28-4
Les había pedido a todos que me dejaran a solas con Richardson. A lo lejos, el sol había empezado a descender. Tenía la boca amordazada y era una sombra de sí mismo con la camisa empapada de sudor. Richardson se parecía a todos esos tipos poco antes de su ejecución. Suplicante, lloroso, atormentado por el arrepentimiento y dispuesto a hacer cualquier cosa para ser perdonado.
Me acerqué a él y le quité el pañuelo de la boca para escuchar sus últimas palabras. Enderezó la cabeza con dolor.
—Yeraz, escucha a esa parte de ti que te susurra que me dejes vivir.
Permanecí impasible.
—La mejor parte de mí hace tiempo que murió.
—Por favor —suplicó Richardson con un jadeo de pánico.
—No deberías haber dicho su nombre —dije con calma, sin emoción en mi voz.
Agarré el barril de gasolina que estaba a mi lado y loderramé sobre él. Sacudió la cabeza y gritó con todas sus fuerzas. Cuando elbarril estaba vacío, di un paso atrás. En la pista, un avión estaba a punto dedespegar. Esperé unos instantes a que el sordo rugido del avión seintensificara y encendí una cerilla.
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