Capítulo 50.


Termina la última clase del día y también termina el semestre.

Termina el peor año de mi vida.

Algunos celebran y otros no pueden decir lo mismo, como yo que salí perdiendo después de todo.

Steven y su secta satánica perdieron la mayoría de sus materias sin oportunidad a recuperarlas porque el porcentaje de sus notas no les alcanzó para la recuperación, por lo tanto, les toca repetir semestre. Jamás he sido una persona que se satisface del daño ajeno, pero me da mucho gusto que ellos mismos se destruyeron. No siento lastima ellos querían destruirme y esto es lo que se merecen por malos.

El karma es el reflejo de tus acciones, si actúas mal por consiguiente te irá mal.

A quién no le puedo desear el mal es a Jack, por más que quiera es imposible. Primero porque conozco su situación y segundo porque desgraciadamente lo amo.

Qué ironía.

La persona que más te ha hecho daño es a quien menos le deseas el mal y menos cuando hay un sentimiento.

Jack no me ha dejado tranquila y me deja mensajes con Florencia pidiendo que por favor  hablemos. Hubo tres ocasiones donde mi amiga muy obstinada me suplicó que le diera una oportunidad.

Comprendo que esté cansada de Jack ya que ella es quien lo enfrenta por mi, lo que no entiendo por qué sigue insistiendo, todo quedó claro allá en Canadá, él me engaño y no hay más nada que explicar.

Soy consciente que no podré evadirlo toda la vida y estoy segura de que no va a desaprovechar  para hacerlo cuando esté en Canadá. Sé que encontrará la manera de hablarme y yo no sé como vaya a reaccionar al tenerlo en frente de mi. Él repite que me  quiere, que quiere arreglar las cosas, que esta arrepentido de haber hecho lo que hizo y yo la verdad no le creo, no me queda nada. 

Desde ese día toda la ilusión que yo sentía hacia él, se rompió y asi me este diciendo la verdad, ya no es lo mismo. Él destruyo todo.

—¿Tienes todo listo mi amor?—doy un suspiro y miro a mi madre por encima de hombro, me giro en redondo.

—Si.

—Me sorprendió que hayas decido ir—menciona, sorprendida.

—Lo hago únicamente por Nix.

—¿Te has comunicado con ella?—niego con pesar, desde que salí de Canadá no el vuelto a prender mi teléfono móvil.

—¿Sabrán que ustedes terminaron?

—Eso lo sabré cuando este allá—descarto—.Porque estoy segura que él no lo ha hecho, no creo que sea capaz de decirles por que razón me fui sin decir nada. 

—Jack aprovechará para acercarte y seguramente te va a pedir que lo perdones.

—Cosa que jamás voy hacer.

—Cariño—antes que comience a hablar me niego rotundamente—. Si deseas que ese muchacho realmente te deje en paz, hazlo.

—Mamá...

—Escucha mi vida—pide, una lagrima baja por mi mejilla—.Entiendo lo que estás pasando y sé que esto no es tan fácil de perdonar.

Niego resignada.

No quiero hacerlo. 

Él no merece mi perdón. 

Él me causó mucho sufrimiento.

Nunca le importé.

—No mamá.

—Por favor pon atención—reprende y sigo negándome—.La única forma que este hombre te deje en paz es que lo perdones.

—Todo menos eso mamá.

-No lo hagas por él mi amor, hazlo por ti-la observo por el ras de mi ojo-. ¿Acaso no quieres que te deje en paz? Entonces dale lo que él tanto pide y así cortas este sufrimiento de una vez.

—Es que no, no puedo.

—Piénsalo mi amor.

***

Llegamos a Canadá hace una hora y nos hospedamos en un hotel pequeño en el centro de la ciudad de Toronto, recorrimos un poco la ciudad antes de volver y alistarnos para el acto de grado.

—Te ves hermosa Melina—adula la voz de Florencia y me doy vuelta, sonrío mirando su rostro impecable.

Tenía puesto un lindo vestido blanco marfil. En la parte de arriba es con los hombros descubiertos y las mangas son largas bordadas. La parte de abajo es holgada, dos o tres dedos más arriba de las rodillas. Un cinturón dorado alrededor de mi cintura hace un poco de contraste con el color de la tela y para finalizar, mis zapatos botines talle corto que me hacían lucir más alta y espigada.

Las hondas en todo el cabello resaltaban mi maquillaje y me hacían lucir más joven. Florencia también llevaba el mismo de color de vestido, era sencillo, de tirantes y con una correíta alrededor de su cintura, tenía la misma altura de falda que la mía. Sus zapatos eran rojos y eran unos centímetros más altos que los míos. Maquilló levemente su rostro y aliso su largo cabello negro que peino hacia atrás, resaltando sus preciosos ojos y su perfecto rostro de porcelana.

