IV. Una nueva forma de referirme a ti

Han pasado algunos días más.

Las heridas de Eleanor han mejorado y sus piernas ya lucen recuperadas. Bueno, al menos en su mayoría.

Pese a sus cuidados, el daño ya estaba hecho con anterioridad. Múltiples cicatrices se trazan en sus piernas, desde la cintura hasta los tobillos. Es como un mapa de ríos rojizos plasmados en papel marrón. Algunas son de las cirugías realizadas en el hospital para su recuperación, y las otras fueron causadas por los castigos de la señora cruel.

En el tiempo que permaneció en la cama, Stain la ayudó a hacer estiramientos sencillos, pero no a levantarse de la cama más que para ayudarla a ir al baño —la ayudaba a sentarse y luego la levantaba para que pudiera lavar sus manos—. Usó para la rutina algunos conocimientos de sus antiguas clases deportivas en el breve periodo escolar que tuvo antes de dejar la escuela por decisión propia, además de propios estiramientos que usaba antes de entrenar.

Hoy, finalmente la ayudaría a caminar, a dar unos nuevos pasos sin necesidad de apoyo.


— Ok, te tomaré de las manos y vas a caminar un par de pasos hacia adelante. Si te duele, paramos. ¿Entendido?

— Sí —Eleanor asiente mientras toma las manos de Stain.


Uno, dos, tres, cuatro... Lentos y seguros, los pasos de la pequeña resonaron en el pequeño departamento, el cual ya considera un lugar seguro.

Cinco, seis, siete, ocho...


—Ahora, quédate quieta —suelta sus manos y retrocede un poco, esperando que no se caiga—. Excelente.


El hombre se endereza y decide colocarse delante de Eleanor, arrodillándose a su altura nuevamente y extendiendo sus manos de forma minúscula.


— ¿Ahora que tengo que hacer? —mantiene los brazos a los lados.

—Tienes que caminar hacia mí. Si te caes no hay problema, te voy a atrapar.

— ¿Lo prometes?

—Lo prometo.


Aunque solo son unos 10 pasos hacia adelante en un piso de madera, la azabache siente como si tuviera que caminar un kilómetro en la cuerda floja a más de miles de metros de altura. Sus piernas ya no le han dolido y se siente bien, pero teme que el estar tanto tiempo en la cama le haya quitado la buena coordinación.

El primer paso es difícil, más no imposible. Puede avanzar un par de pasos lentos, sin darse cuenta de que el hombre retrocede para alargar la distancia. La emoción le recorre el cuerpo, no siente que vaya a caerse, así que camina varios pasos más en círculos, para después correr en un pequeño cuadro. Todo esto, bajo la mirada orgullosa de Stain.


— ¡Lo hice!, ¡no me caí!, ¡y no me dolió! —aprieta sus manos con mucha alegría, moviéndolas de arriba hacia abajo. Se siente feliz de ya no tener que estar postrada en una cama.

— Sabía que lo lograrías —Stain mantiene una orgullosa sonrisa.


Con la nueva seguridad de que no volverá a caerse, Eleanor corre a los brazos de Stain para darle un fuerte abrazo, sujetándose de su cuello de manera eufórica.


— ¡Lo logré!, ¡realmente al fin puedo caminar sin dolor!

— El esfuerzo y la paciencia rindieron sus frutos.

— ¡Muchas gracias, papá!


Hace tan solo un segundo, su rostro tenía plasmado una sonrisa orgullosa, pero ahora, está casi en blanco y con la mirada muy abierta por las palabras de la niña. Ella, a su vez, tiene las mejillas rojas y se baja rápidamente de su cuerpo.

Mantienen una distancia de no más de cinco pasos, más un silencio masivo y casi aplastante. No hay incomodidad, solo sorpresa, que surge del hecho de que, después de más de un mes de cuidados por parte de Stain, Eleanor ya lo considera su papá.


— Yo... lo siento —sus piernas se mueven algo nerviosas. Que bueno que el no es la señora cruel, de lo contrario ya le habría metido una buena bofetada.

—No te disculpes —endereza su cuerpo y camina en dirección a un cuarto secreto—. Voy a salir.

— ¿Vas a tardar?

— No, no tardaré. Por favor quédate en el cuarto y no salgas hasta que yo me vaya. Puedes hacer lo que quieras aquí, pero no salgas del edificio y mucho menos del departamento, ¿entendido?

—S- sí... —muerde un poco su labio para reprimir cierta palabra—. Sí, Stain.

