Capítulo 26.- Aclaraciones
¡No me maten! Ya sé que tarde demasiado en actualizar, aunque solo veo lectores fantasmas, y ni un solo comentario. Mejor tarde que nunca ¿Verdad? * se va con miedo de la respuesta, y se esconde en un rincón.
***
Por lo general los viernes, después de dejar todos los informes en orden, el señor se tomaba un descanso. No incluía salidas con amigos, ni mujeres, llegaba a su casa a descansar, y pasar lo que restaba de la semana con sus hijos.
Hoy era una de esas oportunidades donde ante tanta insistencia de su amigo, se divirtió como no lo hacía hace mucho tiempo. El problema es que se le paso la mano con el alcohol...
Se desliza pesadamente por las escaleras de la sala; el aire huele a vino, humedad y trasnocho, y se oyen los cuchicheos de voces familiares.
El rubio camino lento, pero sin vacilar hacia la habitación. A pesar de estar abrigado entro al lugar temblando, frotando repetidamente las manos en sus brazos.
"Los años me están pegando" pensó divertido mientras dejaba sus cosas en un sillón cercano, le pareció raro no encontrar a los muchachos pegados en el sofá jugando, también le extrañaba que no hubiese ruido alguno "¿Habrán salido?" se preguntó mientras caminaba por el pasillo hacia la pieza más pequeña, era una opción válida, pero poco probable, ellos siempre pedían permiso antes de salir.
Antes siquiera de llegar a la cama, desvió la mirada hacia la mesa. No había ni un cuaderno, ni siquiera uno sólo. Camino apresurado al armario, encontrando la mochila en el mismo lugar.
Asomó su rostro con prisa al baño pero tampoco estaba, termino por preocuparse al ver la cama, estaba perfectamente tendida.
Toc toc toc
Alguien llamó a la puerta, el joven se exaltó. A estas horas de la noche no deseaba ser molestado.
—¿Qué pasa? — gritó desde su silla, intrigado por saber quién era el inoportuno que molestaba a esa hora.
—Gonzalo — dijo el padre al asomar su rostro — ¿No sabes dónde está? — preocupado los muchachos comenzaron a hablar, en realidad no escucho lo que decían, lo único que tenía en mente era buscar al pequeño rubio.
Al cruzar miradas con los chicos, lo miraron extrañados. ¿Había escuchado algo lo que dijeron?
—¿Lo viste hoy?
—Te lo vuelvo a repetir — alzó un poco el tono de voz exasperado — no lo veo desde la salida — dijo cortante sin dejar de mirar un papel — ¿Lo buscaste bien? — sonando despreocupado al ver a su padre a los ojos. Su rostro está desencajado, se preocupaba demasiado por el niño. — quizás esté escondido por ahí, además él no saldría de la casa sin avisar.
— Es cierto — movió la cabeza alejando malos pensamientos. El niño tendría que estar jugando por algún lado. — Aún así no creo que se haya escondido. ¿Por qué lo haría? — la pregunta fue más para el mismo, que para su hijo.
—No sé — dijo con ganas de tirarle la puerta en la cara — Papá, tenemos que avanza esto, y él — señalando al otro muchacho con sus ojos — no ayuda.
—No es mi mejor día — abrió los ojos — pero gracias por lo que me toca — rió mirando a Alberto.
— Los dejo mejor, buenas noches — dijo con una sonrisa fingida.
Esa tarea de los muchachos iba a terminar mal, parece increíble que decidieran hacer un trabajo juntos , Alberto es muy responsable, y meticuloso en sus cosas mientras que Joaquín, cualquiera ríe al recordar su nombre, es muy relajado.
El sonido de la puerta se abrió, ni siquiera tocó antes de entrar. No fue necesario preguntar, pequeños cabellos rubios sobresalían de la cama. Como es costumbre ese pequeño bulto era Gonzalo.
Fue casi un secuestro, las niñas se miraron sorprendidas cuando la puerta se abrió de repente, el padre miró la pantalla de la televisión supervisando que no mirarán nada inapropiado.
—¿Papá? — dijo perpleja al verlo caminar hacia la cama — ¿eres tú?
Gonzalo tenía muchas teorías sobre su hermana, una de ellas era que cuando estaba en la barriga de Lorena. Antonio hizo un pequeño orificio a su bolsa, y le absorbió toda la inteligencia que tenía, no era posible que fuera tan boba. A veces sale con unas cosas que es mejor no darle tanta importancia.
