Capítulo Dieciséis

Una vez más mi señor durmió a mi lado y yo no podía sentirme más feliz… y confundida. Recordándome cuán atada estaba a él, como me tenía en sus manos y como cada vez reafirmaba lo incapaz que sería de decirle adiós.

Arabelle había estado un par de veces en casa, en la planta de abajo por supuesto, aunque ella quería curiosear más, pero, en este caso, su curiosidad era un arma de doble filo. Había podido salir a almorzar con ellos, con Blaz, como en los viejos tiempos. Era como tener mi vida justo como siempre había sido y estaba también él y todo lo que conlleva tenerlo en mi vida. Era mi pequeño paraíso.

Vivía en un constante aprendizaje.

En casa sesión tras sus palabras siempre había un secreto oculto, algo para mí. Algunas veces lograba quedarme con ellos, pero otras me resignaba a que no lo comprendería. Las cosas no habían cambiado mucho, pero nuestra relación después de la visita al lago, de alguna manera se fortaleció. Soy feliz con lo que el podía darme, me siento cómoda y me agrada mi vida con él en ella.

Poco a poco he vuelto a mí ritmo de vida normal, antes de que él llegara. Hoy había salido a trotar con los cascos puestos escuchando canciones de Dua Lipa, había pasado tanto tiempo desde que había podido dedicarme con tranquilidad a escuchar algo nuevo, que solo había seleccionado de una lista cualquiera. Justo ahora sonaba Al plano físico y no pude evitar sentirme identificada con la letra, y pensar en él, en nosotros, porque si, el amor corriente no está hecho para ninguno de los dos.

Mi teléfono empezó a vibrar en el estuche sobre la cinturilla de mi pantalón de deporte, active la llamada.

— ¡Eri! —la voz de mi madre hizo eco al otro lado de la línea.

— Mamá ¿Cómo estás? —saludé sorprendida, pero sin bajar el paso.

— Bien, bien cariño. Extrañándote ¿y tú?, ¿cómo ha ido todo?

— Bastante bien, ¿y papá? —pregunto esquivando a unos niños que juegan en la entrada del parque.

— Excelente, trabajando como siempre y tan sano como un roble —dijo con esa nota de risa en su voz.

— Ya puedo imaginarlo, me alegra mucho que estén bien. Dale mis saludos a ambos —es mi siguiente indicación— Pero dime ¿has tenido algún motivo en especial para llamar? —pregunto porque por alguna razón me resulta algo sospechosa esta llamada inesperada.

— Porque quiero saludarte… ya sabes, vacaciones, sola en casa… recuerdo a mi hija y digo ¿por qué no llamarla?

— ¡Espera! ¿Estás de Vacaciones! Eso es genial —le digo con evidente entusiasmo.

— Si… aunque llevo una semana en casa y a veces no sé qué hacer, doy demasiadas vueltas por el mismo sitio, pero es bueno tener un poco de descanso y con eso quería decirte… —empezó a decir pero en medio de mi emoción la interrumpí.

— Vamos, mami, un poco de ejercicio, dar un paseo, arreglar el jardín... Siempre hay algo por hacer —le aconsejé sonriendo.

— Como… ¿visitar a mi hija al otro lado del país por ejemplo?

Me detuve en seco.

— ¿Estás hablando en serio? —pregunto, no sé si con emoción o nerviosismo.

— ¿Eso debo tomarlo como una pregunta esperanzada o un deseo que sea broma? —Ríe. Si supiera que yo me estoy cuestionando lo mismo.

— Por supuesto que de esperanza, mamá. Sería tan bueno tenerte por aquí —le digo pensando en todo lo que eso conllevaría.

— Pues, ya lo he hablado con tu padre, y él mismo lo sugirió, yo estoy de vacaciones y tú también lo estas, entonces ¿Qué te parece? — dice con emoción en su voz.

Cierro mis ojos por un momento pensando en las posibilidades de todo lo que pueda darse con ella aquí, pero es mi madre, y la familia es la familia.

