Capítulo 7.- La mujer
El pequeño despertó desconcertado por el sueño.
En la mañana su papá fue a su cuarto, lo encontró despierto. Era raro su hijo era de dormir mucho, pero no pregunto nada. Fue al baño y prendió la ducha.
-Armando viene en un momento para bañarte.
-No, no quiero. Mejor solo -haciendo un puchero.
-¿Cómo que solo? ¿Mamá no te bañaba?
-Si pero eso fue hasta que te fuiste, me baño solo.
-Vamos, yo voy a bañarte. Tienes que aprender a bañarte -tomo de la mano al niño.
-Sí -dijo mientras bajaba de la cama.
-¿Papi viste mi oso?
-No, olvídate de ese oso. Se debe haber perdido.
-Pero -sollozó el niño. Enrique lo carga meciéndolo mientras camina.
-Bebé ese oso no importa.
-Duermo con el -chillo. ¡Quiero mi oso!
-Te comprare uno igual.
-Quiero ese -lloraba en el hombro de su papá.
-Si no lo consigo, te comprare uno mas bonito -dijo mientras le daba un beso en su cabecita.
-Bueno.
El pequeño tuvo sueños parecidos, pero cada ves recordaba menos, no le contó a nadie que soñaba.
Luego de la muerte de su esposa pensó en buscar una nana, pero sus hijos ya eran grandes, no eran muy traviesos, solo necesitaba cuidado el pequeño Gonzalo, así que contrató una mujer a los pocos días.
El niño se llevaba bien con Patricia, le hacía caso, a veces lo bañaba aunque él prefería que lo bañara su padre, esperaba que llegara Enrique para mostrarle lo que hacía en el nido.
Un noche tenían invitados, luego de mucho tiempo, todos los niños sentados al lado del padre comían normalmente hasta que sacaron los platos y ponían el postre.
-¡Yo no quiero eso! dijo levantándose de la mesa.
-Gonzalo siéntate a la mesa -reclamó el padre tratando de calmarse. Come el helado.
-¡No, quiero torta de chocolate!
-Siéntate -miro enojado a su hijo.
El pequeño salió corriendo, mientras la nana lo seguía, pero la conversación no pudo seguir porque se escuchaba gritos de arriba.
-¡No, suéltame no!
-¿Porque tanto gritos Gonzalo? -alzó la voz.
La mujer lo jalaba al niño hacia el baño.
-¡Me puede decir que es lo que hace!
-Trataba de bañarlo, pero no se deja.
-Gonzalo, deja que te bañe -suplico Enrique. Tengo invitados abajo.
-¡No quiero que me bañe ella!
-Gonzalo, por favor.
-No. ¡Mierda, mierda, mierda!
-¿Donde has escuchado eso? -dijo asombrado. Déjanos solos Patricia.
La mujer salió, y el señor cargó a su hijo. Mientras se sentaba en la cama y lo sentaba en su regazo.
-Ahora explícame, dónde escuchaste eso.
-Patty hablaba con su novio por teléfono -dijo hablando bajo.
-No vuelvas a decir esa palabra.
-¿Porque papá? -pregunto asombrado.
-Eres muy niño para decir esas cosas.
Lo sentó en la cama, se iba a marchar pero Gonzalo volvió a llorar.
-Hijo por favor, tengo invitados.
-No me importa. Se tiró al suelo y golpea sus pies contra el piso laminado.
Llamó a Armando, el señor se quedó con el pequeño aunque no lograba pararlo, seguía tirado sollozando. Enrique se disculpó a sus invitados y subió al cuarto del infante.
-¡No, no quiero déjame!
-¡Esta bien por hoy! ¡Párate! -grito. Gonzalo asustado se paró, temblaba y salían lágrimas de sus mejillas. Déjanos solos Armando.
El señor cerró la puerta, Enrique recriminaba a su hijo por su forma de actuar, pero el pequeño no decía nada solo temblaba.
-¿Gonzalo? Mírame bebé -dijo mientras subía la cabeza del pequeño, tenía la mirada baja y no contestaba. Discúlpame hijo, no quise gritarte.
-Eres malo -dijo llorando luego de unos minutos.
-Escúchame lo siento Gonzalito, no volverá a pasar -dijo mientras se arrodillaba y estaba al frente del niño.
-Despídela, no quiero que me cuide. Solo tu papi -abrazo fuerte al señor.
-No puedo estar todo el día en casa.
-Haré caso a Armando, cuando no estés.
-Bueno, es un trato -dándole un beso en la mejilla. Calentare la ducha para que te bañes.
