VIII. Las manchas rojas


Revelar un secreto es duro.

Lo es más si es un secreto muy oscuro que no cuentas tan fácilmente como a los números del uno al diez.

Y se aumenta más rigurosidad si le debes confesar ese secreto a la primera persona en mucho tiempo que no te trata como a un monstruo y que ha compartido techo contigo durante 5 meses.

Peor aún: se lo tuviste que confesar por las circunstancias, no por voluntad propia.

Luego de acabar con la carrera de un héroe —este no resultó ser tan mala persona, así que su perdón fue la incapacidad, no la muerte—, Stain camina en dirección a su casa, llevando consigo una bolsa de plástico con pasta, salsa de tomate y carne molida envuelta en periódico.

Hoy cocinan espagueti con albóndigas.

Cuando está a unos edificios de llegar a casa, se da un momento para mirar su reflejo en un charco de agua. El reflejo no es claro, pero sí le señala algo preocupante.


— Mierda, no me di cuenta de esto.


Eleva su camiseta para descubrir la apuñalada en su costado derecho. No es profundo ni letal, pero si está derramando bastante sangre. Saca de sus bolsillos gasa y vendas, para al menos taparse la herida. La desinfectará debidamente en su cuarto.

Pero, ¿cómo esconderá las manchas de Musume? Siempre le da la misma excusa del carnicero, sin embargo, los cuentos tarde o temprano dejan de ser escuchados y, por ende, creídos.


— Tal vez deba decirle que me tropecé con una cubeta de pintura... sí, eso suena bien.


Jamás tuvo la necesidad de mentir tanto en su vida. De seguro ya le habría crecido mucho la nariz... si tuviera nariz.

Musume limpia la tabla de la cocina al compás de una melodía, de las pocas que recuerda. Hay una mancha particularmente difícil de limpiar. No sabe a ciencia cierta si es salsa de tomate, sangre o mermelada de fresa. Tal vez es salsa de tomate, papá hizo sándwiches ayer. Así que la talla con más fuerza, quiere tener la casa lo más limpia posible para su papá.

Los tintineos en la puerta la alertan, su papá ha llegado a casa. Se baja del banquito para llegar a la puerta y recibir emocionada a su papá.


— ¡Papi! —se exalta al percibir un raro olor a sangre—, ¿qué es ese aroma?

— Es de la bolsa, hay carne allí —Stain reconoce el susto inicial, así que lo encubre rápidamente.

— Oh... ¿y por qué no me dejas abrazarte? —la mano de su padre detiene su cuerpo a centímetros de abrazarlo.

— Estoy sucio, y tengo de bañarme. Mientras, ve sacando las cosas para hacer espagueti.

— ¿Con albóndigas? —se emociona.

— Con albóndigas —revuelve sus mechones oscuros—. Estaré en mi cuarto —se retira.


Caminando en dirección a la mesa, la azabache se trepa por las sillas para revisar el contenido de la bolsa. Hay paquetes de fideos para hacer la pasta italiana, botes de salsa de tomate, un poco de especias y, lo mejor, la carne molida, la cual está envuelta en un poco de papel de periódico.


— Quizá tenga caricaturas —empieza a desenvolver el paquete.


Stain no lo sabía, pese a ya tener 5 meses viviendo con ella, pero, lo que Musume oculta, es que ya sabe leer muy bien. Escribir no tanto, pero en el ámbito de lectura va muy avanzada, a los 4 años ya podía leer sin dificultad, siendo el promedio de aprendizaje la edad de 6 años, irónicamente, su edad actual.

Justo cuando quita la última capa de papel gris con aroma raro, una página en específico llama su atención.


— Un momento, ese es el rostro de papá.


Plancha levemente el papel, y lo empieza a mirar fijamente. Sí, ese es el rostro de su padre, pero, ¿por qué está en un cartel de "se busca"?

"El famoso asesino de héroes, Stain, aun continúa con su oleada de atroces crímenes que atentan en contra de los heroicos servidores. Lleva múltiples ataques que han destruido la carrera de muchos pro héroes, y, lo más temido, es que lleva también un considerable número de matanzas.

La policía no tiene una sola pista de donde puede estar oculto, ya que es un criminal muy inteligente para mantenerse en el anonimato. Las declaraciones de los héroes incapacitados resumen en que, este hombre, es simplemente un monstruo."


