XI: Lo que queda de la página anterior.

ADVERTENCIA: Leves menciones de abuso doméstico y autolesiones.


Una de las partes de las que nadie habla sobre las batallas o combates, también aplicado en las guerras o altercados. Hay una parte importante que casi todo el mundo ignora sobre los combatientes debido a que solo les interesa el resultado.


Cuáles fueron las consecuencias de esa pelea.


Los contrincantes o bien pueden salir ilesos o a duras penas rasguñados. Pero en otras batallas de más peso, tanto el vencedor como el derrotado llegan a tener muy graves heridas, eso si la batalla se tiene bajo el código de hasta caer, no hasta morir.

El punto es que en un combate de máxima intensidad las heridas son más que esperadas. Pero en una guerra rara vez se habla de los soldados gravemente lastimados, tampoco se toman en cuenta a los que no volvieron a ser los mismos o siquiera vuelven a casa. En una guerra pueden estar los que se preocupan por ganar o perder, que se obtuvo, que pasa después o con quién descargar su enojo después del resultado. Algunos solo se preocupan por ellos mismos y está bien, es el instinto humano de pensar por uno. Lo que no está bien es echar la culpa a alguien de no hacer nada, muchas veces hay quienes lo dieron todo por el bienestar de los demás, más no es apreciado a como es debido.

Los que pagan los platos rotos son otros, quiénes protegen a la gente de las personas horribles se llevan la parte desagradable y dura en la vida, y nadie aprecia o por lo menos agradece el sacrificio a veces por las razones más ridículas del mundo.

— Rábanos, rábanos, rábanos... —bien usaría otras palabras de no ser porque su hija aun es muy joven para decir groserías.


Después de un baño de agua tibia, Stain arrastra su magullado cuerpo hacia la cama, vestido solo con sus pantalones —con una de las piernas arremangadas para que la tela no roce con los moretones de la pantorrilla derecha— y toma asiento en la cama, respirando profundo al sentir el peso de su cuerpo intentando calmar el dolor.

Aprieta la mandíbula mientras siente las heridas palpitar en su piel, atacar sus tejidos musculares y casi sentirlo en los huesos. Esa pelea fue muy dura, esa heroína ladrona sí que era buena en los golpes y en usar su don de aumento de resistencia. Lo terminó hartando y más porque ya eran demasiados atracos que cometía en contra de las familias de los barrios bajos que apenas llegaban a fin de mes.

Al parecer la resistencia tiene un limite de tiempo de diez minutos, al segundo la daga se clavó con rapidez en su abdomen y dio fin a la carrera y vida de la criminal bajo el disfraz de lentejuelas.


— Ya traje el botiquín de primeros auxilios, voy también por el desinfectante —la niña sale nuevamente para traer la botella de alcohol medicinal para tratar las heridas de su padre.

— Gracias, Musume. Pelear contra una heroína así fue difícil, además ya había detenido a otros dos héroes que también me dieron buenos golpes. Creo que mañana voy a quedarme en casa.


Musume se sienta al lado de su padre y con sumo cuidado desinfecta las heridas ubicadas en su brazo derecho, ya que Stain no es muy dominante con el brazo izquierdo y necesita un poco de apoyo.


— ¿Te arde?

— No mucho, solo es incómodo —toma el desinfectante y comienza a limpiar también las heridas del lado izquierdo.

— ¿Dónde más tienes heridas?

— En la pierna derecha. Pero ya la curé, tranquila.


Una limpieza a las heridas después, los dos colocan parches y vendas en las heridas del hombre, también colocaron otra gasa en la rodilla de Stain y un parche más en el costado derecho.


— ¿Ya te sientes mejor, papá?

— Duele menos, gracias por ayudarme.

— Me enseñaste muy bien como tratar heridas, además fue lo primero que hiciste cuando llegue aquí —ajusta el vendaje del hombro de Chizome—. Al menos ahora no son heridas que duelen. Ya son cicatrices.

— Eso realmente es una buena noticia.


Stain deja caer suavemente su cuerpo en la cama, respirando de forma tranquila para relajar sus heridas. No es un dolor muy fuerte, pero el cansancio es lo que lo tiene así de adormilado.


— También corté las manzanas que trajiste, se que te gusta comerlas más cuando están enteras, pero quizás sea mejor si no te esfuerzas mucho.

— Musume, tampoco soy un viejo acabado, solo estoy cansado —toma asiento sobre el colchón y acepta el plato de trozos de fruta—. Igual, muchas gracias.

— Dicen que comer frutas y verduras da mucha energía, tu debes comer muchas frutas y verduras, papá.

— Comer frutas y verduras, también hacer ejercicio son cosas buenas para la salud física. Pero también está la salud mental, una buena forma de tratarla es con el autocuidado.