Una vez que Eleanor se va a su cuarto, cierra la puerta y espera pacientemente a que su... a que Stain terminé de alistarse. Será capaz de saber en qué momento ha dejado el apartamento gracias a su muy afinado oído, desarrollado en la antigua casa de la señora cruel para saber cuándo se despertaba o llegaba a una habitación. Incluso de las cosas malas aprendemos cosas buenas.

Es la primera vez que él se va avisando desde afuera del cuarto, los otros días iba directamente al cuarto y avisaba que saldría. En sus cálculos, no le tomaba más de dos horas llegar a casa de... a donde sea que fuera, quizás a su trabajo.

El sonido de la puerta cerrándose se escucha por toda la casa, señal que ella utiliza para levantarse de la cama y llegar a la ahora vacía sala.

Hace tan poco tiempo estaban bien, y ahora lo arruinó todo.


— Definitivamente está enojado conmigo —agacha la cabeza en señal de desilusión.


Siente una brisa fría recorriendo todo su cuerpo, afectando principalmente sus hombros descubiertos. 

Desde la cima de un edificio, Stain es capaz de ver toda la ciudad en la noche recién llegada. No está tras un objetivo, ni siquiera tiene intenciones de planear un nuevo crimen, pero necesita despejar su mente.

¿De verdad la niña lo llamó papá?, ¿no es una especie de sueño?

Tuvo muy en claro que su destino no sería ser un héroe, pero, aun así, seguir los ideales de uno auténtico. También sabe que su destino sería resignarse a vivir entre las sombras, sin derecho a vivir una vida normal por lo que ha decidido hacer como profesión. Sin embargo, en ningún momento, jamás imaginó ejercer un rol paternal, mucho menos que un niño no le tuviera miedo.

No tiene interés en su imagen personal o en demostrar mucho cariño, así que no tiene explicación alguna del por qué sucedió una cosa así, ¿Eleanor lo quiere, en verdad? Más importante aún, ¿será un buen papá para ella?

No puede darle una vida con juguetes, un hogar bonito con paredes pintadas y tampoco una televisión a color. Apenas tienen espacio suficiente para sí mismo, la comida la consigue semanalmente en un supermercado con el que mantiene el trato de protegerlo a cambio de despensa, y no podrá hacer actividades normales de padre e hija por la dificultad que tiene de salir a la calle con el peligro de que lo reconozcan. Tampoco podrá llevarla a la escuela, al doctor, a algún lugar divertido. Él no podrá ser como sus padres, que usualmente tenían todo eso con él.


— Debo regresar a casa, ella se va a preocupar —traza su ruta para pasar por el supermercado y después regresar al departamento.


Antes de siquiera pensar en bajar la azotea, recuerda la promesa que le hizo a Eleonor de darle un nuevo nombre.


— Es verdad, se lo prometí —se sienta apoyando su espalda en el borde del techo, contemplando una noche llena de estrellas—. Tal vez debería llamarla con algo poderoso y glorioso, que represente algo hermoso como la justicia o la victoria. Podría ser Vicky, Gloria, Nicolette...


Mientras su mirada recorre los puntos brillantes en el firmamento y su mente vaga en recuerdos, de la nada su mente se ilumina. Solo hay dos situaciones cuando se hace un cambio de nombre: acogiendo a una persona o adoptando una mascota. Ella definitivamente no es un animal, pero sí una criaturita asustada y que necesita afecto, cosa que él no sabe dar, ni ella recibir.

Quizás, ambos puedan aprender juntos sobre el cariño. Tal vez pueda ser su maestro del verdadero heroísmo, un mentor, un tutor, un... papá.


— Ya es hora de regresar a casa.

Sus llaves tintinean al balancearse sobre el picaporte, y abre la puerta con el fin de llegar a su casa. Ni siquiera cuando regresa de cometer un crimen se siente así de cansado, y lo que le pesa no es el cuerpo, sino la conciencia. No le dio una explicación a Eleanor, de seguro creerá que está molesto con ella.

Todo pensamiento se interrumpe cuando descubre a su nueva huésped en la cocina, parada en un pequeño banco y revolviendo algo en una gran olla caliente con ayuda de un cucharón, usando un par de trapos amarillos para no hacer contacto directo con los utensilios metálicos.

Si no fuera por su falta de nariz, diría que la comida huele deliciosa, pero él no es un hombre mentiroso. No obstante, se puede percibir una nota cálida en el ambiente y en el par de ojos amarillos de la pequeña, así que no la interrumpe. Simplemente toma lugar en la mesa y la mira concentrada en su trabajo, cosa que le da cierto nivel de... ternura.

Al tapar la cacerola, Eleanor se baja del banquito, bajando la flama de la estufa y dándose la vuelta para encontrarse a su "adulto" —mentalmente le puso ese nombre para no volver a repetir el título anterior, no quiere volver a hacerlo enojar.