No, esto no puede ser verdad... él no puede...


Baja rápidamente de la mesa y corre en dirección al cuarto de su papá. Quiere desmentir su lectura, tiene que saber si es cierto o no. Necesita la palabra honesta de su padre justo ahora.


Pero justo ahora, lo que se encuentra es desalentador.


Su padre, sin su camiseta blanca, tiene una enorme herida en su cuerpo, similar a una puñalada.


Eso no pudo ser un simple accidente o hecho por un civil, tampoco pudo ser un villano.


Solo un héroe sería capaz de hacerle un daño así.


— Musume... te dije que te quedarás afuera...


Su mirada parece estar en una especie de trance. Mira fijamente la puñalada de su cuerpo, huele el aroma desconocido —ahora conocido— con el que suele regresar a la casa. Recuerda las palabras "asesino", "criminal" y "monstruo" de la noticia.


— ¿Qué...? —le enseña el papel grisáceo— Papá, ¿qué es esto?


Un nudo se forma en la garganta del asesino de héroes, más que nada ante el aura depresiva que rodea el cuerpo de la niña, de su hija...

Siempre supo que tendría que llegar este día, y es tan desgarrador como lo imaginó.


— Musume, es hora de que yo... te cuente sobre mi trabajo.


La morena camina unos pasos hacia adelante. Tiene el impulso secreto de sentarse en la cama, pero, en primer lugar, sigue desconcertada.

En segundo, la cama está sucia y se acaba de bañar.


— Mi trabajo es... acabar con los falsos héroes.

— ¿Falsos héroes?

— Son aquellos que usan su título por fama y dinero, no por el deseo de ayudar y salvar a los demás. La arrogancia, el egoísmo, la avaricia y el poder se apoderaron de sus corazones. Muy pocos aun preservan el alma heroica, de salvar y sacrificar, de ser justos y desinteresados —agarra su herida, aun no sanada correctamente—. Algunos llegaban a cometer delitos, incluso con más frecuencia que los propios criminales.

— ¿Cómo los villanos?

— Como los criminales. Un villano y un criminal no siempre son lo mismo. Pero, si te pones a pensar... hay villanos que ocultan un corazón noble, y héroes que en realidad son unos villanos. El punto es, Musume, que yo me encargo de hacer lo que la policía ni la comisión de seguridad pública se atreve a hacer. Yo me encargo de proteger a la gente de los hipócritas y ratas de la sociedad heroica. De purgar la ciudad de criminales enmascarados de una sonrisa. No pude... ser un héroe, pero esa no es la razón por la que hago esto. Lo hago porque estoy dispuesto a ensuciarme, a ser repudiado por el mundo, pero mantenerlo en balance y a salvo de tener a más demonios rondando por las calles y siendo los que realmente atentan contra su vida.


Usó bastantes palabras y términos no muy adecuados para hablar con una infante, aunque, por la expresión de los ojos dorados de Musume, parece que entendió cada palabra, al menos unas cuantas.

De pronto, esos orbes dorados comienzan a humedecerse, y sus lágrimas caen por si solas. Talla sus mejillas tratando de secarse, más es imposible para ella.


— Lo sé, soy un monstruo horrible. Esta bien si quieres irte de aquí, yo no voy a...

— ¿Qué pasará si te arrestan o te matan? —interrumpe— ¿Voy a tener que estar sola otra vez?

—Oye, ¿de que hablas?, ¿acaso tú... no me odias?

— ¡Pero tu eres el único adulto que no me lastimó!, ¡así no podría odiarte! —seca sus ojos con más fuerza— ¡Eres un criminal pero, como tu dices, no implica al 100% que seas mala persona! —lo mira aun con los ojos llorosos—. Si tu de verdad... fueras un monstruo... me hubieras dejado, me hubieras maltratado o incluso acabado con mi vida cuando tuviste la oportunidad. Pero no, me diste asilo en tu casa, incluso me diste de comer y ropa limpia. Tu me trataste como un ser humano por primera vez... el que seas un criminal no me asusta, lo que me asusta es que tú... que tú también te vayas de mi lado.


Musume continúa sollozando y tallando sus ojos con su manos pequeñas. Stain, por otro lado, siente un impacto fuerte por sus palabras. Ella le demostró un cariño que nunca había visto en sus más de 20 años. Ni siquiera sus padres lo trataron así.

