Capítulo XXVII

—¿Qué haces? —le preguntó el otro un poco asustado.

YoonGi no le contestó y solo se concentró en quitarle los pantalones junto con la ropa interior antes de posicionarse sobre la entrepierna del chico. Movió suavemente las caderas en un intento de que sus miembros tuvieran una importante fricción.

Pudo escuchar los suaves gemidos del castaño que cada vez se hicieron más graves y sonoros. Se dirigió a su cuello para empezar a besarlo y morderlo otra vez.

—¿Qué quieres hacer? —preguntó el castaño ahogado, aún sin abrir los ojos mientras echaba la cabeza hacia atrás.

—Pues... Podríamos... —Abrió y cerró la boca unas cuantas veces, sin saber qué más decir.

JiMin los hizo rodar por sobre la cama, haciendo que quedara otra con la espalda contra el colchón.

—¿Quieres... hacerlo? —preguntó el otro suavemente, aunque abrió muchísimo los ojos, aparentemente más afectado de lo que parecían decir sus

—Ya vamos en la mitad... —dijo acomodándose mejor debajo de él y casi pareció a modo de burla, pero lo dijo muy en serio—. ¿O no quieres hacerlo?

En un rápido movimiento el castaño lo besó para luego moverse con vulgaridad las caderas por sobre la suya.

—Hagámoslo... —gimió el otro sobre su oído.

—¿Sabes cómo hacerlo? —preguntó con suavidad, sintiéndose abarcado por el pánico.

Elevó su cabeza que se mantenía en el cuello de YoonGi y luego le miró a los ojos mientras se mordía los labios en señal de que estaba pensando.

—Ni puta idea —dijo y volvió a besar su cuello.

—¿Ni puta idea? —exclamó un poco preocupado por lo que podría suceder, aunque aun así sus gemidos se hicieron presente cuando la lengua de JiMin jugó sobre su cuello.

—Improvisemos —susurró el contrario.

Por un momento, tan solo por unos segundos, se preguntó cómo rayos terminó ahí, en esa situación y, además, con JiMin, pero nuevamente llegó a la conclusión de que no le importó absolutamente nada y solo siguió con besando al otro. Incluso se sintió gustoso cuando el contrario acarició su cadera y luego se abrió paso por entre las sábanas y su cuerpo para llegar hasta su espalda baja, donde posó la punta de los dedos en un toque suave y cálido.

Estaba más excitado que asustado, así que no le preocupó que el otro intentara meterse por entre su cuerpo con la finalidad de llegar hasta su entrada. Y claro, ninguno de los dos sabía realmente qué hacer, por lo que en señal de respuesta salió un sonoro gruñido a modo de desagrado.

—¿Duele? —murmuró JiMin y puso la cara cerca de la suya, haciendo que su cabello le rozara la frente.

—¿Que si duele...? —siseó entre dientes, pero acabó olvidándose del insulto porque el contrario, aún mirándolo a los ojos, se metió dos dedos a la boca, haciendo que estos entraran y salieran hasta que acabaron completamente húmedos y eso solo hizo que el miembro de YoonGi diese un tirón debido a la excitación.

Sus movimientos fueron prácticamente inconscientes y antes de que se diera cuenta ya tenía las piernas abiertas hacia el otro, quien introdujo lentamente un dedo húmedo en su interior, haciéndolo sisear y fruncir el ceño.

—¡Mierda! Espera. —Se afirmó de los hombros del otro en un intento de aferrarse a algo para respirar y relajar su cuerpo.

—No sé como hacerlo —se lamentó el contrario mientras suavemente acariciaba uno de sus hombros—. Y me estás empezando a poner nervioso.

Crispó los labios, pero le dio la razón. De igual forma, no quería detenerse mucho en ello—. Puedes continuar.

—¿Debería...? —JiMin se quedó con la pregunta a medio hacer.

—Sí —musitó casi sin aire y por suerte el contrario le hizo caso.

JiMin movió con cuidado el único dedo que estaba en su interior, el cual se secó increíblemente rápido, por lo que el chico dejó caer saliva en la zona y a YoonGi eso no debió de parecerle tan sexy, pero lo fue y acabó suspirando mientras movía las caderas contra el otro, quien recibió su gesto como algo positivo porque alejó la mano para luego meter dos dedos. Eso sí le dolió más y fue mucho más difícil, pero el castaño se mantuvo insistente con el acto lento, haciendo que en algún punto se volviese excitante, especialmente porque YoonGi descubrió que curveando un poco la espalda todo era mucho más llevadero.

Gimió fuerte ante los toques del otro y sin pensárselo tomó el miembro ajeno para acariciarlo, sabiendo que este aclamaba por atención. A la vez, el contrario siguió moviéndoselo en su interior ya con tres dedos y él consideró que era suficiente para continuar.

—Hazlo —susurró con los ojos ligeramente empañados por la excitación.

JiMin movió un poco más sus dedos y luego los sacó de su cuerpo para posicionarse entre sus piernas. El contrario apoyó las manos sobre la cama, a un costado de sus hombros, y se acercó lo suficiente como para besarlo, posándose no solo en sus labios, sino también sobre sus mejillas, momento donde empezó a entrar lentamente, haciendo que su cabeza se fuera hacia atrás para apretara los dientes. JiMin se detuvo y salió rápidamente de su interior.

—¿Por qué sales? —preguntó alzando un poco la cabeza para mirarlo.

—Pensé que te dolía —murmuró el contrario frunciendo su entrecejo con preocupación.

—De igual forma debes continuar.

JiMin suspiró y se volvió a posicionar entre sus piernas, haciendo que sus miembros se rosaran y salgan gemidos por los labios de ambos. Para su sorpresa, su miembro estaba más que endurecido ante el contacto con JiMin.

