Capítulo 5 | Entrenamiento
7:55 pm ~ JUE 12/11/2037 ~ En Algún Lugar.
Salió el sujeto que debía el líder de todos, es el mismo del auditorio, el de ojos verdes, el director de la aquella organización científica. Él caminó hasta el exterior de la nave, su mirada era intimidante, y parecía estar pensando en algo muy importante.
—Organícense en dos filas —Indicó Jared— El líder nos miró a todos por última vez, y luego siguió caminando a través de aquel pasillo, hasta que lo perdí de vista. Jared nos indicó que avanzásemos, los guardias armados nos iban escoltando.
Estábamos ordenados exactamente igual que como lo estábamos en las sillas de la nave, de un lado estaban los números pares y del otro los impares. Sigo sin saber la razón de ese orden, puede ser que no haya una razón en particular. Cuando ya habíamos bajado todos de la nave, observé hacia atrás para poder detallarla; era muchísimo mejor que un avión militar común, tenía de esos nuevos propulsores iónicos que permitían ir a gran velocidad sin gastar tanta energía.
Durante el transcurso por el túnel logré observar varias puertas, había personas entrando y saliendo de ellas, cada una parecía saber perfectamente en dónde se encontraba y hacia dónde iba; a mi parecer, este lugar era un completo laberinto. El pasillo por el cual avanzamos se dividía en tres caminos, fuimos por el de la derecha y entramos en la cuarta puerta, según nos lo indicaron.
Al pasar bajo el umbral de la puerta, nos encontramos con una sala muy amplia, era un poco más grande que el gimnasio de la universidad. Habían varios cuadros de al menos cinco metros de ancho en el piso con el número de cada uno de los integrantes. De la pared que había al frente, emergió una pantalla que de momento se encontraba apagada.
—Van a entrenar en parejas elegidas al azar, luego ustedes podrán elegir a un compañero para los entrenamientos, si gustan... —Explicó Jared— Los equipos saldrán en esa pantalla —Jared señaló hacia la pared.
La pantalla se encendió luego de que Jared presionó algunas cosas en una especie de pantalla táctil, salían todos nuestros nombres, y el número que nos habían asignado. Luego, todos se desordenaron, y la computadora comenzó a separarnos en equipos de dos. A mí me tocaba con la segunda, su nombre salía al lado del mío en la pantalla: Clemence Evans. Christina quedó junto a Alessia, eso sí que era tener buena suerte, a Mía le tocaba con Sarah Lightwood, la décima; y Albert iría con el Vigésimo Primero, Lukas Nóvikov.
Al parecer no todos éramos estadounidenses aquí, pude ver varios apellidos extranjeros en la pantalla. Me pregunto si a ellos los habrán secuestrado en sus países de origen, o si ya estaban aquí en Los Ángeles cuando empezó el incidente.
—Su entrenamiento empezará en cinco minutos... —Explicó Jared— Estén listos, este receso es para que conozcan a su compañero... Luego ya tendrán tiempo para conocer personas y hacer alianzas o lo que sea. Van a tener que sobrevivir en ambientes hostiles y, si es necesario, tendrán que luchar entre ustedes para asegurar su supervivencia. Ya veremos que sucede en el experimento... —él hizo una pausa— Para los que no me conozcan, soy Jared, el segundo al mando de ésta organización, y por ende, del experimento.
»Como sea, primero lo primero. Deben ponerse sus respectivos uniformes —Jared presionó un botón y de las líneas de los cuadros que estaban en el suelo comenzaron a salir paredes que nos rodearon a cada uno de nosotros, en una de las paredes había un maniquí con un uniforme puesto. Me quedé un rato analizando la situación.
—Adelante, ponte el uniforme —dijo una voz robótica, provenía de un pequeño altavoz que había en la pared.
Comencé a desvestirme, tirando toda mi ropa en el suelo. Agarré la camisa manga larga del uniforme, observé que había un número siete en la parte de la espalda y uno más pequeño cerca del hombro, luego agarro el pantalón y agarro los zapatos esos que venían acompañando el uniforme. Una vez que tenía todo el uniforme puesto, éste parecía adherirse entre sí, formando un traje completamente cerrado que se amoldaba perfectamente a mi musculatura.