Repito por enésima vez.

¿Cómo es que no es modelo?

—Es porque tú me ves con ojos de cariño.

—No—da un paso adelante y toma mis manos entre las suyas—.Tu siempre has sido hermosa. Solo que esos idiotas no lo ven, porque son unos idiotas.

Suelto una risita nerviosa y la miro ruborizada.

—¿Lista?

—¿Tu, estas listas?

—Tengo nervios, pena e incertidumbre—confieso—.Nervios por él, incertidumbre por que no se si ellas saben que nosotros terminamos y pena. Hace mucho que no me comunico con ninguna de ellas y que Nix me haya invitado. Es incómodo.

Flor hace una mueca con sus labios procesando mi información.

—Lo sabremos cuando estemos allá.

Había recién graduados en la entrada de la iglesia con sus familias. Tomándose fotos y compartiendo todos muy contentos. Había niños corriendo de esquina a esquina y adolescentes haciéndose la típica selfies.

Se sentía un ambiente enérgico y muy emotivo. Algunas lágrimas se me escaparon, imaginé dentro de un año en la misma situación.

¡Ya me quiero graduar!

—En un año nosotras—dice Florencia con la misma energía.

—¿Merlina? —siento que se me dilatan las pupilas y el corazón se me baja hasta el estómago cuando escucho esa voz infantil.

Esa niña tiene ojos de halcón.

—¿Quién es ella?

—La hermana de mi peor error—contesto y me giro sobre mis tacones.

—Merlina— expresa con verdadera alegría y mantengo el equilibrio cuando se lanza a mis brazos.

—Hola princesa—saludo con una sonrisa, sintiendo cada latido de mi pobre corazón.

—¿Qué te hiciste?—pregunta—. ¿Por qué no has vuelto a la casa?

—He tenido muchas tareas de la Universidad—digo lo primero que se me ocurre.

—Eso me dijo el mugre—dice con su dulce voz—. Que estabas ocupada, que no todo el tiempo podías venir. No le puedo preguntar por ti por que se altera-se queja.

—Es el estrés princesa—digo justificándolo, disfrazando mi enojo con una sonrisa.

Esto no me sorprende, sabía que no les iba a decir. Además, como le explicas a alguien que terminaste una relación cuando todo se veía tan bien. Y no solo se veía, también lo demostramos.

Bueno al menos yo.

—Hasta lo he visto llorar—comenta en voz baja—.Si la universidad te hace llorar por favor avísame para convertirme en tiktoker.

Rio y acaricio su cabello castaño.

—Tiktoker si como no, primero muerto antes que vayas a hacer esa estupidez— Eva rueda los ojos con fastidio y luego me mira negando con la cabeza.

Mi corazón se acelera con su voz

—Cuñadita— canturrea la voz de Nix y soy interceptada por sus brazos. Ni me dio tiempo de extender los míos quedaron atrapados entre los suyos—. Me tenías olvidada. Te he estado llamando, pero el mugre me dijo que estabas muy ocupada con los estudios.

Jack evade mi mirada cuando lo miro.

—Me alegra tanto, tanto verte aquí—expresa profundamente —.Te quiero dar una sorpresa.

Una mujer delgada de hermoso vestido verde estaba hablando con Ellie la amiga de Eva. Tenía el cabello amarrado en un moño, era de piel clara y tenía en cada brazo unos aparatos que iban desde el codo hasta su muñeca.

—Mamá.

—Me-melina—mis manos estaban en mi boca—.Que alegría verte.

—Señora Jacqueline—mi voz se quiebra. Ella estaba de pie, dios mío ella estaba de pie—. A mí también me da gusto verla-me acerco con cuidado y la abrazo.

—Tanto tiempo sin saber de ti—me dice con sinceridad—.Nemito me dijo que estabas ocupada con las actividades de la universidad y por eso no habías vuelto a la casa.

Respiro profundo y mantengo una sonrisa forzada.

—Estas preciosa.

—Gracias.

—Tenemos que entrar la ceremonia esta por empezar—anuncia Nix y Florencia llega junto a ambos hermanos. Miro a Jack de reojo con recelo y aprovecho la oportunidad que quedamos solos para enfrentarlo.

—A mí no me sorprende que no le hayas dicho nada—digo sinceramente—. Lo que me enfada es que las engañes a ellas.

Bufo y ruedo los ojos cuando no me presta atención. Sus ojos grandes y verdosos me detallaban de arriba abajo hipnotizado

—Contigo no se puede.

