Capítulo 10 | La Nota
3:14pm ~ JUE 19/11/2037 ~ G.E.O.
Se escuchaban perfectamente sus apresurados y firmes pasos al caminar por el pasillo, en el cual habían científicos caminando de un lado al otro, algunos con carpetas en mano, otros revisaban algunos archivos, unos cuantos estaban dando órdenes a unos soldados, cada quién estaba inmerso en lo suyo. Marcus Collins avanzaba con prisa, sin importarle en lo más mínimo el resto de personas en el pasillo, quienes asentían a manera de saludo cuando lo observaban pasando a través del mismo, desde lejos se notaba que él estaba muy ocupado como para corresponder cientos de saludos de sus subordinados. Claro, tenía asuntos confidenciales muy importantes que debía resolver lo más pronto posible.
Luego de avanzar a través del entramado sistema de pasillos, finalmente la encontró, aquella puerta que lo trasladaría a ese lugar al que deseaba llegar. Aquel hombre de cabello castaño y ojos verdes presionó el botón que segundos después abrió las puertas metálicas que se encontraban justo en frente de él. Ya dentro del ascensor, el cual parecía no tener nada del otro mundo, Collins marcó el número 10 en el panel táctil, allí se encontraba su oficina. Él tenía que... No, debía resolver ese grave asunto cuanto antes.
Salió del ascensor una vez se detuvo en el último piso y se dirigió hacia las grandes puertas de madera que se encontraban al final del pasillo. Luego de entrar, al ver que la persona que había citado aún no se encontraba allí, comenzó a caminar impacientemente de un lado al otro de la habitación. Si hay algo que él odiaba más que nada, era tener que esperar —y más cuando había tantos asuntos por resolver—, debido a que, como todos, su paciencia tenía su límite. Collins decidió sentarse a esperar.
Tick-Tock.
Tick-Tock.
Tick-Tock...
Marcus comenzaba a exasperarse, el sonido del reloj era lo único que se lograba escuchar en aquella habitación, y aquel sonido constante estaba comenzando a llevarlo a la locura. Decidió servirse un poco de café caliente, cuyo dispensador se encontraba en el escritorio de caoba que estaba justo en frente. Ya estaba comenzando a pensar que debería ir el mismo y resolver todo, una idea descabellada. Hasta que finalmente, aquella persona con la que tanto necesitaba hablar se dignó a hacer acto de presencia en su oficina.
—Hasta que por fin llegas —dijo Marcus, impaciente. Collins puso la humeante taza de café en el escritorio y lo observó al sujeto fijamente, esperando respuesta.
—Disculpe la demora, sólo fueron unos minutos, estaba muy ocupado, hay mucho papeleo que hacer—dijo el recién llegado.
—Bueno, parece que ya podemos empezar... —dijo Collins observando al sujeto. Él era el ingeniero estructural que se había encargado de construir el lugar que sería la sede del Experimento 407— Te cité aquí para hacerte una pregunta sumamente sencilla. Quiero saberlo... ¿Cómo es esto posible? —preguntó Marcus calmadamente, pero con una expresión bastante sombría.
—¿Qué quiere decir con...? —preguntó con temor el sujeto, pues él ya sabía a lo que se refería aquel aterrador sujeto de ojos verdes. Marcus Collins lo interrumpió antes de que siquiera pudiese terminar su pregunta.
—Sabes perfectamente a lo que me refiero...
—Pero, señor, sigo sin enten...
Luego de aquellas palabras, Collins decidió finalmente ir al grano. No tenía tiempo para esto.
—Déjate de rodeos, Jackson... Tienen que sellar esa salida ahora —Sentenció Collins— Todo tiene que salir a la perfección... ¿Quedó claro?
—Pero es que acordamos que sería parte del experim... —Intentó excusarse, en vano.
—¡No! —exclamó— Cambié de opinión. Tienen que sellar esa salida ahora, o iré yo mismo a hacerlo... —Sentenció Collins— No creo tener que recordarte las consecuencias, en caso de que decidas pasarte de listo y actuar por tu cuenta... —Collins hizo una pausa, observando fijamente a Jackson, quien parecía estar aterrado— Eso era todo, retírate.
Jackson, salió apresurado de la sala, dejando a un pensativo Marcus bebiendo café, "mirando a la nada". Marcus Collins pensaba en cuál sería su próxima jugada, su próximo movimiento... Lo estaba ideando todo para que su plan maestro saliese a la perfección.
