Capítulo 5.

Recostado en mi cama observo nuevamente los dígitos en la pantalla de mi móvil, he estado a punto de llamarla unas quince veces pero cada vez que voy a presionar el botón verde me arrepiento y empiezo a maldecirme. ¿Por qué es tan difícil llamarla? Lo peor del asunto es que en veinte minutos tengo que estar en un restaurante junto a mi padre y ni siquiera me he duchado.

Inhalo profundamente mirando los números del teléfono de Stella. ¡Vamos, tú puedes! Me grita mi subconsciente dándome valor, uno que al parecer si dan resultados porque presiono aquel botón y mi teléfono empieza a emitir los tonos habituales de repicar. Uno, dos, tres, cuatro tonos hasta que ella contesta.

—Foster.

Al escuchar su voz me congelo y cancelo la llamada rápidamente. ¡Soy un imbécil, parezco uno de esos pubertos acosadores! Muy bien, realmente soy un cobarde.

Decido dejar el asunto de Stella de lado por un momento; camino hacia mi closet tomando unos jeans azules muy desteñidos y una camisa a botones además de un bóxer limpio. Me interno en mi baño quitándome el pijama con rapidez y luego me interno en la fresca lluvia artificial.

Las gotas acarician mi cuerpo con delicadeza mientras que yo froto suavemente el jabón en mi piel. Estar en la ducha siempre hace volar mis pensamientos, como si estuviera teniendo un sueño eterno de esos que ya no tengo cuando cierro mis ojos y me dejo llevar en los brazos de Morfeo. Después de dejar escurrir el agua por desagüe llevándose todo lo negativo de mí, tomo una toalla de la cesta sacando mi cuerpo. Me coloco los calzoncillos, luego los jeans y camisa respectivamente. Cepillo mi cabello hacia un lado pero es inútil porque paso mi mano sobre las hebras marrones desordenándolas un poco. Rasco mi barba, Marie dice que debo afeitarla pero me gusta tal y como está, no creo que pase una maquinita de afeitar por mi rostro en mucho tiempo.

Salgo del baño entrando a la habitación buscando mis mocasines marrones favoritos, me los coloco al igual que mi reloj. Veo la hora en él, se supone que tengo que llegar en diez minutos. Eso no va a pasar, nunca en la vida, con el tráfico extremo que tiene esta ciudad las veinticuatro horas del día, no podría llegar a tiempo.

Buscando el contacto de mi padre en mi móvil le escribo que llegaré tarde y que no se impaciente. Cuando estoy dentro de mi jeep él responde que no me preocupe ya que él tampoco ha salido de casa. Eso como que vine de familia.

Algunos pensaran que vivir en una ciudad tan caótica como Nueva York es terrible, para mí no lo es. Aunque odie las multitudes, amo el ruido, el caos, la histeria; pero lo admito, a veces quiero estar unos minutos a solas con paz a mí alrededor. Puedo tener ambos en Nueva York, mi trabajo es mi santuario aunque ya no esté detrás del micrófono. Pero antes, en esos días... ¡Wow! Yo era indetenible, mis hombros se relajaban y aquellas sonrisitas placenteras no podían abandonar mi rostro. Buenos tiempos, la verdad.

Cuando estoy entrando en el estacionamiento del restaurante consigo fácilmente un puesto y logro parquear ahí. Bajo del jeep entregándole mis llaves a uno de los valet parking. Nunca había tenido ningún problema en ese lugar anteriormente así que sabía que mi jeep estaría a salvo.

Me interno en el restaurante buscando con la mirada un lugar vacío, pero casualmente mis ojos chocan con los de papá. Al parecer si pudo llegar antes que yo.

—Disculpa la tardanza—digo corriendo una silla hacia atrás.

—No te preocupes, hijo. Llegue hace minutos.

Yo soy la viva imagen de papá, solo que con más cabello y sin una panza gigantesca de cervecero. Marie Lou siempre se burla de mí diciendo que en un futuro yo tendré el mismo aspecto que él. Antes de empezar a charlar sobre el tema que realmente quiero tocar con él, nos ponemos al día. Tenía mes y medio sin ver a papá, realmente su novia—ahora prometida—, le ha estado robando el tiempo de calidad con sus hijos.

—Un pajarito me contó algo sobre ti y Cristal—empiezo a encaminar el tema por el que estoy aquí.

Papá frunce el ceño sin estar muy extrañado.