—Buenas noches chicas — sin tanto esfuerzo puso en sus hombros al pequeño, su peso no había variado mucho en estos últimos años.
No fue muy fácil llevarlo hasta su cama, tuvo un pequeño tropezón que por poco se le resbala de las manos.
Unos minutos después, estaba recostado con las luces apagadas, a punto de dormir.
Un cuerpo giró estrepitosamente a centímetros del suelo, su mano pudo contener la caída.
Al sentarse en la cama y abrir los ojos en ese lugar con tan poca luz, su rosto mostró terror, como si el peor de sus miedos fuera real.
—¿Dónde estoy? — Preguntó agitado con la voz temblorosa el pequeño — no quiero...
No tenía mucho sentido lo que decía, parecía que hablaba dormido.
Narra Enrique
—Gonzalo, soy papá — prendí la lámpara de mano al sentir su cuerpo temblar cuando toque su hombro.
—¿Papá? — dijo dubitativo, sus ojos asustados miraron donde me encontraba y se calmaron al poder reconocerme.
—Trata de dormir — suspiré al ver a mi pequeño. Acomode la almohada como siempre lo hacía.
—No tengo sueño — suspiró apoyando su cuerpo de costado sobre la almohada— ¿Puedes contarme un cuento?
—¿Un cuento? — Dije remarcando la palabra cuento — extrañado de que me pidiera tal cosa — mmmm voy a ver cómo sale, déjame pensar — sonreí descaradamente, sabiendo que tendría que darle una buena historia para que no se quejase pidiéndome otra.
Voy a contarte un secreto que solo unas pocas personas conocemos, y que, por su importancia, tendrás que guardar en el fondo del cajón de los secretos, fuera del alcance de algún padre, cubierto de valientes peluches que los custodien.
—¿Valientes peluches? — Comenzó a reír — papá no tengo cinco.
—Déjame continuar pequeñín — sacudiendo su cabello — te va a gustar.
En el fondo de todos los platos hondos, los que usan los papás para la sopa, las cremas y las lentejas...
—¿Por qué lentejas? — frunció la ceja — quítalas — dijo al tirarse boca abajo, sus ojos atentos miraron la almohada.
—Era para que prestes atención — acaricié su espalda — no hay problema, borramos las lentejas.
Viven unos seres tan diminutos que durante siglos se pensó que eran invisibles, para que aparezcan el clima tiene que ser perfecto, odian la lluvia. Caminar con las zapatillas mojadas les causa terror...
—Tengo un poco de sueño — dijo con los ojos bien abiertos, me sentí mal por alguna razón.
—Gonzalo
—¿Sí?.
Simplemente dije si con la cabeza dándole a entender que podía dormir junto a mí.
Él sonrió con levedad, se movió junto con la almohada. Acostándose en mi lado, estando tan cerca me dio un beso en la frente.
Yo saque la almohada de en medio de ambos, y lo abrace. Coloco su rostro en mi brazo con una tierna sonrisa, se acomodó esperando que colocara mi brazo sobre su espalda, en un mini abrazo.
Haciendo lo que él esperaba cerré mis ojos dando una fuerte inhalada dejando entrar a mis fosas nasales su olor, era agradable.
—Te quiero — murmuró adormilado.
—Te quiero bebé — susurré cerrando mis ojos hasta dormir.
***
Narra Enrique
Comencé a caminar por todos los pasillos hasta que el sonido de un piano llamo mi atención, se podía notar que la melodía era triste. Camine hacia la puerta, el sonido cambio de repente, se mezclaba con un sonido estruendoso ¿Qué está pasando? Sin dudar abrí la puerta, y asomé mi cabeza para poder ver quien era la persona que tocaba esa hermosa pero triste melodía.
—¿Alo? — conteste adormilado sin abrir los ojos.
—Enrique, hablemos, tenemos...
—¿Quién te llama a esta hora? — susurró con incertidumbre, mis ojos se abrieron de golpe, mirándolo por unos segundos. No termine de escuchar lo que dijo Fiorella, Gonzalo me quito el teléfono.
—No vuelvas a llamar, está ocupado — dijo con voz suave, con un tono que no es el suyo.
