Epílogo: lágrimas y cenizas

     Siempre pensé que este día llegaría después, pero aquí estoy con un tarro lleno de sus cenizas entre mis brazos. Él me salvó la vida, y ni siquiera pude darle las gracias, puesto que su corazón le falló mientras iba en el avión con destino Sevilla. Me dieron la noticia en el aeropuerto. Lloré durante días su muerte, pero en el funeral me contuve: tuve que decir un discurso sobre él delante de familiares y amigos.

    Cuando me dieron su cuerpo reducido a polvo, fue aún peor, puesto que recordé que nunca volvería a verle sus ojos ambarinos iguales que los míos, su nariz torcida, su sonrisa... Mi padre era la persona que más quería en el mundo.

Se transformó en mi madre cuando el cáncer acabó con ella. En mi adolescencia me ayudó con mis rupturas y todos mis problemas propios de la edad. Y ahora, a mis veinticinco años, su historia me salvó la vida. No sabré nunca cómo consiguió enterarse de Zenoc, pero supongo que es lo justo: el mundo no sabe que el faraón existió y yo nunca sabré por qué mi padre conocía de su existencia.

    No puedo mostrarle mi agradecimiento, pero al menos puedo cumplir su deseo: siempre quiso que sus cenizas fueran esparcidas delante de las tres grandes pirámides de Giza.

        —¿Preparada? —pregunta Mateo a mi izquierda.

Cierro los ojos un momento y asiento. Abro la tapa del tarro de cerámica y poco a poco, voy dejando que el viento se lleve a mi padre con él.  Ahora está entre dunas.

Cuando finalizo, me coge de la mano y me da un beso en la mejilla, haciendo que me siente mucho mejor. Después, deposito el recipiente ahora vacío en la arena y aproximo el rostro de Mateo al mío hasta que noto sus labios sobre los míos. 

     Ahora sí sé que superaré la muerte de mi padre. Con su ayuda puedo superar cualquier cosa.

     Cuando supo que mi progenitor había muerto, aguantó mis llantos. Me ayudó a escribir el discurso que diría en el funeral. Y ahora mismo me está liberando de la profunda tristeza que siento por dentro. En el mundo de los vivos es la persona que más me importa.

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Bueno, este es el final. ¿Qué os ha parecido el epílogo y por lo tanto el final de la historia? ¿Os lo esperabais? Los que esteis leyendo esto y no me ignorais vais a conocer algo. Sinceramente, esta idea en la novela no fue la única que se me ocurrió. La otra posibilidad era un agente de la CIA que tenía una misión en las pirámides de Giza, acompañado por supuesto de cohes negros, gafas de sol y hepicópteros molones XD Creo que he elegido bien. Esta es la primera novela que he terminado, y la verdad, me ha encantado escribirla. Ha sido todo un reto, pero con vuestro apoyo ha sido más fácil. Este capítulo final os lo dedico a todos los que estais ahí, detrás de una pantalla de ordenador, móvil o lo que sea. Gracias por todo y ¡hasta la próxima novela!

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