XIV: Vulnerable después de mucho tiempo
Les pido disculpas por no actualizar en meses :c.
La época de nevadas ha comenzado, las calles están cubiertas en su totalidad de la capa blanca formada por los copos de nieve. Las temperaturas descienden y el frío comienza a llegar a todos los rincones de la ciudad.
El departamento de la pequeña familia Agakuro no es la excepción.
Alistándose para salir, Stain decide ir a despedirse de Musume, quien todavía sigue en la cama. Usualmente no sale temprano, pero en la nieve tiene más chances de esconderse y en las noches el frío dificulta sus movimientos.
— Musume, ya me voy a...
Sus palabras quedan suspendidas en el aire al darse cuenta de la extraña posición que mantiene su hija en la cama. Parece hecha bolita, con la sábana cubriendo todo su cuerpo y parece que está temblando.
¿Otra pesadilla? Ya ha pasado un tiempo desde la última.
Con su característica, y a veces peligrosa, cautela, va caminando hacia la cama, y suavemente retira la manta de la cabeza de la niña, solo para darse cuenta de su respiración agitada y mejillas rojas.
Musume tiene fiebre, lo puede ver y sentir incluso con la mano sobre la tela, con un tacto indirecto en su piel.
— Me siento mal, papá... —confiesa mientras se agarra una vez más a la colcha.
— Me doy cuenta, estas ardiendo en fiebre.
Quizás debería ir a cazar más tarde. No, más bien hoy no va a salir de casa. Musume no está acostumbrada a tener a alguien que la cuide. Con el historial de padres y tutora qué tiene, debe estar acostumbrada a tratar con sus enfermedades sola. Entonces, lo mejor será ser la excepción.
— Dime, ¿qué otras cosas sientes? —toma asiento en la cama y continúa acariciando los cabellos de Musume con la mano derecha.
— Me duele la garganta y tengo la cara hinchada.
— ¿Está hinchada o la sientes hinchada? Te veo y tu rostro tiene la forma normal —su mano se dirige a las mejillas de su hija, las cuales se ven un poco más sensibles, pero no más grandes.
— También me duele el estómago, pero también tengo hambre.
Ahora, en su mente sonaba buena idea el quedarse al lado de la niña para estar atento a su enfermedad y cuidarla, pero ahora no sabe que hacer. Suele esperar a que sus propias enfermedades pasen (aunque honestamente no se enferma tan seguido, si se queda en casa es porque sus heridas requieren descanso) así que, naturalmente, no sabe como tratar a otros cuando están convalecientes.
— Dame un momento, iré a buscar algo a la cocina.
Sale rápidamente del cuarto en busca de algo que ayude a calmar la fiebre o que le aconseje qué hacer en este caso.
Mientras papá sale a la cocina, Musume se queda meditando en lo que le pudo desencadenar la fiebre. Por su culpa papá no podrá salir a trabajar, y algunos héroes malos no obtendrán su merecido hoy...
No, no pienses eso, también necesitas descanso y reposar. Y no todos los héroes son malos para que opines así.
Ahora, regresando a lo importante, ¿Qué te llevo a caer enferma?
¿Jugar bajo la lluvia? No ha llovido en semanas.
¿Jugar bajo la nieve? Solo la has visto, pero no has salido a jugar en ella. Papá aun te está consiguiendo un suéter.
¿Comer algo que no debía? A menos que le hayan vendido carne podrida a papá como una broma de mal gusto, no fue por eso. Papá cocina muy bien y la cocina es uno de sus fuertes. Sino fuera criminal, ganaría mucho como un cocinero.
Quizás sea el cambio de estación, si, eso suena lógico. La gente suele enfermarse por los cambios de estación. La mayoría se resfría en primavera, pero a ella le suele tocar en invierno, a pesar de amar el clima frío.
—Caldo de pollo... —murmura en un intento de no quedarse dormida otra vez, papá no va a tardar en llegar...
— Eleonor, despiértate.
Mamá...
La niña de cabellos negros se sienta en la cama al ver llegar a su mamá nuevamente a la habitación, esa mujer con la mirada más sombría posible. Y eso que tiene los ojos tan verdes como un par de esmeraldas.
Su frente tiene adherida un parche térmico, en un intento de reducir la fiebre de su cuerpo. Según mamá, o bueno, según el termómetro, tiene más temperatura de la normal.
— Te dije que no te durmieras. Come esto antes de volver a dormir —la mujer deja en el buró al lado de la cabecera un tazón rojo del que se emana un leve vapor. Puede escuchar un leve chapoteo, por lo que intuye que es caldo o sopa caliente—. Es caldo de pollo, tienes suerte de que encontré pollo deshebrado, sino solo te hubiera dado caldo de verduras.
— ¡Gracias mamá! —aun no se le va la gripe, pero está contenta de recibir comida casera después de mucho tiempo. Sus padres rara vez le cocinan algo, la mayoría de veces es ella quien hace alimentos sencillos y otras veces piden a domicilio. Por lo general, todo es a domicilio, incluso la ropa y el supermercado. Cosas de tener padres cuyo trabajo conlleva a manejar todo el día una computadora.
