Capítulo 17 | Una Salida (Parte 2)

Parte II

??? ~ DOM 22/11/2037 ~ Sección 33.

—¡Cuidado! —Advirtió Maxim.

Ella había lanzado una granada explosiva hacia nosotros, Lukas reaccionó rápidamente, lanzándose hacia el suelo. Ágilmente, logró arrojar la granada lejos, para que no nos explotase encima. La explosión tuvo lugar en el aire, derrumbando parte del techo y de las paredes del amplio pasillo.

«Eso estuvo muy cerca... Estos mejorados sí que son un problema»

—¡Corran! —exclamó Clemence— ¡Nuestro objetivo es llegar a la Sección 36, luchar con ella sólo nos va a retrasar!

Pero, Maddison Athens no iba a quedarse atrás.

Habíamos estado luchando contra ella desde que entramos en la Sección 32. Era más que evidente la ventaja que teníamos contra ella, nueve personas contra una. Aun así, ella logró apañárselas para causarnos problemas, debido a que desaparecía en medio de los pasillos y luego volvía a aparecer en otros sitios, atacándonos con gran destreza y agilidad. Aparentemente, había pasadizos secretos que le permitían moverse con mucha más libertad y rapidez. Además, ella definitivamente podía correr mucho más rápido que una persona promedio.

Maddison disparó una flecha explosiva que estuvo a punto de obstruirnos el paso. Yo utilicé dos flechas explosivas para poder retenerla, aunque fuese tan sólo por unos segundos.

Comenzamos a recorrer los interminables pasillos, los cuales se ramificaban cada vez más, esta zona de la Sección 33 parecía ser un laberinto. Afortunadamente, esta era la última sala de la sección, una vez encontrásemos la salida, llegaríamos a la Sección 34.

Pero, las cosas no iban a ser tan fáciles como pensábamos.

—Vaya, vaya... —dijo una silueta masculina que había aparecido justo al final del pasillo, estaba bloqueándonos el paso— ¿Acaso pensaban que podrían escapar de mi sección sin enfrentarse a mí primero? ¿Querían perderse la diversión?

—No veo como piensas detenernos, somos nueve, y tú estás sólo —dijo Albert.

—¿Lo estoy? —preguntó él.

«Mierda. Casi me olvidaba de ella»

—Disculpa la tardanza, Jonathan... —dijo Maddison, quien se encontraba detrás de nosotros, bloqueando ese lado del pasillo.

Estábamos rodeados.

—No veo el problema, seguimos siendo más que ustedes —dijo Maxim, señalando lo obvio de nuestra situación.

—Y somos más que suficientes para retrasarlos —dijo Jonathan, dirigiéndonos una sonrisa malvada, acompañada de su mirada asesina.

Maddison se había quedado sin flechas, por lo que comenzó a disparar con su Beretta 92, Lukas rápidamente bloqueó las balas con el escudo que había conseguido hace poco. Estaba hecho de alguna especie de aleación que lo hacía extremadamente ligero, pero increíblemente resistente.

Sarah y yo le disparamos flechas, pero ella las esquivó fácilmente, Alessia se lanzó a atacarla con su katana, pero ella logró esquivar por poco los embates de ella, realizando luego un contraataque que envió a Alessia fuertemente hacia la pared.

Mientras nosotros nos enfrentábamos a Maddison, Clemence había logrado clavarle un cuchillo a Jonathan en el hombro, pero él se lo había arrancado como si nada y entonces lo lanzó de vuelta, Albert logró cubrirse del ataque. Maxim intentó realizarle una cortada con su espada al mismo tiempo que Christina lo atacaba con el tridente. Logré dispararle una flecha en el brazo, una ligera mueca apareció en el rostro de Jonathan, quién pareció enfurecerse por ese ataque. Él esquivó el embate de Maxim y le asestó una patada en el abdomen, que lo envió volando hacia atrás, era completamente notoria su fuerza.

—Ok, ya me hartaste —Maxim escupió un poco de sangre y se levantó furioso para comenzar a dispararle.

Sarah, Alessia, Mia y Albert atacaban de forma coordinada a Maddison, pero ella siempre lograba abrirse paso, rompiendo sus defensas, realizando contraataques, recibiendo apenas una que otra leve herida. Jonathan no se quedaba atrás, estaba luchando contra cinco de nosotros al mismo tiempo, y apenas habíamos logrado herirlo.