—Supongo que ese pajarito se llama Marie.

—Supones bien.

—¿Qué te dijo el diablillo?

—Que pronto tendré nueva mami.

Mis ojos no se despegan de él, aunque esa respuesta sea graciosa, el tono en que lo dije está demasiado lejos de la gracia. Papá suspira, mi padre tiene unos ojos manipuladores y una labia que destruiría a cualquier rapero o vendedor de algún objeto. Dejaría en pañales a cualquier CEO o a una persona con un coeficiente intelectual muy alto. Creo que las palabras son lo que le ha ayudado a conseguir tantas mujeres en su vida.

—Cristal... es una mujer increíble. Tú hermana y tú ya la conocen y pensaba que ustedes les agradaba. Pero es mi felicidad, Blake, ella me hace feliz. Mi corazón se acelera como un jodido adolescente. Yo... solo quiero reparar mi corazón.

No me inmuto por ninguna de sus palabras.

—Realmente no me importa con quien te queras casar papá—le digo con sinceridad—, la que me preocupa es Marie, ella no soporta a Cristal y lo sabes muy bien, no te hagas el loco. Toqué el tema para que estuvieras al tanto de la situación. Sabes que Marie sería capaz de desfigurarle el rostro a Cristal con tal de evitar que se case contigo.

—Sí, eso me preocupa un poco.

—Para relajar un poco el peso de tus hombros trataré de controlarla.

—Gracias, Blake—un mesero viene a tomar nuestra orden haciendo que nuestra conversación se vea interrumpida. Cuando el mesero se retira papá vuelve a mirarme—. ¿Cómo va el trabajo?

—Afortunadamente bien, estamos teniendo un rating alto de radioescuchas, estoy feliz por ello.

—Estoy orgulloso de ti hijo—da una palmada en mi hombro—. Aunque no puedo evitar preguntar, ¿cuándo volverás a estar detrás del micrófono?

La pregunta que me hace cada vez que nos vemos. Marie Lou ha dejado de hacerlo luego de que en medio de una pelea estúpida de hermanos yo le dijera que me dejara en paz de una manera no muy agradable. Hoy en día se encuentra reacia con respecto a mi trabajo diciendo que nada se comparará a esos días que era un locutor de renombre. Papá, por el contrario, no ha dejado de preguntarlo cada vez que nos vemos, incluso después de que le dijera que no quiero hablar sobre ello.

—¿En serio quieres irte por ese camino?

—Blake...

—No me veo en un futuro muy cercano tras el micrófono—respondo cortándole—. Por favor, te pido que no hablemos más sobre ello.

—No descansaré hasta verte hacer lo que más amas.

—Me gusta mi trabajo, papá.

—Ahí erradica el problema. No te debe gustar tu trabajo, debes amarlo.

Esas palabras tocan ese lugar más recóndito de mi corazón. Sé que él tiene la razón, pero no voy a dársela.

La comida llega a nuestra mesa y suspiro de alivio porque lo ha hecho en el momento justo. Papá ordenó una milanesa de pollo con arroz y puré de papás mientras que yo ordené un bistec con los mismos contornos de mi padre. No me gusta ningún el pollo, no me crucifiquen por ello.

—¿Y cómo estuvo la boda de Theo? En serio lamento no poder haber asistido—La voz de remordimiento de mi padre me hace sonreír en mi interior.

Entonces debiste darle un alto a tu caprichosa novia, papá. Pienso. Por supuesto no le digo aquello.

—Estuvo encantadora. Además, tuve la oportunidad de conocer a la familia de Samantha, todos son grandiosos.

—¿Alguna prima caliente que haya hecho que tu amiguito se emocionara?—justo en ese momento estaba tomando un sorbo de mi jugo de fresa, me ahogo un poco ocasionando que empiece a toser. ¿Por qué se le ocurre decir aquellas cosas?—. ¿Estás bien?

—Si papá, y contestando tu pregunta no, ninguna prima que me haya llamado la atención—doy otro sorbo de mi jugo para pasar el mal rato.

—¿Nadie? Hijo, estabas en Montana, allá están las mejores mujeres de este país.

Eso último me hace embozar una pequeña sonrisa, sé que está hablando de mamá. Los ojos melancólicos de mi padre me dicen aquello. Sé que mi padre busca a todas esas mujeres esperándose encontrar con otra Katherine Mayer. Se casa con ellas esperando que sea Katherine Mayer las que le hagan de comer o abrace todas las noches y sé que necesita tanto una Katherine Mayer como lo hace un drogadicto a una pequeña dosis de cocaína o heroína, creo que por esa razón sus matrimonios no duran absolutamente nada.

