Capítulo doce: Traidora

Caminamos uno al lado del otro, pues no tenemos más opción gracias a las esposas. Intentamos encender la luz un par de veces, pero obviamente los focos del candelabro permanecen apagadas. Leemos los periódicos sobre el tocador, pero tampoco encontramos nada. El único sonido en la habitación es el de nuestros pasos y el de los relojes que no nos dejan olvidar el paso del tiempo. A decir verdad, este concepto de scape room es bastante entretenido. Es como estar en una misión, pero con fantasmas y un Silente como mi apoyo. Esto es risible, incluso comienza a pasar el malestar por las secuelas de la silla al intentar tomar el juego con seriedad.

Sería bueno que Ortega usara estas prácticas en lugar de los agresivos entrenamientos. Un montón de escenarios ficticios en los que los recién llegados aprendieran a resolver acertijos y se estudiara su desempeño... Silencio con una bofetada mental esa idea de inmediato. Si lo sugiriera, seguramente me darían más choques eléctricos por decir estupideces. O sería sometida nuevamente al submarino, para asegurarse de que el oxigeno está llegando correctamente a mi cerebro.

—¿Qué encontraste, Smith? —pregunta Jack, pues no he dejado de apuntar con mi linterna a uno de los relojes que están colgados en la pared.

—Es que ese no sirve.

—Tal vez olvidaron cambiarle las pilas.

—No —aseguro—. En los periódicos, ¿a qué hora dijeron que murieron los Duval?

—A las 3:00 a.m.

Hago que se acerque conmigo hasta el reloj y muevo las manecillas para marcar esa hora exacta. De inmediato, suena una campanada que resuena en todo el cuarto. Por unos segundos creo que he desatado otra maldición, pero cuando se abre un compartimiento que permanencia oculto en el cuerpo del reloj sonrío de inmediato. Con la llave que está adentro consigo liberarnos.

—Qué lista —me felicita con una sonrisa—. Buscaré debajo de la cama, tú revisa los cajones.

Cuando estoy lo suficientemente lejos de él y noto que no está observando, saco de mi bolsillo la nota que me ha dado la chica. Al leerla, pienso que es una mala broma. La nota tiene el logo del establecimiento y cuenta una historia trágica para mi personaje en el juego. Al parecer fui elegida, irónicamente, para ser la traidora en el grupo. El papel dice que mi «hermano» quiso descubrir los secretos de la mansión hace unos meses, pero fue atrapado por la maldición y su alma ahora ronda en estas habitaciones. Si se rompe la condena no podré volver a verlo. Tengo la opción de sabotear el juego para ganar o dejar que las cosas sigan su curso. La primera opción suena mucho más divertida.

—Encontré algo, Smith —me llama Jack y yo me acerco a su lado—. Esta nota estaba entre las partituras.


"En la sinfonía del misterio,

Claves y notas los han de guiar.

Busca el eco del pasado,

En el compás hallarás la verdad."


—No veo ningún instrumento, pero en ese cuadro hay un hombre con peluca tocando el piano —digo.

Nos acercamos al tocador que está debajo de él, ahí encontramos una caja musical con motivos de corazón finamente tallados. Pide que ingresemos cuatro dígitos para abrir el compartimiento que guarda, advirtiendo que tenemos únicamente tres intentos para hacerlo. Jack le da cuerda y las figurillas de una pareja comienzan a dar vueltas, como si estuvieran en un vals. El objeto es hipnotizante, pero no consigo descifrar el código. Mathews la repite dos veces más, prestando especial atención y tarareando la melodía.

—Solo tiene cuatro notas —afirma—. La, Re, Fa y Sol.

—Necesitamos números, no notas musicales.

—Sí, esas notas también pueden denotarse con las letras A, D, F, G. Si usamos su posición en el abecedario, el código sería uno, cuatro, seis y siete. —Mueve los números hasta que estos muestran el código dicho y de inmediato el pequeño cajón se abre.

—¿Ahora también sabes de música? —pregunto tomando el papel que encontramos, en él hay escrito otro corto poema.

—Tomé clases de piano cuando era niño —contesta sin darle mucha importancia.


"En donde descansan los lamentos,

Donde las sombras y los sueños son inquietos.

Entre hileras de flores hallarás los secretos,

El patrón revela la senda, si tu mente está atenta."