— Ho- hola —baja su mirada para contemplar el balanceo de sus desgastados zapatos blancos.

— ¿Tu hiciste todo eso? — que gran pregunta le haces, tonto.

— Sí, la señora cruel me obligaba a aprender recetas. Mi favorita es la sopa de verduras.

— ¿Y qué le pusiste?

— Papa, zanahoria, un poco de especias. Hay muchas aquí en el cajón —señala un compartimento de frascos—. Tienes una cocina muy completa.

— Gracias —mueve su cabeza en dirección a las bolsas de plástico con el logo del supermercado—. Conseguí más. Hay muchas más verduras, frutas, condimentos. No hay solo cosas de comida, también para aseo, recámara, entre otras cosas.

— Enseguida las acomodo —antes de tocar el piso, Stain la sujeta con mucho cuidado.

— No te estoy pidiendo que las guardes ahora. Descansa primero, se ve que trabajaste duro para hacer la comida.

— Descansar es para los parásitos buenos para nada, y yo no quiero serlo otra vez.


Su mano izquierda lentamente se va formando en un puño muy fuerte. De tan solo imaginar todo lo que Eleanor tuvo que vivir en la casa de esa maldita bruja... Siente su propia sangre hirviendo de ira, pero, para la niña, no hay rastro de otra emoción que no sea la seriedad.


— Escucha, hay algo más dentro de esa bolsa —le indica una bolsa cercana.

— ¿Qué es?


Al inspeccionar el interior de la bolsa de plástico, la morena encuentra un vestido de su tamaño. Completamente diferente al suyo, esta prenda es de color blanco impecable, sin una sola enmendadura o rotura. Sin desgaste o con machas que no se lavaron en meses, más un par de pantuflas pequeñas y unos tenis negros.


— ¿Para quién es esto?

— Es para ti —contesta—. Iban a sacarla de la vitrina y a guardarla en los almacenes de la tienda. Los convencí para que me regalaran eso y un par de cosas más, solo que iré por ellas mañana. También una cajera me dio ese paquete verde. No tengo idea de que sea, pero dijo que "si es para una niña, es necesario que lleve esto también"

— Es ropa interior —resuelve el misterio.

—Oh, con razón no me lo quería decir. ¿Crees que todo eso te va a quedar?

— Sí, es mi talla.

— ¿Necesitas ayuda para bañarte?

— Puedo sola —toma las cosas—, solo necesito mi ropa y un banquito para alcanzar la perilla.

— Tengo una tina, la puedes usar si quieres. Lo que necesites está en la parte de abajo del lavabo, pero aléjate de los recipientes amarillos y verdes, esos son productos químicos para lavar el baño.

— Ok —antes de irse al cuarto del baño, se regresa un momento—. ¿Dónde queda el baño? —esta vez Chizome no puede evitar soltar una leve risa, antes de señalarle una puerta a mano izquierda—. Gracias.

—Oye, ¿en serio sabes bañarte sola?

— Desde los dos años. Mi mamá solo me dijo "ya te mantienes en pie y alcanzas la manilla, no necesitas de mí". Bueno, iré a lavarme.

— No te laves tanto donde te duela. Y me esperas en el cuarto para que te cambie el vendaje.

— Ok —la niña finalmente se va.


¿Qué clase de madre fuerza a su hija de dos años a ser tan independiente?, ¿Qué habría pasado si se caía o le entraba jabón a los ojos o la boca?, ¿en serio a tan corta edad tuvo que aprender las necesidades básicas sin apoyo de sus padres o un adulto?, ¿sin mencionar que tuvo que servirle como mucama sin sueldo a una miserable mujer que la usaba por dinero? Ahora entiende por qué la casa de un criminal es un lugar tan seguro para ella.

¿Cómo pasó de estar en la cocina a una tina por primera vez en 5 años? 

El agua está tibia, hay algunas burbujas y su cuerpo no le duele. La señora cruel solía sentarla en un banco para mojarla con agua o muy fría o caliente, pasándole con dureza una áspera esponja con jabón de trastes. Según ella, eso debía quitarle la grasa y el mal olor, si algo no había que soportara menos que la peste era la carne extra. A pesar de su mala alimentación, Eleanor seguía siendo llenita. Realmente es normal que los niños tengan algo de peso, lo necesitarán en el crecimiento. Pero esta mujer buscaba perfección en todo, aunque ella no lo fuera.