Maddison tomó impulso para asestarle una patada voladora a Albert, pero fue interceptada por una de mis flechas, la cual terminaría atravesando su pierna.

—¡Alessia, ahora!

Alessia arrojó una granada adhesiva hacia el techo, los escombros cayeron encima de ella.

—¡Maddison! —exclamó Jonathan, quien trató de ayudarla.

—Oh no, de eso nada —dijo Clemence, quien finalmente logró asestarle una patada en la entrepierna.

Christina logró herirlo con su tridente en la pierna, desestabilizando su equilibrio. Maxim le realizó una cortada con su espada en la otra pierna.

Clemence aprovechó ese momento para asestarle toda una ráfaga de golpes, uno tras otro. Jonathan eventualmente comenzó a defenderse, pero en ese momento estaban realmente igualados, Clemence lograba esquivar cada uno de sus ataques. Era el momento perfecto para realizar un ataque decisivo.

Albert le disparó en la pierna, momento que Clemence aprovechó para asestarle una patada en el rostro, que terminó tumbándolo al suelo.

—¡Matt!

Disparé una flecha rápidamente, mi objetivo era su cabeza, pero él intentó levantarse, la flecha atravesó la parte baja de su cuello en su lugar.

—Vaya... —dijo Jonathan con dificultad, escupiendo sangre en el proceso— He perdido.

—¡Jonathan! —exclamó Maddison a lo lejos.

—¡No te muevas, o le atravieso el cráneo! —dijo Clemence, apuntándole a Jonathan con su Beretta.

—¡Maldita!

—Mira quién lo dic... —Alessia fue interrumpida por un sonido escalofriante, había algo muy cerca.

Al final del pasillo, pudo observarse una extraña silueta. Era una aberración increíblemente amorfa, una extraña masa blanquecina de la cual salían varias patas metálicas. En lo que parecía ser su cabeza, una abertura asimétrica mostraba varias filas de dientes metálicos. Tenía una protuberancia alargada en su parte posterior de su cuerpo, de la cual salían tres aguijones dispuestos de una forma similar al aguijón de un escorpión, probablemente inyectaban alguna clase de veneno.

—Mierda, mierda, mierda, mierda, mierda... —Maddison parecía realmente preocupada por la presencia de esa cosa.

—¡Corran! —exclamó Sarah— ¡Podemos encerrarla aquí con esa cosa!

Comenzamos a correr a toda velocidad. Maddison estaba realmente lejos, así que a pesar de que ella podía avanzar más rápido que nosotros, pudimos llegar a la salida mucho antes de que ella pudiese alcanzarnos. Lukas, Albert y Maxim me ayudaron a cerrar la puerta lo más rápido posible.

—¡Esperen, maldita sea! —Fue lo último que pudimos escuchar de Maddison.

Nuevamente, aquella bestia emitió un ruido perturbador.

—No se ustedes, pero siento algo de lástima por ella... —dijo Christina.

—Ella quería matarnos. De hecho, casi lo logra en varias ocasiones... —dijo Maxim— Lo tiene merecido.

—Pero... Aun así... —Christina hizo una pausa— Esa cosa...

—Tienes que dejar de buscar la bondad en las personas, Christina... —dijo Clemence— Eso podría acabar con tu vida en alguna ocasión. Hay personas que simplemente no pueden cambiar, una vez la maldad te corrompe, llega un punto en el que no hay vuelta atrás.

Finalmente habíamos llegado a la Sección 34, cada vez nos faltaba menos para llegar a la Sección 36; estábamos un paso más cerca de encontrar las respuestas que tanto buscábamos. Andábamos caminando alertas, atravesando la red de túneles que conectaban toda la Zona Subterránea.

No nos habíamos encontrado con ningún grupo numeroso de mutantes, ni con algún solitario mutante peligroso desde aquella cosa amorfa de la Sección 33. Hasta los momentos, sólo habían aparecido de esas ratas mutantes, en grupos de dos o tres, Clemence acababa fácilmente con ellas, utilizando sus cuchillos arrojadizos.

Maxim se detuvo un momento, nos hizo señas para que fuésemos a ver, parecía haber encontrado algo, y creo saber lo que es.