-¿No me vas a dejar solo?
-No. Desvistió al niño y lo llevó cargado a la ducha.
Mientras veía al niño bañarse, sonó su celular, una mujer le mandaba mensajes y el contestó presuroso. Tomando la toalla, cargo a Gonzalo mojado hasta su habitación.
-¿Qué pijama quieres ponerte hoy?
-La de jirafa -sonrió el niño.
Levantando las manos, y dejando que su padre lo vista, reía mientras le hacía cosquillas.
-Asi me gusta, que te portes bien.
-¿Papi me cantas? -miro haciendo brillar sus ojitos.
-¿Como? Dijo asombrado
-La otra ves me cantaste y me gusto.
-Esta bien. Deja que te arrope y te canto.
Sus ojos cansados de tanto llorar, se cerraban al cantarle.
♫ La maison est en carton
Pirouette, cacahuète
La maison est en carton
Les escaliers sont en papier
Les escaliers sont en papier
Enrique le dio un beso en la frente, y se quedo a su lado hasta que sintió que el niño dormía plácidamente. Despide a la mujer esa misma noche, y ahora lo cuida el lo mejor que puede.
Había pasado un mes de la muerte de su esposa. Enrique llevaba a sus hijos con un psicólogo infantil para que pudieran superar la muerte de su madre. Al pequeño no lo llevo porque había mejorado su carácter, ya no era tan tímido.
El padre volvió a su casa luego de que Lorena murió, no volvió al departamento, ahora vive ahí su novia Diana.
La iba a visitar cuando tenía tiempo, o se encontraban en el trabajo. La muchacha es abogaba, tiene veintisiete años y muy guapa.
Decide que es tiempo de que sus hijos la conozcan, quiere tener una relación formal con la mujer. No quiere seguir viéndose a escondidas. Pero decide ir poco a poco, piensa que es mejor contratar un chofer para que lleve a los niños al colegio y Armando esté más libre.
Habla con sus hijos sobre Diana, quiere llevarla a vivir con ellos, pero el psicólogo le aconseja que vaya lento. Sus hijos lo toman bien, menos Mauricio.
-¡Tan pronto olvidaste a mamá! -dijo furioso.
-Hijo por favor, estoy con ella desde hace un tiempo.
-Nunca voy a aceptar a esa mujer aquí -gritó.
-Tendrás que hacerlo, es mi casa y soy tu padre. ¡Debes obedecer!
El padre coge del brazo al muchacho, Mauricio no quiere escuchar más a su padre, furioso con la noticia que le acaba de decir, sus hermanos están sorprendidos por la reacción de su hermano.
-Te deseo suerte con Gonzalo
-Ya se que le voy a decir.
-¿Otra mentira mas papá? -Él ni siquiera sabe que sales con alguien.
-¡Escúchenme todo ahora! ¡Especialmente tu Mauricio, yo soy el padre aquí, se lo que es mejor para ustedes y sé que Gonzalo no lo entenderá! Por eso me voy a vivir con él y mi novia al departamento, Armando los cuidara a ustedes, vendré a verlos, cuando Gonzalo se sienta a gusto con ella regresare a la casa.
-Pero papá no te puedes ir.
-También quiero ir.
Todos hablaban a la vez, menos Mauricio. Después que terminó de hablar su padre, había salido furibundo de la cocina rumbo a su cuarto.
En la segunda planta Gonzalo escuchó los gritos pero no entendía qué pasaba, cuando su hermano subió y tiró la puerta entendió que su padre había peleado con su hermano.
Enrique se dirigió a su alcoba, sacó la maleta de arriba de su ropero y acomodo un poco de ropa. Camino hasta el cuarto del pequeño, le pidió su mochila y sin preguntar más acomodo un poco de ropa. El niño no entendía que pasaba, seguía sentado en cama.
-Vamos Gonzalo.
-¿A donde?
-No hagas preguntas, solo nos vamos.
-Pero.
-Tengo todo lo que necesitas aquí, si necesitas algo vengo y lo llevo, vamos hijo.
-¿Puedo llevar mi oso y mp3?
-Claro hijo.
El padre toma el reproductor, lo mete a la mochila, se la pone al hombro y se dispone a cargar a Gonzalo, quien tenía abrazado a su oso. Pide a Armando meter su maleta en el coche y suben.
No pronuncia palabra, maneja unos cinco minutos y se detiene en un calle secundaria. Estaciona en el aparcamiento de un edificio de cinco pisos lujoso.
