú no puedas enfrentar. Yo creo ciegamente en ti. Demuestra tu fuerza a quién quiera que sea el hijo de perra que ha hecho esto.

Soltó sus hombros y tomó su mano. Tiró de ella hacia las puerta hasta que poco a poco ya no necesitó darle empuje. Tabita iba cobrando fuerza. Sam podía sentir su determinación atravesándole la piel.

Una vez dentro del establecimiento, Sam observó al fin el por qué del miedo repentino de Tabita. Ese panorama lo explicaba todo, ella lo estaba antisipando.

Carteles, papelinas, y caras, muchas caras observándolos entrar. Un conjunto de crímenes contra la privacidad explosionando a cada paso que daban dentro del centro comercial.

Tabita siguió caminando hasta detenerse delante de un cartel inmenso. Soltó la mano de Sam y se agachó para recoger una de las papelinas. Sam hizo lo mismo. El papel rezaba el nombre completo de Tabita y su dirección, declaraba su seudónimo seguido de la frase: Soy quien siempre te gana. Y sí, soy mujer.

Aquello parecía una reivindicación feminista. Una declaración de guerra. Una llamada al conflicto. Una postura que Sam estaba seguro de que ella jamás adoptaría.

En el fondo todos sabían que esa dimensión era un terreno mayoritariamente de chicos por eso mismo Tabita se creó un alias. Y aunque fuera muy buena jugando, según las palabras que Sam escuchaba sin parar de su primo Donny alabando a Tabita, él sabía que ella nunca se jactaría de ganar a nadie.

El imagen del cartel que colgaba a modo de pasacalles sin embargo era más chocante aún. Era la cara de Tabita en el cuerpo de Lara Croft con otra frase luciéndose debajo del nombre: Tu sitio está bajo mis pies.

De súbito Tabita soltó una risa estertórea. Sam se sintió aún más preocupado, su cabe...

Ella arrugó la papelina en la mano. La tiró al suelo con ira contenida y se alejó rápidamente de allí. Sam la siguió sin suponer lo que estaba pensando hacer.

Tabita fue directo hacía dónde habían quedado con Donny. Este en cuanto la vió dejó fue a su encuentro corriendo.

-Dime lo que sabes. Lo que sea. -Pidió ella cansada.

-Como te dije, cuando llegué esto ya estaba así. Igual si preguntas al encargado...

-¿A quién le toca hoy? -Intervino Sam.

-Mastherson, está en la oficina. -Informó Donny.

-Vamos. -Indicó a Tabita.

-Ehm... Tabita... -Interpeló Donny y ella atendió-. Sigo pensando lo mismo de Mágnum, y más aún ahora que sé que eres tú. -Ofrendó una sonrisa de apoyo y un apretón en la mano a su amiga.

Ella asintió levemente mientras se alejaba marchando de espaldas.

Sam pidió al guardia para que los dejara entrar donde el encargado. Mastherson en cuanto la vio la reconoció.

-Eres la del cartel. -Acusó-. ¿Qué es todo eso de ahí fuera?

-Esperábamos que usted nos lo aclarara. -Contestó Sam por ella.

-¿No has sido tú?

-No señor. -Musitó ella consternada.

El encargado puso los brazos en jarras y soltó un bufido.

-Esto es un desastre, de un momento a otro todo estaba así. Tengo a los de la limpieza recogiendo arriba donde las salas de cine.

-¡¿En las salas de cine?! -Exclamó Tabita.

-Por todas partes.

-¿Cómo es posible que no sepa como acabó esto así? -Espetó Tabita.

-Fue un aluvión repentino. En las cámaras de seguridad se ve a un grupo numeroso haciendo esto en pocos minutos. Si no has sido tú, tienes a alguien concienzudo dándote fama. -Explicó el hombre.

-Esto no es fama, es acoso y puras mentiras por todas partes. -Replicó Tabita alterada.

Sam colocó una mano en su hombro para intentar calmarla.

-¿Podemos ver los vídeos de seguridad? Tal vez reconozcamos a alguien y podamos empezar a preguntar. -Pidió Sam.

-Venid conmigo.

El señor Mastherson los condujo por un pasillo a través de las dependencias privadas hasta una habitación con por lo menos diez monitores encendidos. Se acercó al ordenador y buscó en medio de una serie de enlaces. Al fin dio con el correcto y le dio a reproducir.

Una imagen de gente caminando en distintas direcciones enseguida dio paso a una avalancha.

Unos chicos llevando los carteles en volandas y otros tirando las papelinas por doquier. En todas las pantallas aparecía lo mismo. Los culpables pegaban al trote los carteles con cinta adhesiva sobre los paneles electrónicos de anuncios y sobre los tablones del cine en todas las plantas.

