Capítulo 12.- Impaciencia y razón


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Meses después de la pérdida de su perro, Gonzalo ya no hablaba del hecho, su padre creía que era lo mejor. Conoció a una mujer, quería estar seguro de que fuera la correcta para sus hijos, que no volvieran a hacerle daño al rubio.

Los años transcurrieron, el niño tenía ocho años, aceptaba a Carolina. Ella no vivía en su casa, la mujer tenía dos años menos que Enrique.

Divorciada, tenía dos hijos, un hijo de catorce años llamado Andrés, y una hija de doce años llamada Fernanda.

La niña se llevaba bien con todos menos con Gonzalo, no era que lo tratara mal solo que Gonzalo era tímido con las chicas, en su colegio todos eran hombres, y la única chica que conocía era su hermana Antonella.

Así que siempre se alejaba de ella cuando la veía acercarse, eso a ella le parecía extraño, era simpático pero raro que se comporte así.

Su hermano Andrés estaba en el mismo salón que su hermano mayor Alberto, eran amigos desde mucho antes que sus padres se conocieran lo tomaban normal, Gonzalo aceptaba la relación porque era una buena mujer, y parecía que hacía feliz a su padre.

Su padre viajaba mucho por su trabajo, se ausentaba de casa por días, además llevaba a Carolina consigo. Había comprado una constructora hace poco, y siendo la mujer Ingeniera le ayudaba con la nueva empresa.

Gonzalo le pedía a su padre que lo lleve cuando viajaba, pero su padre se negaba porque faltaría al colegio, eso molestaba al muchacho. El creía que lo que su padre quería era pasar más tiempo con esa mujer, que con él.

Ya no era un niño para hacer berrinches, no podía hacerlo, pero estaba harto de la situación, y quería que su padre acabe de una vez esa relación.


                                                                   ***

Tuvieron una cena en la casa por el cumpleaños de Enrique, todos estaban reunidos. Los hijos de él, y los hijos de Carolina.

La comida surgía con normalidad, los chicos contaban como les había ido en la semana hasta que los señores hablaban de sus anécdotas de su último viaje, regresaron el día anterior de su viaje así que había mucho que contar, hubo un momento que la mujer sonriendo dice que estaban en un restaurante, el señor se pone a toser, la mujer se calla, y se ponen a reír los dos.

-¿Qué es lo que le causa tanta gracia?-dijo enojado Gonzalo.
-Bueno es que... -dice la mujer.
-Supongo que recordaron algo que no se puede contar en la mesa-interrumpió frunciendo la boca.
-¡Gonzalo por favor!-alzó la voz el señor.
-Pero qué pasa papá, si es normal que dos adultos tengan sexo.
-No faltes el respeto a Carolina, párate de la mesa y pide disculpas.
-No es necesario Enrique-tomándole de la mano.
-Lo siento señora, no quise decir que se folla a mi padre-los demás chicos se quedaron asombrados de que su hermano dijera eso. Claudia y sus hijos estaban rojos de la vergüenza.
-¡Basta ya, a tu habitación!
-¡COMO QUIERAS!-tirando al piso el pañuelo, salió de la escena.

El señor se disculpó con los chicos, y su novia de lo que había dicho el muchacho. Carolina le dijo que no se preocupara, que podía entender, era producto de la edad.

-¿Edad?-contestó furioso -no voy a soportar que te hable así de nuevo. Hablare muy seriamente con el.
-Déjalo que se calme, por hoy.

La mujer se despide con un beso, y se va con sus hijos en su coche. Los hijos de Enrique suben a sus habitaciones sin esperar que su padre hable, pero Mauricio se queda al lado de su padre.

-¡Gonzalo está creciendo!-dijo de forma burlona.
-No estoy para bromas Mauricio, ¿Tu le dijiste que hiciera eso?-mirándolo de reojo
-No papá, nunca se me hubiera ocurrido-riendo sin poder contenerse-yo no tengo dramas porque mi padre tenga novia pero parece que Gonzalo si.
-Es un malcriado, ¡faltarle así el respeto!
-Si él es es así, es porque tu se lo permitiste-cuestiono serio.
-No es verdad-contestó contrariado.
-Solo quiero saber que hará a los dieciséis, ¿Quizás hasta te haga abuelo?
-No digas tonterías, Gonzalo no es ningún tonto.
-No, no lo es. Es tímido con las niñas aunque ellas se le acerquen.
-¿De qué hablas?-confundido con el comentario de su hijo-Gonzalo estudia en un colegio de hombres, ¿De dónde va a conocer niñas?
-Tu lógica es correcta papá-carcajeándose perplejo-pero tienes una hija, a sus amigas les gusta mi hermanito.
-No lo sabía-su hijo caminaba a la puerta-¿A dónde vas?
-Al cine-poniendo cara de niño bueno-¿Puedo ir?
-Ni siquiera me ibas a pedir permiso-alzando la voz.
-Por fa viejo, no seas así.
-Anda, no llegues tarde-Mauricio sonrió, cerrando la puerta.