— ¿Autocuidado? Pero si no tenemos auto.


Unas palmaditas en la cabeza, más un delicioso trozo de manzana dulce, es un gesto que Stain le hace a la morena en señal de que ha dicho una frase totalmente inocente.


— En otras palabras, el autocuidado es el cuidado que se da uno mismo, ya sea de manera física, mental, emocional o espiritual. Es una forma de tratar a tu cuerpo y una estrategia psicológica ante la fatiga, el estrés o demás factores negativos, también para antes, durante y después de una enfermedad.

— ¿Cómo dar amor al cuerpo uno mismo?

— Exacto, de una manera sana. El autocuidado da beneficios a una sola persona: a ti mismo, ¿entiendes?


Asiente con la cabeza mientras recibe gustosa otro pedazo de manzana. No le dijo a su papá que aun no ha cenado, pero al parecer lo notó rápidamente y le está dando alimento por eso.

No es fácil ocultarle nada a tu padre especialista en detectar el más mínimo detalle y quién te encontró en un callejón hace casi ya 6 meses.


— ¿Y cómo haces el autocuidado, papá?

— Honestamente no lo he practicado desde hace mucho tiempo. Me duermo tarde, a veces me saltó las comidas y dejo que mi cuerpo se agote más rápido por cansancio que por dolor, y eso no es algo realmente agradable de sentir, y como el idiota que soy, lo repito todos los días.


La niña mira con un poco de preocupación a su papá. Si el autocuidado es bueno para la salud y ayuda con las enfermedades, ¿eso significa que su papá se va a enfermar?

No puede dejar que eso pase.


— ¿Te puedo ayudar de alguna forma?

— No, nena —revuelve sus cabellos—. Gracias por tu preocupación, pero estaré bien. Descansaré unos días antes de volver a mis cacerías. Ahora mejor vamos a la cocina, se que no has cenado.


El hambre se hizo presente en su estómago mientras caminaban al comedor, pero el pensamiento no ha abandonado su mente. Tiene que encontrar la forma de ayudar a su padre a sentirse mejor, de hacer algo por él para que descanse luego de tan duras semanas.

Mañana quizás deba revisar la casa en búsqueda de algo útil para su operación.

Con su papá roncando en el cuarto y durmiendo profundamente, no es difícil empezar a buscar algo que ayude a su misión de aliviar la fatiga de su padre.


Lo complicado, sin embargo, es hacerlo a las 4 de la mañana sin encender la luz.


De todas formas, algo que agradecerle a la señora cruel es que el dormir en el oscuro sótano y despertarse en la madrugada para hacer el quehacer le han dotado de una gran habilidad de ver en la oscuridad, como un gato.

Y también está la ventaja de la lluvia. Es una suave llovizna realmente tranquila y relajante, la cual es la melodía perfecta a la hora de dormir o de un momento de paz.

Finalmente, después de revisar el ultimo cajón, encuentra algo que puede ser de utilidad. Como está oscuro, debería ser difícil leerlo, por suerte la poca luz y su habilidad de ver en lo más oscuro le permiten tener una mejor lectura de la extraña pomada blanca.


Crema para las cicatrices. Confirmada medicamente por derma... dermato... —no es capaz de entender la última palabra del empaque.

— Dermatólogos.

— Ah, muchas gra... —la oración queda en el aire al escuchar esa voz. Como si fuera un ladrón siendo atrapado con las manos en la masa, aunque no es una ladrona.

— Musume, se supone que debes estar durmiendo.

— Perdón, papá —se levanta del piso, el cajón donde encontró la crema está en el último espacio del anaquel de la cocina—. Es solo que no podía dormir, no sabiendo que te puedes enfermar.

— ¿De dónde sacas que me voy a enfermar?

—Dijiste que el autocuidado previene las enfermedades, y dijiste que no haz tenido autocuidado, así que te debes estar por enfermar.


Si fuera otra persona, esto le parecería desesperante. Pero la paternidad le ha enseñado a sacar un lado paciente realmente milagroso. Además, entiende el por qué la niña está actuando así. Ella solo se está preocupando por él.


— Musu, que pase unos días sin tener autocuidado no está bien, pero tampoco voy a caer enfermo rápidamente. Hago ejercicio desde hace años y también me alimento sanamente. Igual leo e investigo sobre nuevas técnicas para mis ataques. Hasta limpio la cocina para relajarme a veces, ¿o no recuerdas que siempre la limpio antes de irme aun si no la he ocupado?

— Es por las moscas, ¿no?

— Sí, por eso y porque aun no sabías que tengo ciertos percances violentos con los héroes —por eso creo una fórmula especial para limpiar la sangre, es útil también para lavar la ropa manchada de ese tono carmesí, ya sea por pelear contra un criminal disfrazado de aliado, o por cortar la carne para la cena.

