VI. Encontrar belleza donde no se esperaba hallarla

ADVERTENCIA: Menciones de abuso infantil y discriminación


Después de otro asesinato cometido, hacia un héroe que usaba su estándar para ocultar su cierto "gusto particular" mostrando a los infantes, Stain recorre los callejones que usa para no ser detectado con facilidad. Mientras pasea, encuentra una hoja de papel amarilla, con un anuncio peculiar.

Es una propaganda de algo llamado "body positive" donde salen dos personas, una delgada y otra con más peso. Recordando las lecciones de inglés y con un poco de lógica, se da cuenta de que es una campaña que promueve el aceptar el cuerpo.



— Esto no debería reducirse a solo ser gordo o delgado.


Si realmente hay que amar los cuerpos ajenos, ¿por qué solo hay dos categorías?, ¿Qué pasa con los altos, bajos, morenos, de tono peculiar de piel?, ¿Qué hay de los que no cuentan con algún órgano o parte del cuerpo, como el con su ausencia de nariz?, ¿tampoco se incluyen a los mutantes, las peores víctimas de la discriminación?, ¿Y que pasa con las personas con cicatrices?


Un momento.


— Eso tal vez lo explica todo.

Limpiando la sala con una escoba, Musume se emociona cual cachorrito al oír la puerta abrirse. Deja la escoba a un lado y corre en dirección a su papá.

Stain pasa por el umbral con una bolsa de plástico con la, posiblemente, cena de esa noche. 


— ¡Hola papi! —lo abraza por las piernas, debido a la diferencia de estaturas. Musume apoya su mejilla en la rodilla de su papá mientras continúa con su abrazo.

— Hola, pequeña —acaricia levemente su cabeza.

— Oye, hueles algo raro, como a... —olfatea un poco— sangre.


Stain abre los ojos algo preocupado, pero rápidamente vuelve a su postura normal, sin que su hija se de cuenta del cambio de mirada.


— Es que...

— ¿Estás herido? —se preocupa, mirando a Stain con sus ojitos dorados—, ¿te duele algo?

— No, no estoy herido, es solo que pasé por una carnicería y ayudé al carnicero a cargar algunos paquetes, me cayó algo de sangre.

— Oh, que alivio, por un segundo pensé que estabas lastimado.


Que bueno que aun no tengas conciencia para saber que es verdad y que es mentira. Espero poder decírtelo apropiadamente algún día.


— ¿Qué hay de cenar? —le intenta quitar la bolsa, la cual se mueve de lugar para su frustración—. Déjame ver papi —hace un puchero y agita sus puñitos.

— Antes de cenar, hay algo que debo preguntarte. Espera en la sala.


Mientras su hija se dirige a la dirección indicada, Chizome deja la bolsa de plástico en la mesa del comedor, tratando de memorizar el pequeño discurso que preparó en los últimos quince minutos. Solo espera a que su pequeña pueda entenderlo.

Sentada en uno de los dos sillones de la sala —que consiste en una pequeña mesa de centro, un estante con extraños libros gruesos y complicados de leer, un sillón individual y un sillón grande y rectangular—, Musume se pone nerviosa.

Cuando la señora cruel la hacía irse a la sala, era para gritarle todos los errores que encontró en su trabajo, antes de propinarle una bofetada o un tirón de cabellos, esto comúnmente si no se "comportaba" con sus visitas. No es que estuviera haciendo gestos por qué sí, es solo que el hambre y el dolor es difícil de ocultar.

Cuando sus padres le decían "tenemos que hablar", era para regañarla por meterse a su estudio sin permiso, dejándola sin dinero por una semana para salir a la tienda y comprarse lo que deseara. A veces se les olvidaba, pero en ocasiones lo extendían otra semana más. Sí salía también, ahí se daban cuenta de su ausencia más que cuando no tenía ningún castigo impuesto. Así que la regañaban y le prohibían llegar muy tarde, aunque solo se fuera a dos lugares: la tienda de conveniencia y el depósito de chatarra, en donde vive su amigo.

Su amigo...


Hace tiempo que no sabe nada de él. Como no sale de ese nuevo edificio, no puede ir a visitarlo por más que lo desee. ¿Seguirá allí o alguien lo adoptó?, ¿Lo habrá salvado un héroe, alguien bueno como su papá o fue alguien malo como la señora cruel?

— Mira lo que traje —le extiende un pequeño cupcake de vainilla—, ¿dijiste que hoy es tu cumpleaños?