—Miren esto —dijo Maxim señalando unas puertas de piedra, sutilmente camufladas entre las paredes. Conducían a una pequeña cabina que parecía ser un ascensor.

—Podría ser una salida al exterior —dije.

—O podría ser una trampa para novatos —dijo Alessia.

Clemence entró para inspeccionar el ascensor. El único botón que tenía, poseía una flecha que apuntaba hacia arriba; el ascensor llevaba al exterior. Probablemente hay un ascensor en cada sección de la Zona Subterránea, algo que nos ayudará a llegar más rápido a la superficie, en teoría.

Llegamos a una sala bastante amplia. Había cuatro puertas, incluyendo la que estaba en el pasillo que nos trajo hasta acá. Cada una de las salidas estaba ubicada en uno de los puntos cardinales. La puerta que estaba al fondo, tenía inscrito el número 35 en su superficie, sin duda aquella sección estaba luego de aquel pasillo.

—Bueno, andando... —Clemence hizo una pausa— Parece que ya no falta mucho para llegar a la Sección 35.

Comenzamos a atravesar la habitación, confiados de que podríamos llegar al otro extremo sin problemas.

Extrañamente, justo cuando llegamos al centro de la habitación, todas las puertas se cerraron abruptamente, al unísono.

—Ok, esto no tiene buena pinta... —dijo Albert.

—A veces me sorprende lo observador que eres —dijo Alessia, sarcásticamente.

Albert iba a replicar, pero le dirigí una mirada que logró impedirlo. En el fondo él sabía que Alessia tenía razón, además, justo ahora teníamos que enfocarnos en lo que sea que se nos vendría encima en los próximos segundos.

De las paredes, se abrieron nuevas zonas, justo a los lados de cada puerta. Segundos después, ya podíamos escucharlos avanzar desde esos túneles, emitiendo sus característicos gruñidos extraños.

—¡Son humanoides! —exclamó Mia, luego de que éstos empezaron a salir de aquellos túneles.

—¡Por aquí también vienen! —exclamó Christina.

—¡No podemos dejar que se acumulen, ataquen con todo! —dijo Clemence.

Cada uno de nosotros comenzó a atacar. Comencé disparando unas cuántas flechas, y luego proseguí disparando con uno de los fusiles M16 que teníamos. Sarah utilizaba su ballesta, acabando rápidamente con varios de ellos, atravesando sus torsos y sus cráneos con su ballesta. Christina y Alessia se coordinaban para hacerlos retroceder, una con su tridente, y la otra utilizaba una de sus katanas. Clemence les arrojaba cuchillos a los humanoides, atravesando sus cráneos con facilidad. Maxim y Lukas se coordinaban para derribarlos. Uno les realizaba cortes en sus piernas, utilizando su espada; el ruso se encargaba de derribarlos, para luego aplastar sus cabezas con el escudo. Albert, Mia y yo comenzamos a abrirnos paso hacia una de las puertas. Clemence notó lo que tratábamos de hacer, así que le advirtió al resto. Si queríamos escapar, definitivamente tendríamos que llegar a esa puerta.

Continuamos abriéndonos paso a través de los mutantes, los cuales no dejaban de salir de aquellos túneles. Cada vez nos acercábamos más a nuestro objetivo, pero, cada vez había más humanoides.

Estaban empezando a acorralarnos.

—¡Rápido, son demasiados! —chilló Christina.

—¡En eso estamos! —exclamó Maxim, quien estaba intentando abrir la puerta junto a Lukas.

Albert fue a ayudarlos, y entonces, finalmente pudieron abrir un poco la puerta, no del todo, pero si lo suficiente como para que pudiésemos entrar.

—¡Vamos, vamos! —exclamó Lukas.

Las chicas fueron las primeras en pasar, Clemence y yo retendríamos a los mutantes unos cuántos segundos más, gracias a las balas explosivas de ella, y a mis flechas incendiarias.

—¡Maxim, ahora! —exclamó Clemence, justo luego de que salimos corriendo hacia la puerta.

Maxim arrojó una granada de metralla, la cual luego de explotar, dispersó pequeños fragmentos que detonaron poco después, fue una explosión realmente potente, lo suficiente como para retener a todos esos mutantes el tiempo necesario hasta que pudiésemos cerrar nuevamente la puerta.

—¡Lo logramos! —exclamó Sarah.

