From the other side
El tormento se vivía día y noche, las altas temperaturas siempre predominaban, sin noción del tiempo o del espacio la agonía estaba fríamente determinada para ser la causante del sufrimiento eterno.
En la escuela dominical alguna vez uno de sus compañeros llegó a preguntar, con la infantil ingenuidad que le confería su edad: "¿No se acostumbra uno como en la bañera?" tras una irrespetuosa risa de burla por parte de la profesora, los niños obtuvieron una respuesta negativa, quedándole claro desde entonces (según las reglas morales que había aprendido) que si elegía el camino incorrecto su vida iba a terminar en un calvario.
Sin tener aún el completo entendimiento de conceptos tan complejos como una filosofía de vida, en sus primeros años de vida adoptó un comportamiento digno de admiración, siendo elogiado por sus mayores. Sin embargo, mientras más vivía y mientras más conocía, se daba cuenta de que las reglas que le habían impuesto acerca del comportamiento eran meras cadenas de esclavitud hacia su verdadera personalidad, pues cuando le hicieron ver que lo que él consideraba "cómodo" el resto de la sociedad lo catalogo de "anti natural"
Pensando en todo aquello, en su lejana vida pasada; cayó en cuenta de que la agonía y el sufrimiento real se encontraba arriba, donde era juzgado diariamente. Y en cambio en ese lugar al que había llegado después de su inminente final, había sido juzgado una única vez y ni siquiera le habían calificado el comportamiento ni mucho menos, fueron las acciones verdaderamente inhumanas las que lo hicieron caer ahí. Lo sabía y por el hecho de no sentir remordimiento era que permanecía ahí.
Y aunque podía hacer y deshacer cuantas veces quisiera, a pesar de que pudiera expresarse de una y mil maneras, simplemente había momentos en los que no le era suficiente, su eternidad lentamente estaba empezando a ser aburrida y el adjetivo era algo que jamás había suscitado a lo largo de su vida mortal, por ello estaba a la espera de que algo relevante sucediera.
Y sus malignas plegarias fueron escuchadas cuando desde lo alto, las puertas del abismo crujieron, todos los presentes giraron el rostro por arriba de sus cabezas y en medio de un horrible estruendo, el brillo de las abrazantes llamas inundó el lugar, les confirió un aspecto anaranjado a sus pieles e irradió en las pupilas que observaban. Rostros sorprendidos y ansiosos, bocas semiabiertas de impresión.
Iban a tener un nuevo huésped permanente, en la historia de la humanidad había existido otro como ellos que no encontró en la redención la libertad. Y después de que las tinieblas arrojaran al nuevo hombre, todos los presentes estallaron en vítores de celebración.
—¡EH! — gritos de alabanza.
—¡AAH! — desgarrantes gritos de júbilo.
La multitud se apañó alrededor del nuevo inquilino, un hombre de estatura prominente que había caído con belleza, durante el aterrizaje movió sus manos en el aire, su cabello se despeinó con gracia y finalmente su cuerpo se desplomó sobre su espalda.
Y ahí estaban todos por toda la circunferencia de su alargada y estilizada silueta. Observándolo curiosos, con ojos deseosos, con admiración. El aspecto que tenía les daba la idea de que a pesar de sus brutales actitudes terrenales se encontraba posicionado dentro de la élite social.
De brillante cabello azabache, almendrados ojos marrón de un brillo casi místico, vestía entonces un elegante traje sastre, probablemente de alto costo (pero eso ya no importaba ahí) de un calzado importado y una sus características más peculiares fueron lo que captó con tanta abundancia la atención sobre él; la singular forma puntiaguda de su hélix les hizo recordarlo a "Él" hubo risitas mofándose y mucho cuchicheo por su agraciado rostro.
El recién llegado se puso de pie, se sacudió el inexiste polvo de las solapas de su abrigo y observó a todos a su alrededor asqueado de sus grotescas apariencias.
—¿Por qué nos ve así, eh?