Y así como aparecieron de la nada, se esfumaron tras cinco minutos de anarquía.

Los clientes estaban anonadados observándolos pasar. Sam y Tabita no estaban de manera distinta delante de esas imágenes. Mastherson esperaba la respuesta.

-Debemos verlo de nuevo. Por favor. -Pidió Sam.

-Por supuesto. -Acató el encargado.

Esta vez pasó la imagen ralentizada. Los chicos observaron detenidamente una y otra vez más. Señalaron a por lo menos cuatro jóvenes. Los reconocieron como asiduos al centro comercial. Sam pidió sacar unas fotos de las imágenes reconocidas y así poder llevarlas consigo.

-¿Eso se puede hacer con este sistema? -Preguntó el encargado de pronto perdido.

-Desde luego. ¿Puedo? -Indicó Sam.

Se acercó al ordenador con el permiso del encargado. Y con sobrada pericia hizo las capturas a las pantallas y dió a imprimir las imágenes. Tabita lo observaba sin mudar su expresión adusta. Nada la estaba calmando todavía. Los dos salieron como rayos de la sala de control. Se dirigieron primeramente junto a Donny.

-¿Tienes idea de quienes podrían ser estos? -Enseñó las fotos a Donny. Él las miró con detenimiento.

-Este es David. Va a la bolera siempre. Tal vez esté por ahí.

-De acuerdo. Si ves a los otros, detenles y nos llamas.

-Hecho.

El gesto de ambos era mecánico. Tabita observó este aspecto en silencio. Nunca habían actuado así.

Ella y Sam se acercaron donde la bolera y buscaron al tal David por todas partes.

No estaba allí. Pero un detalle se hizo notar entre los presentes. Un sibilante murmullo se elevó a alrededor de ambos. Sam empezó a mirar a todos en general y luego a enfocar sus caras.

Tabita solo podía pensar en que la estaban mirando y hablaban de ella. Estaba claro que al verla la reconocieron al igual que el encargado por causa del maldito cartel. Todos creerían que era ella la artífice de aquel desbarajuste.

Ser el blanco de tanta atención la estaba aturdiendo. Su cara de pocos amigos se transformó en una de miedo. Sam lo notó y tomó su mano para evitar que saliera corriendo. La sujetó con firmeza y ella no hizo más que acercarse a él para resguardarse.

A pesar de todos los desplantes, Sam estaba siendo el mayor apoyo para Tabita.

Juntos siguieron mirando cuando sonó el móvil de Sam, este contestó, escuchó y luego solo colgó. Sin mediar palabra volvió a salir de la bolera sin soltar a Tabita.

-¿Dónde está? -Preguntó a Donny en cuanto lo vió.

-Allí. -Indicó hacía la zona de ascensores situado en un apartado.

-David. -Llamó Sam sin vacilar.

El interpelado levantó la cabeza del móvil y los observó acercarse.

Cuando vió a Tabita aparecer desde detrás de Sam su expresión mudó, miró por los lados, parecía buscar una salida rápida o algún apoyo.

Sam soltó a Tabita y encaró al joven con rapidez.

-¿Quién es el responsable? -Inquirió enseñando su foto extraída de la imagen de las cámaras.

-No sé de qué me hablas tío.

-Venga David, estás en la imagen. -Intervino Donny-. ¿Es cosa tuya?

-¡Claro que no!

-David no mientas. -Insistió Donny.

-No miento. No es cosa mía. Bueno he participado pero no es cosa mía.

-¿Cuál es tu móvil?

-¡¿Qué quieres mi móvil?!

-¡¿Por qué lo has hecho?! -Intervino Sam.

-Por la pasta. Nos dieron cincuenta pagos por el trabajo.

-¿Quién?... -Increpó Tabita.

-No lo sé.

-¡Cómo no vas a saber quién te paga! -Acusó Donny.

-No nos estás ayudando David. -Advirtió Sam.

-Vamos David. Escúpelo. -Ordenó Donny.

-De verdad que no lo sé. Fue un llamado por redes sociales. Los interesados aparecimos y ya está.

-¿Y cómo os pagaron entonces? -Interrogó Donny.

-Un par de chicas que estaban muy buenas lo hicieron, las acompañaban dos tipos muy fuertes, fue en el callejón de aquí a la vuelta. Repartían los papeles y daban la pasta a cada uno y nos marcaban la mano con un rotulador después de coger el dinero eso es todo.

-No tiene sentido pagar antes del trabajo. -Discutió Donny.

-Te estoy diciendo la verdad Don.

-¿Por qué quisiste largarte cuando nos viste? -Preguntó Sam.

-Ha sido por ella. -Señaló a Tabita.