¿Ahora nos van a poner a matarnos entre nosotros para sobrevivir? Estas personas están locas... No puedo dejar de preguntarme por qué me habrán elegido a mí... ¿Por qué nos eligieron a todos nosotros? ¿Qué es lo que realmente quieren?
Las paredes que me rodeaban comenzaron a bajar, observé a todos los integrantes, o elegidos, o como sea que nos llamen; todos tenían puestos los uniformes, los números que nos habían asignado podían verse perfectamente en cada uniforme. Todos parecían algo desorientados, yo empecé a caminar hacia la izquierda, como estábamos ordenados por números, ella debería estar por ahí. Finalmente la observé, debía ser ella.
Mi nueva compañera era una chica alta, de tez blanca y con el cabello un poco ondulado, de color negro, le llegaba hasta los hombros. Sus ojos eran unos de los más hermosos que había visto, eran de un inusual tono gris. Su figura era realmente hermosa, su complexión era bastante atlética, definitivamente debía mantenerse en forma haciendo ejercicio o algo.
—¿Segunda? —pregunté luego de tocarle el hombro. Ella se voltearía para observarme, efectivamente era la misma chica del Centro Comercial.
«Vaya coincidencia»
—Sí, soy yo, tú debes ser el séptimo... —respondió ella, haciendo una pausa mientras me observaba detenidamente. Parece que ella también me había reconocido— Oye, ¿de casualidad la semana pasada no fuiste a...?
—Sí, tú eres la chica que vi en el ascensor, ¿no?... —ella asintió— Bueno, presentémonos debidamente. Soy Matthew Walker, un placer conocerte —dije, mientras extendía mi mano derecha.
—Yo me llamo Clemence Evans... —dijo ella mientras estrechábamos nuestras manos— ¿Cómo te secuestraron?
—Bueno, estaba en la universidad el día que nos secuestraron. Había una feria de ciencias, todo iba bien hasta que hubo un apagón, entonces esa niebla verdosa comenzó a salir por todas partes.
—Yo también estaba en la universidad cuando sucedió lo de la niebla... —dijo— Entonces, no estabas solo cuando te secuestraron, ¿no?
—Sí, no fui el único. Nos secuestraron a mí y a cuatro amigos... Creo que también secuestraron a más personas, todo estaba lleno de esos militares.
—Ahora que recuerdo, en mi universidad también había una feria de ciencias ese día... —Clemence se quedó pensativa unos segundos— ¿Lograste ver algo más? —preguntó. Tengo el presentimiento de que esto va a ser una gran coincidencia.
—Bueno... Estoy casi seguro de que los guardias habían rodeado a otro grupo de personas —Le respondí según lo poco que pude ver.
—¿De casualidad estudias en la U.C.L.A?
—Si... ¿Por? —Le respondo, confirmando mi sospecha.
—Yo también estuve allí ese día... —dijo Clemence— Mi mejor amiga y yo veníamos para la feria de ciencia, ella tenía un proyecto que presentar, yo simplemente estaba acompañándola.
Justo en ese momento salió Jared, supuse que ya había acabado el receso. El entrenamiento iba a empezar, Jared comenzó a darnos ciertas indicaciones acerca del mismo. A nosotros nos habían asignado la sala dos, según lo que decía en la pantalla, le hice una seña a Clemence para que me siguiera a la sala de entrenamiento. Al entrar a la sala una puerta de rejas empezó a cerrar la entrada, nos quedamos un rato observando la sala, era bastante grande; tenía varios puntos repartidos por todo el lugar, en cada uno de ellos habían diferentes tipos de armas y sitios especializados para entrenar con ellas... Arcos y flechas, ballestas, cuchillos, dagas, diferentes espadas y otras armas blancas; también había una gran variedad de armas de fuego, entre las que podía observar algunas pistolas, escopetas, fusiles de asalto, ametralladoras y rifles. También había una zona en la que se podía practicar con explosivos.
—Bueno, parece que tenemos bastante para escoger... —dijo Clemence— Hay muchas armas aquí.