Las preguntas entre la multitud no se dejaron esperar y fue atacado con innumerables cuestiones que el centro evadió a propósito.
—Se cree mejor que nosotros por esa ridícula ropa.
—Aquí no necesitas ropa.
—¿Cree que es diferente a nosotros?
—Tenemos muchas más similitudes de las que piensas.
—¿Cuál es su nombre? No ha dicho su nombre.
—¿Cuál es tu nombre?
—¿Cómo te llamas?
La multitud comenzó a acercarse hasta el nuevo para seguir atosigándolo con preguntas, jalando su ropa, gritando en voz cada vez más alta cada una de sus dudas. El recién llegado cambió su expresión a una de temor y fue acorralado contra el suelo, obligándolo a adoptar una postura en cuclillas.
—Recuerdo— una voz resonó en todo el lugar proveniente desde el fondo y el resto de personas guardó silencio y dirigió su mirada hasta el interlocutor —...mi primer día— una brillante sonrisa apareció en su rostro, iluminó sus facciones y mientras se abría camino hasta el recién llegado, seguía relatando su historia —Asustado, temeroso— hubo un par risas entre el público.
El pelinegro volvió a incorporarse lentamente hasta que tuvo al otro chico frente a él.
—Casi— el joven que había interrumpido el acoso volvió a hablar en voz alta para atraer la atención de todos a su diálogo —arrepentido— se aseguró entonces de usar un timbre de voz burlón y la audiencia estalló en carcajadas.
El más alto lo observó con una ceja enarcada, inspeccionando al chico que lo encaraba. De un par de centímetros menor estatura, de castaños cabellos con brillo dorado, de masculinas y atractivas facciones todo bajo el marco de su piel, de un color brillante e hipnotizante. El aspecto de ese chico frente a él no le desagradó tanto como el del resto de personas, por lo que espero con calma.
—¿Y cuál es tu nombre? — el tono de voz seductor arrastrada las vocales en su garganta.
El contrario pasó saliva con nerviosismo y tratando de no titubear, respondió —Park ChanYeol.
—Oh— musitó, girando su rostro unos 45 grados y bajando el mentón hasta su barbilla, tomando una coqueta postura.
ChanYeol se quedó en silencio, sin apartar la mirada del de piel olivácea mientras el resto de la gente seguía viéndolo a él.
—¿Y no quieres saber mi nombre? — preguntó el de menor estatura.
El azabache desvió entonces la mirada hacia los costados —¿Por qué habría de querer? — levantó sus hombros en desentendimiento.
Una expresión de conmoción se dejó escuchar entre la multitud y las miradas fueron hasta el experimentado residente que levantó una ceja al mismo tiempo que fruncía los labios. Con pasos lentos se acercó hasta prácticamente tenerlo en sus narices, elevó el rostro con altanería y de un rápido movimiento empujó a ChanYeol de los hombros.
Y fue aquello como una especie de señal pues los demás habían acercado entonces una elegante silla acolchonada para evitar la caída y hacerlo sentar, el pelinegro vio una última sonrisa en los labios del otro y dando media vuelta volvió a alejarse de él con agraciados pasos. Entre varios le dieron vuelta a la izquierda donde además de oscuridad los ojos de ChanYeol no podían ver nada más.
Pero de pronto, ahí en media de la penumbra la luz de un reflector iluminó lo que parecía ser un escenario hecho de duela, rodeado de rocas volcánicas de diferentes tamaños. Los asistentes rieron y aplaudieron extasiados, la multitud llevó a ChanYeol hasta estar a metros de distancia del escenario y presenciar lo que estaba a punto de ocurrir.
Todos guardaron silencio y con altas expectativas aguardaron. Una clásica tonada comenzó a escucharse, ChanYeol giró la cabeza en todas direcciones tratando de averiguar el sitio exacto de su proveniencia, pero no logró hallar dicho punto.