—Hay que ir a la cama —digo.

—De saber que tendría ese efecto, hubiera tocado el piano para ti desde la primera semana.

—¡No, Mathews! —espeto molesta—. La pista dice... ¿En serio? ¿Desde la primera semana? —Él se ríe.

—¿Qué dice la pista, Smith?

—Claro —contesto sin darle más importancia—. La colcha tiene dibujos de flores y, por lo que dice el resto del poema, la siguiente pista debe estar ahí.

Jack y yo nos acercamos a la cama, buscando entre las sábanas algo que nos pueda servir. Por alguna razón sigo dándole vueltas a su comentario. Entonces, ¿bien pude acostarme con él apenas llegué a SAMOHI? Bueno, no es mucho logro. Él se acostaría con cualquiera que le diera la oportunidad, ¿no es así? Ya me ha dicho que me considera una persona atractiva, ¿no fue solo por educación entonces? Carajo, ¿por qué me importa esto? Es por la misión, debe ser por la misión.

—Aquí está —dice encontrando otra nota, pero no la lee en voz alta—. Muy bien, Smith. Hay que correr.

Jack toma mi mano y me jala con él hasta una puerta con un candado de combinación. No entiendo por que se apresura tanto hasta que veo cómo una entrada secreta se abre poco a poco, amenazando con dejar entrar a uno de los espíritus de los que la chica nos advirtió. Sé que solo es una persona disfrazada, pero aún así le pido repetidamente a Mathews que se apresure para que no consiga atraparnos. Apenas logra que la cerradura ceda, corremos entre la oscuridad con el fantasma persiguiéndonos.

Intentamos no tropezarnos, pues nuestra visión sigue siendo limitada. Corremos entre risas, a pesar de que se supone que el objetivo del actor es aterrarnos. Una madera suelta en el piso atrapa mi pie y caigo al suelo, jalando a Jack conmigo por no haber soltado su mano. La caída no es fuerte, Mathews me cubre para que el espíritu no me alcance, pero cuando está apunto de condenar su alma un inofensivo dardo alcanza al fantasma y con eso se tira al suelo.

—Me deben una —nos dice John con una sonrisa mientras le extiende a Jack la mano y este a la vez hace lo mismo conmigo—. Salieron muy rápido de ahí.

—Smith no es mala con los acertijos —contesta Jack sonriendo e Ian también se nos une.

—¿Por qué no nos separamos para buscar más pistas? Mientras los demás consiguen salir—propongo, pues necesito comenzar a sabotear los rompecabezas si quiero tomarme en serio mi papel.

—No ves muchas películas de terror, ¿verdad April? —pregunta Ian, divertido ante mi idea—. Separarse siempre termina mal de una u otra manera.

—Por favor, Silverman. —La presencia de los tres Silentes sigue poniéndome de nervios, lo cual es otra razón para querer alejarme—. Si algún espíritu me persigue, puedo correr rápido.

Antes de que consigan darme cualquier otra excusa, enciendo mi linterna y me alejo de ellos. Encuentro pistas en un mazo de cartas, las cuales desordeno para que el patrón sea incorrecto. También muevo un par de espejos, de forma que ya no reflejen el cajón que guarda la llave de un candado. Desorganizo objetos, cambio la hora en los relojes e incluso comienzo a divertirme cuando noto que una madera en el suelo está suelta. Pienso que hay algo más que boicotear allá abajo, por lo que me apresuro a quitarla. No había notado que tenía una sonrisa en el rostro hasta que esta desaparece de inmediato.

No se trataba de una pista oculta, los idiotas olvidaron colocarla bien. Debajo del suelo hay un montón de cajas con la etiqueta «FRÁGIL» en un costado. Las reconocería en cualquier parte, pero solo para estar segura meto una mano en el agujero hasta abrir la primera que puedo alcanzar. Tal como lo suponía está repleta de medicinas, es el cargamento que nos robaron. Venir aquí solo fue una excusa para comprobar que estuviera a salvo.

—Ah, ahí estás. Jack comenzaba a preocuparse —dice John detrás mío, por lo que de inmediato me sobre salto. Cuando nota que he encontrado el cargamento su expresión se vuelve sería.

—Yo... —Tardo unos segundos en calmarme y alejar las ideas de todo lo que podría salir mal si no manejo bien la situación. Estúpido refuerzo, me tiene hecha un manojo de nervios—. Creo que encontré otra pista.