Los fuertes pasos se escucharon, resonaban en sus oídos. Pronto cesaron al subir las escaleras, ofuscado no quería discutir con el pequeño, tenía que ser sutil. No deseaba arruinar la buena relación que tenían, por un ataque de rabia.

-Gonzalo abre la puerta-suplico de forma apacible.
-¡Déjame en paz!
-¡ABRE!

El chico con el sonoro grito, asustado abría la puerta. Enrique asombrado lo queda mirando. Ya no era ese pequeño que había perdido a su madre hace casi seis años, tenía al lado a un niño. No un jovencito que pronto cumpliría nueve años, que había crecido, no era más un bebé.

-¿Que pasa?-mirándolo a los ojos.
-Se que estas creciendo, pero lo que dijiste, esas palabras que usaste. Gonzalo sabes que estuvo mal.
-Pediré disculpas a Carolina cuando la vea-con los ojos a punto de llorar.
-¿Como sabes que se fue?
-La vi marcharse en su coche-no se contuvo, lágrimas rozaban su rostro-lo siento, no quise hacerlo.
-Esta bien-dándole palmadas.

Gonzalo se disculpó con la mujer la próxima vez que la vio, la relación con su padre marchaba bien, aunque llegaba muy tarde a su casa.

                                                                 ***

-Todos están listos esperándote Gonzalo, ¿Por qué aún no te alistas?
-¡Vete, no voy a ir!-sentado en su cama, cruzado de brazos.
-La cena es por tu cumpleaños hijo ¿Que pasa?
-Entre a tu habitación hace un rato, buscaba un bolígrafo en tu cajón.
-Desde cuando entras a mi habitación sin pedir permiso ¿esos son los modales que te enseñe?
-¡No me hablas de modales!-tirando la almohada a la puerta-vi el anillo de compromiso, te vas a casar con esa mujer.
-Tengo años de relación con Carolina.
-¡No me importa, no por eso tienes que casarte!-contestó furioso.
-Me casaré aunque no quieras-jaloneando al muchacho-vístete.
-NO LO VAS A HACER.
-No te comportes como un niño chiquito.
-¡No la vas a traer a la casa, a ninguna mujer!
-Te ha tratado mal alguna vez-acariciando su cabello-debe haber una razón importante para que no lo haga.
-¡Nunca lo voy a aceptar!-alejándose del señor-y nunca me ha tratado mal.
-¡Entonces! No hay razón para no casarme.
-¡Es una puta!-el muchacho al decir esas palabras, el padre enfureció y le dio un bofetón.
-¡No te permito, que le vuelvas a faltar el respeto! La próxima vez no será una cachetada Gonzalo-viéndolo desafiante.
-¡Vamos hazlo pégame!-dice el muchacho llorando-eso es lo que merezco.
-Estás castigado.
-No quería ir tampoco a esa cena con esa mujer-chillaba temblando-s-si  te ca-casas con ella, no te volveré a hablar ¡Lo juro!

Enrique tira un paquete en el velador, y cierra la puerta. Gonzalo llora enfurecido sin creer que su padre le puso la mano, nunca lo había hecho, y lo hizo por insultar a su novia, la odiaba, odiaba con todo su ser a esa mujer. Lo había separado de su padre.

En la sala todos estaban mudos, la conversación se escuchó hasta abajo, los gritos claro, el padre ya se había calmado cuando bajó, hizo subir a todos al coche aunque Carolina pensó que era mejor cancelarla, al fin y al cabo era por el cumpleaños de Gonzalo, y él no estaba.

-No soportaré más sus caprichos, la próxima vez que te falte el respeto lo lamentara.
-Pero Enrique...
-Luego hablamos de eso, ahora no-interrumpió a la mujer.

