ᴄᴀᴘɪᴛᴜʟᴏ⁷

—¡Agh, joder!— el estruendoso sonido de mi cuerpo aterrizando contra el suelo alarma a Jordan quien levanta la vista de su teléfono.
—Por dios, Alexa. ¿Que coño te acaba de pasar?— se acerca para ayudarme— ¿Qué haces con tacones?— sus ojos se posan en mis tacones negros de aguja durante varios segundos, y luego se fija en mi pijama de Winnie The Pooh.
—Bueno. Mmm, yo estaba...— extiende su mano y la tomo levantándome.— Gracias.
—En serio, ¿qué está pasando? Tú, Alexandra Hamilton, no has utilizado tacones en tu vida, y cuando lo haces utilizas unos de aguja y vestida con un pijama de Winnie. —río y aparto mi mirada de sus ojos, incómoda y sin saber qué decir.
—Estaba practicando— frunce el ceño.
—¿Practicando para qué? Si se puede saber— añade después de unos segundos.
No. No se puede saber.
—Tengo una fiesta este sábado. Pensé que ya era hora de empezar a usar estas armas letales— mentira no era, el sábado Calem me había invitado a una fiesta el fin de semana para dar a conocer mis talentos seductores, según dice el. Tengo que ligarme a un chico, sencillamente.
Bueno, tratándose de mi no es algo tan sencillo.
—¿Ah, si?— asiento. —¿Y con quien irás?— su mirada vuelve a buscar la mía trazando una conexión entre nuestros ojos.
—Con Calem— y después de decir eso siento haber desatado la tercera guerra mundial. Su mandíbula se tensa a tal punto de parecer que iba a romperse y sus nudillos se apretan. Asiente y desaparece, dejándome con un mar de pensamientos.
→❤︎←
Después de una ardúa semana de trabajo, conseguí dominar a los tacones. Sigo sin entender el por qué las mujeres los usan, parecen diseñados para matar a alguien.
Miro mi armario buscando que ponerme para la fiesta y suspiro sin saber.
Efectivamente ya era sábado. Calem me dijo que pasaría por mi a las diez para ir a mi prueba, como el la llamaba, y yo sigo sin saber que ponerme.
Muerdo mi labio y me decido por un vestido color vino que se ciñe en la parte de mi abdomen, el cuál me llega un poco más arriba de las rodillas. El escote es algo exagerado y las mangas me llegan un poco más arriba de los codos.
Me deslizo en el y, tras dejar mi pelo caer en suaves ondas, delineo mis ojos delicadamente para no parecer algo excesivo. Lo acompaño de rímel y de una pintura de labios del mismo color del vestido. Cojo un bolso en el cuál meto la cartera; mi móvil y unas pastillas de menta para el aliento.
Miro el móvil y tras ver que son las diez menos cuarto bajo al salón. Camino por las escaleras con cuidado y cuando llego abajo veo a Jordan sentado
—Me voy, Jor— digo llamando su atención. Sus ojos me analizan y me siento incómoda.
—Antes de las doce, Alexa— dice resignado. —Te quiero aquí antes de las doce— vuelve a repetir.
—Vale, papá— río. —Te quiero— me acerco a el y beso su mejilla, luego cojo las llaves de la cómoda y salgo de casa.
Nada más cerrar la puerta me giro y veo a Calem apoyado en su particular coche negro.
—Vaya estrella que se cayó del cielo— dice Calem silbando. Doy una vuelta sobre mí misma sonriendo y le guiño el ojo. Río y me acerco a el depositando dos suaves besos en sus mejillas. —Bueno, ¿nos vamos?—abre la puerta del coche y hace una seña invitándome a entrar. Asiento y entro en el vehículo tomando lugar en el asiento del copiloto. Calem rodea el coche y se desliza en el asiento del piloto. Una vez deposita las llaves en el conducto me mira. —¿Preparada para la mejor noche de tu vida?— quito mi mirada de él posándola en la calle y suspiro asintiendo finalmente.
Solo espero no arrepentirme de esto

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