Capítulo 26: Quiero irme a marte, quizás allí no puedan encontrarme.


Aike.

—Solo un poco más... —susurró Nath, manteniendo las palmas sobre la pared, acorralándome—. Mis manos están arriba. No te voy a poner un dedo encima, ¿sí? No estés nervioso.

Nath quería besarme. Cuando me lo dijo a los pocos días de comenzar a salir le pedí que no me tocara, no se sobrepasara conmigo y respetara mi asexualidad. Me sentí repugnada de usar algo importante para mí como mi postura en la comunidad asexual para así evitar contacto con él y que descubriera que solo soy una chica.

Nunca, hasta hoy, creí que ser mujer sería tan decepcionante para mí. Pero el ser hombre era tan aterrador que ni siquiera quería ser uno. No quería ser nadie, no quería tener que escoger entre uno u otro.

Quería escapar de lo que significaba tener un lugar al cual pertenecer con alguna etiqueta barata y con una pareja que mostraba que no podía estar solo, y que... No sabía cómo decirle "no" en el momento adecuado.

Nath se inclinó, presionando sus labios húmedos con sabor a cigarro contra los míos. Yo tenía sueño, quería ya entrar al apartamento y dormir. Pero estaba en la entrada del lugar, de madrugada, besándome con mi "novio".

—Pude ir esta tarde... —balbuceó, apartándose un poco sin alejar su frente de la mía—. Tomé el valor y fui con Anacleto, el chico del video, al cementerio. Gracias, manzanita, por haberme alentado. Te amo.

Nathaniel Enka era la única pareja que me encantaba en su totalidad. Lindo, que me respeta, estaba agradecido conmigo y es dependiente de mí. Odiaba que me encantara. No quería ocultarle nada, aunque lleváramos días saliendo, deseaba que nunca hubiéramos comenzado a salir.

Soy una mentirosa.

—¿No quieres irte muy lejos de aquí? ¿A otra ciudad? —Murmuré, elevando ambos brazos para tomarlo del rostro.

—Hace un tiempo quizás, ¿pero sabes, Aike? En realidad estoy bastante feliz ahora. Mis padres me han buscado y yo me siento mucho mejor. Es la misma ciudad pero comienzo a sentirla más viva que antes.

La forma en que lo dijo fue bastante alegre. Sonrió, mostraba plenitud en su mente y sus ideas. Centrado, orgulloso, observando un futuro que apenas comenzaba para él. Quería ver un mundo que no había visto antes: perdonarse.

—Yo también estoy feliz. —Me reí como tonto, dandole unas palmadas en la espalda para que me dejara ir.

La ciudad no es el problema. Solo quiero irme a marte, desaparecer.

—¿Por qué lo preguntas? —Se apartó con pasos cortos, cubriendo el color verde de sus ojos con el reflejo de sus anteojos.

—Por nada. Solo curiosidad. —Mentí para no hacerlo preocupar.

Dejé de aferrarme a sus brazos, le agradecí por el día de hoy e hice señas para indicar que se retirara. Esperó allí hasta verme entrar y cerrar la puerta. Me detuve antes de subir por las escaleras de madera, solo escuchando sus pasos alejarse del umbral. Me preguntaba en ese instante, si le abriera la puerta otra vez y le dijera que partiéramos, ¿me seguiría? ¿O tendría que irme sola?

Me da miedo la soledad, pero me duele un poco estar acompañada.

Sostuve el barandal y subí hasta el apartamento. Saqué la copia de mi llave que guardaba en mi tenis, abrí sosteniendo la puerta con fuerza para no hacerla rechinar y me esforcé por entrar sin despertar a nadie. Claro, eso no pasó y grité asustado cuando vi a Arlene en modo madrugada con pijama.

Tenía los ojos llenos de rímel corrido, su cabello con puntas moradas parecía el de Medusa. Masticó la rebanada de pan en su boca, su rostro parecía juzgarme pero sus acciones no. Se pasó el resto de comida con un vaso de agua, cerró el refrigerador y dirigió sus delgados labios hacia mí.

—¿Tuviste un buen día de descanso con Nath, niño? —Se encaminó a la esquina de la cocina sin apartarme la vista—. ¿Ya lo hicieron o por qué tienes el cabello tan alborotado?

—Soy asexual, y no, solo no suelo peinarme. —Respondí entre murmullos, tomando asiento en el banco del desayunador.

Aunque parecía insegura de tocar el tema, insegura de no decir las palabras adecuadas o solo ser más cercana a mí. Suspiró sus dudas, peinó uno de sus mechones detrás de la oreja y se dirigió a sentarse a un lado mío. Tenía puesta una pijama de Ositos Cariñositos.

—No te sientes muy bien, ¿cierto? ¿Pasó algo?