No entendí nada de lo que pasaba, aún tenía en la cabeza lo que había soñado, mi hijo me abrazo con sus brazos fuerte.
—¿Qué dijo? — bufó, en un instante se alejó de mí hinchando sus labios.
—Quiere verte, estas no son horas de llamar, y no te debería invitar a su casa — me miró con ¿cara de quien es ella?, mi reacción fue encogerme de hombros.
No espere que Gonzalo se enterará de Fiorella, esto parecía una escena de hace años, quedándome callado ante los reclamos de Lorena.
—¿Quieres saber quién es? — Se acercó un poco, no es la primera vez que le agrada mis perfumes supongo que me lo pedirá prestado.
—¿Papá? — Volviendo a acercarse, hundió la nariz cómo si tuviera al frente un plato enorme de lentejas —¡Hueles horrible!
—No es cierto — dije como niño chiquito — solo te parece — reí un poco ante su expresión.
—¿Tomaste alcohol?
—Sí, un poco de todo — dije sonando divertido, Gonzalo a veces parecía un viejito gruñón resondrándome por portarte mal.
—Es malo — mordiéndose el labio — no te deja pensar con claridad, y es peligroso que manejes en ese estado — con los ojos brillantes, entendí que tenía ganas de llorar.
—Vine en taxi — sentí su cuerpo temblar al abrazarlo, parece que no espero que lo hiciera.
—Igual está mal — alejando su cuerpo del mío, limpie sus lágrimas que cayeron sobre su mejilla — tendrías que haber venido con un chofer de la empresa — junto los labios muy fuerte, casi siempre después de esa acción terminaba llorando a mares.
—Disculpa bebé por ser tan inconsciente, no volverá a pasar — acariciando su cabello — ¿Quieres que te cuente donde estuve todo el día?
—Pero con una condición — eleve una ceja de sorpresa, y sonrió. Asentí sin pronunciar palabra — Yo haré las preguntas, sino cumples no te hablaré — Tragué un poco de saliva, me había dejado de hablar muchas veces, sé que no mentía.
—Trato hecho — Gonzalo correspondió la mirada y asintió, levante mi mano en señal de trato.
—Bueno, ¿quién es ella?
Me quede preocupado por las palabras de mi hijo pero en el fondo me tranquilice lo conocía lo suficiente como para saber que aun si le contaba todo lo que paso con Fiorella, no lo vería tan grave.
—Se llama Fiorella, es un amiga que me presentaron en una cena — dije sonando tranquilo — cena de negocios.
—¿Y es bonita?
—Sí — conteste sin titubear recordando cada parte de su cuerpo — eso creo — solté a medias una risita ahogada.
El rubio rodó los ojos y me ignoró. Gonzalo me miró con esa ira que la mayoría de veces me dolía, y me clavaba un puñal, un enorme puñal. Baje la mirada, tratando de encontrar su mirada. Me perdí unos segundos mirando mi reloj, ver su rostro pálido me causó sorpresa, dejó salir un suspiro y un gruñido volviendo la mirada a su padre.
—No creo que solo sea tu amiga — su voz sonó serena, y a la vez triste — dijo que te ama, le agrada tu compañía, y que el sexo es...
—Son cosas privadas —mis ojos se desviaron rápidamente a otra dirección, no podía verle a los ojos.
Tengo que llamarla lo antes posible, lo mejor será que lo haga en la mañana. No puedo hablar con ella teniendo al lado a mi hijo.
—¿Por qué no me dejaste terminar? — Cruzó sus brazos malhumorado — yo no te interrumpo.
—Gonzalo, son asuntos de adultos — puse mi mano en su hombro, no tendría que haber escuchado.
—Lo siento — dijo agachando su cabeza — ¿Te casarás con ella?
No se atrevía a mirarme, sus propias palabras le producían dolor no era necesario verlo llorar para saberlo.
—Lo aceptare, si ella es la indicada — concluyo al mirarme a los ojos, mis brazos apretaron su pequeño cuerpo.
—Sexo no es igual a amor — le dije susurrando a su oído al tenerlo cerca. Mi cuerpo se alejó del suyo, lo suficiente para verlo a los ojos.
—¿El sexo no siempre va acompañado de amor? — lo mire incrédulo, es un niño inteligente pero muy ingenuo a la vez.