Mis pensamientos pasan de mi madre a Stella, sin ser consiente de mis actos sonrío como un idiota y eso papá lo nota.

—Conociste a alguien—afirma él.

—Si—¿Para qué voy a negarlo? Esa mujer me está volviendo loco, ¡será porque me ignoró deliberadamente!

No quiero pensar que el misterio es lo que me tiene a la expectativa con Stella.

—¿Cómo se llama?

—Stella.

—¿Y es...?

—Solo es una amiga de la familia de la novia. Es organizadora de eventos, planeó la boda de Theo—suelto algunos detalles—. Por cierto, me odia y no sé por qué.

—¿Por qué llegaste a aquella teoría?

—Papá, le dije que tenía bonitos ojos y ella solo dijo que no se iba a sonrojar con mi "palabrería barata"—Eso último lo dije haciendo comillas con mis dedos al aire—. Además, me fulminó con la mirada toda la ceremonia.

—Puede que este molesta porque no fuiste a los ensayos de la boda.

—Estaba trabajando, no podía dejar mi lugar así porque sí.

—¿Y no pudiste conseguir su número?—No sé porque pero me sonrojo, papá levanta una de sus cejas—. Por tu reacción veo que la respuesta es no.

—La cuñada de Theo me lo dio. Pero, no creo tener el valor de llamarla.

—¡Patrañas!—exclama papá haciendo un gesto con su mano—. Dame tu móvil.

—¿Para qué?

—Solo dámelo, Blake.

—Ya no tengo doce años, papá. No uses ese tono conmigo.

—Podrás tener cincuenta años y seguiré usando ese tono contigo, Bam Bam.

Maldita sea Marie por crear ese apodo.

Extiendo el teléfono hacia papá y desliza su dedo por la pantalla por unos minutos hasta que me lo vuelve a extender. Cuando veo hacia el aparato noto que una llamada está en curso. Mierda, Stella. Papá me hace una seña de que coloque el móvil sobre mi oreja, no sé porque demonios le obedezco.

—Foster.

Me quedo helado, de hecho siento que un sudor frío sube por mi columna vertebral, ¿y que hace mi padre? El muy... descarado se ríe de mí.

—Foster, ¿quién habla?—la voz de Stella vuelve a escucharse, trato de articular una palabra pero nada sale de mí. ¿Y si piensa que soy un acosador?—. Oiga, no estoy para bromas, búsquese una vida.

Y sin más cuelga. Vale, tal vez deba buscarme una vida, una en donde mi padre no tenga que llamar a la chica que me atrae y en la que no actué como un adolescente con las hormonas alborotadas.

Bajo el móvil de mi oreja y suspiro, miro a mi papá con mala cara y me levanto de la mesa. Ya había terminado mi platillo hace mucho, ni piense que ahora yo voy pagar. Se ha pasado, y mucho.

—¿Blake? ¡Vamos, hijo, tenías que hablarle!

Ignorándolo salgo del local vía al estacionamiento. Sí, estoy actuando como un idiota, pero cuando una chica te atrae y tu padre prácticamente te humilla frente a ella creo que ahora es normal que yo me comporte de esa manera.

Subo a mi jeep sujetando con fuerza el volante a su vez que coloco mi frente apoyado en él. Si alguien me viera de esa manera tal vez pensaría que soy un tonto infeliz que está llorando por sus malas decisiones. Cuando ese pensamiento llega a mi mente, mi mano instintivamente busca mi móvil y vuelve a marcar hacia Stella, estoy temblando de la expectación, pero sé que debo hacerlo.

—¿Quién es usted y por qué me está acosando?—vuelvo a escuchar su lengua viperina.

Armándome de valor formulo mi respuesta.

—Hola, Stella.

Cuando enciendo mi computadora y noto que, ¡Al fin tengo internet! La mejor sensación del mundo.

No había publicado aquí porque estaba terminando la serie de Los intocables :( Ahora que mis bebés se han ido, todavía me queda Blake.

Comenten que les pareció el capítulo y si les está gustando :)

Subiré otro dentro de poquito como recompensa por haber estado perdida aquí.

¡Disfrútenlo!

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