— Es estupendo mami ¿Cuándo? —dejo atrás la preocupación y doy paso a la evidente emoción que me embarga al saber que la veré de nuevo y aquí… en mi cuidad.

— ¿Mañana?, a decir verdad ya tenemos todo listo, te llamaba para avisarte —sonaba apenada.

— ¡Vaya! Es genial. Te recogeré en el aeropuerto, ¿de acuerdo? Ahora te dejo, nos vemos mañana. Los quiero —digo y espero su respuesta para poder colgar.

Dejé de trotar, creo que desde el momento en que ella indicó que venía dejé de hacerlo. Me devolví en mis pasos y fui directa al auto, tenía que llegar a casa.

Literalmente corrí a casa, me di una ducha poco relajante y esperé… pero como de costumbre el reloj nunca jugaba a mi favor y el tiempo iba pasando demasiado lento. Tomé el almuerzo pasadas la una de la tarde, tomando pequeños trozos de lo que tenía en mi plato, dilatando la espera, subí a mí habitación y escogí un libro de mi propia colección y empecé a leer pero ¿cómo iba a concentrarme? Difícil tarea.

Sin embargo, entre pensar, hacer una cosa y otra, y mirar el reloj, el tiempo pasó y eran ya las cinco en punto de la tarde.

En los últimos días me había acostumbrado a recibirle con pocas prendas que cubrieran mi cuerpo, a diferencia de eso, hoy traía un jean y una camisa decente, diría yo, no sabía que iba a hacer una vez hablara con él.

Esperé a escuchar el sonido del auto y solo entonces me fui hacia abajo para recibirle. Iba trotando escaleras abajo cuando la puerta se abrió, en un acto reflejo levanté la cabeza y sonreí hacia él.

— Buenas tardes, Señor —terminé de bajar a pasos normales y crucé mis manos en mi espalda al no saber qué hacer con ellas, el me miro… sonrió.

— Buenas tardes, Eridan —saludó.

Dejó su abrigo en el perchero y dió un paso acortando un poco la distancia que lo separaba de mí, aunque eso no significaba que caminase en mi dirección. Se movió a mi lado y percibí su olor, aturdiéndome por un momento, antes de que se girara hacia mí. Metió sus dedos entre mi cabello, en una caricia y jalón que enviaba un hormigueo espontaneo desde la cabeza a los pies y sin mayores dilaciones, me besó.

Me envolvió él, en el beso y el tirón de mi cabello, por la manera en que mi cuerpo se inclinaba para alcanzar más del suyo, por la fuerza con que tomaba mi boca a sabiendas que le pertenecía, por completo. Pero mi mente no iba a dejarme en paz y recordé a mi mamá, la conversación de la mañana; Puse las manos en su pecho para alejarlo o al menos intentarlo, él sujeto con su mano libre mi mano izquierda, y no dejó de besarme y yo tampoco dejaba de mover mis labios y abrir mi boca para darle paso, pero poco a poco la razón empezó a envolverme y pude pronunciar algo.

— Señor —susurré entre sus labios, me separo jalando suavemente mi cabello y me miró con esos ojos suyos brillando como un par de témpanos de hielo.

— ¿Sucede algo, pequeña?

No me pasó desapercibido su tono de voz, sus labios húmedos me llamaban a seguir en lo que estábamos y yo había detenido, también su respiración acelerada y si contaba la invitación que había en su mirada, entonces yo podría dejar a un lado lo demás, pero algo así no se podía dejar de lado.

— Tengo que contarle algo —dije, sintiendo mi cuerpo preso por rejas invisibles a mí alrededor.

— Hmmm —inclinó la cabeza —vamos afuera —dijo antes de girarse para caminar hacia las puertas corredizas que por un lado de la sala dan al jardín, fui detrás de él, intercambiando mi mirada entre mis pies y la vista que me daba de su espalda al caminar.

No se dirigió hacia la mesa que estaba allí, como pensaba que haría, por el contrario, siguió caminando por el jardín. Esperé hasta ver como se recostaba contra el tronco del árbol bajo el cual solía sentarme a leer.