Tuvo una gran impresión cuando el castaño entró de un solo golpe, haciendo que enterrara sus cortas uñas en su espalda contraria con fuerza, logrando sacarle un grito a JiMin también. El castaño gimió suavemente en su oído mientras él apretaba los labios y mantenía los ojos cerrados.

—Esto no me gusta —comentó el castaño casi de manera inaudible, haciendo que YoonGi abriera los ojos para mirarlo—. Yo soy el único que...

Lo interrumpió moviendo sus caderas contra las de él, sacándole un gemido y haciendo que cerrara levemente los ojos.

—Muévete. —A YoonGi le sorprendió escuchar su propia voz, estaba demasiado ronca.

JiMin inmediatamente le obedeció sin titubear. Se movió lentamente, haciendo su propia secuencia de movimientos. Un fuerte grito de satisfacción se escapó de sus labios cuando el dolor se empezó a desvanecer para abrir pasó total al deseo. JiMin movió con más fuerza sus caderas contra él y YoonGi se sintió perderse completamente, especialmente cuando el otro se empezó a mover contra él con fuerza, abriéndose paso entre sus paredes estrechas y haciéndolo sentir en las malditas nubes porque puede que haya dolido al inicio, pero era malditamente satisfactorio en ese instante.

—M-Más rápido... —logró articular en medio de quejidos.

El castaño de inmediato le obedeció, entrando y saliendo con rapidez mientras lo mantenía en la misma posición. YoonGi, por otra parte, mantenía su pálida mano suavemente elevada a la altura de las costillas del contrario, simplemente para tocarlo.

Echó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos al darse cuenta que ya no podía aguantar más. Se quedó estático, con los ojos cerrados y la boca abierta que a los pocos segundos fue besada por JiMin. Sintió como el castaño envió una vibración a su boca cuando terminó su orgasmo mientras se besaban. El castaño dejó caer su cuerpo sobre el suyo, aplastándolo un poco, y él pasó los brazo por sobre los hombros del otro para abrasarlo. En respuesta recibió un beso en la mejilla y luego el chico salió de su interior para dejarse caer pesadamente a su lado.

—Tengo el presentimiento de que mañana voy a amanecer muerto —murmuró JiMin y tiró las sábanas que estaban desordenadas para cubrirlos a ambos.

Él giró su cabeza, haciendo que esta chocara levemente con el hombro contrario.

—YoonGi —le llamó el castaño. Él no contestó y solo esperó a que continuara—, ya no tienes tantas marcas.

Sonrió con los ojos cerrados y luego se di por vencido a mantenerse consciente, cayendo en un profundo sueño inundado de cansancio.

Al despertar estiró levemente una de sus manos para encontrarse con algo considerablemente duro y blando a la vez. Suspiró con pesadez, pero de igual manera se dejó apoyar sobre esa superficie, la cual era convenientemente cálida y olía bastante bien. Un gruñido y una vibración en su mejilla le hicieron abrir los ojos con pesadez. La luz que se filtraba por la ventana era clara y agradecía infinitamente que no le llegara directo a los ojos. Pestañeó unas cuantas veces para enfocar la vista. Eso que gruñó se movió, haciendo que su cabeza quedara sobre la almohada y su mirada hacia el techo. A pesar de eso siguió durmiendo.

Al cabo de un tiempo, del cual no fue consciente, escuchó un ruido estruendoso que lo hizo despertar de golpe, haciendo que de un salto quedara sentado sobre la cama. La parte baja de su espalda y el trasero le dolían como un demonio, así que se recargó sobre el respaldo con la intención de curvearse ligeramente y esquivar el dolor.

—¿Qué pasó? —le preguntó a JiMin, quien estaba de pie delante de él, solo vestido con unos shorts deportivos.

—¡Sigue durmiendo!

Frunció el ceño ante el pequeño grito del otro—. ¿Qué hiciste?

Fijó su mirada en los pies del contrario, encontrándose con una bandeja de comida dada vuelta. Pequeños vidrios estaban esparcidos por el suelo junto a los pies descalzos de JiMin y se podían apreciar pequeños trozos de frutas mezclándose con los vidrios y el líquido regado.

—JiMin... —murmuró llevándose una mano a la cabeza con frustración, dispuesto a empezar con el regaño.

—Solo quería traerte el desayuno. ¡Lo siento! —El aludido se pasó las manos repetidas veces por la cara con frustración.

—¿Desayuno? —preguntó asombrado—. ¿Para mí? --El chico asintió con la mirada fija en el desastre, casi pareciendo melancólico—. Espera... ¿Desayuno? —murmuró mirando hacia la ventana—. ¡El instituto!

—No te preocupes —dijo el otro moviendo su mano con desinterés—. Son cerca de las 12 del medio día.

—¡¿En serio?! —preguntó e intentó levantarse, pero en cuanto lo hizo cayó de nuevo sobre la cama.

—¿Estás bien? —interrogó el castaño y se acercó mientras intentaba evitar los vidrios.

YoonGi se recostó sobre el colchón y se movió por debajo de las sábanas para intentar apaciguar el dolor.

—Hey, ¿estás bien? —preguntó su compañero suavemente mientras se sentaba a su lado.

—Pensé que amanecerías muerto, pero al parecer estas bastante contento.

—Estuvo genial —comentó el contrario con entusiasmo.

Lo volteó a ver con el rostro fruncido y fingió molestia, pero acabó sonriendo—. Estoy de acuerdo. —Le hizo un gesto de cabeza al chico—. ¿Por qué no arreglas el desorden?

—¡Bueno! —dijo el otro con alegría para después darle un beso en la mejilla y levantarse de la cama, sorprendiéndolo con su entusiasmo.

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