Se dirigían al restaurante, los hijos de la señora esperaban allá, su padre los había llevado. No sabían nada de lo que sucedió en casa del señor Enrique pero intuían que algo paso, ya que el del cumpleaños no estaba presente y nadie lo mencionó, todos degustan sus platos animadamente.

                                                                     ***

El niño  logra dejar de llorar luego de un rato, mira el paquete que dejó caer su padre y lo toma, en la tarjeta decía Feliz cumpleaños hijo, te quiero mucho espero que lo disfrutes. Lo abrió, y era un cómic.

-¡Es en serio!-rompiéndolo con furia.

Ni siquiera era la letra de su padre, supuso que le había mandado comprar a su secretaria, no se tomó ni la molestia de comprárselo.

-Muchachito -toca la puerta Armando.
-¿Que?-contestó malhumorado.
-¿No va a cenar?
-No, no quiero-el rubio de espaldas miraba la ventana, lagrimeando. El señor había entrado, él no se había percatado.
-Joven es su cumpleaños, no puede quedarse sin cenar o probar torta.
-Mi papa me dejo, no le importo -mirando al señor, lágrimas caían de sus mejillas.
-Eso no es verdad-tocando su cabello-le prepare la cena y compre una torta, su padre me dijo...
-No mientas, él no te dijo nada-mirando al piso-no querías que pasara solo mi cumpleaños.
-Es un jovencito, no debe pasar solo su cumpleaños.
-Esta bien, voy a bajar pero me acompañas a la mesa-frunciendo los labios.
-Si joven como desee.

Minutos después el muchacho baja las escaleras, pero al no prender las luces el lugar estaba oscuro, y cae muy feo. 

Los golpes se escuchan, Armando se acerca, y prende la luz. Gonzalo resbala del último escalón llorando, el señor lo ayuda a pararse.

-Me duele todo-quejándose no para de llorar.
-No se preocupe, voy a llamar a su padre-Armando toma el teléfono y se dirige a llamar al señor, pero no contesta solo contesta la contestadora.
-Que raro, no contesta.
-No es algo que me sorprenda -apoyado del señor-¡Me duele!
-Tranquilo Gonzalo, yo lo llevaré a la clínica-cargando al muchacho.

Armando pide un taxi, y lleva al muchacho en el automóvil. En la clínica por el dolor hacen tomar una pastilla al muchacho, el anciano se queda a su lado.

Enrique llega muy tarde a su casa, sus hijos llegan cansados a dormir. Se le había apagado su celular y no se había percatado, se queda dormido sin cambiarse, y sin ir al cuarto de Gonzalo.

En la mañana, los chicos se han ido al colegio, se levanta a las nueve, y por fin revisa su celular. Al tenerlo apagado, lo comienza a cargar, mira todas las llamadas, y mensajes de Armando.

Sale rápido de la casa rumbo a la clínica, encuentra al muchacho dormido al lado del anciano.

-¿Qué fue lo que pasó?-viendo a su hijo en la cama.
-Se cayó de las escaleras-incorporándose del sillón, donde se había quedado dormido.
-¿Se encuentra bien?
-Sí señor, le dieron pastillas para el dolor, le tomaron algunas pruebas pero solo fueron golpes-interrumpió su narración, tenía algo que comentar con el señor-quisiera que hablaremos de un tema, pero quizás no es el momento
-Si, no creo que sea el momento. Anda a descansar, yo me encargare de mi hijo.

Echado en la cama, se le veía tan débil. El pequeño cuerpo rígido por el sueño profundo mostraba desasosiego. Tengo la culpa de lo paso, por no cuidarte. Sentado en la cama, sus dedos rozaban el rostro del niño.

