Capítulo 12 | El Final de la Zona Nevada (Parte 3)
-:-- am ~ JUE 19/11/2037 ~ Zona Nevada.
Albert despertó abruptamente gracias a las bolas de nieve que Christina y Mia habían arrojado hacia su rostro. Él estaba gritando, hecho que despertó inmediatamente a Alessia, ella estaba completamente alarmada. Clemence, Sarah, Maxim y yo estábamos observando todo desde la entrada de la cueva.
No pudimos evitar reírnos un poco al ver sus reacciones.
—¡¿Qué les pasa?! —Albert protestó luego de calmarse.
—Que llevas horas durmiendo como un oso hibernando, ya es hora de irnos —dijo Christina.
—Hay un montón de formas de despertar a una persona que son mucho más sutiles que esta —Alessia se quejó, cruzándose de brazos.
—Ya dejen de llorar y levántense —dijo Mia mientras le extendía la mano a Albert para levantarse. Alessia se levantó después y ambos salieron a la entrada de la cueva para saludarnos.
Ya todos despiertos, decidimos comer un poco. Juntamos todas nuestras provisiones y preparamos una porción para cada uno. Todavía nos quedaba comida para al menos tres o cuatro veces más. Teníamos bastante suerte de haber conseguido un montón de recursos en esta cueva.
Luego de desayunar, agarramos nuestras cosas e iniciamos nuestra caminata por la nieve. El día estaba completamente soleado, ligeras pinceladas blanquecinas cubrían el vasto cielo azul. La luz se reflejaba directamente en la nieve, cosa que me hacía extrañar el clima nublado, debido a que era un poco molesto para los ojos. Aunque, debía admitir que la temperatura era agradable.
La mañana transcurrió bastante tranquila, no hubo señales de ningún mutante al acecho y el clima estuvo totalmente a nuestro favor. Incluso encontramos algunos baúles con provisiones, municiones principalmente, también encontramos un fusil M-16.
Espero que el día permanezca así. Tranquilo.
—¿No les parece que está todo demasiaaaado tranquilo? —dijo Mia— Podría ser normal, pero es que está... Demasiado tranquilo, no se escucha ni el aire —dijo haciendo mucho énfasis en la tranquilidad del lugar.
—Justo estaba pensando en eso... —dije.
—No bajen la guardia... —Clemence hizo una pausa— Tampoco me gusta nada esta tranquilidad.
—Es como la calma antes de la tormenta... —dijo Alessia.
—Ya dejen su negatividad, ¿quieren? —dijo Christina, mirándonos con desaprobación.
—Disculpe usted, señora posit... —dijo Albert, con sarcasmo, mirando directamente a Christina.
—¡Shhh! —Clemence los interrumpió abruptamente, haciendo señas con su mano para que se callasen.
—¿Qué pasa? —dijo Albert de mal humor.
—Escuché algo, pero si se quejan de todo no me dejarán escuchar... —dijo Clemence con un tono de voz más calmado— Estén alertas, puede haber algo...
—¡Lo escuché! —dijo Sarah.
—Parece que proviene del bosque que tenemos al frente —dijo Maxim mientras señalaba con su mano derecha hacia aquel bosque de árboles gigantes.
Estábamos en la cima de una montaña considerablemente alta, desde aquí podíamos ver todo el inmenso bosque, el cual parecía no tener fin. Desde aquí podíamos observar también las inmensas paredes que nos mantenían encerrados en este lugar, también podían detallarse ligeramente los números de algunas de las Secciones.
Se escuchó otro lejano alarido estruendoso y perturbador, probablemente pertenece a alguna bestia horrible y espantosa que no quiero ni imaginarme. Todos nos detuvimos al escuchar aquel ruido, y empezamos a mirar aquel bosque al que teníamos que entrar. El bosque rodeaba todo el lugar, había que atravesarlo sí o sí, de lo contrario nunca encontraríamos la salida de este páramo nevado.
«Claro, también estaba la posibilidad de que la Zona Nevada se extienda por todo el interior de las paredes gigantescas... Aunque no lo descubriremos si no avanzamos»
—¿No deberíamos ir a otro lugar que no sea ese bosque aterrador? —preguntó Christina, mientras miraba fijamente hacia el denso bosque, el cual no era para nada tentador.
—Me temo que tendremos que atravesarlo, parece que rodea todo este lugar... —dije— No tenemos alternativa.
—Matthew tiene razón —dijo Clemence—, no hay otro camino visible, al menos que regresemos por donde vinimos... En cuyo caso no haríamos ningún progreso.
—Qué más da, en marcha... —dijo Alessia.
—Podríamos también simplemente quedarnos aquí sin hacer nada... —sugirió Albert— Incluso podr... —Él iba a continuar hablando, pero fue interrumpido.