—¿Cómo estarán tan seguros de que nadie se pondrá a matar a nadie? —pregunté.
—Bueno tal vez nos estén observando y haya una puerta oculta para que alguien salga para detenernos en caso de que intentemos matarnos —respondió Clemence.
—Tiene sentido... En fin. ¿Qué arma vas a agarrar tú? Yo iré por... El arco, definitivamente.
—Yo voy a empezar con los cuchillos arrojadizos.
Fui al punto en donde estaban los arcos. Era la mejor opción que tenía, ya sabía usarlo muy bien, tenía una muy buena puntería, gracias a todo lo que me había enseñado mi abuelo. Agarré el arco, saqué una flecha del carcaj y empecé a apuntar a la diana, logré atinarle a un par de centímetros del centro. Agarré otra flecha y esta vez apunté hacia otra de las dianas, acertando mucho más cerca del centro. Tras cada tiro, me iba acostumbrando cada vez más a este arco. La mayoría de las veces acertaba justo en el centro. Una persona de al menos treinta años de edad entraría en la sala, su cabello era castaño oscuro, era alto y tenía una barba estilizada, nos había estado observando entrenar desde que llegamos, él sería nuestro instructor. Nos dio algunos consejos para mejorar a medida que nos enseñaba a usar por completo los sets de entrenamiento. Nuestro instructor presionó uno de los botones que había en un panel táctil que tenía en sus manos. Tanto en el campo de tiro con arco como en el sitio de lanzamiento de cuchillos, aparecieron blancos móviles. El instructor nos dio ciertas indicaciones que nos serán muy útiles para usar otros tipos de armas, además, nos dejó un dispositivo táctil idéntico al que él tenía, luego de un rato, él se fue para dejarnos entrenar por nuestra cuenta, tenía algunos asuntos que atender. De todas formas, podíamos llamarlo con el dispositivo que nos había dado, en caso de que tuviésemos alguna duda, o simplemente para pedirle algún consejo.
—¿Cómo vas Matthew? —preguntó Clemence mientras guardaba el dispositivo en uno de los bolsillos del uniforme.
—Muy bien... —dije— Desde pequeño voy con mi abuelo a cazar, él me enseñó a usar el arco. Pero, básicamente eso es todo lo que sé... —Hice una pausa— ¿Y tú? ¿Habías hecho esto antes?
—Sí, tengo bastante experiencia usando armas. Digamos que tengo mucho tiempo libre... —dijo ella, sonriendo, respondiendo a mi pregunta.
—Al menos tienes ventaja... —dije riendo.
Continuamos practicando, disparando múltiples proyectiles a los blancos en movimiento. A pesar de que me va bastante bien, creo que debería probar otra arma, soy muy bueno con el arco, pero ni siquiera sé si habrá uno en ese lugar del que Jared nos habló.
—Por cierto, deberías probar otras armas porque no sabemos si éstas estarán, o siquiera si llegaremos a encontrarlas en donde sea que nos manden luego de esto... —sugirió Clemence— Probablemente te servirá de mucho tu experiencia con el arco, pero no estaría de más probar con otras armas.
—Justo estaba pensando en eso... —dije— Además de tu gran experiencia con las armas, ¿también puedes lees mentes?
—Tal vez, quien sabe... —dijo ella con una mirada sospechosa, a manera de broma. No pude evitar esbozar una sonrisa— En fin, iré a practicar con la ballesta —dijo ella.
—Yo probaré los cuchillos.
Empecé a lanzar, me iba muy mal. El primer problema era lograr que el filo impactara bien en la madera, lo otro era la puntería; definitivamente me iba mucho mejor con el arco.
—Creo que mejor debería probar con otra cosa, que con estos cuchillos me va mal —dije.
—Es que los estás lanzando mal.
Ella dejó la ballesta en su sitio, luego comenzó a explicarme como debía lanzarlos, dándome una pequeña demostración, explicándome cómo debía agarrarlos y de que formas podía arrojarlos. Luego, volví a intentarlo, y esta vez el cuchillo logró impactar en la diana, a varios centímetros del centro.