-¿Qué quieres decir? -Acusó ella.

-No hay que ser muy listo para darse cuenta de que esto no es algo que te fuera a gustar.

-¿Y entonces por qué has accedido?

-Por el dinero. Qué si no...

-¿Quiénes eran las chicas? -Preguntó Sam.

-No conozco a ninguna.

-Descríbelas.

-Eran guapas y vestían como una zorras, no lo sé, hay muchas chicas como esas por todas partes. Llevaban gafas de sol enormes. Los tipos tenían como treinta y pico años, eran morenos, con aspecto europeo. Como de rumanos chungos, tipo soldados de la Gestapo.

-¡Esos eran alemanes no rumanos! -Corrigió Donny.

-¡Pues alemanes! -Concedió David.

-¡Rumanos o alemanes David, aclárate! -Apremió Donny.

-¡No lo sé!

Sam apoyó una mano en el hombro de ambos chicos para que se calmaran.

-¿Los reconocerías si los vieras de nuevo? -Inquirió Sam al interrogado.

-Sí...

Tabita observó que David miraba a Sam con un respeto alucinante.

-Vale... ¿Y no os han dicho para qué era todo esto? -Habló Sam con una tranquilidad pasmosa.

-No. Solo que necesitaban ayuda para una campaña publicitaria. -Contó encogiéndose de hombros.

-Esta es una forma ilícita de hacer propaganda David.

-Yo no pregunté Sam. Solo cogí la pasta, hice el trabajo y listo. Al principio creí que la forma de hacerlo era solo para llamar más la atención hasta que leí las papelinas y los carteles y flipé a colores.

-¿Y qué haces aquí todavía? Ninguno de los otros vándalos están, solo tú. -Exigió Donny.

-No creí que me reconocieran en las cámaras. Éramos muchos. Parecéis polis tíos. -Protestó al final.

-Eso no te gustaría David. -Afirmó Donny.

-Si ves a las que te pagaron o a los tipos raros esos. Nos llamas de inmediato vale... -Pidió Sam con firmeza.

-Sí... Porque si no esto podría manchar tú ficha de la universidad. Las becas no se dan a los vándalos como tú David. -Amenazó Donny.

-No irías a...

-No me provoques. -Masculló Donny apretando los dientes.

David se marchó de allí por pies. Los tres lo observaron alejarse.

Mientras seguían buscando y preguntando por si alguien más reconocía a los de las fotos, Sam recibió una llamada.

Al mirar el destinatario se alejó de sus amigos para contestar. Tabita se concentró en mirar a Sam, lo vio tenso, con semblante calculador.

Al colgar la llamada no se acercó de nuevo a ellos. Se mantuvo alejado hasta que puso su atención hacia alguien que se acercaba a él.

Tabita y Donny se sentaron en un banco.

-¿Sabes quién es ese? -Preguntó a Donny refiriéndose al chico que hablaba con Sam mientras se sentaban en un banco.

-Es Randy, un amigo de Sam. -Informó al verlo.l.

Tabita observó que Randy tendría la edad de Sam. Era un chico de apariencia lúgubre. Llevaba una cadena colgando entre el cinturón y el bolsillo de sus pantalones negros, una camiseta raída debajo de la camisa y un gorro de tela cubriendo su cabello oscuro. Su barba insipiente igual de oscura tornaba su expresión aún más tétrica. Todo un punk.

Durante un corto instante el tal Randy echó la vista hacia Tabita. Ella sostuvo su inquietante mirada sin poder evitarlo. Sus ojos negros la observaron impasibles.

Luego volvió la mirada hacia Sam que no dejaba de hablarle. Randy contestaba con asentimientos de cabeza. Después se dieron la mano y Sam apoyó su mano en el hombro de Randy diciendo algo más en su oído. Se soltaron y Randy se marchó apresurado.

Sam volvió a coger su móvil y habló con cierto frenesí haciendo gestos con la mano. Colgó y solo después se acercó a ellos.

(Deberíamos irnos. -Dijo sin más.

-¿Por qué? -Cuestionó Tabita.

-No encontraremos nada aquí.

-¿Te encuentras bien? -Intervino Donny.

Tabita observó con detenimiento a Sam. Notó que estaba nervioso e intentaba disimularlo.

-¿Quién es ese se chico? -Preguntó levantándose del banco.

-Un amigo.

-Eso ya lo sé. ¿Qué te ha dicho para dejarte así?

-Te lo diré pero aquí no. Debemos irnos ahora. -Dijo tajante.

Sam se volvió para marcharse sin permitir más discusión.

Tabita iba a protestar, mas se encontró a la pequeña Karen con su
gesto de princesita y el bolso colgando del codo acercándose a ellos.


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