—¡No empieces con tus idioteces! —exclamó Sarah.
No pude contener una ligera carcajada. Albert me miró con el ceño fruncido.
—Tú te lo buscaste —dije, sonriendo.
Clemence ató una soga a un árbol que estaba cerca del borde de la montaña, y luego de asegurarse que estaba perfectamente ajustado el nudo, comenzamos a descender la montaña, uno detrás del otro, poco a poco.
Sarah había sido la primera en bajar, la siguieron Albert y Alessia, detrás de ellos íbamos Maxim, Christina y yo, detrás de mi venía Mia. Clemence sería la última en bajar, para poder traerse la soga, ellaiba a utilizar un equipo de escalada que había traído la mochila de Mia.
—¿Entonces, crees que la respuesta estará en las secciones faltantes? —preguntó Christina.
—Definitivamente... —afirmé— Esa nota tan meticulosamente escondida no puede ser algo hecho al azar.
—Me pregunto por qué tanto misterio con los ocho participantes extra... —comentó Mia.
—No eres la única, créeme... —dijo Clemence.
Luego de descender la montaña, empezamos a avanzar directamente hacia el bosque que se encontraba a unos cuántos metros de nosotros, estábamos adentrándonos cada vez más en aquella oscuridad sin fin. Incluso, pareció hacerse de noche debido a que ningún rayo de luz solar lograba colarse entre las ramas de los árboles, las cuales se entrelazaban, formando toda una especie de red que impedía que cualquier mínima fuente de luz exterior inundase la densa oscuridad.
—Ninguno de ustedes tiene una linterna, ¿verdad? —preguntó Albert— porque creo que nos sería bastante útil en este momento.
La oscuridad era tal, que no podíamos observar que había más allá de un par de metros de nosotros.
—Ahora que lo mencionas, creo tener una... Espero que tenga baterías —dijo Alessia. Ella se quitó su bolso de la espalda y comenzó a buscar la linterna que estaba dentro de él, hasta que finalmente la consiguió— Sí, aquí está, la obtuve cuando aún estaba dentro de la Sección 9. No pensé que llegaría a utilizarla —dijo, mientras sostenía la linterna en su mano, buscando el interruptor.
La luz invadió las tinieblas en menos de un parpadeo. Ya no estábamos del todo cegados, aunque nuestra visibilidad seguía siendo limitada, algún mutante o cualquier otra aberración nocturna podría salir en cualquier momento por nuestras espaldas y matar a alguno de nosotros sin que nos diésemos cuenta hasta que fuese demasiado tarde.
Los extraños sonidos de fondo tampoco ayudaban mucho a nuestra cordura, era como si a cada paso que dábamos, hubiese algo acechándonos entre las sombras.
Y es que así lo era.
Un destello metálico surgió de la oscuridad, era aquel antílope que nos atacó junto a los tres mutantes con implantes aquella vez. Su ojo biónico se encendió y comenzó a irradiar una potente luz roja que atravesaba la oscuridad, un láser, como los de esos punteros láser para los gatitos, o las miras láser que poseen algunas armas. Clemence recargó aquella arma de balas explosivas, cuyas municiones estaban entre las cosas que conseguimos esta mañana.
Se oyó un disparo, seguido de una explosión, todos nos tiramos al suelo. El puntero láser estaba apuntando al brazo izquierdo de Albert. No podía ver casi nada de lo que estaba sucediendo.
Clemence me pasó un dispositivo pequeño y adhesivo, creía saber lo que era, pero no estaba seguro. El antílope disparó un cuchillo arrojadizo, justo hacia el brazo de Albert, quien afortunadamente movió su brazo justo a tiempo. Rápidamente puse el pequeño adhesivo a una de mis flechas y le disparé al antílope. Aquella aberración recibió una descarga eléctrica que daño parte de sus circuitos. El antílope metálico logró lanzar un último cuchillo, que rozó la pierna de Maxim que estaba siendo apuntado por el láser. Afortunadamente, él logró esquivarla.
—¿Estás bien? —Preguntó Christina.
—Argh... Está sangrando un poco, afortunadamente la flecha sólo me rozó.
—¡Cúbranse todos! —dijo Mia con una granada en la mano, la cual lanzó hacia el antílope.
La granada eléctrica explotó, matando a aquella bestia con una fuerte descarga eléctrica. Poco a poco comenzamos a salir de detrás de los árboles que nos sirvieron de escondite. Christina estaba ayudando a Maxim a vendar su herida, Alessia les estaba alumbrando para facilitar el proceso.
—Fue bastante fácil, la verdad... —dijo Clemence— Quiero decir, ese mutante parece no actuar muy bien por sí solo, aquella vez fue difícil, porque parecía estar controlando a los otros tres. Supongo que por eso huyó cuando se quedó solo.