Luego, fuimos a la zona de explosivos. Probamos con distintas bombas y granadas, me fue muy bien, era realmente fácil. Básicamente quitarle el seguro y arrojarlas, algunas eran un poco más complicadas, debían activarse de otras formas, algunas tenían temporizadores. Practicamos también a desactivar ciertos explosivos, luego fuimos a la zona de tiro.
—¿Sabes usar una de esas? —preguntó Clemence, al ver que sostenía una Beretta 92
—Sip, algunas veces mi abuelo llevaba una de sus armas para cazar, él era policía, aunque ya está retirado. El caso es que me enseñó cómo funcionaban.
—Bien, por lo menos sabes algo —dijo ella.
Al presionar el gatillo, sentía el ligero impacto que ocasionaba el disparo en mi cuerpo, aunque, de todas las armas, las pistolas daban muy poco retroceso, por no decir que no lo hacían. Las balas impactaron cerca del centro del blanco varias veces. Clemence ya estaba usando un rifle AK-47, ella está completamente experimentada en el uso de armas, no sería nada bueno tenerla como una enemiga.
A medida que iba disparando, cada vez mejoraba un poco más. Clemence presionó uno de los botones del panel táctil que nos había dejado el instructor y aparecieron los objetivos móviles. Después de eso, cambiamos de armas, decidí probar con una M-16, siguiendo las instrucciones que nos había dado el instructor, para evitar salir heridos al usar armas de alto calibre. Clemence estaba usando un Fusil de Asalto AK-103 sin problema, ella parece toda una militar. Y con esa mirada sombría, intimidaría a cualquiera fácilmente, sin motivos de ofender.
Pude notar que era mucho más pesada apenas comencé a disparar, al principio era un poco difícil, pero luego me acostumbré al impacto de la fuerza y al peso y todos esos factores; ya lograba dar cerca del centro. Me acostumbre mucho a la M-16, se me hizo bastante fácil de usar... Espero encontrar una a donde sea que nos manden en caso de no poder encontrar un arco y un carcaj con flechas. Clemence me dio un consejo para recargar las municiones mucho más rápido, lo cual podría servirme para salvar mi vida.
Mientras seguíamos disparando, se encendió una pantalla que mostraría un mensaje. «Ya terminó el entrenamiento, procedan a salir de las salas». Luego empezó a abrirse la reja que nos mantenía encerrados en esta sala, simplemente dejamos las armas en sus respectivos sitios y fuimos hacia la puerta para salir.
—Supongo que en los próximos entrenamientos vas a ir con tu amiga, la Décima —dije.
—No lo sé. Seguro se hizo amiga de la Octava y querrá ayudarla, ella también tiene un poco de experiencia con las armas, a veces me acompañaba a entrenar... Si quieres te puedo seguir ayudando, aún te falta mejorar bastante. Te estuve observando —respondió Clemence.
—Gracias, supongo que tengo suerte al tenerte de mi lado —dije con una sonrisa en mi rostro mientras escucho la risa de Clemence.
—Como sea, salgamos de esta sala —dijo ella.
Asentí con mi cabeza y seguí a Clemence en dirección a la salida. Algunos ya han salido de la sala de entrenamientos otros deben estar por salir o están saliendo. Repentinamente, de una de las salas de entrenamiento, salieron unos sujetos con batas blancas llevando a un cuerpo herido en una camilla con ruedas, no estaba muerto, pero no se veía nada bien... Me pregunto que habrá pasado.
—¿Ves?, hay gente controlando por si nos hacemos daño... ¿Quién habrá sido? —dijo Clemence.
—Bueno, adivinaste... Seguramente ya sabes quién va a ganar, sobrevivir, escapar o lo que sea que tengamos que hacer allá —dije, con un tono sarcástico en la última parte.
En ese momento salieron Christina y Alessia de la sala cuatro, venían caminando hacia nosotros.
—¡Matt!... —Christina y Alessia me saludaron, luego observaron a Clemence— ¿Cómo te llamas? —preguntó Christina.
—Clemence Evans... Supongo que ellas estaban contigo cuando...
—Sí, estábamos juntos cuando todo empezó... Yo soy Christina Lawrence.
—Yo me llamo Alessia Claflin —dijo Alessia alegremente
—Un placer, chicas —dijo Clemence, asintiendo.