Se escuchó un fuerte golpe sobre el piso de duela y ChanYeol volvió a retornar la mirada al escenario, la melodía del arpa lo hizo voltear instintivamente hasta uno de los costados donde al finalizar la interpretación del instrumento de cuerdas, se asomó una estilizada pierna enfundada en una media de un rosa pálido. Moviendo el pie de arriba abajo, la mirada de ChanYeol fue atraída como un imán,
La persona dueña de la extremidad hizo su completa aparición para avanzar en un elegante arabesque hasta la mitad del escenario donde el bailarín realizó un perfecto pas de ciseaux; extendiendo una de las piernas en un salto para inmediatamente después aterrizar con la pierna contraria en la posición inicialmente tomada. A ChanYeol, más que la gracia y exactitud con la que el de piel tostada realizaba sus pasos de ballet, le impresionaban las zapatillas de lazos que utilizaba, más característico de las mujeres. Y abrió la boca de impresión cuando después de un par de piruetas y giros el chico terminó la posición en repetidos echappees: parado justamente sobre la punta de sus pies, con los brazos extendidos a los costados y ligeramente angulados hacia el interior.
ChanYeol pensó en el dolor que debía suponer soportar todo el peso en aquella estricta posición, el joven realizó un par de pasos más y terminó en el suelo con sus brazos cruzados frente a uno de sus pies presentados en punta. El más alto sintió la urgente necesidad de aplaudir, pero tan pronto iba a ponerse de pie, una fuerza externa le impidió abandonar su asiento y la luz del reflector principal comenzó a titilar cada vez con más frecuencia hasta que finalmente se extinguió y todo volvió a la oscuridad.
El pelinegro tragó duro, sintió sobre sus pies una extraña gravedad que clavaron las suelas de sus zapatos sobre el rocoso suelo. La luz del escenario regreso al momento que una nueva melodía de los violines y chelos inundó el lugar, la silueta del joven bailarín había desaparecido y a las cuerdas se les agregaron las percusiones y el clarinete, extrañas figuras emergieron del fondo, brillantes esferas rosadas que flotaron en su lugar brindando destellos plateados y púrpuras, cayeron suaves y esponjosas telas del techo, cruzando el escenario de lado a lado y a la música se añadieron las notas de la tuba y la trompa. El sentimiento que transmitía la instrumentación lo hacía sentir temor y también mucha euforia.
Los violines aumentaron el tempo y el volumen del sonido y toda la canción fue adoptando un diferente tono hasta estallar en una fuerte melodía que hizo que ChanYeol apretara sus manos sobre sus rodillas, con emoción, su inexistente corazón hubiera latido desenfrenado. De una nube de humo roja que bajaba desde el techo surgió la figura del chico una vez más, esta vez con un diferente atuendo, las mallas y el leotardo habían sido dejados atrás.
En su lugar se encontraba portando un corsé carmesí con detalles en encaje negro, ajustado a su tórax, haciéndole lucir una fina cintura, unos ajustados shorts rosados de una brillante tela que cubrían únicamente sus glúteos con detalles en holanes en la parte trasera, dándole mucho más volumen y proporción, medias de red rojas, largos guantes de seda del mismo color, boa de extensas plumas rosas; descendió a la par del retumbe de las trompetas, moviendo sus piernas con elegancia como si bajara imaginarias escaleras y cuando finalmente sus pies tocaron el suelo y terminó con una extrovertida pose con la pierna derecha extendida en toda su longitud hacia un costado y la izquierda flexionada.
Brillantes luces fueron lanzadas de todas direcciones hasta el centro del escenario dándole un efecto mucho más atrayente, el chico comenzó a bailar de una manera totalmente diferente al ritmo de la música que para entonces se había transformado en una canción moderna y con un ritmo pegajoso, moviendo sus manos con rapidez y habilidad, sus caderas se meneaban de un lado a otro de manera precisa dándole un toque mucho más sofisticado, jugaba con la boa paseándosela sobre sus hombros, caminando de manera sensual por el escenario mientras sus labios articulaban palabras mudas simulando cantar.