—Quiero morirme. —Admití entre risas.

Me miró con sorpresa. Elevó su mano derecha para rodearme por la espalda y tratar de darle un abrazo. Me preguntó si quería hablar del tema, que aunque no lo pareciera era buena escuchando a menores que ella, aunque pareciera al borde de tener un ataque de ira, lo escuchaba en silencio.

Por supuesto que dije que no. Le dije que se me pasaría.

—Te iba a decir que todos nos cansamos en algún punto, que solo trataras de relajarte, dormir un poco y que mañana sería un nuevo día. Pero... eso no es una respuesta. —Se carcajeó con ironía, bajando el tono de su voz al recordar que Amber quizás de hallaba dormida.

—Es una buena solución a veces. —Me encogí de hombros.

Hablar con Arlene en ocasiones podía sentirse increíble. Ella era increíble, aunque no confiara a menudo y tuviera una relación horrible.

—Es ponerle pausa —negó mis palabras con la mirada—. Algo que yo vengo haciendo por mucho tiempo. Es guardar todo lo malo en una caja y dejarlo en una esquina, empolvándose, acumulando las cosas. No nos damos cuenta, ¿qué haremos cuando esa caja explote? Arrasará, y te quemará hasta hacerte cenizas.

Una caja en la que guardamos todo lo malo y deseamos olvidar cada parte de ella. Quizás en el interior deje de doler.

—El miedo que tengo me preparará para eso. —Respondí con nervios, apartando un poco su brazo.

—Eso es paranoia. Ese miedo puede ser más devastador que el verdadero resultado, solo te impide seguir con... —Se calló al cruzar miradas directas conmigo. Apartó su brazo de inmediato—. ¿Por qué tienes esa cara...?

—Lo siento. —Volví a reírme.

No sabía a qué se refería con "esa cara". Me sentía con los ojos pesados al igual que la cabeza, dolor de piernas y espalda derrotada. Mis gestos eran irónicos pero mis ojos mostraban el terror que se camuflajeabla en mi cerebro como si fuera "serotonina". Me repetía: "Todo estará bien mañana, vamos, esto pasa siempre y en todos".

Pero la caja no puede seguir conteniendo cosas. Está casi llena y lo sé; no dudo de ello pero tampoco sé cómo vaciarla con cuidado.

—¿Te medicas o algo así? Sales a estas horas por un vaso con agua y terminas comiendo. —Busqué escapar de mi propio tema para priorizar a Arlene.

Me miró molesta, pero entendió mis razones. Quizás lo hizo apropósito y comenzó a contarme sus verdaderos pensamientos al ver que yo no podía hacer lo mismo con ella.

—Solo tomo aspirinas. Stella estaba aquí hace unas horas pero discutimos. —Llevó sus dedos sin esmalte a la frente, arrugando el entrecejo y chasqueando la lengua.

Era ridículo como podía hacerme sentir incomoda el solo escuchar el nombre de esa chica. Me era difícil olvidar, recordaba todo lo malo. Stella era lo malo para mí.

—¿Has visto mi habitación, cierto? Solía tomar fotografías a alguien, salíamos juntos a menudo. Él amaba la música y me enseñó a tocar la batería. Cuando falleció llené cada parte de mi recamara con recuerdos de él. Stella quiere destruirlos porque me ama. —Agachó la cabeza, tratando de ocultarse como una tortuga.

—Eso no es am...

—Nunca lo sabremos. —Lanzó un fuerte golpe a mi espalda como despedida antes de reincorporarse.

~•~•~•~

—Probando... —Amber tosió a un lado en el micrófono, sosteniendo su bajo—. El día de hoy tenemos algunas canciones de Lauv. Arreglos por la princesa de Faded Song y el nuevo príncipe como vocalista. Nuestra salvaje baterista y yo... la muñeca. Wuuuu, y tengan una linda noche gente.

El público se reía a menudo por las aperturas de Amber Hiray. Incluso el jefe decía que aquella chica tenía su encanto para atrapar a las multitudes. Quizás era su humor, a pesar de todo, la cabeza siempre la tenía en alto. No hablaba de cosas privadas con ella por esa razón.

Es difícil confiar en quienes muestran grandes sonrisas. Me hacen sentir avergonzando de mí misma.

—Le dije a alguien a quien quiero si era feliz aquí... —Di mis palabras usuales antes de iniciar.

Nath apenas entraba al lugar. Solía prometer que no vendría demasiado porque tenía que tomarse en serio la universidad, pero los fines de semana siempre llegaba tarde, no quería faltar por mí.

—Me dijo que sí. Lo siento, a veces creo que yo no. —Bufé al micrófono, sacando sonrisas en las chicas debajo del escenario.