—¿Cómo les fue en el entrenamiento? —pregunté.
Luego, todos empezamos a contar nuestras nuevas experiencias con el uso de armas, tanto de fuego como armas blancas; además de mencionar la suerte que tuve al tener a Clemence de nuestro lado... Ella fácilmente podría ser una asesina serial experimentada si se lo propone, si es que aún no es una espía adolescente o algo por el estilo...
Transcurrieron unos minutos mientras hablábamos, entonces observé a Albert y su nuevo compañero, venían saliendo de una de las salas de entrenamiento, Al no nos había visto, como cosa rara.
—¡Albert! —exclamó Alessia.
Él comenzó a mirar hacia todos lados, hasta que nos encontró, entonces empezó a dirigirse hacia nosotros.
—¡Hey! Chicos, no los había visto. Él es Lukas Nóvikov, viene de Rusia.
Qué raro de Albert, él nunca ve nada. Inútil ese que tengo por mejor amigo. Todos saludamos a Lukas, luego, Albert comenzó a presentarnos a cada uno de nosotros, también conoció a Clemence.
—¿Vienes de Rusia?... Vaya, tal vez haya gente de todas partes del mundo.
—Escuché que hay otros de Asia... —dijo Lukas con un inglés bastante entendible, pero con un notable acento ruso— Tal vez algunos de Europa.
—Sí, observé a tres asiáticos cuando estábamos en la nave —dijo Christina.
—En fin, eso lo descubriremos después —dijo Clemence. Mia y la mejor amiga de Clemence se acercaban hacia nosotros.
—Hola chicos, ¿cómo les fue? Ella es Sarah Lightwood —dijo Mia. Todos la saludamos de vuelta.
—¿Vieron al de la camilla? —preguntó Mia.
—Sí —afirmamos casi todos a destiempo.
—¿Cual camilla? —preguntó Albert, obviamente, como pensé anteriormente, el nunca ve nada.
—¿No viste? Bueno, obvio que no ibas a ver... —dijo Alessia riendo— Cuando la mayoría empezó a salir de las salas de entrenamiento, de una de ellas salieron sujetos con batas blancas y un cuerpo en una camilla.
—Vaya, sí que soy ciego —dijo Albert.
—Toda la vida, inútil —dije, mirándolo con desaprobación, negando con la cabeza. Él parecía querer asesinarme con su mirada, yo simplemente me reí.
—Bueno, ¿y ahora qué haremos? —preguntó Sarah.
—No lo sé... —dije— Supongo que tendremos que esperar a ver qué dice Jared o el Director.
—Bueno, se han... —Christina no terminó de hablar, fue interrumpida por Jared.
—Los entrenamientos fueron exitosos, excepto por el incidente con el vigésimo tercero... Por lo que veo ya han empezado con las alianzas y grupos. En breve serán trasladados a otra sala, donde tendrán su receso —dijo Jared, luego se fue caminando y salió de la habitación.
—Bueno, a ver a donde nos llevan —dijo Lukas.
—Espero que haya comida, tengo hambre —dijo Albert, todos reímos, al menos podíamos seguir haciéndolo.
Los guardias nos indicaron que hiciéramos la formación en dos filas, nuevamente nos separaron en números pares e impares. Luego de que todos estábamos listos, empezamos a salir de esa habitación, entramos por la segunda puerta hacia la izquierda, el pasillo de donde veníamos se dividía en dos.
Llegamos a otra sala, no era tan amplia, pero si era bastante alta, en el centro había una especie de edificio con varias habitaciones y escaleras para subir a las habitaciones superiores, me tocaba en la segunda planta, contando de arriba hacia abajo, en la habitación número 7. En la planta más alta están las habitaciones del 1 al 5... Observé detenidamente y me di cuenta de que estaban ordenadas de 5 en 5, a excepción del piso inferior, allí también estaba una puerta misteriosa, sería la habitación número 31, a pesar de no tener el número marcado, estaba ahí, al lado del cuarto de servicio.