— Sí —un par de manos se extienden por la ventana del auto roto, lo único que divide a los pequeños que conversan en el depósito. Uno de ellos está de cumpleaños.

— Es de vainilla, ¿a ti te gusta la vainilla? —la pequeña de ojos dorados pregunta con curiosidad a su amigo de ojos escarlata.

— Sí, es muy rica. Gracias.

— Yo soy más de chocolate, pero la vainilla también me encanta —se sienta apoyando su espalda contra la puerta del auto viejo Espero que lo disfrutes.

— Eleanor.... el pequeño llama a su amiga.

— Dime Tenko.

— Puedes comerte la mitad si gustas —asoma el pastelito por la ventana.

— Pero es tuyo, es por tu cumpleaños.

— Sí compartes la comida, sabe más rico.

— ¿En serio? Es que no comparto comida con mis papás, de hecho, ni siquiera entre ellos. Nunca lo hacemos, cada quien come de lo suyo y no pueden tocar la comida del otro.

— Es que mi mamá me lo decía siempre, por eso compartía mucho la comida en la escuela.

— Pues yo no voy a la escuela, así que no sé cómo hacerlo.

— Pues... podemos aprenderlo. Anda, come del pastelito, esta delicioso.

— Musume —despierta del recuerdo al escuchar su nuevo nombre. Sacude la cabeza antes de mirar a su padre.

— Dime papi —se hace a un lado para darle espacio junto a ella en el sofá.

— Escucha, respóndeme sinceramente —la mira fijamente a los ojos—... ¿por qué si ya no te duelen las piernas, sigues usando las vendas?

— ¿De qué hablas?

— ¿Sabes que no debes sentir vergüenza por tu cuerpo? No importa si tienes cicatrices o no, aquí no necesitas taparte, afuera tal vez si no te sientes segura, pero... no tiene de malo mostrar tus marcas siempre y cuando tu misma te sientas cómoda.

—Ah, era eso —suspira aliviada de que no sea por un regaño.

— ¿Eh?

— Bueno, en realidad hay dos razones por las que sigo con las vendas, ¿las puedo decir?

— Pues, claro, dilas —le indica con un ademán que prosiga.

— Una es que... bueno, tu siempre las usas en los brazos y piernas, y quería decir que en algo nos parecemos.



Si no fuera porque es un experto controlando sus expresiones, Stain hubiera soltado en ese momento una sonrisa de ternura, pero hasta para el resultaría extraño.



— Suelo quitármelas después de bañarme y a la hora de dormir, así que no las uso todo el tiempo, tu tampoco deberías —se quita las vendas de sus brazos, en donde hay una muy pequeñas cicatrices—. ¿Ya intentaste andar sin los vendajes?

— Pues, ya intenté andar sin la vendas, pero...

— ¿Pero? — ¿será que tiene un complejo por la enorme presencia de eternos pigmentos en sus piernas?

— La verdad es que me acostumbré tanto a usarlas que siento raro caminar sin ellas, siento mucho el aire.



Vaya, quince minutos de preparación tirados a la basura.



— Pero igual, ¿la gente no juzgara esto de mí aparte de que juzgan todo lo demás?

— ¿Todo lo demás?

— La señora cruel siempre me criticó por tener peso extra y siempre decía que una niña debe ser delgada como un pepino, pero yo soy más como una sandía —en realidad como una pera, pero ese no es el punto ahora—, también juzgaba mis ojos porque le parecen demasiados raro y siempre le dio asco mi tono de piel.

— Pero ya te dije que a mi no me importa nada de eso.

— A mí tampoco pero... ¿la gente de afuera es tan amable como tú, el señor de la tienda y mi amigo?

— No, lamentablemente vivimos en una sociedad de mente cerrada, donde los que te tratan mal son los normales y los que te tratan bien escasean, así como los héroes verdaderos.


Se siente un poco mal de tener que dar una indirecta sobre su ideología a su hija. Aun no se siente preparado para confesar sobre su anónima labor.

Un ceño fruncido aparece en el rostro de la niña, lo que llama la atención del hombre más alto. Gracias a esto, sale de sus pensamientos.


— Decidido.

— ¿Qué cosa?

— Cuando sea una heroína profesional, voy a hacer que las personas aprendan a respetarse. Salvaré a la gente de la discriminación, no solo de los villanos y el peligro —Se para de golpe en el sillón— ¡Kes demostraré a todos que un mundo feliz con nuestras diferencias es mejor que un mundo lleno de gente muy normal! —alza los brazos con determinación en su mirada.