Sus padres, como ya dijo, sintieron su labor de vigilar ya terminada una vez ella aprendió a hablar y a caminar. Veía un programa escolar que la ayudaba a aprender cosas nuevas, aunque no importaba si la entendía bien o le atinaba siempre a las respuestas, a sus padres nunca les interesó.

— ¡Papá! —una pequeña de tres años corre a la oficina de su padre, la cual está repleta de libros y únicamente iluminada por la pantalla de la computadora tecleada rápidamente.

— ¿Qué? —responde frío. El hombre de cabello marrón y ojos dorados mira a la niña de manera indiferente.

— ¡Hoy en el programa di con todas las respuestas correctas, tengo un diez! —comenta entusiasmada.

— Bueno —continúa tecleando¿Solo para eso me interrumpes?

— ¿Puedo decirle a mamá?

— No la molestes mientras está trabajando. Y por favor, no vuelvas a interrumpirme cuando estoy trabajando. Vete a la tienda y compra algo lindo, pero no tardes, no quiero salir a buscarte y dejar mi oficina.

— Sí papi —esta vez su voz es más apagada—. ¿Quieres algo de comer?

— Trae ramen de pollo, a tu madre lo mismo, rápido —la corre moviendo su mano.

A veces se preguntaba qué trabajo los tenía tan ocupados todo el tiempo. Se encerraban en sus oficinas, en las pocas veces que se sentaban a comer juntos, lo hacían tan rápido que ella ni había probado el alimento. Incluso llegaban a ausentarse los dos por más de 4 meses. Si no hubiera sido por el señor de la tienda de la esquina, y su mejor amigo, Eleanor nunca habría conocido el calor de poder conversar.

Al terminar de bañarse —a gran velocidad para que Stain no se enfadara por usar su tina, sus cosas y su agua—, se coloca rápidamente la ropa nueva, con una gran sensación en el cuerpo. No le pica nada, no se siente pesada ni mohosa. Da unos brincos pequeños de emoción, aunque se detiene por unas molestias en sus piernas.

Sale del baño y camina con cuidado hacia la habitación que le fue indicada antes. Se sienta en la cama y espera a que su adulto llegue, el cual no tardó en aparecer con un rollo nuevo de vendas.


— Si te aprietan, me dices para detenerme —se agacha enfrente de la niña.


Los minutos pasaron en silencio, ella no dijo nada acerca del apretado y él no hizo comentarios acerca de las heridas. Al acabar con la izquierda, tuvo más cuidado con la derecha, pues esta se notaba más afectada.


— Listo, niña —se levanta para sentarse junto a ella en la cama.

— Gracias, Stain —balancea sus piernas.

— No las muevas tanto, se te caerán las vendas.

— Está bien.


Otro silencio se hace presente en el par. La niña siente sus ojos algo acuosos, aunque en menor medida a comparación en las noches en las que tenía que llorar por todo el dolor acumulado con los maltratos de la señora cruel.


— ¿Está enojado? —pregunta finalmente.

— ¿Qué?

— ¿Me porte mal?

— No... no te portaste mal.

— ¿Y por qué está enojado?

— Niña, no estoy enojado, así es mi expresión todo el tiempo —señala su rostro.

— ¿Por qué nunca se quita la venda?

— Es que no quiero verte asustada, es todo.

— Tu ya viste mis marcas, que para mí son bastante aterradoras, creo que yo también puedo ver tu rostro, aunque no creo que me de miedo.


Un bufido escapa de su boca, y lleva sus manos detrás de su cabeza para desatar su cinta blanca. Es así como le muestra, por primera vez, a alguien como es su rostro debajo de la máscara.

Una enorme cicatriz triangular se muestra entre sus ojos y arriba de sus labios. Chizome no tiene nariz —tuvo que aprender a respirar por la boca—, y lo único que queda de ella es una marca en su rostro.


— ¿Lo ves? No es un rostro particularmente bello o lindo.

— Pues no se que significa realmente bello o lindo. Nunca me han dicho bella, o linda. Bueno, solo la enfermera del hospital donde me llevaron luego de mi accidente, pero creo que se lo dice a todo el mundo.

— ¿Así que realmente no te doy miedo?

— Ni un poquito, ¿por qué debería tenerte miedo? Eres bueno conmigo.


Ok, puede que esta niña tenga uno de los peores escenarios con los adultos, pero su corazón no presenta maldad alguna. Aun después de verlo sin máscara, de notar su vestimenta y aura macabra, a pesar de todo... Ella cree que es buena persona.

Lamentablemente no lo es, solo es un justiciero que purga a la sociedad de los hipócritas que se hacen llamar "héroes". Mata y lastima, y se esconde de los demás porque saben que irá a la cárcel. Pudo haberse dirigido al camino heroico pero... no solo lo decepcionó la falta de esencia heroica.