Entré en mi habitación y lo primero que observé fue la cama que había hacia la derecha, al final de la habitación; al frente de la cama estaba una mesa de madera, encima de la cual había una bandeja de comida. Al lado de la mesa una pequeña nevera llena de agua y diversas clases de jugos; y, por último, la silla al otro lado de la mesa. También hay otra puerta que conduce a un baño, cabe destacar que en una de las paredes había un reloj digital.
Me senté en la silla para empezar a comer, tenía bastante hambre. El menú consistía en espaguetis con salsa, dos pedazos de pollo, ensalada y un vaso de jugo de durazno.
Luego de comer fui a darme una ducha rápida. En el baño había otro uniforme parecido al que tenía, solo que, de una textura mucho más suave, era más cómodo para dormir. Me cambié y luego salí del baño, me serví un vaso de agua de la nevera y me asomé en la puerta de la habitación, abajo estaban los chicos hablando, faltaba Christina, probablemente estaba bañándose todavía. Además de mis amigos, habían otras personas hablando a lo largo de la estancia, en otro rincón había otro grupo, por último, el chico misterioso, el número 23, que nunca hablaba con nadie. Antes de bajar por las escaleras me encontré con Christina, quien venía bajando del piso superior.
—Hola Matthew, ¿cómo te va? —dijo Christina.
—Tina... —la saludé— Bien, supongo... Seguimos vivos.
—Bueno, nadie debería estar del todo bien sabiendo que dentro de poco te van a enviar a un ambiente totalmente desconocido para un peligroso experimento en el que tendrás que luchar para sobrevivir... Aunque, concuerdo contigo.
—Sí, pero al menos seguimos todos juntos y no nos ha pasado nada, estoy seguro de que lograremos escapar de ese lugar... —dije, ambos nos quedamos pensativos un rato— Vamos con los demás, ¿te parece?
Ella respondió afirmativamente. Bajamos por las escaleras hasta llegar a la planta baja y nos dirigimos hacia donde estaban todos, quienes nos saludaron apenas llegamos.
—¿Entonces ustedes dos son pareja, no? —preguntó Lukas.
—Sí, llevamos algo de tiempo saliendo juntos...
—Lo intuía desde el principio —dijo Mia.
—¡Hey, chicos! —nos saludó Albert— ¿Qué les pareció la comida? Yo pensé que sería peor que la comida de hospital.
—Tienes razón, para mi sorpresa estaba deliciosa... Tal vez era que tenía mucha hambre —dijo Lukas.
—Sí, sabía súper bien —dijo Christina.
—¿Ustedes solo piensan en comida? —preguntó Sarah.
—¿Estás en contra? —dijo Albert.
—No —dijo Sarah riéndose mientras hacía un ademán con las manos— Sólo me causa gracia.
—¿Saben? Quisiera tener mi teléfono y WiFi —dijo Mia.
—No eres la única —comenté.
—Creo que el que no desee tener internet ahora mismo, no es humano —dijo Alessia.
—Bueno, yo me iré a dormir... —dijo Christina— Estoy realmente cansada.
—Sí, yo también me iré. Ya debe ser más de la medianoche, ellos nos secuestraron a eso de las 7:30 —dijo Mía. Sarah también se levantó.
—Sí, eran pasadas las once y media cuando salí de la habitación —dijo Clemence.
—¿Habían relojes en la habitación? —preguntó Albert.
—Sí... —afirmé— ¿Acaso no lo notaste?
—No me extraña... —dijo Alessia riendo, a Albert no le hizo gracia.
—Bueno... No sabemos que nos espera mañana, deberíamos irnos para descansar todo lo que podamos —dijo Clemence.
—Ella tiene razón —dije.
El resto comenzó a levantarse del suelo, habíamos hecho un círculo todos juntos. Todos empezaron a entrar en sus habitaciones, primero Lukas ya que era el 21, su habitación era en el primer piso, luego Albert, ya que era el 12, su habitación era en el tercer piso; luego Sarah, Alessia, Mia y yo en el cuarto piso, y en el más alto se quedaron Christina y Clemence.
Me recosté en la cama, cerrémis ojos y me dejé llevar por el sueño, quedándome dormido rápidamente, estabaalgo cansado. Mañana será otro largo día.
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