— Tu quieres... ¿ser heroína?

— ¡Ahora más que nunca, para salvar a todos por igual!


Salvar a todos por igual, esa frase me trae recuerdos...

Caminando por las calles después de regresar en su entrenamiento en el bosque, un joven de unos 20 años mira en la siguiente acera como dos tipos golpean a un chico muy pequeño, y la gente no está haciendo nada para impedirlo.


— Es un niño contra dos adultos, ¿por qué no... lo defienden? Incluso hay un héroe allí.


Sabe que debe irse a casa y que nada le incumbe la situación. Pero, de todas formas, avanza en dirección al otro lado de la calle, aprovechando que el semáforo le permite cruzar.

Cuando empieza a acercarse, puede distinguir que la víctima tiene escamas y apariencia de reptil. Esta sollozando por los golpes, pero tal vez igual por la brutalidad de la ignorancia de la gente de que un mutante es lo mismo que un monstruo.

El niño mantiene sus ojos cerrados con fuerza hasta que los golpes se detienen, abriéndolos algo extrañado y lloroso.


— ¿Qué rayos crees que haces? —el hombre joven sostiene por el cuello a uno de los abusadores, el cual está forcejeando.

— ¡¿Tú que te metes idiota...!? —el otro es derribado con una fuerte patada, asustando a los transeúntes y provocando su huida, excepto del héroe.

— ¡Quieto allí, estás bajo arresto por agresión!

— Solo estoy haciendo lo que tu no haces —le arroja al sujeto.

— ¡Mira bien desgraciado!



...



No recuerda como pasó el resto de cosas, solo recuerda que, para cuando se dio cuenta, estaban solo él y el pequeño lagarto.


— ¿Te puedes levantar? —le extiende una mano.

— ¿Por qué me ayudas? —acepta tembloroso, como si temiera que en algún momento le hiciera daño como los otros adultos.

— No soy alguien que soporte las injusticias con facilidad. Te estaban atacando, eso no se puede ignorar.

— Pero... nadie antes me había ayudado.

— Bueno pues...apenas estoy empezando a ser una adulto, y creo que quiero ser uno que sea distinto al modelo al que todos ya se acostumbraron.

— Pero soy un mutante —limpia sus ojos y trata de sobar sus heridas del rostro—, siempre que estoy en problemas me ignoran, incluso los héroes.

— Pues la gente debe saber que todos, sin importar la apariencia, tenemos problemas que se necesitan auxiliar.

De vuelta a la realidad actual, Chizome regresa la vista en dirección a su hija, la cual está moviendo sus brazos emocionada y diciendo mil palabras por segundo, acerca de su nuevo deseo. Se nota la determinación en su palabras, y su enorme deseo de alcanzar esa meta.

 Una sonrisa llena de sinceridad se traza en sus labios, y carga suavemente a la niña, con una especie de cohete, un juego que solía hacer su mamá con él.



— Entonces, ¿quieres ser una heroína?

— ¡Sí!

— ¡Entonces te convertiremos en la mejor del mundo!, ¡eso tenlo por seguro, hija!

En el salón de clases de primer año, curso A, el maestro tutor está hablando con toda su clase, quién no pierde detalle sobre lo que les está explicando. Es un tema relacionado con la adición de una nueva banca ubicada en la fila 2.


— Todos ya tuvieron un día para conocerse, pero hoy conocerán a alguien nuevo. Ella no pudo venir debido a un incidente de villano, se justificó su falta y ya está aquí.

— ¿Ella?, ¿es una chica? —murmura un estudiante pelirrojo de afilada dentadura.

— Sí —hace un ademán en la puerta—. Ya puedes pasar.


Una morena, de no más de 1.50, ojos dorados y cabello negro corto entra al salón, bastante emocionada por entrar al curso de héroes —aunque su rostro solo tenga plasmado serenidad. Mira a todo el salón frente suyo, a los 20 estudiantes de la clase 1-A de la escuela de héroes más prestigiosa de Japón: UA.


— Preséntate, yo saldré un segundo —el señor Aizawa sale del aula, dejando sola a la joven morena para presentarse ante el grupo.


Todos los ojos se posan sobre ella, no solo por el tono de su piel o por el hecho de que usa pantalón en lugar de falda. Es que su mirada y su sonrisa, por más distintas que sean una de la otra, resultan en una agradable sintonía visual.


— Buenos días, mi nombre es Musume Shiretoko.

¿Adivinen quién cumplió hoy 19 años? :D

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