—¿Y cómo se puede si luces preciosa? —ruedo los ojos —. Estas hermosa.

Él también lucia atractivo, demasiado desgraciadamente.

Camisa de vestir negra abierta hasta la mirada de su pecho, pantalón del mismo color tallado a sus piernas. Sus cabello alisado y peinado al descuido, dándole un aspecto único y bien llamativo.

—Eres un inmaduro.

—No sé cómo decirles que ya no estamos juntos—murmura sobre mi oreja deteniéndome por la cintura.

—Tu eres un experto para las mentiras, tu sabes que hacer—digo con dureza, manteniendo una postura firme para que note el efecto que causa en mí.

—Ellas no me van a creer—aparto sus manos de mi cuerpo y me doy vuelta sobre los pies.

—Entonces diles la verdad—digo fácilmente—.Diles por qué razón no estamos juntos y ya.

—No es tan sencillo.

Subo ambas cejas.

—Ahora imagínate a mi mamá cuando se enteró que una vez más jugaron conmigo—traga despacio—. Créeme que para mí fue mucho más difícil de lo que va hacer para ti. Y te recomiendo que lo hagas porque yo no voy a estar fingiendo algo que nunca existió.

Ingreso a la iglesia y noto que estaba llena, miro a mi alrededor y solo había una banca del lado derecho con espacio. Me integro después de pedir permiso y saludar cordialmente. Alguien más se coloca a mi lado y no quise mirar sabía quién era.

Mantuve todo el tiempo la vista hacia el padre y los estudiantes que estaban en las primeras bancas. Ignorando cada una de mis emociones e ignorándolo a él, que todo el tiempo mantuvo su mirada sobre mí.

El padre dio unas lindas palabras hacia los estudiantes y los bendijo a todos en su camino, siguió con la eucaristía y llegó a la parte que yo no quería escuchar.

El abrazo de paz.

Actúo como si nada y le di la paz a las personas que estaban a mi mano derecho y también los que tenían al frente. Cuando no había nadie más alrededor que estrechar la mano, ambos nos miramos a la vez.

—Permiso—pido con dureza ignorando la mirada de los curiosos.

—Ángel.

—Necesito ver a Nix y no me llames ángel.

—Yo necesito estar en paz contigo— dice y me abraza, desprevenida—.Por favor Melina perdóname, te lo suplico perdóname.

Me estrecha fuerte hacia su cuerpo y me aferra con fuerza.

—Lamento mucho haberte hecho daño, lamento nunca haber detenido, lamento que me hubieras conocido—solloza en mi oído.

—Debo ir a donde está tu hermana—digo firme mientras las lágrimas mojan mis mejillas.

—Por favor-ruega y no respondo.

—Si no me sueltas, te juro que le cuento a tu mamá lo que hiciste—informo y sus abrazos pierden fuerza inmediatamente. Se aparta de mí y me mira desconcertado.

Sus ojos verdes estaban igual de empañados que los míos. Podía descifrar su arrepentimiento y dolor, su sorpresa ante mis duras palabras.

Pero no estoy jugando ni menos mintiendo, si no me da espacio les cuento todo.

Las personas no apartaban su mirada sobre ambos.

—Por favor no lo hagas —pide y se da cuenta que estamos siendo observados.

— Necesito ir con Nix—sentencio y con resignación se aparta.

Pude darle el abrazo fraternal a Nix y me quedé con un grupo de personas totalmente desconocidas hasta que la ceremonia culminó.

Volví a reunirme con Florencia fuera de la iglesia, le dije que nos fuéramos y ella aceptó sin averiguar, no me importara que dijeran ellas, solo quería salir de allí.

—¿Vas a ir al grado?—pregunta con incertidumbre después de contarle lo que había pasado.

—No quiero ir.

—Melina—me corta.

—Por favor no—me adelanto.

—Hazlo cariño—se sienta delante de mí y toma mis manos entre las suyas—. Si no nunca vas a estar en paz, nunca va a poder sanar.

—Es que Florencia...

—Lo hago, por supuesto que lo hago—dice con sinceridad—. Solo que tu estas sufriendo y eso no te hace bien, entiendo la rabia, entiendo la impotencia.

Niego.

—Perdonar no es signo de debilidad, hay que tener fuerzas para perdonar a quien nos hace daño.

Niego resignada.

—Y si quieres que te deje en paz y si no quieres nada con él, hazlo. Porque si no, nunca olvidarás lo que pasó entre ustedes. Y te llenarás de amargura y vivirás todo el tiempo infeliz —la miro entre sollozos, con la voz de mi madre haciendo eco en mi cabeza —. Hazlo hoy y termina con este lazo. Hazlo Melina.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top