El sol nos golpeaba directamente en la posición en que nos encontrábamos, ya que la sombre del árbol se extendía por completo hacia el otro lado del jardín… no sé cómo me vería yo, pero él, su cabello y facciones iluminados por el sol, me hacían perder el aliento.

— Te escucho —dijo mientras arrancaba una ramita endeble de un matorral y jugaba con ella entre sus dedos.

— Hoy mientras trotaba, mi madre me ha llamado… saludando y demás, me ha dicho que vendrá a pasar unos días —mi tono de voz fue en disminución, él hizo una seña y terminé de acercarme a él, pues hasta entonces había mantenido lo que yo llamo “una distancia prudente”. Puso la punta de la rama contra mi pecho y empezó a moverla hacia arriba y hacia abajo.

— ¿Y…? —me instó a continuar, haciéndome espabilar de lo que estaba haciendo contra mi piel.

— B-bueno yo… —empecé a decir, pero la rama era más constante contra mi piel.

— Pero… nada, vas a mantenerlos a distancia de nosotros ¿de acuerdo?

Le miré incrédula, y no sé si me ganaría un castigo pero tenía que defender mi punto.

— Mi madre va a querer conocerle, más cuando se dé cuenta que no estoy viviendo en el apartamento, porque supongo que debo llevarlos para allá —me eché ligeramente hacia atrás pero él tomó mi brazo y me hizo girar para ponerme contra el tronco.

— Pues tú, debes saber mantenerla alejada ¿entendido? —Asentí— Espero lo hagas bien, no queremos males innecesarios —volví a asentir, sin dejar de sentir una leve punzada por su forma de expresarlo, aunque él tenía razón, era innecesario.— Tuve que involucrarte con mi familia por accidente pero esto lo puedes manejar ¿de acuerdo? —por tercera vez le di un asentimiento.

El seguía jugando sobre mí con la rama, haciendo rayas sin sentido o eso creía yo. Rayaba continuamente hasta el punto del dolor pero en medio de ese dolor, del ardor y de las punzadas, había ese gusto que me resultaba placentero, pero estaba ignorando con todas mis fuerzas.

Tiró la ramita y una sonrisa iluminó su rostro, una de esas que pocas veces puedo ver en él. Su mirada no se apartaba de mi pecho, baje la mía para ver lo que causaba esa y un sonido de sorpresa escapó de mi boca. Rayas rojas surcaban mi pecho, rayas que a simple vista carecían de sentido pero ahí había una palabra.

“Mía”

Le miré y me miro, la sonrisa no se borraba de sus labios. Mi cuerpo se pegó al suyo aceptando todo lo que él ofrecía, me dejé invadir por el dulce efluvio de su boca y perdí la noción del tiempo y del espacio, pero recordé lo que me había dicho antes y me retiré de manera brusca cortando el beso.

— Tengo que ir a arreglar el apartamento. Ella llegará mañana —le dije separándome.

— ¿Tienes? —enarcó una ceja.

— Si  —respondí mientras caminaba hacia el interior de la casa.

— Bien, vamos.








Oohh, parece que alguien ha encontrado su voz 🙀
Necesito saber qué opinan 👀

Lo sé, ha sido mucho tiempo y no tengo excusas, tuve un bloqueo cabrón del cual me costó mucho salir, pero creo que estoy encaminada otra vez y no los volveré a abandonar, en serio lo siento.
Pero no he estado solo desaparecida, estoy trabajando mucho en mi bebé mayor, para que quede divino, y se emocionen nuevamente al leerlo 😍
¿Cómo están pasando la cuarenta?
Quiero saber cómo están pasando y qué sugieren para entretenernos un poco en las redes mientras esto pasa, les recuerdo que pueden encontrarme en Instagram y también en Facebook donde me gustaría que interactuásemos más, ya que tengo grandes sorpresas para ustedes.

Les mando un abrazo grande y les deseo mucha fuerza para esta difícil situación que estamos atravesando 🖤

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