Capítulo 9.- Dibujo



Días después, el niño sigue tratando a su padre igual. Se aleja cada vez que lo ve, entonces Enrique decide llevarlo a terapia.

Cita con el psicólogo infantil, le cuenta como estas los demás niños y los problemas que tiene con el menor.

-Tiene cuatro Doctor, tan pequeñito. Le pregunté desde cuando lo hace, me dice que cuando su mamá dejó de hacerse cargo de él, él comenzó a bañarse solo. No quiere que me acerca el, se pone a llorar, es como si me tuviera miedo.

Gonzalo cuenta poco al psicólogo de lo que ocurrió con la novia de su padre, aunque el padre le contó la historia al terapeuta.

-¿Le lee a su hijo en las noches?
-No, desde hace meses, ya no quiere que lo haga.
-Gonzalo no solo se baña solo desde el abandono de su madre, también lee.
-¿Como dice? -dice perplejo el padre.
-Me contó que tiene muchos libros, le pregunté quien se los leía. Se quedó pensando por un momento y luego dijo que el solo, que poco a poco comenzó a hacerlo.
-No sabía nada de eso.
-Después comenzamos a hablar de sus libros, es un niño muy inteligente, se soltó un poco y hablaba mucho pero no quería hablar de otro tema. Le recomiendo que aborde la conversación con su hijo sobre los libros que le gustan.
-Eso haré, gracias.

Los meses pasan, el padre quiere pasar más tiempo con su hijo pero el pequeño siempre lo repela, de lo único que pueden conversan es sobre libros, Enrique ya no soporta esta situación.

Tiene una cita con su psiquiatra, trata de desahogarse. Le cuenta que lleva cuatro meses visitando a un psicólogo el pequeño, lo empezó a llevar luego del problema con su ex.

-Doctor sabía que mi hijo tenía amiguitos, pero hablando con su maestra me dijo que no participaba mucho y tampoco se acoplaba para el juego. Fue un error que conozca a Diana.
-Usted no sabía cómo era esa mujer.
-No, pero si le hubiera creído desde el comienzo no hubiera llegado a maltratarlo, no confía en mí.
-Debe tener paciencia, no forzarlo a quererlo.
-Ese es el problema, me rompe el corazón que mi hijo se comporte así, es tan pequeñito.
-¿Como le va con su demás hijos?
-Muy bien, estuvieron yendo a terapia después de la muerte de mi esposa. Cada uno a mejorado, los mellizos ya no le temen a dormir a oscuras. Alberto tenía problemas en su conducta, pero mejoró, y Mauricio está mejor que antes que su madre muriera, ya no tiene tantas problemas en el colegio y han mejorado sus notas.
-Todo debe ir poco a poco. ¿Que le ha dicho el psicólogo de Gonzalo?
-No me tiene confianza, cree que le puedo hacer daño. Sabe trato de mejorar mi carácter pero cuando se aleja de mí, no se como comportarme así que lo dejó solo.
-Sigue teniendo problemas con la ira.
-No ya no, tampoco gritó al pequeño. Pero no confía en mí.

El hombre se pone a llorar mientras toma sus manos y tapa sus ojos.

-Debe calmarse señor -le dice el psiquiatra mientras le da unas palmadas en su hombro.
-No sabe cómo me siento Doctor, no lo soporto más. Mi hijo cumplió cinco hace poco, no quiso nada por su cumpleaños, hace un año perdió a su mamá. Es el que mas ha sufrido su pérdida, hace unos meses me entere que lee.
-Eso es bueno.
-Si lo es, pero me entere por el psicólogo no por él. No quiere que lo ayude a cambiarlo, antes le gustaba que lo hiciera, no deja que le lea dice que no es necesario, me enteré por el terapeuta no por mi propio hijo.
-Tiene que acercarse con él con los libros.
-Sí eso he hecho, me lo recomendó el psicólogo y eso es lo que he estado haciendo. Trato de hablar con él del libro que lee, me lo explica, comprende pero después de conversar de un libro no dice nada, se queda callado.
-Debe entender que es un niño y que con paciencia usted volverá a tener su cariño.
-Eso espero.

El hombre sale del lugar decidido a tratar de mejorar la relación con su hijo. Era tarde cuando llega a su casa, el tráfico lo había hecho demorar, entró a la habitación del pequeño y lo encontró dormido con sus audífonos puestos. Se disponía a sacarlos cuando derrepente Gonzalo se levantó.

Asustado el niño se puso a llorar, el lugar se encontraba oscuro y no sabía quién había entrado. El padre trató de calmarlo

-Todo está bien hijo soy yo papá.
-¿Papi?

El niño dejó de llorar, no lo había llamado así hace meses, el padre lo cargó y lo llenos de besos, pero Gonzalo no los acepto.

-¡Suéltame!
-Bebe por favor no te pongas así, sabes que te quiero. Déjame arroparte para que puedas dormir
-Bueno-dice el niño frunciendo la boca.

El padre logra abrigarlo, y darle un beso en su frente. Gonzalo se duerme rápido, el padre sale de su habitación.

A la mañana siguiente muy temprano, Enrique se encuentra en la cocina.

-¿Qué haces tan temprano levantado?
-¿Por qué rompiste las fotos papá?
-Podemos hacer pan con queso fundido.

El pequeño sale corriendo a su cuarto, y se tira a la cama llorando. Enrique va enseguida y abraza al niño, el pequeño logra tranquilizarse.