Incluso Aylin se rió a un lado mientras comenzaba a tocar su guitarra.

Waking up in your bed. It's almost like I've been here before. I'm obsessed with your brain. And I'd unfold it if you let me. —Canté entre murmullos, se sentía como hablar con una leve melodía de fondo en la guitarra acústica.

Nath había tomado asiento en la barra. Elevó entre la multitud un papel que me indicaba que había pasado uno de sus cursos. Estaba feliz por él. De alguna u otra forma podía crecer por sí mismo.

What if we move to Canada? —propuse con la música, levantando mi guitarra de igual manera para que sonaran ambas—. And buy some things we don't need. Bring your mother's dog, your. Paintbrush and some candy.

Amber aventó un par de dulces baratos a los costados. "Dulces baratos" que las personas buscaron con emoción. Yo quería uno también, al menos para sentir que algo más estaba en mi boca y quizás así calmar mi estómago que gritaba de dolor.

And when they talk about those people who up and leave. That could us. That could be you and me.

La música me adormecía por momentos, me inspiraba, me deprimía, me decía "respira" y a veces me gritaba "ahógate". Podía ser un arma de doble filo, pues de allí salían mis ideas más locas y hacía cosas de las que me iba a arrepentir al poco tiempo. Pero años después, me reiría.

—¡¿Y sí te mudas conmigo a Vancouver?! —Grité con emoción, tomando a Nath de los hombros con fuerza.

Retrocedió asustado sin soltar mi agarre, riéndose como loco por mi propuesta repentina. Apenas podía contener el aliento, dijo que "claro que te seguiría a donde fuera, niño bonito". Dijo que amaba tanto que se iría conmigo a la luna o Marte. Me abrazó, mostrando plena emoción por mi plan.

—Quieres que seamos tú y yo, ¿verdad? Sobre esa canción. Podemos serlo donde quieras. Eso hace un buen novio por su lindo novio. —Concluyó, aplastando mis cachetes hasta hacerme chocar con mi casillero.

—Planearé todo, lo prometo —asentí, apartando sus palmas—. Ya casi te gradúas, cuando lo hagas puedes buscar trabajo allá. Yo también trabajaré mucho, y entraré a una nueva universidad como ingeniero de audio. Conozco a una tía, puedo llorarle porque nos reciba. Y empezaremos una nueva vida. Yo ya comenzaré a empacar. ¿Sabes? Mejor me iré antes. Tú me alcanzarás. Buscaré vuelos de una vez y...

—No me voy a ir antes ni después. —Se carcajeó, llevando mi cabeza a su hombro con sudadera carmesí hasta que la emoción decayó—. Aike, jaja, irse a otra ciudad es demasiado. Estoy feliz aquí, así que no quiero que te preocupes. Lo haces por mí, ¿cierto?

No, lo hago por mí. En serio lo lamento.

—¿No quieres mudarte conmigo? —Balbuceé, tratando de sostenerme de la sudadera en su espalda.

—Quiero estar contigo en general. Mudarme ahora, de la capital del país donde nací y que amo, justo cuando quiero arreglar las cosas, sería convertirme en un cobarde. Y me has demostrado que los cobardes no deben seguir así.

También me arrepentía de cosas que yo decía.

Creo que fue ese momento, en el camerino, abrazando a Nath, que llegué a una conclusión: Necesito ayuda, pero soy una cobarde que no puede pedirla.

Afuera del lugar podía escuchar las protestas de las escuelas contiguas a pesar de lo tarde que era. El ruido me sostuvo del tobillo y me tiró contra la tierra, clamando por mi razonamiento.

Le pedí a Nath que me dejara terminar de cambiarme. Salió un momento, aproveché para correr al camerino privado de Aylin porque era el único que aún no salía y no se ocupaba. Necesitaba hablar con alguien y saber si lo que yo necesitaba era un jodida terapia o solo renunciar a todo. Mandarlo al carajo para sentirme bien una vez más.

Recién crucé la puerta pude escuchar los gritos que pegaba. Tenía el cabello amarrado, prendas holgadas y su lunar en el cuello se hacía visible. Me miró de reojo y me pidió con señas que le diera un momento. Seguía maldiciendo a Marshall por la linea, pidiéndole que no le hablara en hora laboral.

Salí de inmediato, asustada. Sentí que mi corazón se escaparía, aunque el deseo de irme a otra ciudad no perdió brillo en mí.

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A partir de este capítulo se vienen cosas intensas. Aviso. Ya saben que yo de repente subí la intensidad a grados extremos. 😂

¿Y sí nos mudamos a Canadá? Espero estén teniendo una gran cuarentena súper productiva —la que se para a las 2 de la tarde—.

¡Los amooooooo!
~MMIvens.

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