-Vamos Gonzalo
-¿Dónde estamos?
-Aquí vivía cuando me separe de tu mamá.
El pequeño baja del automóvil, el padre va caminando, Gonzalo lo sigue. Un hombre está esperando en la entrada del edificio para abrir la puerta.
-Buenos días Señor Tiessen.
-Buenos días Luis.
Gonzalo recorre la vista, a este nuevo lugar. Un amplio lobby de bienvenida, sigue caminando su padre se dirige al ascensor.
-Tendrás tiempo de conocer el lugar, sígueme.
El pequeño toma la mano de Enrique, juntos entrar al ascensor, el señor aprieta el botón, y en unos segundos ya están en el tercer piso del edificio. El padre saca la llave de su bolsillo y entran.
-Viviremos aquí por un tiempo Gonzalo, quiero que...
La conversación es interrumpida, una mujer esta parada sonriente mirando a Enrique, no se a fijado que el niño se encuentra allí.
-Llegaste temprano amor.
La joven se acerca al señor y lo besa, sus labios se juntan, el placer los descontrola, el hombre la coge de la cintura, ella mueve instintivamente sus dedos y está tocando suavemente el bulto de su pantalón.
Enrique sin pensar aleja a Diana de él, su pequeño hijo está viendo la escena , el niño ni siquiera sabe quién es esa mujer.
-Vine con mi hijo.
La mujer voltea y deslumbra por fin al pequeño rubio, parado en un esquina mirando la escena desconcertado.
-Hola, soy Diana. ¿Tu debes ser Gonzalito?
-Me llamo Gonzalo.
-Hijo, esa no es forma de contestar.
-Lo siento -dijo bajando la cabeza.
-Discúlpanos amor debo hablar con mi hijo.
El padre camina, el niño lo sigue llegan a una habitación. Hay una cama tendida, una pelota en el piso y nada más.
-Bebé debemos hablar -dijo despacio.
-¿Quién es y por qué se dan besos? -preguntó receloso.
-Es mi novia y se llama Diana.
-¿Novia? -pregunta asombrado.
Gonzalo se tira al piso y comienza a patalear, llora descontrolado, su padre trata de cargarlo pero no se deja, golpea los brazos de su padre hasta que por fin su padre logró alzarlo. Se siente en la cama y pone al pequeño en sus piernas.
-Eres pequeño Gonzalo, pero debes entender que papá sale con alguien.
-Mamá murió hace poco.
-Llevo separado de tu madre hace meses.
-¡Mentiroso, mentiroso! Ves a esa mujer hace tiempo
-Gonzalo basta ya, con ese comportamiento no vas a lograr nada.
El niño trata de pararse pero como esta sentado en las piernas de su padre cae al piso y se da un fuerte golpe.
-Me duele -grita el pequeño.
-Déjame ver
El padre toma el brazo de Gonzalo, lo toca, hace presión, el niño chilla.
-Vamos te llevaré a la clínica -tomo la mano del pequeño.
En el lugar, el médico lo revisa. No fue nada, solo un fuerte golpe. El pequeño no habla con su padre ni siquiera lo mira de regreso al departamento.
Llegan para el almuerzo, la mujer ha preparado albóndigas. El hombre se lava las manos en la cocina, Gonzalo se encuentra sentado en la sala viendo televisión.
-Lávate las manos, ya es hora de almorzar.
-No me gusta eso -dijo chillando.
-Anda a lavarte -replicó molesto.
-Pero no me gusta.
El padre lleva de la mano al pequeño al baño.
-No soporto malcriadeces Gonzalo, dame las manos.
-Pero papá, no quiero comer lo de esa señora.
-Se llama Diana, llámala así, vamos.
El niño abre la manija, se dirige sin chistar a la cocina. El padre le pide a Diana que vaya sirviendo que va a traer las maletas del coche.
Gonzalo come toda la comida, y se levanta de la mesa luego de eso. Se queda en la sala viendo televisión mientras los adultos conversan.
-Gonzalo no sabía nada de ti, debemos ir poco a poco.
-Esta bien amor.
Luego de tres horas el papá manda al niño a su cuarto. Se despide de Diana con un beso, y se va a ver a sus demás hijos.
El pequeño permanece en la habitación escuchando una canción cuando la mujer entró de imprevisto.
-Escucha niño no te entrometas en mi relación con tu padre -dijo jalando al niño del brazo.
-Me escuchaste o estas sordo.
-Voy a decirle a papá -dice llorando.
-Hazlo no me importa, tu papá no te va a creer -replica riendo.
