3. Canción de cuna
—¿Tío John?
El hombre casi da un salto en la silla, estaba sentado en el desayunador cuando escuchó de la nada la vocecita de Gideon.
—¡Gideon! ¡Son las — revisó su reloj 3:25 de la mañana! ¿Porqué no estás dormida?
La niña se encogió de hombros —Tengo hambre.
Constantine suspiró —Claro: te dormiste sin cenar.
—¿Quieres decir cuando papá me llevó cargando a la cama? ¿Y dijo "Podremos dormir temprano hoy"?
—¡Eres una pequeña tramposa! — la regañó fingidamente mientras reía.
—No volveré a hacerlo — explicó muy seria —. No quise subir las escaleras y ahora me desperté MURIENDO de hambre. No es un buen negocio.
John sonrió ante el uso de la palabra "negocio".
—¿Hay galletas? — preguntó sabiendo la respuesta: siempre quedaban un par de cosas de la pastelería.
—No comerá galletas, señorita, el azúcar va a despertarla más — indicó el rubio levantándose —. Te haré un sándwich.
—¿De mermelada con crema? — insistió.
— La mermelada ES azúcar. Y calla o el sándwich será de pan de aire con relleno invisible.
Gideon infló los cachetes, pensando que de no haber nadie despierto hubiera tomado galletas o pastel por sí misma.
—¿Y tú porqué estás despierto? — preguntó cuando se sentaron a comer y había supervisado en silencio la preparación de los sándwiches.
—No tengo sueño. A veces me pasa — respondió John con la boca llena.
—¿Me va a pasar cuando sea adulta?
—Posiblemente — respondió sin entusiasmo.
—¿Y beberé Jugo de Adultos? — señaló con la cabeza el vaso con whisky.
John sonrió —Eso lo decidirás tú.
—¿Y tendré hijos? ¿Porqué tú no tienes hijos?
Un ruidoso suspiro la hizo inclinar la cabeza —Eso también lo decide cada quién. Pero te tengo a ti, para mi es suficiente.
John miró a la cabecita rubia asintiendo, satisfecha de momento con la respuesta. Ella podría ser su hija. Sus padres adoptivos no eran rubios, ni la Gideon mayor. Había tenido que corregir a muchas personas que le decían "su hija ésto", "su hija lo otro". Pero no era una idea ilógica vista desde fuera: que John Constantine tuviera una hijita rubia y tramposa.
—¡Listo! ¡A dormir de nuevo! — Gideon le interrumpió los pensamientos, estirándose con gesto de satisfacción.
—Yo no voy a cargarte — se burló John —. Después debo regresar al sofá, es mucho trabajo.
Gideon negó con el índice —Tú no creas que te vas a quedar aquí tomando jugo de adultos. ¡Te voy a dormir!
Sin esperar ninguna aprobación se levantó de la mano y lo tomó de la mano, entre quejas, jalándolo al sofá y empujándolo para que se sentara.
—Acuéstate — ordenó, con cierto tono meloso — y yo te haré dormir.
John gruñó pero terminó por hacerle caso, después de desdoblar una manta que estaba sobre el respaldo.
Gideon empezó a darle palmaditas en la cabeza y a cantar algo que apenas se entendía.
El adulto apretó los ojos, enfurruñado, pero en un par de minutos el sonsonete y las palmadas comenzó a arrullarlo.
Por la mañana, Lexell fue a despertar a su inquilino de sofá: le tocaba encender el horno y por lo tanto sería el primero a quién servirle desayuno.
Ni preguntó porqué encontró a su niña dormida en el sofá junto a su tío John, mientras en la cocina había restos de sándwiches.
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No es buen negocio ahorrarte una subida de escaleras para despertar hambriento a media madrugada, definitivamente XD
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