—El sexo es algo banal, lo creo el hombre. El amor incluye muchas cosas hermosas.
—Es verdad Gonzalo, pero no he encontrado lo que describes en todos estos años. Lo intente muchas veces, sin embargo no funcionó — sus ojos desilusionados me estremecieron el alma.
—Yo nunca renunciaría — mirando serio — sé que cuando lo encuentre será especial. Esa persona que ocupe tus pensamientos, hablar y reír de lo que sea. Quizás aún son un niño, pero el simple acto de ver caminar a una pareja, tan cotidiano pero a la vez tan único, tomados de la mano, mirándose entre ellos y no al resto, ese tipo de cosas me hace creer en el amor.
—Es muy hermoso lo que dices — dándole un beso en la frente.
Sus ojos aunque azules me recuerdan tanto a Lorena, aquella mirada tan inocente, tan sensible, que me hacían estremecer. Cerré los ojos fuertemente mientras dejaba que mi corazón comenzará a palpitar de forma rápida... la vi, ella tenía sus manos en la nuca, mientras la abrazaba.
Su sonrisa, era magia pura susurrándole al oído lo hermosa que era, sus manos bajaron a mi cuello... sonreí abriendo los ojos.
—No tienes que temer Gonzalo — dije con una pequeña sonrisa — no pienso casarme, no por ahora.
—¿Estás enojado?
No es necesario explicar que con copas demás, tener una conversación con mi hijo menor no era lo más sensato, y menos de esos temas. Sin embargo soy un hombre de palabras, y siempre cumplo lo que digo.
—No — me eche a reír — nunca me enojaría contigo — al rozar su mejilla con mis dedos — mi relación con ella, era casual, sexo casual, ambos lo aceptamos al salir.
—¿Sexo casual? — abrió los ojos como si tuviera al frente una película de terror.
—Cuando dos personas se atraen, y son adultos quieren disfrutar...
—Besándose — interrumpió con las mejillas rojas.
—Incluye más que besos — su rostro se puso rojísimo.
—A mí el sexo no me interesa, en el salón muchos compañeros han visto pornografía — tapándose la boca enseguida.
—¿Qué les dijiste? — se mordió el labio. Lo encontré divertido ver a mi hijo contando sus cosas, aunque se notaba avergonzado por el tema.
—Que nunca he visto — inflo sus cachetes como pez globo — Martín mostró una foto, a la chica se le veía los pechos. No entiendo porque les gusta ver eso — movió la mano en señal de rechazo.
—Aun no te interesa esos temas — guiñando un ojo — en unos años lo entenderás y lo conversaremos sin roches.
Mi cabeza no dejó de imaginar, como sería cuando se enamorará, ese primer beso, sus salidas con las muchachas, las fiestas, el sexo, todo a su tiempo. No es momento de adelantarse a lo que aún no va a ocurrir.
—Papá ¿Has tenido mucho sexo con ella? — lo mire sin comprender.
—¿Cuánto te parece mucho? — respondí dubitativo. Recordando cuantas veces habrán sido
—Cinco o seis veces —
—No creo que se pueda medir el sexo por cuantas veces lo haces con una persona. Cuando te sientes a gusto, simplemente no llevas la cuenta, te dejas llevar. ¿Quieres seguir hablando de sexo? – Río al escuchar mi pregunta — ¿Comiste la cantidad adecuada? – me miro de reojo sin contestar — ¿Gonzalo?
—No papá — apoyo su cabeza sobre la almohada — no comi nada, no te enojes — me miro asustado.
—¿Nada? —Son las dos de la mañana al ver mi reloj — hijo no puedes estar sin comer — me quise sentar en la cama y por poco caigo al piso.
—No es necesario, te puedes lastimar — suspiro fuerte — no bajes, has tomado mucho — tomo mi mano, y no dejo que me mueva.
—Hijo — lo mire enfadado — de que hablamos la otra vez.
—Discúlpame, no quiero ir al doctor otra vez — cruzo sus manos — sé que he bajado de peso. Es que no he ido al baños hace días, me ha estado doliendo el estómago — dijo tocándose el vientre.
—¿Días? — Escuche horrorizado — ¿Desde cuándo?
—No sé, tres o cuatro — hundiendo los hombros — no sé exactamente.
—Mañana le diré a Patricia que te prepare karotten cream suppe.