-Esas fotos eran de mamá.
-Si, pero eran fotos que no servían.
-¿Tu no vas a dejarme?
-¿Por qué me preguntas eso?
-Mami dijo que nunca lo haría y murió.

El niño vuelve a llorar, Enrique lo carga y le dice.

-Hijo mío eres mi razón de existir.
-Papá nunca me dejes -abraza al padre muy fuerte.
-Como te voy a dejar hijo, si tu eres mi vida.

El niño se queda mirando a su padre, ya no llora está sonriendo, Enrique le da un beso en su naricita y se mete a la cama con él.

-Está haciendo frío bebé -le dice mientras lo abriga.
-¿Por qué estás despierto tan temprano?
-No podía dormir papito.
-Entiendo, nos quedaremos en la camita un rato ya, trata de dormir.
-¿Te quedarás conmigo?
-Si no me voy a alejar de ti, duerme un poco.
-Si.

El niño dormilado, su padre le cantó una canción, lo echo en su pecho, Gonzalo quedó profundamente dormido escuchando los latidos de su corazón. Enrique sucumbió y pudo dormirse plácidamente mientras el pequeño lo abrazaba.

Después de ese día, su relación mejoró. El pequeño ya confía en su padre y le cuenta lo que hace en el colegio y le deja leer su cuento. Un día en la noche le mostró un cuaderno, grande fue la sorpresa de Enrique cuando lo vio, Gonzalo tenía mucho dibujos en él. Dibujaba muy bien para su edad aunque tampoco eran perfectos, su pequeño dibujaba como el, aunque hace años que ya no dibujaba el señor.

Le comenzó a preguntar por los dibujos que veía, habían dos de su madre, con los colores había pintado y tenía las facciones, el color de sus ojos y el cabello. Además había dibujado a él, muchos en realidad, con diferente ropa la mayoría en su traje de trabajo.

-¿Es mamá? -pregunto sorprendido.
-Si
-¿Te acuerdas de ella, como la dibujaste con tantos detalles?
-Por la foto que me diste y no la recuerdo -dijo agachando la cabeza. Gonzalo toma la foto de su mesita y se la enseña a su papá, le rompe el corazón a Enrique saber que su hijo había olvidado a su mamá y cambia de tema.

-¿Soy yo hijo?
-Sí papá.
-¿Por qué salgo en tus dibujos?
-Porque te quiero mucho y así no me olvido de ti.
-Gonzalito yo también te quiero, le da un beso en su frente y lo acuesta en la cama.

Los problemas se habían ido, el padre ya no tenía que preocuparse por sus hijos, todo iba bien. Una tarde días después, Alberto llega molesto a su casa, se encuentra con Gonzalo que subía las escaleras.

El pequeño escucha atento a su hermano mayor, luego de la historia corre triste a su habitación, horas después su padre llega al hogar. Al no ver al niño con su hermanos jugando en el jardín sube a verlo.

-¿Ahora que paso? -pregunto al niño. Encuentra al niño llorando boca abajo.
-¿Hijo que paso? ¿Cuéntame?
-¿Soy adoptado papá?
-Los niños a veces son malos en el colegio. Debes entender... -dijo calmado.
-Entonces si soy adoptado. Vuelve a llorar esta vez más fuerte, el padre pone su mano para calmar al pequeño, pero el se aleja. El padre voltea al pequeño y lo mira a los ojos.

-Gonzalo eres mi hijo.
-No, no lo soy.
-Soy diferente a mis hermanos, tienen el cabello castaño yo no, se parecen a mami, yo soy diferente a todos ellos -recita lagrimeando.
-¿Quién del colegio te dijo eso? -dime.
-No fue nadie del colegio.
-¿Entonces?
-Fue Alberto.
-No le hagas caso.
-Pero no me parezco a ellos.
-No, no te pareces a mamá, pero te pareces a mi.
-¿A ti?
-Si -sonríe el padre. No te has dado cuenta, eres rubio como yo, ojos azules, tienes la misma naricita y la toma con sus manos.

El niño comienza a sonreír.

-Asi me gusta, que estés feliz. Lo mas importante tienes los mismos lunares que yo tengo.
-Tu también los tienes papá.
-Si.
-Nadie puede decirte que no eres mi hijo, nunca bebé. Lo tiene abrazando al pequeño, un gran abrazo que el niño acepta sonriente.
-Pero papá.
-¿Que ocurre ahora?
-¿Castigaras a mi hermano por decir mentiras?
-No, Gonzalo hablare con él sobre lo que hizo.
-Pero cuando pensabas que yo mentía o me portaba mal me castigabas -dijo haciendo un puchero.
-Lo se, pero papá también se equivoca.
-Bueno.

Le da un fuerte beso en la mejilla, y sale del cuarto. Bajas las escaleras, debe hablar con el muchacho, con su primogénito.

-Alberto necesitamos hablar.
-Sobre qué papá, estoy jugando.
-Vamos -dijo enfadado.

Los demás niños miran la escena, están asombrados que el padre hable así a su hermano, Alberto no es de meterse en problemas.

-Ok -dijo vacilante.

Salen del jardín, el niño sigue a su padre, el hombre entra a su despacho y el muchacho lo sigue.

-¿Por qué le dijiste a tu hermano que era adoptado?
-Solo quería molestarlo, era broma.
-Pienso que fue cruel, aún es pequeño. Te creyó, estaba llorando.
-Lo siento -soltando lágrimas.
-Sabes que lo que hiciste estuvo mal.
-Si papá, No volverá a pasar.
-Eso espero.

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