—Ah, no. Ian y yo lo encontramos hace rato. Nos dijeron que era únicamente utilería. —Está tenso, se acerca de inmediato para quitarme el medicamento de las manos y volverlo a meter a la caja. Deja en el suelo su linterna y el lanzador de dardos para volver a poner la madera en su lugar. Mientras lo hace, no puedo evitar buscar en la habitación cuál es el objeto más afilado para poder defenderme en caso de necesitarlo—. Será mejor que vayamos con el resto, ya todos salieron de las habitaciones.

Creo que John va a dejar pasar el hecho de que encontré su pequeño tesoro cuando su mentón se relaja, pero al ponernos de pie uno de los fantasmas intenta alcanzarnos. Mis sentidos siguen en alerta, por lo que esquivo al actor con mucha más agilidad de la que hubiera mostrado de haber podido pensar dos veces antes de actuar. Al ver que va a alcanzar a John, me arrastro por el suelo para alcanzar el lanza dardos y disparo uno justo en el medio de la frente del espíritu. Me arrepiento al instante de haberlo hecho, aún con la escasa luz mis movimientos no pasaron desapercibidos para Bush.

—¡Wow! ¡Eso fue increíble, April! —exclama Peter entusiasmado y yo acepto chocar su mano cuando este lo ofrece, pero John no me quita la mirada de encima—. Tienen que venir a ayudarnos, las pistas que encontramos son realmente confusas y ya casi se agota el tiempo.

Debo actuar con naturalidad, fingir tanto que John crea que lo que vio fue solo a causa de la poca iluminación. Peter avanza y yo quiero seguirlo, sin embargo, Bush no se mueve. Examina cada movimiento que doy, sé que a partir de este momento va a vigilarme. He metido la pata bien adentro, pero no me queda más que seguir tratando que crea en mi inocencia. Caerle bien a Ian y a Jack debe ser más que suficiente.

—No me digas que ese fantasma te asustó —le digo sonriendo y le lanzo su arma de dardos—. También salvé tu vida, creo que ya estamos a mano.

Camino detrás de Peter, sé que por más que crezca su paranoia John jamás decidiría atacarme frente a él. Tan pronto estamos con el resto del grupo, me dirijo de inmediato al lado de Jack. Creo que voy a tener que acelerar un tanto el proceso de ganarme su confianza si no quiero que Bush comience a meterle ideas en la cabeza. Decido saltar en su espalda en un intento de resultar amistosa, con la excusa de que querer asustarlo. Él se sorprende, pero no se sobresalta. En realidad, una sonrisa se pinta en su rostro mientras cuida que no me caiga.

—¿En dónde te habías metido, Smith?

—Estaba buscando pistas y un espíritu por poco me mata. —Él se ríe y yo me bajo de su espalda.

—Te dijimos que separarse siempre sale mal. Fue una mala idea quitarnos las esposas, de haberlas tenido no te habría perdido de vista.

—Encuéntralas y puedes volver a ponérmelas.

Las cejas de Jack se alzan levemente y noto cómo su lengua acaricia por un instante su labio inferior. Carajo, no me refería a... ugh, bien. Si eso sirve para al menos nublar su juicio entonces no voy a retractarme. No le doy más importancia, decido darle la espalda y volver con los demás esperando que el idiota me siga. Apenas doy el primer paso, él avanza detrás de mí. A veces hace mi trabajo demasiado sencillo.

El resto del grupo está realmente confundido por las pistas revueltas que dejé. Intentan encontrarles algún sentido, pero lo cierto es que no tienen ninguno. Nos quedan unos quince minutos antes de que se nos agote el tiempo, lo cual indicaría que he conseguido ganarles a todos aquí. La «ayuda» que les doy no hace más guiarlos por un camino contrario al que deberían seguir. Creo que todo va a salir a la perfección hasta que Marie habla.

—¡Encontré esto! —anuncia mostrándonos la nota que me dio la chica. Carajo, se me debió haber caído cuando Jack y yo huíamos del fantasma—. Alguien saboteó las pistas, por eso no podemos resolverlas.

—¿Cómo sabemos que no fuiste tú? —cuestiona Ian quitándole el papel para leerlo él mismo y pasándolo para que todos hagamos lo mismo.

