Capítulo 21 | Viejos Amigos
Mackenzie Hilliker
5:40 pm ~ LUN 23/11/2037~ Casa de Mack.
Me encontraba aislada del mundo. Estaba descansando en el mueble con el iPad en mis manos. La música sonaba a todo volumen a través de mis audífonos inalámbricos, estaba escuchando un poco de electrónica, uno de mis géneros preferidos. Jessica se me acercó, vi sus labios moverse, definitivamente ella estaba hablándome, pero no escuché absolutamente nada de lo que decía debido a que la canción sonaba muy por encima de su voz, así que le puse pausa a la canción por un instante y me quité los audífonos, dejé el iPad a un lado y me senté en el mueble.
—No escuchaste nada de lo que te estaba diciendo... —Jessy pondría su mano en la cintura— ¿Verdad? —preguntó con una mirada de desaprobación.
—Acabas de interrumpir mi canción favorita de Martin Garrix, así que espero que sea algo importante —dije, algo malhumorada.
—¿Acaso esa música es más importante que yo? —preguntó mientras hacía el ademán de secarse una lágrima. Obviamente estaba fingiendo, Jessy es toda una dramática.
«Aunque yo no puedo hablar mucho...»
—Pues fíjate que sí —dije, siguiéndole el juego. Luego me levanté del mueble y fingí que iba a irme, dejándola hablando sola. Pero, antes de pasar por el marco de la puerta me detuve y comencé a reírme.
—Bueno, como decía... —Jessica hizo una pausa— Barb y yo pensábamos salir a pasear a los perros en un rato, pero necesitamos tu permiso de hermana mayor —dijo Jessica.
—Y... ¿Qué pasa si digo que no? —pregunté con una ceja levantada.
—Bueno... Le decimos a Nick que nos acompañe —dijo ella con una sonrisa en su rostro.
—Si van a ir de todas formas no entiendo para que me preguntas —dije con un tono de obviedad.
—Bueno, te decía para ver si querías ir, pero parece que andas en tus días y andas más malhumorada que de costumb... —dijo Jessica.
—No, no ando en mis días, —dije con una mirada asesina— es sólo que interrumpiste mi canción favorita.
—Ay no, ya vas a seguir con eso... —dijo Jessica.
Entonces, la enana siniestra de mi hermana menor atravesó la puerta que dividía la cocina de la sala, donde estábamos nosotras.
—Entonces, ¿ella va a ir? —le preguntó mi hermana a Jessica mientras que con su mano izquierda me señalaba.
—Sí, voy a ir. No tengo nada mejor que hacer —dije.
—Bueno, anda a vestirte —dijo Jessica.
Como si toda la flojera del mundo estuviese condensada en mi cuerpo, agarré el iPad con lentitud y me puse de pie como pude, entonces comencé a caminar hacia las escaleras para subir a mi cuarto. Luego de un bostezo y un estiramiento de brazos subí corriendo las escaleras y entré a mi cuarto, puse la tablet en mi cama y encendí el iPod el cual estaba conectado a la corneta y comenzó a resonar «Shake it off» de Taylor Swift a todo volumen. Agarré mi peine y comencé a usarlo como micrófono, mientras bailaba y buscaba que ponerme. Abrí mi armario —sin dejar de cantar— y saqué unos jeans y los lancé en mi cama, luego busqué una camiseta sin mangas blanca y un suéter rosado. Me quité el short y la franelilla que tenía como pijama y me puse el jean y lo demás que había sacado para ponerme. Mientras seguía bailando y cantando fui hacia la mesita de noche, y de uno de los compartimentos saqué unas medias blancas, las cuales me puse. Después fui hacia la zona donde tengo mis zapatos. Luego de mucho cantar y bailar decidí ponerme unos zapatos rosados con detalles blancos. Finalmente, fui hacia el espejo y comencé a maquillarme un poco, un maquillaje ligero, como el que siempre solía usar.
La música finalizó justo cuando terminé de arreglarme, guardé el iPod en el bolsillo del suéter, y me traje los audífonos también. Apagué la luz de mi cuarto y salí de él con los audífonos aún en mi mano.
«Mackenzie, estás dejando el teléfono»
Cierto, gracias. Si soy idiota.
Entré nuevamente al cuarto y busqué mi teléfono, el cual estaba cargando en la mesita de noche. Lo agarré con 93% de batería y me lo metí en el otro bolsillo, donde no estaba el iPod. Ahora sí estaba más que lista para irme.
Salí de mi cuarto no sin antes volver a apagar la luz, y me dirigí hacia las escaleras e hice mi entrada triunfal en la sala, haciendo una pose diva. Los chicos estaban sentados en el mueble y comenzaron a reírse por mi pose diva y mi expresión facial que ellos suelen llamar «Cara de meme». Ellos dicen que mis expresiones sirven para hacer muchos memes, de hecho, Chris se la pasa tomándome fotos para hacerme stickers en WhatsApp.