-¿Estas bien hijo?-el pequeño se levantó al ver una sombra.
-¡Qué haces aquí! -dijo enfurecido. ¿Dónde está Armando?
-Lo mande a descansar. ¿Te duele el brazo?-el hombre trata con sus dedos de tocar el brazo del niño.
-¡Suéltame!-chillando, desvío su mirada.
-Gonzalo por favor.
-Estoy bien, solo es una venda. No tengo nada.
-Que bueno, siento no haberte traído yo.
-¿Por qué lo sientes papá? Soy tu hijo, pero solo porque te acostaste con mamá. Yo no te importo-concluye sin apartar la vista a la ventana.
-No digas eso-temblando-no es verdad hijo escúchame.
-Ni siquiera fui deseado-la furia que tenía el muchacho se desvaneció, se quebró llorando de impotencia.
-¿Quién te dijo eso?-tomando su cabeza con sus manos.
-Nadie-miró desconcertado a su padre-es verdad entonces-agachando la cabeza.
-No, claro que no Gonzalo-sin titubeos pero con una voz muy tensa-¿Por qué piensas eso?
-Tenían cuatro hijos, para que iban a querer un hijo más-fulminándolo con la mirada.
-Llenaste la casa de felicidad-tomándole la mano-mi vida cambió después que naciste.
-MENTIROSO HIJO DE PUTA
-¡Estamos en un clínica hijo! ¿Donde has escuchado esas palabras?-jaloneando al muchacho-Gonzalo te estoy hablando, donde...
-De los amigos de Alberto-lloriqueando-me duele, suéltame.
-No vuelvas a decir groserías, lo tienes prohibido-soltando el brazo del infante.
-¿Por qué me vas a volver a golpear?-empujando a su padre de la cama.
-Gonzalo lo siento, no quise pegarte-suspiro-prometo que no lo volveré a hacerlo.
-No te creo, además ese regalo lo mandaste comprar por Martha.
-No fue ella, fue Carolina.
-Peor, que poco me conoce esa mujer, para comprarme un cómic.
-Pero si te gustan los cómics.
-No el que me compró, tú lo sabrías. No te dignaste ni a verlo.

El padre sale del cuarto y conversa con el doctor, el muchacho no tenía nada excepto ese golpe en el brazo, nada de cuidado podía irse.

-Ya puedes cambiarte, saldré para dejarte solo.
-Gracias-sin mirarlo.

Enrique manejaba rumbo a su casa, trato de conversar con el chico, pero él no contestaba ni siquiera lo miraba. Seguía dolido por lo del día anterior, no se le pasaría tan rápido lo entendió.
Cuando entraron a casa, recién habló el muchacho.

-¿Te vas a tu trabajo?
-Si-cruzando miradas.
-¿Puedes llevarme al colegio? No quiero quedarme aquí.
-Creo que deberías descansar hijo.
-Llévame por favor-mordiéndose el labio inferior.
-De acuerdo, vístete yo te espero aquí-se alistó rápido, en unos minutos estaba sentado en el coche-no puedo creer que quieras ir al colegio con el brazo así.
-No es nada -concluye el muchacho cortante.

Llega al colegio y no se despide de su padre, sale del coche sin siquiera mirarlo escucha a lo lejos la voz de su padre diciéndole adiós.

Enrique está por irse cuando se cruza con el director del colegio que estaba llegando, el hombre alza la mano, el señor Tiessen levanta la mano creyendo que lo saluda, pero el otro señor pone la mano en alto para que pare.

El señor estaciona su coche, y espera que el director también lo haga, caminan hasta la oficina del señor.

-Buenos días Señor Johnson-estrechando su mano.
-Buenos días Señor Tiessen, ahora que lo veo creí que era bueno decirle-poniendo papeles encima del escritorio-que su hijo tiene problemas en la escuela.
-¿Como? ¿Mi hijo Gonzalo?-sin comprender, mirando los apuntes.
-Su notas son pésimas desde hace un mes-cruzando sus dedos-pensaba pedir una cita con usted, si sigue así jalaría el año.
-¡En todos los cursos!-sin creer lo que él director le decía, tenía que ser una broma.
-Sí, es increíble, un buen alumno ¿Ha tenido problemas en su casa?
-Yo creo saber porque es, hablaré con él-levantándose de la silla-no se preocupe-salió presuroso, dirigiéndose a su coche.

Metió la llave, las ideas rondaban por su cerebro, a toda velocidad sorteaba los automóviles que pasaban a su lado.

                                                                ***

Sentado en su oficina, aprieta una bola de goma. Sin permanecer quieto, la bola cae de su mano, dando vueltas en su oficina.

-Hola amor -dándole un beso en la mejilla-pensé que no llegabas.
-La verdad no iba a venir pero...-un silencio sepulcral inundó el lugar-Enrique comenzó a hablar, pero era más para el mismo.

Debo de dejar de pensar en mi, lo tengo decidido, priorizar lo más importante.
Olvidar que soy hombre para ocuparse como padre, que es lo primordial, no ser caprichoso.