— No vayas a manchar las sábanas, cuando termines de comer deja el plato en el lavabo —se va tan pronto deja las ultimas indicaciones a su hija.
Cuidadosamente se sienta en la cama y se dispone a comer lentamente el guisado calientito del tazón rojo. Es una mezcla de pollo deshebrado, trozos de zanahoria, guisantes y papa cocida. No es un platillo gourmet, pero a su paladar le sabe a gloria. Es sabroso, incluso un poco dulce.
Comer a diario comida rápida sonará bien para cualquier otro niño. Pero, siendo una realidad para Eleanor, es mejor no comerla todo los días.
Enciende la televisión y la coloca en nivel bajo, lo suficiente para escucharla pero también para no molestar a sus papás con el ruido. Las clases televisivas ya terminaron, así que ahora puede ver dibujos animados.
Incluso las caricaturas han sido más compañía para ella que sus dos progenitores.
—Musume, Musume despiértate.
— ¡Ay! —despierta casi de golpe y un poco asustada. No por la llegada repentina, sino porque se durmió—. Perdón, no quería dormirme.
— Estás con las defensas bajas, es normal que sientas cansancio. No encontré medicina en la casa, pero, encontré esto —le enseña un panfleto de tonos azules, el cual tiene igual un logo del hospital general.
— Luego dicen que los folletos y propagandas no sirven de nada —toma el triptico y comienza a leerlo—.
— Según lo que leí, posiblemente lo que tienes es gripe por cambio de clima, o en otras palabras, te enfermaste por el cambio de estación —toma asiento al lado de la morena, acompañando también la lectura del panfleto.
— Acá también dice que necesito reposo aparte de medicina y/o ir al medico, aunque no podemos ir al doctor.
— Lamentablemente —internamente siente una punzada al decir eso.
Ya se ha resignado a que la vida que le está dando a Musume es una vida con demasiadas limitaciones y escondites. El poco contacto que él mantiene fuera de casa es con el supermercado que protege y obtiene mercancías a cambio, y con el buzón al que fue la otra vez para el análisis de quirk de su hija. Pero su hija, una niña tan pequeña, tuvo que cortar contacto con la sociedad y la gente, puesto que su relación, o el conocimiento de esta, ya la pone en peligro. ¿Qué clase de cosas podrían sucederle si el mundo descubre la relación que mantiene con uno de los más buscados criminales de Japón?
— No te preocupes, papá. Aquí dice igual que podemos usar remedios caseros, como inhalar eucalipto, comer helado o beber té medicinal.
— ¿Té medicinal?, ¿es el que tiene miel y limón?
— Sip. Aquí lo dice —señala una imagen de una taza con algunos trazos grises que indican que es una bebida caliente—. Dice que es recomendable el té de limón.
— Iré a prepararlo, tu quédate aquí —revuelve el cabello de la niña. Ya le está creciendo nuevamente, cuando se sienta mejor definitivamente tendrá que hacerle un corte nuevo.
Mientras corta y exprime los limones, muchas preguntas van invadiendo la mente del hombre mirada roja. ¿Cuánto tiempo más tendrá que pasar Musume atrapada con él?, ¿debería, quizás, hablar del tema con ella y buscarle un mejor lugar?, ¿o va a odiarlo al unirse al grupo de personas que la abandonan?
Es la primera vez, por lo que ve, en donde la niña de ojos dorados se siente a gusto con una persona. Cuando la conoció, básicamente estaba rota, y con paciencia e inexperiencia, más una responsabilidad que no le correspondía, está uniendo los pedazos de esa pequeña tacita de chocolate caliente. Tanta negligencia y malos tratos recibidos le hicieron grietas muy difíciles de cerrar, incluso si lo hicieran las marcas permanecen. Es como... Kintsugi*. Aunque no siente que la este reparando con oro. Más que nada, ella ya es oro.
Sus pensamientos se interrumpen al escuchar la tetera hirviendo, por lo que, sacudiendo su cabeza, retoma el trabajo de preparar la medicina para su pequeña.
— Quizás debería... —pregunta en su mente a la par que sirve el agua caliente en dos tazas con jugo de limón.
Mientras deja que el té se enfríe un poco, abre un anaquel y, detrás de los paquetes de arroz y de harina, toma un frasco de cristal.
— Pasando, dos tazas de té de limón —le entrega la taza de color rojo con cuidado, asegurándose de que no se queme.
— Gracias... —intenta disimular una pequeña mueca de disgusto, pero todavía no es lo suficientemente buena para esconderle sus emociones.
— ¿No que querías el té?
— Si pero... no lo suelo tomar seguido. Con mis padres no solía tomar té y la señora cruel a duras penas recordaba darme agua.
— Mira —comienza a hablar para distraerla de sus pensamientos acerca de ese trío de idiotas—. Hagamos algo, voy a tomar una taza contigo, ¿sí? Las dos están preparadas de la misma manera, no es algún otro tipo de té.
— Pero no estás enfermo.