—No — dijo de forma contundente acercándose a mí para dedicarme una autentica mirada de asco — odio como es ella — dijo con expresión enojada pero con voz calma, lo cual me intranquilizó.
— ¡No quiero nada de ella! Se incorpora de la cama, sentándose en ella.
—Gonzalo, puedes decirme que te ocurre — reprimiéndolo — no es la primera vez que contestas así. He tenido muchas quejas de Patricia sobre ti, es una persona adulta, y tienes que respetarla.
—¡No tengo que respetarla! — sus ojos furiosos, aunque en el fondo sé que no harían daño a nadie.
—Le gusta, y los vi en la cama.
—¿Qué dices? — trague una cantidad enorme de saliva de la impresión, mi frente recibió un fuerte golpe de mi parte.
He hecho todo mal, mi hijo me ha visto teniendo sexo con la cocinera. ¡Puta madre, que estúpido puedo ser! Me dolieron sus palabras, que clase de ejemplo le estoy dando.
—¿Alguien más lo sabe? — dije tocando su brazo desesperado.
—No — mirando de reojo — no los vi desnudos, fijando su mirada hacia un objeto inexistente — cuando entre a tu habitación se quitaban la ropa. Es una cochina, he visto como se te acerca, te toca...
—Gonzalo — dije tratando de calmarlo — no quería imaginar si mis demás hijos se enteraban — ambos somos adultos, sabemos lo que hacemos.
—Pero ella tiene enamorado — dijo malhumorado — no debería hacerlo. Quiero que se vaya.
—No tengo quejas de ella por su trabajo.
—Pero, lo que hace...
—No hacemos nada — volví a interrumpir — no tengo nada con ella.
—No te creo — moviendo la cabeza.
—lo que viste ¿Cuándo fue? ¿Dos o tres meses cierto? — se quedó callado mirándome — no te estoy mintiendo, no ha vuelto a pasar, se acabó.
—Se desnuda con cualquiera, no solo contigo
—¿Has visto algo más?
—No, pero — apretando su puño — espero que sea cierto, ella nunca me gusto — acomodo su cabeza sobre mi piernas.
—Mañana te cocinare algo delicioso, que ayude a ese estomago — sobando su vientre como cuando era pequeño.
—Y mucha fruta, no me olvidare de hacértelas comer — sentí fastidio en su rostro.
—¿Papá? Mirándome a los ojos — alguna vez te gusto alguien solo con conocerlo. Verla por una vez
—Te puede gustar muchas personas, los ojos se hicieron para ver — río muy fuerte por mi ocurrencia — me ha pasado que con solo verla, quería conocerla.
—¿Iniciaste la conversación? — sus ojos azules me miraron intrigados.
—Muchas veces, no importa quien inicia la conversación. Cuando dos personas se atraen es lo de menos. — Vaya el tiempo pasa volando — dije al ver que la conversación se alargó más de una hora.
—Creo — sin pestañear me miro apenado — tienes serios problemas con las mujeres, bueno con el sexo — tomo un poco de aire y termino diciendo — ¿Por qué te gustan tanto las mujeres papá?
No supe que contestar, ¿era esto una conversación con mi psiquiatra? Hasta qué punto llego la conversación, me sentí agobiado. Decepcione a mi hijo con mis palabras.
Nunca me arrepentí de mis aventuras, siempre fueron experiencias magníficas, experiencias que aún recuerdo con alegría. La forma de mirarme, me sentí un monstruo, no quería que tenga un mal concepto de su padre.
—Las verdades, a veces pueden doler, pero es mejor saberlas a vivir una mentira — su silencio me mataba, acaso no está más orgulloso de mi. — No soy un santo, hice muchas cosas antes de que nacieras incluso después. — Toque sus mejillas tratando de recibir una respuesta.
.—No quiero saber que hiciste — su mano toco la mía que apoyaba su mejilla — no por ahora. Lo que los demás digan no me importa, se quién eres papi.
No había mencionado esa palabra, hace muchos años, eso me tranquilizo un poco.
—Papá — su rostro parecía confundido — cuando te pregunte si te agrado — parece que había pensado mucho antes de decir esa palaba — una persona, me refería a amor a primera vista.