—Porque yo no me he separado de Brian, ninguno de nosotros dos pudo hacerlo.

—Tenemos diez minutos para que el traidor abra la boca y podamos salir de aquí —apoya Brian.

—Peter y yo fuimos los últimos en salir de la habitación, cualquiera pudo alterar las pistas antes que nosotros —argumenta Summer.

—Pues los primeros en salir fueron Ian y John — señalo—. No estaban juntos cuando los encontramos.

—Recuerdo que fuiste la primera en sugerir que nos separáramos, April —acusa John, tal vez de un modo más hostil que el que pretendía. Brian le dirige de inmediato una dura mirada—. Y parecías muy interesada en el cuarto de allá.

—Tal vez porque estaba buscando pistas, como el resto de nosotros —Me defiende Summer.

—Pierdes tu tiempo, yo no lo hice —miento.

—Jack está muy callado —dice Peter mientras que Mathews lee el papel—. ¿Algún culpable que señalar?

—Creo que, quien lo haya hecho, tuvo una buena razón —opina después de unos instantes de meditarlo—. Es decir, el alma de su hermano quedó atrapada aquí, ¿quién no querría seguir visitándolo?

Sabe que mentí, me está defendiendo. ¿Cómo carajo supo que mentí? Estoy segura de que no me siguió, el lugar es bastante oscuro como para que me haya visto a una distancia prudente. Sé que hay razones para sospechar de mí, pero también otros del grupo pueden parecer culpables. Él está completamente seguro de que yo lo hice y la peor parte es que no piensa delatarme. De hecho, su cara me indica que está intentando pensar en algo para que el grupo no me señale.

—Yo digo que nos sacrifiquemos —propone y comienza a buscar a algún espíritu.

—¿Perdió la cabeza? —dice Marie riendo.

—Supongo que fue algo parecido —opina John, comprendiendo por qué su amigo actúa de esa forma y estando notablemente disgustado por ello.

—Bien, de cualquier manera, solo nos quedan tres minutos —habla Ian, igual de divertido que Marie al ver a Jack.

Todos, excepto John, parecen aceptar con gracia la nueva tarea de encontrar algún espíritu que tome nuestra alma para sacrificarnos por el traidor. Yo trato de disimular, pero me confunde el por qué la mayoría de estas personas no están molestas. ¿Por qué no usan cada segundo de lo que resta del juego para atrapar a quien saboteó las pistas para obligarlo a hablar? ¿Por qué solo John parece sensato?

Finalmente, los intentos de Jack por encontrar un espíritu dan frutos. El actor parece realmente confundido por cómo su víctima no corre y de hecho se aproxima hasta tocarlo. Una vez «maldito» Mathews se tira al suelo aparentando estar muerto. La siguiente soy yo, pues no volví a apartarme de su lado. Lo imito y al poco tiempo todos yacemos recostados, incluso John quien no tuvo más opción que seguirnos la corriente. Ahora somos como un montón de cadáveres.

Cuando la chica que nos recibió finalmente abre la puerta apenas puede contener la risa. Enciende la luz, haciendo que el lugar se vea mucho menos espeluznante. Nos comenta que nunca había visto algo parecido, incluso elogia al traidor por su excelente trabajo sin delatarme. A pesar de no haber conseguido escapar, nos regala los chocolates que prometían si superábamos con éxito las pruebas. Al salir del lugar, todos parecen realmente felices por cómo resultaron las cosas. Todos excepto yo.

—¿Cómo supiste? —le pregunto a Jack, guardando un poco de rencor en mi voz.

—¿Saber qué, Smith? —contesta fingiendo demencia, lo que le gana una mala mirada de mi parte. Él rodea los ojos, pero mantiene una sonrisa en su rostro. El resto del grupo no puede escucharnos—. Ya te lo había dicho, arrugas la nariz cuando mientes. No puedes engañarme.

A pesar de que eso no es cierto, contradecirlo no sería prudente.

—¿Y por qué no se los dijiste?

—¿Por qué lo haría?

—Porque los traicioné —digo tratando de no alzar la voz y viéndolo por primera vez a la cara desde la sesión en la silla—. Tú lo sabias, tenías que delatarme.

—¿Estás molesta conmigo por cuidarte la espalda?

—¡Estoy molesta porque nadie está molesto conmigo! —mi voz carga impotencia y tengo que apartar la mirada para intentar controlarme. Él lo nota.