— Pero...


Baja la mirada y su cabeza, entre un poco triste y nerviosa. Mira atentamente la crema para la piel que ha pasado por duras adversidades, y luego intercala la mirada con sus propias marcas de adversidad.


— Tu haz hecho muchas cosas por mí y por todos los que no te conocen. Nadie te ha dado una muestra de gratitud, vaya, hasta te pusieron en un cartel de se busca.

— Aunque hago lo que tu dices, nada justifica que estoy acabando con vidas y carreras.

— De todas formas, si no los detenías tú, ¿Quién lo haría, si ni el propio gobierno lo hace? —alza nuevamente la vista—. La gente no sabe el por qué cometes esos crimines, solo tu y yo lo sabemos. Y, si soy la única que lo sabe, creo que puedo ser la única que te puede decir: muchas gracias.


Su mirada se abre un poco, aunque rápidamente oculta su expresión ante la pequeña de ojos dorados. Ahora entiende un poco más su preocupación y el motivo por el que se empeña tanto en dar una muestra de cariño hacia él. Cuando se conocieron, el dijo que no sabe dar afecto, pero si recibirlo, esto es una muestra de ello, porque su hija es muy buena con las muestras de afecto, por más extrañas y particulares que sean.


— ¿En serio me quieres ayudar?

— Si —asiente con determinación y sin soltar el bote de crema.


Suspira una vez más antes de mirar los brillantes ojos dorados de la pequeña, los cuales parecen brillar en la penumbrosa madrugada.


—Creo que uno no puede evitar las cosas buenas para siempre.

Con la luz del cuarto encendida, y aun con la lluvia cayendo de forma pacífica, padre e hija se encuentran dentro de la habitación, sentados en la cama. Stain se quita la playera blanca que usa para dormir y deja que Musume vea sus cicatrices más personales.

Hay distintos tipos de cicatrices en un solo lugar. Quemaduras de los tres distintos grados, cortadas, moretones, algunas puñaladas y parece ser que una mordida, toda clase de heridas han pasado por el cuerpo de Chizome, y la pequeña azabache es la primera en verlas.

Por otro lado, Musume se arrodilla detrás de su papá, sobre sus propias cicatrices ubicadas en sus piernas. Revisa nuevamente la crema y se cerciora que no esté caducada.


— ¿Necesitas ayuda para abrir el...? —escucha como el frasco es rápidamente abierto, para su sorpresa—. Eres buena abriendo frascos.

— Gracias, es una habilidad extraña que tengo —toma un poco de la pomada amarilla y se la talla entre las palmas.

— Extraña, pero muy útil.


El silencio se instala en la habitación, solo puede escucharse el desliz de la pomada contra la cálida piel del anti héroe y la llovizna de afuera. La sensación no es ni fría ni caliente, es como si fuera un día tranquilo de otoño, sin ascenso o descenso de temperatura crucial. Las pequeñas manos de Musume acarician suavemente las cicatrices y estrías plasmadas en la espalda superior y media de su papá.


— ¿Te duele?

— No, puedes seguir.

— Quizás debas acostarte en la cama, así vas a estar más cómodo.

— Eso suena a una buena idea, linda.


El hombre se recuesta sobre su estómago, y descansa su cabeza entre la almohada y sus brazos cruzados. Siente a su lado como Musume se arrodilla junto a él, y sus pequeñas manos le siguen tallando la pomada con sumo cuidado.


— Tenías razón, estoy más cómodo así.

— Papá.... —tiene miedo de hacer la pregunta, a pesar de que en la casa tiene permitido hacer cualquier interrogante—. ¿Te dolió cuando te hiciste las cicatrices?


Hay un breve silencio, y la morena piensa que ha metido la pata al hacer una pregunta así. Sin embargo, la voz de Stain reactiva la conversación.


— Las cicatrices no se hacen, se forman sobre las heridas. En ese caso, lo que duele es hacer las heridas, las cicatrices son las marcas de ellas. Es como si... las heridas fueran el pasado y las cicatrices el futuro.

— O en un las heridas son futuras cicatrices y las cicatrices son heridas del pasado.

— Jamás lo pensé así, pero tienes razón. Hay historias en las marcas que uno obtiene en la vida, recordatorios permanentes tatuados en la piel de una forma que tu no pediste.


Mientras continua masajeando la espalda de su papá, la niña analiza un momento esas marcas. Son una muestra de que incluso los que dicen hacer el bien, pueden llegar a ser crueles y hacer mucho daño.

Mira un momento sus propias cicatrices. En su caso, son recordatorios de la catástrofe y del abuso de poder que un mayor tiene con un niño.


