Prólogo

Diciembre había terminado con la intensidad de un abrazo que se resiste a soltarse. Denis viajaba en avión, rumbo al lugar que ahora llamaba hogar. Desde la ventanilla, el mundo se desplegaba en un azul infinito: el cielo, la distancia, el horizonte. Solo las nubes blancas rompían la uniformidad, flotando como pensamientos que se niegan a desaparecer.
En sus brazos llevaba un álbum de fotografías, regalo de Daniel, su hermano del alma, su mejor amigo. Lo había recibido en la fiesta de despedida, aquella noche en que las risas se mezclaron con la melancolía y los abrazos se volvieron más largos de lo habitual. Habían compartido días luminosos, caminatas interminables, conversaciones que parecían no agotarse nunca. Y en el último día, los amigos se reunieron para celebrar lo vivido, entregándole obsequios que eran más que objetos: símbolos de afecto, de un vínculo que no se quebraría con la distancia.
Denis abrió el álbum y lo recorrió una vez más. Cada fotografía era un fragmento de vida, un recordatorio de cómo había cambiado en ese tiempo. Quién diría que llegaría a conocer otro país, a vivir entre gente tan cálida, a descubrir amistades que se volvían raíces. Todo lo vivido era un mapa de afectos que lo acompañaría siempre.
Cerró el álbum con cuidado, como quien guarda un tesoro, y bajó la mirada hacia su muñeca. Allí brillaba discretamente la pulsera de cuero con un dije de estrella, obsequio de su amigo. Su significado era sencillo y profundo: la amistad.
Y entonces pensó en Paty. Ella lo esperaba allá, en ese nuevo país que también se había vuelto suyo. Paty, con su energía que iluminaba cualquier habitación, con esa forma tan suya de hacer que lo cotidiano se sintiera hogar. Pensó también en Sarita y en los nuevos amigos que lo habían recibido sin reservas, personas que habían tejido con él una vida distinta, más ligera, más suya.
Denis sonrió, porque sabía que regresaba distinto. No era el mismo que había partido: ahora llevaba consigo esperanzas, sueños y la certeza de que un nuevo capítulo estaba por comenzar.
El avión avanzaba entre el azul y el blanco, y Denis, en silencio, entendió que Enero ya lo esperaba
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