Cada paso en las altas botas de cuero negro retumba en los oídos de ChanYeol, su cabello cubierto de goma con destellos rosas y azules, su emblemático maquillaje y su infinita seguridad hicieron que el más alto se preguntara qué clase de vida había sido dejada atrás.
Sus expresivos ojos maquillados de un abismal negro atrajeron su mirada, las largas pestañas le coquetearon y los pequeños diamantes sobre los párpados superiores le sacaron una media sonrisa al mayor.
El joven sonrió con más fuerza y siguió moviendo sus hombros y piernas al compás de la música, sus labios negros adornados con purpurina roja lanzaban besos en dirección de Park, sus exagerados mofletes rosados camuflaban el natural rubor causado por la extenuante tarea de brindar todo un espectáculo.
Confeti y tiras de diferentes colores salieron de los costados, la música subió de volumen y ChanYeol finalmente se vio librado de la presión contra su cuerpo, pudiendo por fin interactuar con la música que tocaba, movía su cabeza con cadencia y aplaudía en los momentos indicados de métrica. Estaba disfrutando de ver al joven moverse de aquí para allá, más que divertirlo, se sentía admirado de él, la energía que desprendía, la sensualidad que transmitía, toda la confianza que reflejaba.
Después de varios minutos, la música cesó en medio de un escenario colorido y estrambóticamente iluminado, el chico terminó soltando un largo suspiro que salió de sus labios en forma de una densa nube rojiza que flotó hasta el rostro de ChanYeol, que como si se tratara de una ventisca despeinó su ya de por sí desordenado cabello. La gigante sonrisa de Park no tenía igual.
Todos aplaudieron con gran enjundia la interpretación, con rostros llenos de éxtasis, las pupilas dilatadas y las emociones a flor de piel, el joven hizo una elegante reverencia en agradecimiento.
ChanYeol se levantó de su asiento y aplaudiendo frenéticamente fue hasta el pie del escenario y con el rostro elevado observó con mayor detenimiento el caracterizado rostro del chico, las palabras se formaban en su garganta y cosquilleaban su lengua, como si de una juguetona avalancha se tratase y al momento de abrir la boca, sus palabras salieron en forma de una oración, una frase que no dejaría de pronunciar por el resto de su eternidad.
—Kim JongIn— dijo su nombre.
El susodicho sonrió con alegría —EureKai— guiñó uno de sus ojos y acariciando el rostro de ChanYeol con la boa de plumas dio media vuelta y desapareció del escenario. Había adoptado el nombre desde que pisó aquel lugar, se dedicaba a darles una especie de bienvenida a su nuevo hogar, con esa faceta que adoptaba olvidaba por un momento toda la escoria que lo rodeaba y expresaba sus cientos de sentimientos.
El más alto se quedó a la espera y a los segundos tuvo a JongIn a su lado con la misma y llamativa vestimenta —Y entonces, ChanYeol...— el autodenominado EureKai le dedicó una sonrisa media.
ChanYeol se levantó de hombros sin borrar la divertida sonrisa de sus labios —¿Dónde estoy?
—¿En serio? — preguntó el de menor estatura con burla —¿Dónde estás? ¿Pues dónde crees, corazón?
El azabache abultó sus labios, haciendo el mayor esfuerzo por recordar sus últimos minutos en la tierra y frunció el entrecejo cuando todos los recuerdos llenaron su mente —Oooooh— musitó con asombro.
—Ooooh— imitó JongIn sarcásticamente —¿Listo?
Park ChanYeol hombre de fraudulentos negocios, prepotente carácter, sanguinarios hábitos y dudosa moral levantó uno de sus hombros y haciendo una hueca expresión con la boca, asintió.
Kim JongIn, bailarín profesional de ballet clásico, consumidor crónico de drogas y comercializador de las mismas y actor de cine para adultos rodó los ojos con una risita juguetona.
Ambos caminaron uno al lado del otro, con un interminable camino por que andar, iban a poder descubrirse y quien sabe, tal vez hasta explorar las mismas actividades recreativas.
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