Lo único que fallaba del plan de Collins, era un pequeño detalle, algo que sería de gran importancia, algo que lo cambiaría todo por completo.
«Había alguien que estaba observándolo todo desde las sombras»
Parte II
Matthew Walker
-:-- am ~ MIE 18/11/2037 ~ Zona Nevada.
Traté de olvidar por un momento todo lo que había estado pasando, estos primeros días he tratado de ignorarlo todo, he intentado simplemente sobrevivir y seguir adelante. Pero, la realidad eventualmente volvió a mí, y se sintió como una patada en el diafragma, dejándome sin aliento. Estaba haciendo la última guardia, Clemence, Sarah y Maxim seguían durmiendo. Podía sentir como la ansiedad recorría todo mi cuerpo, mientras observaba el frío ambiente invernal. Tenía demasiadas cosas en mente, y lo peor era que, por mucho que tratase de olvidarlas, no podía apartar esos pensamientos.
«¿Por qué nos tienen aquí? ¿Qué pasó con todos los que quedaron afuera? ¿Seremos los únicos libres de aquella parálisis? ¿Estarán experimentando con nuestras familias? ¿Este lugar tendrá alguna salida? ¿Qué pasaría si no lográsemos escapar?»
Cientos de preguntas sin respuesta interrumpían mis pensamientos, pero, sabía que ahora mismo debía enfocar toda mi energía en encontrar la salida de este lugar, y entonces idear una forma en la que todos podamos escapar de aquí con vida, para que todo vuelva a ser como antes...
«Aunque el panorama sea el peor de toda la historia, no pienso rendirme hasta mi último aliento»
Anoche, Clemence se ofreció a hacer la primera guardia para que nosotros tres pudiésemos dormir un poco, el segundo turno le había tocado a Maxim, y el tercero a Sarah. Yo estaba cubriendo el último turno de dos horas, ya faltaba poco para el amanecer.
Para ese entonces, ya todos estábamos despiertos, discutiendo sobre cuál sería nuestro próximo movimiento, planeando a donde iríamos ahora.
—Entonces, ¿nos vamos ya? —preguntó Maxim, quien parecía algo ansioso por irse.
—Sí, subiré para traer mis cosas y entonces, nos vamos de aquí —respondió Clemence.
—Espero que encontremos algo que nos de alguna pista, algo que nos ayude a salir de aquí... —dijo Sarah, mientras Clemence trepaba el gigantesco árbol. Parecía algo preocupada.
—Encontraremos algo, todo saldrá bien —dije, intentando elevar los ánimos, aunque yo no me sintiera muy animado precisamente.
Cuando ya estábamos todos listos, reanudamos la marcha. Tenemos que encontrar algo que nos sirva de ayuda, no podíamos quedarnos estancados, un paso en falso podría ser fatal para cualquiera de nosotros, y morir aquí no estaba en nuestros planes, todos pensamos salir de aquí cueste lo que cueste.
—A veces pienso que estamos en una excursión por la nieve, o algo así... —comentó Maxim— Pasándola bien, con amigos. Quiero pensar que estamos de viaje, disfrutando...
—Imagino que tu ilusión acaba cuando te salta encima un pobre animal mutante para intentar matarte... —dijo Sarah.
—Sí... —Maxim asintió— O simplemente observo a lo lejos las grandes paredes de las secciones, eso me trae de regreso a la realidad.
—Es triste ver hasta qué punto puede llegar la crueldad de la humanidad... —dije— Estos psicópatas están experimentando con desafortunados e indefensos animales, e incluso con seres humanos...
—Sí... Estos psicópatas deben recibir su merecido —dijo Sarah.
—¿Escucharon eso? —dijo Clemence justo antes de detenerse.
—Yo no escuc... —Maxim fue interrumpido.
—Shh, escóndanse detrás de ese árbol —dijo Clemence señalando uno de los cientos de árboles que habían por este sendero, era idéntico a todos los pinos que habían en esta zona. Aunque, éste me llamó la atención luego de que nos escondimos detrás de él. Su tronco era notablemente más grande que el de los demás árboles. De todas formas, no le podía prestar mucha atención ahora mismo, un mutante podría estar asechándonos.