—Bueno, lo difícil aquí fue la oscuridad, realmente —dijo Albert.
—Y el antílope lo sabía, aparentemente. Quería aprovecharse de la oscuridad que hay aquí, es un mutante bastante inteligente como para ser un animal cualquiera que actúa por instinto... Es mucho más difícil apuntar en la oscuridad —comentó Christina.
—Cierto, demasiado inteligente para mi gusto —dijo Maxim.
—En fin, seguimos vivos, bla, bla, bla... —Alessia hizo una pausa— Sigamos caminando.
Y así fue como reanudamos la marcha, pasó un buen rato durante el cual no nos habíamos encontrado con ningún otro mutante lo suficientemente peligroso como para matarnos. Luchamos contra un par de incinerados, pero no mucho más.
Pero, eso cambiaría muy pronto.
Un extraño sonido nos heló la sangre a todos. Alessia alumbró en diferentes direcciones, tratando de encontrar la fuente que había producido semejante sonido. Sin embargo, luego de alumbrar hacia en todas las direcciones, no pudimos observar nada.
—¿Todos escuchamos eso, no? —preguntó Alessia.
—Sí, porq... —Mia dejó de hablar inmediatamente luego de sentir algo en su hombro. Una especie de baba viscosa de color negro había caído sobre su hombro.
Alessia apuntó su linterna hacia la única dirección que no había revisado: Arriba.
Una gigantesca y horrenda araña descendía lentamente, parecía estar levitando en el aire, descendiendo como si fuese un copo de nieve. Supongo que se debía a las telarañas. Sus ochos ojos rojizos parecían irradiar luz, una sustancia viscosa se desprendía de su boca, en la cual podían apreciarse unas enormes tenazas, con las que perfectamente podría cortarnos por la mitad.
Y lo peor de todo, es que ésa araña no era la única que había.
Alessia comenzó a iluminar todos los árboles que teníamos cerca, y entonces nos dimos cuenta de que probablemente nunca estuvimos solos en este bosque. Decenas de arañas gigantes venían descendiendo, tejiendo sus redes para poder llegar a nosotros.
La cena había sido servida desde el instante en el que entramos en este bosque.
—¡Corran! —exclamé.
Procedimos a salir corriendo de allí a toda velocidad. Las arañas reaccionaron también, debido a que estaban descendiendo con más velocidad.
Comenzamos a dispararles con las armas de fuego más potentes que teníamos, yo estaba utilizando la M-16, Albert, Mia y Christina usaban sus respectivas armas. Era realmente difícil apuntarles en la oscuridad, pero, al menos lográbamos derribar algunas cuántas.
—¡Chicos, miren allá! —exclamó Mia.
—¡¿La luz al final del túnel?! ¡Vamos a morir! —bromeó Albert.
—¿Tu pasión es hacer comentarios inapropiados en el momento justo, no? —dijo Maxim, con un tono de sarcasmo al final.
—¡Debe ser la salida del bosque! —exclamó Clemence, quien había usado una de sus balas explosivas, acabando con varias arañas en el proceso.
—Parece que ya vamos a por salir de aquí —dijo Sarah.
Ya estábamos más cerca, podía observarse ligeramente lo que nos esperaba más allá.
—¡No sé ustedes, pero yo no quiero pasar ni un segundo más aquí! —chilló Christina, observando como cada vez llegaban más arañas, tratando de matarnos. Alessia justo había atravesado a una con la katana, Clemence utilizaba la otra katana de Alessia para atacar a las arañas que trataban de lanzársenos encima, Maxim las apoyaba utilizando su espada.
Cada vez estábamos más cerca, la luz se abría camino a través de la oscuridad, a lo lejos podía observarse una pradera, completamente libre de nieve, con un corto césped verde y unas cuántas flores que adornaban el suelo, también había algo parecido a un estanque, era todo un paraíso tropical.
Seguimos avanzando lo más rápido que podíamos sin mirar hacia atrás, atacando con todo a las atrocidades que nos pisaban los talones. Teníamos la esperanza de llegar a aquel lugar y tener un buen descanso luego de toda esta locura.
Allá incluso podríamos llegar a obtener respuestas.
Lo que no esperamos es que iba a ser todo lo contrario a eso, iba a ser algo mucho peor. El infierno de desataría desde el momento en que atravesáramos esa barrera invisible que separaba al bosque nevado de aquello que aparentaba ser una cálida y fresca pradera.
Ocurrió como por arte de magia, justo cuando pasamos aquella barrera, la cálida pradera llena de flores se materializó ante nuestros ojos en lo que realmente era. Todo el terreno estaba gris y desolado, la lluvia caía como una cascada del cielo. Truenos y relámpagos azotaban la tierra.
«Y todo eso, apenas era el comienzo del caos»
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