—Solo era un juego, Smith —aclara confundido—. Nadie tiene por qué molestarse contigo.

No lo entiende. Mi mandíbula titubea y mis ojos amenazan con ponerse llorosos nuevamente. Ya sé que es un juego, pero es que así no funcionan las cosas. Al menos no para mí. Si hay un traidor lo eliminamos, ni si quiera se le da oportunidad de justificar el por qué de sus acciones. Yo debí ocultarme mejor, pero si él me descubrió entonces lo natural habría sido que me delatara o al menos que me lo echara en cara una vez fuera. Merecía que me sacaran la sopa, merecía que me obligaran a poner las cosas en el orden original utilizando cualquier medida que consideraran adecuada. No merecía que se sacrificaran por mí y este idiota ni siquiera parece querer algo a cambio por cubrirme.

Todo parece demasiado confuso en estos momentos. Odio lo que esta misión me hace sentir.

—No sé si esto también tiene que ver con el tema de tu padre y da igual si no me lo quieres decir —habla nuevamente cuando nota que estoy a punto de tener otra de mis crisis—. Pero somos amigos, April.

—¿Lo somos? —Él se ríe.

—Bueno, contra todo pronóstico, eso parece —contesta—. Y cubrirse la espalda es lo que hacen los amigos, así como no enojarse por algo tan tonto como un juego. Así que tranquila, todo está bien.

Mi mente se divide. Por un lado me siento extasiada, él mismo acaba de decir que somos amigos y ese es precisamente el primer paso para que pueda meterme de lleno en su vida. La misión está resultando ser un éxito, es increíble lo fácil que este idiota ha confiado en mí. No tardará en abrir la boca, en cometer un error que lo dejará expuesto. Pero, por otro lado... a pesar de que todo marcha de maravilla, comienzo a dudar si realmente podré completar mi tarea.

Mis virtudes son escasas y muy específicas. Con cada clase del señor Hammet en donde siempre sale al tema la ética o la moral me doy cuenta de que mi personalidad se formó algo lejos de esos conceptos. Y, aunque siempre me digo que las cosas son como deben ser o que me siento cómoda con el estilo de vida que llevo, a veces me descubro en un cálido sentimiento cuando una palabra positiva consigue describirme. La más reciente fue «lealtad».

Toda mi vida he sido leal a la agencia, estoy comprometida y soy fiel a Alí. Jamás los he cuestionado, siempre he obedecido sus órdenes sin titubear un solo segundo. También le soy fiel a Brian, he guardado sus secretos y he cubierto su espalda cuando lo necesita. Me gusta ser leal y algo me dice que debo serlo como amiga, ¿pero cómo puedo ser leal a personas que siguen distintos ideales? ¿También yo considero a Jack un amigo? No, todo ha sido mera apariencia. No estoy obligada a ser leal a él, estoy obligada a serle leal a mi gente, a los agentes sombras. Aunque, ¿qué es la lealtad sin el acompañamiento de la ética?

—Oigan, ¿pizza para cenar está bien? —pregunta Marie, acercándose a nosotros al lado de Brian—. Peter dice que hay un restaurante cerca de...

—Brian y yo tenemos que irnos —digo cortando la conversación. Los tres parecen confundidos, pero Zeta no tarda en seguirme el juego.

—Ah, mierda. ¿Es hoy? Lo había olvidado —se excusa de inmediato—. Jack, ¿te importaría llevar a Marie a su casa?

—Para nada —responde, pero ninguna de nuestras parejas parece muy feliz con el cambio de planes.

Tan pronto nos despedimos del grupo, nos apresuramos a regresar a casa. No hay tiempo para una cena e incluso la misión pasó a segundo plano. Tenemos que recuperar ese cargamento antes de sea demasiado tarde y lo muevan de lugar.

Hola, hola.

Ay, qué distraída hoy no es sábado. Les traigo un capítulo a mitad de semana por un bello comentario (los cuales me hacen muy feliz). Además, ¿qué es eso? ¿Portada nueva? He recibido críticas constructivas y lo que más sonaba era que la portada necesitaba mejorar. Aún está sujeta a cambios, pero espero que sea de su agrado. Gracias por la interacción e intentaré, de vez en cuando, publicar más de un capítulo por semana.

Nos leemos pronto.

—Nefelibata

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top