-¿De qué hablas?-sujetándole el mentón-puedes explicarte, me das miedo.
-Carolina debemos hablar-viéndola a los ojos.
-¿Que ocurre Enrique?-con tono preocupada.
-Mi hijo ayer sufrió un accidente en la casa.
-¿Se encuentra bien? -pregunta apresurada.
-Si, esta bien. Si solo fuera eso, trataría de hacerle entender, que nos amamos.
-¡No entiendo nada!-la frustración se apodera de ella, sin comprender las palabras de su pareja.
-Debemos terminar Carolina-dijo de la forma más simple y fría posible.
-¿Por qué?-cada vez más confundida, con todo esto.
-Mi hijo me necesita, siento haberte hecho perder el tiempo pero...
-¿Perder el tiempo?-interrumpió la mujer-¡Estas hablando en serio! No somos unos chiquillos Enrique, no me dices porque quieres terminar-tomándolo de las manos.
-Ha bajado sus notas-apartándose de ella.
-Es normal a su edad.
-Gonzalo es un chico muy inteligente, no es normal que le pase esas cosas-declaró con calma-de pequeño se apartó de mí por un mujer, y ahora lo hace de nuevo.
-Tu lo estas diciendo, solo es capricho-a punto de estallar.
-No, no lo es. Debo ocuparme de mi hijo, tengo que hacerlo, tu no lo entenderías el perdió a su madre muy pequeño-con un rostro muy serio-siempre he estado a su lado, y últimamente me aparté de él. 
-Es un error lo que quieres hacer-tomándole la mano-no soy una de esas jovencitas que te perdonará esto Enrique.
-Bueno, lo tendré que asumir-soltándose de ella-no haré otra cosa, estoy consciente que mi hijo me necesita, y eso haré. Carolina espera-la mujer volteó sorprendida con el pedido.
-¿Recapacitaste?-mirándolo extrañada.
-No, no quiero ocuparme más de la constructora-poniendo su mano en su hombro-encárgate tú.
-¿Qué cosa?-preguntó furiosa-¿Acaso crees que me metí contigo por tu dinero? Porque si crees...-la interrumpió dándole un beso, a lo que Carolina se calmó.
-Se muy bien que no estás por mi dinero, pero esto debe acabar-sus ojos se tornaron tristes-sé que me arrepentiré después, eres una gran mujer.
-¿Qué es lo que quieres que haga? ¿Que tenga más peso en la empresa?
-Si, te la voy a ceder.
-¡No estás loco! ¡No voy a aceptar eso Enrique!
-No es un regalo, es una venta-soltando una pequeña sonrisa.
-No tengo tanto dinero.
-Puede ser, pero la constructora da mucha ganancia, te será fácil pagar en partes, los abogados se encargarán de eso, adiós-saliendo de su propia oficina.

                                                  
Enrique decide regresar a su casa, no tiene cabeza para trabajar. No encuentra a Armando en la cocina, lo deja descansar, decide ver un poco de televisión en su cuarto.

                                                                       ***

-Lograste descansar-mirando al señor.
-Si señor, gracias por preguntar.
-¿Sabías que Gonzalo tiene problemas en el colegio?-recordando todo lo que había pasado ese día.
-Si, usted ha estado tan ocupado que no se ha dado cuenta. El muchacho ha estado muy preocupado, lo hubiera visto tenía miedo que se entere.
-¿Miedo? ¿Por qué?-preguntó contrariado.
-Siempre le ha dicho que es un niño inteligente, si sabía que sus notas bajaron se decepcionaría , eso repetía.
-Eso te dijo.
-Señor sé que quizás me tomó muchos atrevimientos pero...
-Continua. Dime lo que piensas.
-He visto crecer a Gonzalo, desde que nació, perdió a su mamá. Ahora siendo un jovencito cualquiera pensaría que es caprichoso, que usted lo malcrió, y bueno el tiene un lazo muy especial con usted. Aunque tiene hermanos y lo sabe, él quiere toda la atención de usted, trata de complacerlo en todo, pero usted últimamente ha estado trabajando mucho y viajando.
-Lo se-contesto afligido-voy a ocuparme de él.
-Se que no es un buen momento señor, pero ya no soy joven, soy un anciano y mis hijos fuera del país.
-Entiendo a donde quieres llegar Armando-dándole unas palmadas-supe que esto pasaría en algún momento, pensé que sería con la muerte de Lorena.
-Nunca lo hubiera dejado después de esto, los niños eran tan pequeños.
-Gracias, ¿Cuando te iras?
-Creo que en un mes señor.
-Esta bien
-Voy a recoger a Gonzalo-incorporándose de la cama.
-No es necesario, yo voy a ir-poniendo su mano en el hombro de Armando.