—¿Ya estás lista? —preguntó Chris.
—Eso creo —dije.
—¿Nos vamos entonces? —preguntó Nick.
—Bueno, me falta agarrar una botella de agua —dije, luego me fui a la cocina mientras ellos seguían hablando, abrí la nevera y saqué una botella de agua.
Luego regresé a la sala y los perritos me siguieron a la puerta principal, la cual abrí segundos después con mis llaves, y salí hacia afuera, había un clima fresco y el sol radiante inundaba mi rostro. Volteé hacia atrás y vi que todos seguían sentados.
—¿Qué no piensan venir? —pregunté molesta.
—Ah, cierto... Ya vamos —dijo Jessica.
Comencé a observar la desolada carretera, estaba totalmente vacía. Tampoco había personas paralizadas en la acera, que extraño. Jessica comenzó a salir de la casa, seguida por Chris y Nick. Barb salió de último y cerró la puerta de la casa. Fue hacia donde estaban los perritos y les puso las correas para pasearlos. Nick quien estaba en la acera hablando con Chris, se quedó paralizado como si hubiese visto a la muerte. Señaló algo detrás de Chris, quien se volteó para ver que era.
En la esquina, atravesando la calle Bashford, había un carro en movimiento, estaba cruzando hacia la calle Iliff. Nick y Chris corrieron hacia la puerta de la casa, la cual Barbara ya estaba abriendo. El auto se detuvo, retrocedió y comenzó a cruzar hacia nuestra calle. Nosotros nos escondimos dentro de la casa y cerramos las cortinas de las ventanas de la sala.
El vehículo pasó lentamente por el frente de la casa, pero siguió de largo, así que suspiré aliviada y cerré la cortina. Nick y Chris seguían viendo, Jessica estaba en la cocina tomando agua, de lo más tranquila y Barb estaba acariciando a los perritos.
—Mack, mira por la ventana —dijo Chris.
Me dirigí hacia la ventana, abrí la cortina y allí estaba el mismo auto, estacionado en la acera que estaba al otro lado de la calle, quedando justo en el frente de la casa.
Las puertas del carro comenzaron a abrirse una tras otra, de una forma no sincronizada. Había siete personas dentro del vehículo, era una minivan, lo suficientemente grande para llevarlos a todos. Ellos parecían estar hablando, tal vez discutiendo acerca de algo. De los siete, sólo había dos chicos, acompañados de las cinco chicas. Un chico pelinegro y una chica pelirroja se acercaron a la casa 1035, la cual estaba justo al frente de la mía, lugar en el cual ellos habían estacionado; entonces él tocó la puerta, pero nadie le abrió. Observaron por las ventanas, pero no tuvieron éxito alguno.
Mientras tanto, otra de las chicas, una que era bastante alta y tenía el pelo castaño y corto estaba observando directamente hacia mi ventana.
«Mierda. Ella me vio»
Rápidamente cerré la ventana y me dirigí hacia la otra ventana, por donde Chris y Nick observaban. Ella estaba viendo hacia acá. Cerré la ventana y procedí a buscar un cuchillo en la cocina. Era una precaución.
—¿No crees que estás exagerando un poco con ese cuchillo? —dijo Nick haciendo énfasis en la palabra "ese", creo que era por el tamaño del cuchillo, es el más grande que tenemos, es casi del tamaño de mi brazo.
—No, ella no exagera —dijo Chris, quien sostenía un bate en sus manos.
—¿De dónde sacaste un bate? —preguntó Barb.
—Estaba en el sótano —dijo Chris.
—Buscaré algo por si acaso —dijo Jessy. Barbara fue a esconder a los perros en el sótano y Jessy regresó con una escoba en sus manos.
—¿No podías buscar algo mejor? —dije, observando la escoba con una cara que decía: "¿Enserio?".
—No me juzgues, fue lo primero que encontré —dijo Jessica.
—Por lo menos no trajiste un zapato —dije, y como si fuera adivina, Barbara trajo un patín de hielo, lo cual es técnicamente un zapato, solo que con las hojas afiladas debajo. Nick regresó con un cuchillo de la cocina.
Entonces alguien tocó la puerta tres veces, debían ser ellos.
Hice una seña a mis amigos para que guardaran silencio, llevando mi dedo índice a mis labios. Caminé hasta la puerta, y me puse a un lado de ella, justo al lado de donde está la manija para abrirla.
La puerta volvió a sonar, esta vez más fuerte. Chris tensó los músculos de su brazo, agarrando con firmeza el bate, y colocándolo como si estuviese a punto de batear una pelota. Jessica agarró la escoba como si fuese un bate, Barbara había dejado el patín y había agarrado una sartén de la cocina.
—Sé qué están adentro, los vi —dijo una fría voz femenina, supuse que era la chica alta.
—¿Estás seguro que viste a alguien adentro? —preguntó una voz masculina.