Nadie de su edad lo trató con ese cariño, con ese aprecio. Ella lo ama, de forma desinteresada y leal. Pudo huir, pudo llorar o asustarse de él. Pero no lo hizo.

No solo va a ser una gran heroína, desde este momento le queda claro que su corazón es el de la persona más amable del mundo.


— Musu... mi niña —con una pequeña mueca al sentir la herida, se agacha a su altura, con ella todavía luchando para secar sus ojos—. Yo te prometo no dejarte sola otra vez. Tengo que decirte que en ningún momento me arrepiento de haberte traído a mi hogar. Eres como una luciérnaga que llegó a iluminar toda mi vida. Sé que, en algún momento, tendremos que separarnos, pero no significará que vaya a abandonarte. Mientras llegue ese día, prometo que no te voy a dejar, te voy a cuidar y a ayudar en tu sueño de ser la heroína justa e imparcial. ¿O acaso olvidaste algo importante?

— ¿Qué cosa?

— Yo soy tu papá y, como tu papá, siempre voy a cuidarte.


Musume no resiste un poco más, y se abalanza a su cuello para abrazarlo, aun con lágrimas y tristeza contenida. El adulto le hace caricias en su cabello, más unas palmaditas en la espalda.

Sabía que Musume iba a llorar, pero no esperó a que lo hiciera de esa forma.


— Bueno, pequeña —se separa del abrazo—. Dame un momento para terminar de sanarme, y luego iremos a hacer la cena.


Musume salió corriendo fuera del cuarto, pero rápidamente regresa con un botiquín de primeros auxilios, bajo la sorprendida mirada del asesino de héroes.


— Tu me ayudaste con mis heridas al llegar aquí, ¿recuerdas?


Si el tiempo le permitiera volver a 5 meses atrás, y le diera la opción de no ir a ese callejón, la rechazaría sin duda. Jamás se va a arrepentir de acoger a esa niña en su vida.

En la sala de los dormitorios, una estudiante se dispone a preparar la cena, revolviendo una salsa de tomate con especias en una cazuela pequeña. Prueba un poco con ayuda del dorso de su mano. Dentro de poco estará lista.


— Chicos, la cena casi está lista.

— ¡Enterados! —escucha desde el otro lado.


Sus amigos Kirishima, Denki y Sato, junto con Mineta, llegan a la cocina para ayudarla a servir la cena en cuanto acabe.


— No sé como, pero —Kirishima inhala el ambiente fresco—, tú sí que sabes hacerme agua la boca con tu comida, aun si es solo el aroma.

— Déjanos probar un poco de tu pasta... —Mineta intenta tomar con la mano el espagueti, pero rápidamente la aleja al recibir un fuerte golpe en la mano con una cuchara de madera.

— ¡Mineta, aléjate de la pasta y vete a sacar los cubiertos!

— ¡Auch, no es justo, dame un poco!

— ¡Que no! —golpea sus cabeza con el mismo cucharón.

— Mejor vámonos, Mineta —Kirishima se lo lleva arrastrando—, ya sabes como es Musu cuando se trata de la cocina —el pelirrojo se va junto al enano.

— Kirishima tiene razón —Sato contempla el guiso rojo de la olla—, tú sabes como conquistar nuestros corazones y nuestros paladares.

— No digas eso —sus mejillas se tiñen de un poco de rojizo.

— ¡En serio, Musu-chan! —Denki comienza a sacar los platos—. Eres una buena cocinera, deberías enseñarnos tus recetas.

— Cuando quieran les enseño algunas, pero esta, no —apaga la salsa.

— Ay, ¿por qué? —Denki se queja con un puchero—. Todos aman tu espagueti con albóndigas con tu receta.

— Lo sé, Denki. Pero —lleva uno de sus dedos a sus labios en señal de silencio—. Esta es una receta secreta.

— ¿Quién te la enseño?

— Eso, también es un secreto, amigo mío.

— Bueno, basta de charlas chicos —Sato ayuda a Musume con el traste de las albóndigas y la salsa— ¡A llevar esto para que los demás prueben esta maravilla!

Lamento mucho la tardanza. Pasaron ciertas cosas en mi casa y en la universidad que no me dejaron seguir escribiendo.

La parte buena es que la universidad ya está de vacaciones :D, así tendré más tiempo para escribir, tal vez.

 Escribo pronto, sayonara.


PD: No tomen clases de zumba ;-;

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