                                                         ***

Gonzalo tuvo un mal día, su examen de matemáticas no salió como deseaba. Estaba decepcionado de nuevo lo volvía hacer, frustrado de ser tan bruto. Espera sentado que lo recoja el señor. Ve que acerca un carro pero no es el, es el coche de su padre.

-Sube
-¿Qué haces aquí?-sin poder creerlo.
-Soy tu padre, no puedo recoger a mi hijo-el niño sube asombrado, Enrique comienza a manejar, en la radio comienza a sonar una canción que le gusta a los dos y la cantan juntos.

No hablan hasta llegar a la casa,  el papá se dispone a conversar con Gonzalo sobre sus notas.

-¿Que tal el colegio?-revoloteando su cabello.
-Bien, como siempre.
-¿En serio?
-¿Por qué?-Gonzalo mira a su padre, sabe la verdad y sin decir palabra corre veloz a su habitación.
-Gonzalo, abre la puerta-con una suave voz.
-¡No!-cubriéndose dentro de las sabanas.
-No voy a hacerte daño.
-No tengo miedo de eso.
-Entonces, ¿Por qué no quieres abrir?
-No puedo verte a los ojos, te decepcione-botando pequeñas lágrimas.
-¿Que dices pequeño? No has jalado el año, y si lo hubieras hecho no tendría de que decepcionarme, estoy orgulloso de ti. Desde que eras un bebé.
-No es verdad-sollozando fuerte.
-Si, lo es. Aun recuerdo cuando comenzaste a caminar te demoraste mas que tus hermanos con año y dos meses recién diste tus primeros pasos, pero aprendiste rápido. Cuando dijiste papá no sabes como me sentí.

Gonzalo abrió  la puerta después de escuchar a su padre, Enrique nunca le había dicho esas cosas.

-Ven aquí -el papá le da muchos besos al chico.
-Papá no soy un niño-en tono serio
-Si, es cierto creciste, pero para mi siempre serás mi bebé.
-Lo que dijiste es verdad-mirando a su padre.
-Claro, ¿Por qué has tenido malas notas?
-No lo se, estoy bloqueado-sin comprender que decía.
-¿Bloqueado? -sonríe Enrique.
-Es cierto, no capto nada, no puedo hacer las operaciones normalmente, nada me sale bien -llorando de nuevo.
-Relájate hijo, debes estar estresado, no es otra cosa. Te ayudare a estudiar, iremos a terapia si es necesario, todo se arreglara-Gonzalo abraza a su padre con toda su fuerza.
-Así es mi muchacho.
-Siento haber insultado a Carolina.
-Ya no importa, ya no la veras mas.
-¿Qué hiciste papá?-mirando confundido al señor-ustedes dos se quieren.
-Termine con ella-poniéndose serio.
-Pe-pero papá, tú la amas.
-Ya no soy un jovencito Gonzalo, ya no estoy para el amor. Cometí muchos errores en el pasado, no quiero cometer otro más. Ahora debo hacerme cargo de ustedes.
-Pero mis hermanos están grandes.
-Si, pero tu no, todavía tienes muchas cosas que vivir, y tus hermanos tienen problemas-tomando un gran cantidad de aire-debo ser un poco estrictos con ellos menos con Alberto, él es centrado igual que tú.
-Hablas como si te fueras a morir. ¿No estás enfermo?-observándolo bien.
-No Gonzalo no estoy enfermo, estoy muy bien. Pero voy a estar más pendiente de ti ahora.
-¿Por qué?
-Porque te he tenido muy abandonado, y porque Armando se va.
-¿A donde?
-Con sus hijos.
-Pero papá no puedes dejar que se vaya, súbele el sueldo-con la voz entrecortada-lo conozco desde que recuerdo.
-Lo se hijo pero a veces debes dejar ir a las personas-tomándole la mano-él tiene una familia. Es mayor, a formado parte de la familia por muchos años, debe descansar con los suyos.

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