«Ahora que lo pienso, su voz me suena bastante familiar»
—Bueno, si no me creen, deberíamos entrar. Se forzar cerraduras —dijo la chica alta, no la estaba viendo, pero reconocí su voz nuevamente.
Luego el silencio volvió a invadir el lugar, yo agarré el cuchillo con firmeza, todos estábamos nerviosos, no sabemos que es lo que ellos quieren de nosotros. Luego, un tenue sonido metálico comenzó a escucharse, provenía de la cerradura de la puerta.
«Lo van a hacer, van a abrir la puerta, ellos entrarán en cualquier momento»
Y así fue.
La puerta se abrió bruscamente, la luz invadió mi casa al instante. Todos agarramos con más fuerza nuestras armas, listos para atacar en caso de que fuese necesario. Ellos nos miraron con caras interrogantes, excepto el chico pelinegro que estaba al frente, quien me miraba fijamente, hasta que pareció reaccionar y se lanzó hacia mí.
—¡Mackenzie! —exclamó él.
Entonces nos abrazamos... Vaya, han pasado años de que no nos vemos en persona. Desde la escuela primaria, para ser exactos tendríamos unos siete u ocho años.
Nos separamos y yo fui la primera en hablar.
—¿Cómo demonios llegaste hasta aquí, Matthew? ¿De dónde vienen? Y... ¿Qué rayos les pasó? —comencé a bombardearlo de preguntas, ellos tenían realmente un mal aspecto, estaban un poco sucios y tenían heridas en varias partes, pero ninguna herida tan grave, solo algunas cortadas a simple vista.
—Bueno, por dónde empiezo... Ella es Alessia, —dijo Matthew señalando a la chica pelirroja— ella es Clemence, —dijo mientras señalaba a la chica alta de piel pálida y cabello castaño— ella es Christina —dijo señalando a una chica de cabello rubio— ella es Mia, —dijo señalando a la chica bajita de cabello negro— y Ella es Sarah —dijo señalando a una chica de piel bronceada y cabello castaño—, y él es Maxim —dijo mientras señalaba al otro chico.
—Ok, déjame ver si me grabé los nombres. Tu eres Alessia —dije señalando a la pelirroja, y así seguí una por una, hasta que terminé—Y tú eres Maxim, ¿cierto? —dije, mientras él asentía.
—Bueno imagino que recuerdas a mi herm... —dije, pero me vi interrumpida por Barbara, quien salió corriendo y se lanzó hacia Matthew.
—¡Barbara, creciste! —dijo Matt bastante sorprendido.
—No me iba a quedar enana toda la vida —dijo Barbara un poco ofendida.
—Yo que pensaba que nunca iba a crecer —dijo Jessica.
—¡Jessy! ¿Cómo has estado? —dijo Matthew, bastante alegre.
—Excelente, Matty —dijo Jessica, separándose de Matthew.
—¡Nick!, ¡Chris! También están aquí —dijo Matthew sorprendido.
—En carne y hueso —dijeron Nick y Chris al mismo tiempo.
—Ok, no entiendo que está pasando aquí... —dijo Alessia, la pelirroja.
—Te comprendo, yo tampoco —dijo Clemence.
—¿Enserio los conoces a todos? —dijo Sarah, con una mirada incrédula.
—Bueno, déjenme les explico. —dije, luego hice una pausa para respirar y comencé a hablar— Matthew y yo nos conocemos desde hace varios años, él vivía por aquí de hecho, entonces todos nosotros —dijo mientras nos señalaba a mí, Barb, Jessy, Nick y Chris— éramos amigos de Matt, incluso íbamos todos a la misma escuela. Aunque Nick estaba en un curso superior; Chris, Jessy y Barb estaban un curso por debajo de nosotros.
—O sea que han pasado como... —Mia haría una pausa— ¡¿Diez años sin verse?!
—Sí, sólo hablábamos por Facebook o en el grupo de WhatsApp en donde estamos todos —dije.
—Y este es el reencuentro, a pesar de que sea el fin del mundo o algo así —dijo Chris.
—Ok, ahora es mi turno de preguntar... —interrumpió Jessica— ¿Por qué todos tienen un uniforme similar y parecen sacados del manicomio de una película de terror?
—Bueno, eso es una laaaaaarga historia —dijo Christina.
—Quiero escuchar, no me van a dejar con la intriga, no me importa que duremos tres horas hablando —dijo Jessica.
—Definitivamente no tenemos tres horas pero... —Matthew hizo una pausa— Haré lo mejor que pueda para resumirlo todo —Matthew tomó un respiro y comenzó a hablar, comenzó a contárnoslo todo.
«Ellos habían vivido un completo infierno, Matthew no paraba de describirnos los horrores a los que habían tenido que enfrentarse. Ahora estaban a un paso de ser libres, y necesitaban de nuestra ayuda para alcanzar la libertad»
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