— Eso sí, pero me gusta tomar algo de té en algunas ocasiones. Y mira —le enseña la palma de su mano, con el contenido que sacó del frasco de cristal.
— ¿Dulces?
— Los tengo escondidos, no suelo comerlos a menos que tenga mal sabor de boca o me sienta cansado. Después de tomar esto, puedes comer un dulce, ¿te parece?
— ¡Si! —parece muy contenta ante la idea de disfrutar una golosina.
El hombre asiente igual, mientras eleva su taza en dirección a la de su hija. Indica que van a brindar con las bebidas antes de tomarlas a fondo. Luego del brindis, cada quién toma rápidamente su té.
En el momento que se dan cuenta de que lo terminaron, los dos abren los ojos de par en par y, sin escupir el contenido, empiezan a soltar varias arcadas y exclamaciones de asco. Stain incluso pasa la lengua por su brazo en un intento de deshacerse del mal sabor de boca.
Tanto el como su hija toman rápido un caramelo de la mesa, y otros dos más. El trago amargo no se irá en una sola golosina.
— Papá —la niña habla una vez que empieza a calmarse el mal sabor en su lengua, saboreando un caramelo de naranja—. ¿Qué tan poca miel le echaste? Sabe mal.
— ¿Cómo? —va lamiendo una paleta de fresa con calma mientras su mirada se dirige soprendida hacia la niña— ¿Había que echarle miel?
— ¡Buen provecho a todos!
Las clases A y B, reunidas en el comedor al aire libre en el campamento de verano, se disponen a cenar luego de un exhaustivo día de entrenamiento. Hoy cocinaron curry y arroz, además de preparar algo de té y limonada. Por increíble que parezca, se acabó más rápido el té.
— Que día — Denki suspira casi sin fuerzas mientras deja caer su frente en la mesa, cuidando de no chocar contra el plato o tirar su vaso.
— Y faltan más —su amiga de piel le acerca un vaso de té, el último que queda de todo lo que prepararon—. Toma, dijiste que querías más té, ¿no?
— ¿Ah? —gira la cabeza ante esa pregunta, y sus ojos se agrandan al ver el vaso de esa bebida caliente—. ¡Muchas gracias! —toma entre sus manos el recipiente, tomando a tragos lentos el contenido.
— ¿Tu no querías, Musu? —el chico bicolor a su lado interroga, recordando también que ella fue la única en tomar un vaso de limonada—, ¿por qué no tomaste nada de té?
— No soy muy fan, además... solo lo tomo si lo preparo yo misma.
— ¿No confías en las chicas? Ellas hicieron un buen trabajo —Shoto recuerda claramente que las muchachas fueron las que se encargaron de su preparación.
— Sí confió pero... no soy fan del té que no tiene base de miel.
— ¿Cómo que base de miel? —una vez más recuperado, el chico de quirk eléctrico se une a la conversación.
— Cuando preparo té o café suelo poner de base algún endulzante antes de agregar el resto. Así me aseguro que no lo olvidé.
— Suena buen consejo, a mi se me suele olvidar colocarle azúcar a mi café, jeje —Kaminari se rasca la parte de atrás de su cabeza.
— Yo no podría hacerlo así, me gusta ver el azúcar entrando a mis bebidas. Es entretenido.
— Cada quién sus gustos
La plática se ve interrumpida ante la llamada de atención de uno de los integrantes de los Pussycats, en este caso, la heroína Mandalay.
— Muy bien, platos y vasos a lavarse, luego ustedes van a las termas. Después van a sus cuartos y, los que tengan clases extra, van al aula con Vlad King
Al oír eso, Kaminari se lanza hacia Musume, abrazándola con emoción, junto con los platos que ya tiene en sus manos y casi se caen.
— De no ser por ti yo sería uno de los que van a clases extras.
— No es nada Denki. Sabes que no permitiría que ni tu ni los demás reprobaran su prueba —sonríe cariñosamente mientras deja que su amigo de ojos amarillos la abrace un poco más.
— Bueno, no es por interrumpir este mágico momento, pero hay que darnos prisa.
— ¡Sí!
*(En japonés kintsugi quiere decir «reparar con oro». Un método de reparación que celebra la historia de cada objeto haciendo énfasis en sus fracturas en lugar de ocultarlas o disimularlas. El kintsugi da una nueva vida a la pieza transformándola en un objeto incluso más bello que el original)
Perdonen por no haber actualizado en meses. Tengo bloqueo de escritor y es horrible (y mala memoria también, doble problema *cry*)
Prometo intentar compensarlos de alguna manera, también como agradecimiento por ser pacientes.
Ojalá no me vaya por otros meses, jaja
Universidad: Eso ya lo veremos :)
¡Cállese, estoy hablando con mis criaturas!
Uni: :(
Bueno, en fin. Si pudiera hacer algo para agradecerles por su paciencia, ¿qué les gustaría? Los leo 👀.
Eso es todo por ahora, se me cuidan
¡Y feliz Año! (atrasado, pero no está de más volver a felicitar)
Woxi fuera
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