—Por un momento pensé que no saldríamos de esa... —dijo Mia— ¡Eran demasiados!

—No les mentiré, eso estuvo cerca... —dijo Clemence.

Nos detuvimos un rato allí, para recuperar el aliento. Nos hidratamos un poco, y nos alistamos para seguir avanzando.

Cuando pensábamos que ya todo había terminado y que finalmente llegamos a la Sección 35, la puerta que llevaba a la sala llena de mutantes de la cual habíamos logrado escapar a duras penas, comenzó a corroerse.

—No puede ser, es una amalgama... —dijo Albert.

—¿Amalgama? —pregunté, con una ceja levantada.

—Sí, se me ocurrió ese nombre hace poco, les queda perfecto a esas... Cosas —dijo Albert.

—Deberías preocuparte más por correr que por nombrar a esas cosas —dijo Sarah observando como aquella criatura se abría paso hacia nosotros.

Era uno de esos mutantes amorfos, como el que nos encontramos en la Sección 33, el que quedó encerrado con Maddison. Al parecer, la saliva de esas cosas era alguna clase de ácido corrosivo, que había logrado desintegrar la parte superior de una de las puertas.

La criatura logró tumbar la puerta con sus patas metálicas, y luego emitió aquel ruido perturbador, que estoy seguro de que le heló la sangre a más de uno de nosotros. Los humanoides no tardarían en llegar hasta nosotros, si es que esta aberración no acababa primero con nuestras vidas.

—¡Corran!

Aun nos faltaba un tramo relativamente largo para llegar finalmente a la Sección 35, y aquella cosa parecía ser bastante rápida, nos estaba llevando el ritmo bastante bien para nuestra mala suerte.

Clemence arrojó una granada adhesiva hacia el techo, la cual explotaría segundos después, justo cuando la amalgama se encontraba debajo. Los escombros resultantes de la explosión cayeron encima de su viscosa piel.

Toda una avalancha de humanoides podía observarse justo detrás de la amorfa criatura. Nuevamente estábamos en graves problemas.

—¡¿No tienes otra de esas granadas de metralla?! —preguntó Albert.

—¡Sí, pero detonar una aquí, en este pasillo, con nosotros dentro, sería un completo suicidio! —respondió Lukas.

—¡Tengo una idea, Matt! —exclamó Clemence— ¡Es riesgoso, pero tal vez podría funcionar!

—¡Vale, riesgoso me sirve! —dije.

—¡Atrapa! —dijo, justo antes de lanzarme una granada adhesiva, sin activarla.

—¿Qué pretendes...? —Iba a preguntar, pero bastó tan sólo una seña, para poder comprender lo que ella quería hacer.

—¡Bien! —Clemence hizo una pausa— ¡Sarah, a la cuenta de tres, dispárale una saeta a esa cosa!

—¡Vale! —dijo Sarah.

—¡Uno! —exclamó Clemence.

—¡Dos! —preparé la flecha, debía estar listo para cuando la bestia abriese su boca, tendríamos sólo una oportunidad, ésta era la última granada adhesiva que nos quedaba.

—¡Tres!

Sarah disparó la saeta con su ballesta, la cual atravesó parte de la masa amorfa que conformaba el cuerpo de aquella criatura. La bestia emitió un potente alarido, y justo en ese momento, cuando abrió sus fauces, disparé la flecha.

Por poco, la flecha logró adentrarse en la cavidad bucal de la bestia, logrando así nuestro objetivo.

La granada explotó, esparciendo trozos de aquella masa amorfa por todas partes. La explosión fue tan grande, que incluso acabó con varios de los humanoides que nos perseguían.

Aun así, no podíamos bajar la guardia todavía, por lo menos, no hasta que finalmente llegásemos a la siguiente sección.

Al final del túnel podía observarse la luz entrando, inundando la oscuridad. Era la salida de la Sección 34.

Corrimos lo más rápido que pudimos, hasta que finalmente llegamos, cerrando las puertas detrás de nosotros, para que los humanoides no pudiesen alcanzarnos.

«Lo habíamos logrado, escapamos a duras penas, pero habíamos llegado a la Sección 35. Estábamos a tan sólo un paso de la Sección 36. Estábamos cada vez más cerca de obtener las respuestas, pronto descubriríamos en dónde se encontraba la salida de este lugar»

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