La mujer sale del cuarto, tiempo después regresa el padre, Enrique conversa con la chica en el cuarto, Gonzalo no ha salido para nada de la habitación.
En la noche cenan algo ligero la pareja, Enrique lleva leche para que tome el pequeño y hacerlo dormir.
-Toma bebe -dijo suavemente.
¿Te duele menos el brazo? le pregunta mientras acaricia su cabello con sus dedos.
-No quiero -frunciendo los labios.
-Gonzalo por favor.
-Papi, ella me jalo del brazo cuando no estabas.
-No digas mentiras.
-No es mentira, es mala -dice llorando.
-Ya, a dormir.
Hace tomar la leche al niño, lo ayuda a vestirse, y lo arropa. Le pregunta si quiere que le lea pero el pequeño se da una vuelta, y el padre le da un beso en su cabecita y cierra la puerta. Gonzalo se pone a llorar porque su padre no le creyó, unos minutos después se queda dormido.
Las cosas en la vivienda empeoran, el niño no quiere a la mujer. Diana trata mal al pequeño, Gonzalo le dice a su padre muchas veces, pero él no le cree.
El pequeño se rinde, ya no se queja y el padre piensa que por fin todo está saliendo bien.
Una noche cuando el niño duerme, los adultos conversan en la cocina de una asunto del trabajo. Diana junta los labios con el hombre, y comienzan a besarse apasionadamente.
La mujer toca suavemente el capullo de su pene.
-Hagámoslo aquí
-No, no Gonzalo duerme podría levantarse, vamos al dormitorio.
La mujer se levanta, el hombre hace lo mismo pero la mujer lo arrincona hacia el mueble,
acto seguido le baja la cremallera del pantalón.
Enrique, coge aire y la mira un momento. Diana toma con su mano el pene de su pareja al punto de tener una leve erección, finalmente le quita sus pantalones y le baja los calzoncillos y toma el miembro con su mano lo cual acrecienta la erección. Enrique siente aquel cosquilleo tan sabroso y delirante en su pene , sólo puede gemir y musitar.
-Ahh ¡Dios! Me tienes loco ricura.
Lo lamía con su lengua como si fuera un helado, luego lo chupaba, luego lo frotaba con su mano, lo besaba y vuelta a empezar. Después puso el glande en su boca y con la punta de la lengua comenzó a saborearlo. Luego de un rato comenzó a eyacular en su cara, mientras toma su pene con su mano para ayudarla expulsar todo el semen.
Enrique no podía contenerse más, cambio de posición con la chica. Ella llevaba un vestido, le alzó un poco el vestido para poder ver su hermoso culo con una tanga negra que lo enloqueció.
Se lo sacó y comenzó a masajearle el trasero, la tenía delante de él sobre la mesa, enseguida puso su lengua sobre su rajita por unos minutos, completamente húmeda metió dos dedos por su culo lo cual hizo que un temblor mudo de placer recorriera todo el cuerpo de Diana.
Estampó su pene erecto y dio varias sacudidas, la mujer gritaba de placer, el pequeño en su habitación había escuchado gritos y se levanto.
Se dirigió a la cocina y vio a los dos, sin entender qué pasaba porque hacían esa bulla se regresó a su cuarto.
Semanas después Enrique tiene una cena con sus suegros , Enrique lleva a sus hijos para oficializar su noviazgo, en seis meses se casará con la joven.
La cena va bien, los demás hijos les cae bien la mujer pero el pequeño Gonzalo no entiende porque están esos señores, hasta que el padre habla de formalizar la relación y le muestra un anillo a su novia. La muchacha acepta enseguida. El pequeño al ver el anillo entiende que se quieren casar e interrumpe a su padre.
-Escuche a Diana gritar la otra vez, mi papi estaba encima de ella.
Los padres de la mujer se pusieron incómodos por lo que acababa de decir el niño, Diana se puso como un tomate, sus hermanos se echaron a reír y su padre estaba furioso.
-Si eso vi -dice el niño inocente.
-Ya cállate Gonzalo -dijo enojado.
El padre molesto, pide disculpas a sus suegros. Le da un beso a su novia, y les hace pararse a sus hijos. Sus hijos van caminando, mientras al pequeño le toma la mano con fuerza y le hace avanzar rápido.
Llegan a su carro, y conduce hasta su casa, a su antigua casa. Sigo molesto con el niño pero no le dice nada solo lo manda a su cuarto. Se queda en su habitación pensando, más tarde entra al dormitorio de Gonzalo, y el pequeño descansaba.
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