Y así era, pude verlo cuando me asomé por unos segundos. Frente a nosotros se alzaba un mutante que no habíamos visto antes. Era un antílope, o al menos tenía la forma de uno, pero éste tenía múltiples implantes robóticos. La mitad de su cabeza era de metal, tenía un ojo artificial que brillaba de color rojo; además, sus gigantes cuernos parecían estar hechos de un metal muy resistente, además, sus patas delanteras eran completamente metálicas, las otras dos tenían refuerzos metálicos en la parte inferior. Aquella bestia se encontraba acechándonos, cual felino asediando a su presa. Desafortunadamente, nosotros éramos las presas, y como si no fuese suficiente nuestra mala suerte, el antílope no estaba solo.
Habían otros tres mutantes con implantes robóticos, uno era un ave mutante, una especie de águila que debía medir al menos 1.50 m estando erguida, a su lado izquierdo había una pantera negra, y a su derecha se alzaba un león. O al menos tenían esa apariencia; y al igual que el antílope, éstos tres tenían algunos implantes de metal en sus cabezas, torso y en algunas de sus extremidades.
Entonces, empezó la acción.
Maxim salió corriendo hacia otro árbol y lanzó una granada de luz para intentar aturdir a los mutantes, mientras nosotros nos posicionábamos, separándonos, cada uno cubriéndose detrás de alguno de los árboles. Clemence reaccionó rápidamente cuando observó a la pantera negra moviéndose con velocidad, esquivó su acometida y le realizó un corte con una de mis dagas, Clemence había realizado un corte bastante grande en el costado no metálico de la bestia, herida de la cual comenzó a salir sangre. El felino se dio la vuelta para atacar de frente a Clemence, pero ella ya había sacado un revólver de su cinturón. El felino saltó para darle una mordida a Clemence, pero ella le disparó dos veces en la cabeza.
Al mismo tiempo que eso sucedía, yo me encontraba de espaldas a Clemence intentando lanzarle una flecha al águila de alas metálicas, el problema es que era demasiado rápida y se movía mucho. Sarah le disparó una saeta con la ballesta, el águila se detuvo en medio de su rápido vuelo para esquivarla. Yo aproveché ese momento para lanzar la flecha con mi arco, la flecha atravesó su ojo no artificial. El águila perdió inmediatamente el equilibrio y el sentido, además de que se estaba retorciendo del dolor, emitiendo extraños alaridos mientras intentaba quitarse la flecha, parecía que su ojo artificial no le servía del todo para ver.
La pantera mutante cayó herida al suelo luego de los disparos que Clemence acertó con el revólver; seguidamente, Maxim le realizó una cortada profunda mediante la cual iba a desangrarse hasta morir, la herida que Clemence había hecho anteriormente con la daga, le había restringido su rápida movilidad, por lo que Maxim no tuvo dificultad para acabar con ella. Uno menos. Sarah con su ballesta logró asestarle otra saeta al águila, esta vez en el costado, en la parte que estaba libre del blindaje metálico. Justo en ese momento, el águila expulsó su ojo artificial. Era una granada de luz. Clemence intentó agarrarla para lanzarla a otro lugar, pero no llegó a tiempo. Clemence, Sarah y yo nos encontrábamos aturdidos por la granada, debido a que no pudimos cubrirnos a tiempo, a diferencia de Maxim, quién ahora tenía que enfrentarse el sólo al león mutante, aquella especie de águila mutante asesina se desplomó luego de expulsar su ojo.
Con mi visión aún borrosa, logré ver como una silueta que parecía ser aquella bestia se lanzó rápidamente hacia Maxim, aunque ella logró esquivarla tirándose al suelo y rodando, que alivio. Realizó múltiples cortadas con su espada, mientras evitaba los zarpazos del león, o al menos eso parecía, vi como la silueta de lo que debía ser su brazo se movía repetidamente. Luego sacó una pistola, cosa que confirmé al escuchar los cinco disparos que fueron necesarios para derrotar al león.
El antílope seguía allí, asediándonos desde la distancia. Aquel extravagante mutante parecía haber estado controlando a los 3 que acabábamos de derrotar, debido a que él no hacía nada, además de emitir un brillo rojizo en su ojo artificial, mientras los otros tres mutantes luchaban. Los efectos de la granada de luz habían pasado, por lo que estábamos más que preparados para enfrentarnos al antílope, el cual, para nuestra sorpresa, simplemente empezó a huir a toda velocidad, luego de disparar un rayo láser a uno de los árboles, que ocasionó que parte de este comenzase a arder, cayendo luego al suelo, bloqueando el sendero principal que llevaba a una zona densa del bosque. Maxim le disparó un par de veces, pero no consiguió hacer nada, el antílope desapareció tan rápido como le vimos llegar, se perdió en aquel denso bosque de árboles gigantes en el que nos encontrábamos, que parecía no tener fin.