—¿Has estado leyendo algo libro de amor hijo? — Ironice levantando una ceja — no existe, para mí no. No puedes enamorarte de alguien sin siquiera conocerlo, sin saber su voz — me rasque el mentón confundido — atracción puede haber, y mucha cuando ves a una persona por primera vez, pero amor es una cosa totalmente diferente.
—Te das cuenta que el amor es otra cosa — río en un enorme carcajada, su risa contagiosa me hizo reír también.
—No sabes las veces que me he encontrado con mujeres guapas, y he salido espantado al escucharlas hablar — me señale a mí mismo — este tipo que ves aquí aunque no creas, se ha enamorado, y más de una vez. Pero con la edad, las cosas cambian.
—No lo pensé así — con una sonrisa coqueta — creo que si me he sentido atraído por alguien — con las mejillas coloradas — ¿Con mamá te pasó?
—Tú mamá era...
Mis pensamientos volaron en un instante, decir lo primero que pensé al ver a Lorena no eran las cosas que Gonzalo debería escuchar. Si ella estuviera viva me hubiera matado si se enteraba de que temas conversaba con su bebé.
—Era muy hermosa, se podría decir que era una amiga — me perdí un instante recordando cuando entraba a la oficina de Sergio, y ella casi siempre ocupada contestando las llamadas. — Cuando la frecuente más, me lo dejo en claro, solo saldría conmigo si era seria la relación — sonreí coqueto recordando su voz — No habría juegos, el Enrique conquistador no serviría con ella.
—Así te dijo — tapándose la boca, con los ojos abiertos sorprendido — mamá — abriendo la boca — no puedo creerlo — sacudiendo su cabello.
—No fue nada fácil, ella no era mucho de salir. Yo era todo lo contrario — suspire — tuvimos muchos problemas, además de los chismes que decía la gente, aunque el tiempo me dio la razón.
—¿Tú crees que si alguien me agrada, podemos ser amigos?
—No habría ningún problema — toque su hombro en señal de apoyo — pero si quieres algo más, como que. — Dije un poco confundido — Las cosas no terminarían bien Gonzalo.
—Solo quiero que seamos amigos — jugo con su uña del dedo índice — es difícil papá, no creo que sea interesante. De que hablaríamos
—Tienes que confiar en ti, hay tantos temas de que podrían hablar — guiñándole el ojo — no se te hará difícil encontrar uno.
—Le gusta el futbol — dijo regañando — a mí no me gusta, tendría que decirle que me gusta. Buscar otro interés, aunque no me agrade.
—No, no — abrí los ojos sorprendido — no tienes que parecer o cambiar por alguien, al final se sabe la verdad. Sólo se tú mismo.
—No — me miró enfadado — tener once no ayuda, quisiera ser más grande. Hacer otras cosas, conocer otras personas, no los del cole papá.
—Hemos hablado de eso hijo — negué con la cabeza, es muy recio en tantas cosas — quiero que vivas tu edad — toque su mano, cruzamos miradas. No lo mire enfadado, quería que entendiera que cada edad era maravillosa, y no tenía que precipitarse. — Mi infancia fue muy hermosa, y quiero que tú también la tengas, las personas mayores no siempre son buenas Gonzalo, sabes que no debes hablar con extraños.
—Papá — dijo quejándose con ese tonito en su voz — no hablo con extraños de acuerdo. — Su rostro se tensó, hizo una enorme mueca con sus labios — créeme — al mirarme como un cachorrito, mi corazón se tranquilizó. — Nunca lo hice cuando fui pequeño, y no lo haría ahora. — Sus dedos rozaron mi hombro, quería que lo viera a los ojos. — Si necesito ayuda con esa persona ¿me ayudarás?
—De acuerdo — soltó una pequeña sonrisa, al instante se veía sereno — parece que te importa mucho — sus mejillas se pusieron rojas al instante, nunca lo había visto así.
—Te parece — dijo con un tono normal — no es para tanto papá — bufó.
—Ok, te daré tips si los necesitas — con un guiño cómplice.
—Gracias papá — dijo dándome un gran abrazo— igual podemos hablar otro día del tema.
—Ahora vamos a dormir, ambos necesitamos dormir.
—Está bien, buenas noches papá — con una sonrisa tierna.
—Buenas noches, Gonzalo — respondí mientras que con su pulgar rozaba mi nariz — voy a apagar la luz, cualquier cosa que necesites, ya sabes.
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