— ¡¿De verdad quieres ser un héroe con ese don!? —recuerda la voz de uno de sus compañeros de escuela.

— Puedo usarlo para muchas cosas.

— ¡Pero si da mucho miedo!, ¡No puedes ser un héroe si tienes que lamer sangre!

— ¡Aparte lamer sangre es asqueroso! —esta vez hay una voz femenina.

— Agakuro no puede ser un héroe si su don es tan aterrador. Aparte no serás popular.

— Pero no quiero ser héroe para ser popular. Quiero ser héroe para salvar a la gente, ¡como All Might!


Las carcajadas en su salón resuenan, más de los dos primeros chicos que le hablaron y la chica que se sumó a lo último "¿¡Cómo All Might!?, ¡nunca podrás ser un héroe como All Might!"

Cree que fue, ese día, cuando descubrió la triste realidad de la sociedad de héroes. Una donde no importa si tienes el ideal correcto o la motivación adecuada, no le importa a nadie si no tienes un quirk bueno o siquiera un quirk. Una donde los mutantes viven siendo maltratados, rechazados y humillados, aun si ellos no decidieron nacer así. Una donde la gente que tiene buen quirk y son prodigios nacen siempre con todas las puertas abiertas, mientras que nadie aprecia a los que batallan por abrirlas, ya sea por el don que les tocó o por algún otro motivo. Como el suyo.

No solo es duro tener que vivir con un quirk relacionado con la sangre. También lo es tener que vivir a los 16 años sin sus padres. Los únicos que realmente lo defendieron y apoyaron, los únicos que lo trataron decentemente, se fueron de su lado a manos de un villano.

Chizome Agakuro le tocó ser el velador de la esencia heroica al ser un pilar de la crueldad a mano suya.

No se arrepiente de haber dejado la escuela ese año. Tampoco de dejar en el piso a todos sus compañeros de clases e incluso con sangre en sus manos.

Tipo AB, tardarían al menos cinco minutos en poder moverse otra vez.

— ¿Stain, está bien? —la mano de la morena jala su camisa y logra sacarlo de su trance.

—Sí, estoy bien.


Por tercera vez reina el silencio, pero, a diferencia de las otras veces, es Stain quien lo rompe.


— Prometí que iba a cambiarte el nombre, ¿recuerdas? —ve su pequeña cabeza moverse de arriba hacia abajo.

—Sí, para dejar ir el pasado. Yo... ya no quiero llamarme Eleanor.

—Pues bien —se levanta de la cama para arrodillarse enfrente de la niña, colocando sus manos a sus lados y mirándola fijamente—. Te voy a llamar de otra forma, ¿sabes como se dice "hija" en japonés?

—Sí...

— Pues, ese será tu nombre a partir de ahora —levanta a la morena para cargarla con una pequeña pero significativa sonrisa—. Porque ahora, tú eres mi hija.

— Tu... ¿tu hija?

— Te diré algo. Yo no soy bueno dando afecto, pero tu si. En cambio, creo que sé como recibir afecto, más tú no. Al parecer, ambos podemos aprender del otro. A partir de ahora, ya no quiero que me llames señor Stain —limpia los ojos dorados que comenzaron a lagrimear—. Ahora, puedes decirme papá.


Sin poder contener el llanto, la pequeña se abalanza a su cuello y lo abraza con tanta ternura y devoción, como si sintiera de que nada es real, de que será un sueño del que despertará o se le arrebatará en cualquier momento.

No es así, por suerte no es así.

La pesadilla terminó, lo bueno comienza ahora.

La elegante oficina del director es estéticamente agradable. Hay muchos libros, un escritorio grande, un enorme ventanal y cortinas, una máquina de té casero y un orden perfecto.

El pequeño y adorable director Nezu, cuyo pelaje se ve más sedoso de lo que pensó, está hablando con una futura estudiante del curso de héroes, por un tema de solicitud acerca de su uniforme.

La morena de cabello negro observa el pequeño vaso de té que tiene en manos, ofrecido por el director de pelaje blanco.


— Bueno, se que tu apellido es Shiretoko, pero ahora dime —Nezu la mira sonriente—, ¿Cuál es tu nombre, querida?

—Soy Musume, señor director.

—Oh, es la palabra japonesa para "hija" —dice en un tono dulce y agradable.

—Sí... ese es mi nombre, señor Director —contesta con una disimulada sonrisa.

— Pues es un gusto recibirte a la UA, Musume Shiretoko. Estoy seguro que este será un gran cambio en tu vida.


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