—Vaya, estuvieron bastante bien para ser unos novatos —dijo Clemence.
—No te creas, no fue nada fácil... —dijo Maxim, mientras se secaba un poco de sudor— Pudieron habernos matado en cualquier momento.
—Y por suerte todos tenemos armas —dijo Sarah.
—Y por mucha más suerte recibimos un duro entrenamiento días antes de que nos metieran en este lugar... —dije yo— Gracias a ello es que la mayoría puede sobrevivir en este lugar.
—Tienen razón, nada de esto es fácil... Afortunadamente estábamos los cuatro juntos cuando ese grupo de mutantes nos emboscó, pero si nos hubiese atacado un grupo como este a cualquiera de nosotros estando solo, hubiese sido fatal... —dijo Clemence.
—Qué más da, sigamos caminando... —dijo Maxim— Con suerte escapamos de aquí con vida y no nos matan en el camino.
—Sí, no quiero pasar ni un segundo más aquí... —dijo Sarah— El antílope podría traer refuerzos o algo por el estilo.
—¡Esperen! Tengo que revisar algo antes de irnos... —dije, recordando aquel árbol cuyo tronco era notablemente más grande que el resto, aquel árbol en el que nos llegamos a cubrir antes de que nos enfrentásemos a los mutantes metálicos. Caminé hasta aquel sitio, definitivamente el tronco tenía una forma muy peculiar como para tratarse de un árbol cualquiera, claro, obviando el hecho de que estábamos ante un gigantesco árbol modificado genéticamente. Al compararlo con los demás árboles de aquí, éste era... Distinto.
Toqué el árbol en una parte de la corteza que tenía una inscripción extraña y ésta se hundió. El árbol comenzó a abrirse, mostrando lo que había adentro. Un pequeño baúl que contenía un lápiz y un sobre en su interior, afuera habían varios cartuchos de distintas municiones, algunas de las balas explosivas para el arma de Clemence; el resto de municiones les servían perfectamente a Maxim y a Sarah, además habían al menos veinte flechas para mí. Luego de abastecernos de municiones, abrí el sobre y saqué la hoja, en la cual había una nota muy peculiar...
"Qofdfkqx bq mzqm".
«No tiene sentido. Son sólo letras al azar, ni siquiera parece otro idioma»
Eso fue lo primero que pensé, pero... ¿Por qué este papel con esta nota escrita en él estaría oculto tan meticulosamente en este árbol? Tenía que significar algo, este pedazo de papel podría ser nuestra primera pista, una indicación que nos llevaría un paso más cerca de nuestro objetivo. Pero, justo ahora no podía encontrarle nada de sentido, no puedo dejar de pensar en el hecho de que parecen simples letras escogidas al azar, pero... Algo me dice que cada una de ellas ha sido elegida meticulosamente, para no revelar el significado oculto.
—¿Qué se supone que significa? —preguntó Maxim, quien parecía igual de confundido que yo.
—No lo sé, debe ser algún tipo de código cifrado... —dijo una pensativa Clemence.
—Creo que sé que código es, pero no recuerdo cómo se llamaba —dijo Sarah.
—¿Cuál crees que es? —pregunté.
—Umm... Cifrado César, ¿Tal vez? —preguntó Clemence.
—¡Sí! ¡Creo que es ese!... Tiene que ser ese, me suena —dijo una entusiasmada Sarah.
—No perdemos nada probando —dije.
Conocía perfectamente el Cifrado César, pero no había llegado a mi mente dicha posibilidad. Agarré el lápiz y comencé a probar cada combinación hasta que conseguí una frase coherente, aunque inmediatamente pude fijarme que el mensaje no estaba en inglés, sino en otro idioma.
—Chicas, creo que descubrí algo —dije. Entonces se acercaron Clemence, Sarah y Maxim hacia donde yo estaba, y les mostré el pedazo de papel, señalando la frase que había descubierto.
"Triginta et octo".
—No tengo ni la menor idea de que es lo que dice —dijo Sarah.
—Oigan, creo que esa frase está en latín —dijo Maxim.
—¿Sabes qué dice? —pregunté.
—Treinta y ocho —dijo Maxim con su característico acento.
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