— ¿Te digo algo, pequeña? —de la nada el azabache vuelve a hablar—. Se que no son muy bonitas, pero me gustan mis cicatrices. Es como si... fueran un recuerdo de que a pesar de lo que viví, sigo aquí. Que la adversidad no me detuvo a pesar de dañarme. Las cicatrices son señales de supervivencia.

— ¿Supervivencia?


Stain se endereza en el colchón y toma asiento para mirar fijamente a la niña, acariciando sus cabellos en un tono cariñoso y gentil, más una muy leve sonrisa.


— Así que, cada vez que mires tus cicatrices o alguien te haga sentir mal al verlas, recuerda que no son un asco, son tu marca de guerra. Eres una guerrera.

— ¿Tu también lo eres?

— Todos los que tenemos marcas de este tipo en la piel, por mas chiquita que sea, son guerreros. El mismo cuerpo ha luchado para cerrar la profunda herida, y no se rindió, y una herida así tiene que ver con una dura situación de la que uno se tiene que recuperar con paciencia y resistencia. Así que, graba esto en tu cabecita, niña.


Las cicatrices son bellas porque son prueba de tu resistencia.

Se supone que solo se reunieron para el trabajo escolar de Aizawa, sin embargo, con lo que empezaron fue con otra cosa.


— ¿En serio te hiciste esas cicatrices de niña? —Izuku contempla asombrado y shockeado las marcas en las piernas de su compañera.

— Fue por el derrumbe y por los años de abuso que tuve con mi ex tutora. Afortunadamente me recuperé en el orfanato y con mamá.

— Así que por eso usas el pantalón y no la falda —el peliverde se pone en modo analista—. Aunque también podrías conseguir unas mallas de material no translúcido, como las de Uraraka. Aunque es tu derecho el elegir lo que quieres usar.

— Midoriya, estás balbuceando otra vez —Denki se encarga de sacar a su amigo de su pequeño trace lleno de palabras—. Y tienes razón, Musu-chan tiene la libertad de elegir que usar para cubrirse —se quita una de sus muñequeras, mostrando debajo de ellas varias líneas rosadas de piel elevada—. Tengo la ventaja de las mangas del uniforme y mi traje, pero no me siento listo para andar ahí con estas.

—En mi caso no puedo cubrirlas, pero no me dan mucha vergüenza. Es un recordatorio de que... que no debo excederme con mi poder —por un segundo parece que estaba por decir algo secreto.

— Chicos —Koda, quien solo estuvo atento a la plática, decide integrarse—. No se deben sentir avergonzados de ellas, son parte de una historia, ¿no? —juguetea con sus manos—. Kaminari, pasaste por una etapa dura, pero la has superado —el mencionado se talla las muñecas—, Midoriya, usaste tu poder para ayudar a Todoroki en el festival deportivo, y ahora es un recordatorio de lo que pasa si te excedes —el susodicho mueve sus manos para mirar sus marcas—. Y Musu... pasaste por una infancia dura, pero resististe y hoy estás aquí. Ustedes son muy admirables.


Los dos chicos miran con una sonrisa a su amigo pacifista. Si bien no es de los que hablan mucho, siempre tiene la mejor frase que decir.


— Además Musu... creo que te vez bonita con todo y tus cicatrices —sus mejillas se tiñen de rojo, al igual que las de la morena.

— ¿Lo dices en serio? —recibir un halago del chico que le gusta no es algo que se esperó tener hoy.

— Y también única, eso te vuelve muy especial.


Denki le da un leve codazo a Midoriya ara que también disfrute de la escena entre los dos chicos. Esos dos son pareja y son muy tímidos para oficializarlo. No por algo el y Kirishima convencieron a Musume de comenzar a hablar con Koda.


— Bueno chicos, hay que comenzar a hacer el trabajo, jeje —Midoriya se siente mal de romper el ambiente, pero necesitan comenzar con la tarea.

— ¿Quieren comer algo después de terminar?

— ¡Sí!

¡Hemos llegado al capítulo 11, mis estimados lectores! :D


Tardé más de lo que pensé porque se me iba la narrativa a cada rato y quería hacerlo lo mejor posible. Las clases que tomé de Comunicación Oral y Escrita aun siguen en mi cabeza aunque ya haya pasado un semestre de ellas xD.


¡AH! Y hoy cierran las preguntas para el especial de preguntas y respuestas, la opción ganadora de la encuesta anterior. En unos días lo subiré, ¡muchas gracias por dejar sus preguntas!


También aviso, lamentablemente mis vacaciones terminaron, así que posiblemente las actualizaciones tarden un poco más de lo esperado. ¡Pero tranquilos!, de hecho en la escuela tengo más inspiración y memoria para adelantar caps, en lo que tardó más es en la edición final. Así que, cuando tenga algún momento, subiré más caps.


¡Nos vemos en la próxima actualización!


Sayonara, Woxi fuera.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top